Job 3–41
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Job maldice el día en que nació
3
1Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.a 2Y exclamó Job, y dijo:
3Perezca el día en que yo nací,
Y la noche en que se dijo: Varón es concebido.
4Sea aquel día sombrío,
Y no cuide de él Dios desde arriba,
Ni claridad sobre él resplandezca.
5Aféenlo tinieblas y sombra de muerte;
Repose sobre él nublado
Que lo haga horrible como día caliginoso.
6Ocupe aquella noche la oscuridad;
No sea contada entre los días del año,
Ni venga en el número de los meses.
7¡Oh, que fuera aquella noche solitaria,
Que no viniera canción alguna en ella!
8Maldíganla los que maldicen el día,
Los que se aprestan para despertar a Leviatán.
9Oscurézcanse las estrellas de su alba;
Espere la luz, y no venga,
Ni vea los párpados de la mañana;
10Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba,
Ni escondió de mis ojos la miseria.
11¿Por qué no morí yo en la matriz,
O expiré al salir del vientre?
12¿Por qué me recibieron las rodillas?
¿Y a qué los pechos para que mamase?
13Pues ahora estaría yo muerto, y reposaría;
Dormiría, y entonces tendría descanso,
14Con los reyes y con los consejeros de la tierra,
Que reedifican para sí ruinas;
15O con los príncipes que poseían el oro,
Que llenaban de plata sus casas.
16¿Por qué no fui escondido como abortivo,
Como los pequeñitos que nunca vieron la luz?
17Allí los impíos dejan de perturbar,
Y allí descansan los de agotadas fuerzas.
18Allí también reposan los cautivos;
No oyen la voz del capataz.
19Allí están el chico y el grande,
Y el siervo libre de su señor.
20¿Por qué se da luz al trabajado,
Y vida a los de ánimo amargado,
21Que esperan la muerte, y ella no llega,b
Aunque la buscan más que tesoros;
22Que se alegran sobremanera,
Y se gozan cuando hallan el sepulcro?
23¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por donde ha de ir,
Y a quien Dios ha encerrado?
24Pues antes que mi pan viene mi suspiro,
Y mis gemidos corren como aguas.
25Porque el temor que me espantaba me ha venido,
Y me ha acontecido lo que yo temía.
26No he tenido paz, no me aseguré, ni estuve reposado;
No obstante, me vino turbación.
Elifaz reprende a Job
4
1Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:
2Si probáremos a hablarte, te será molesto;
Pero ¿quién podrá detener las palabras?
3He aquí, tú enseñabas a muchos,
Y fortalecías las manos débiles;
4Al que tropezaba enderezaban tus palabras,
Y esforzabas las rodillas que decaían.
5Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas;
Y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.
6¿No es tu temor a Dios tu confianza?
¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?
7Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido?
Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos?
8Como yo he visto, los que aran iniquidad
Y siembran injuria, la siegan.
9Perecen por el aliento de Dios,
Y por el soplo de su ira son consumidos.
10Los rugidos del león, y los bramidos del rugiente,
Y los dientes de los leoncillos son quebrantados.
11El león viejo perece por falta de presa,
Y los hijos de la leona se dispersan.
12El asunto también me era a mí oculto;
Mas mi oído ha percibido algo de ello.
13En imaginaciones de visiones nocturnas,
Cuando el sueño cae sobre los hombres,
14Me sobrevino un espanto y un temblor,
Que estremeció todos mis huesos;
15Y al pasar un espíritu por delante de mí,
Hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo.
16Paróse delante de mis ojos un fantasma,
Cuyo rostro yo no conocí,
Y quedo, oí que decía:
17¿Será el hombre más justo que Dios?
¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?
18He aquí, en sus siervos no confía,
Y notó necedad en sus ángeles;
19¡Cuánto más en los que habitan en casas de barro,
Cuyos cimientos están en el polvo,
Y que serán quebrantados por la polilla!
20De la mañana a la tarde son destruidos,
Y se pierden para siempre, sin haber quien repare en ello.
21Su hermosura, ¿no se pierde con ellos mismos?
Y mueren sin haber adquirido sabiduría.
5
1Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda?
¿Y a cuál de los santos te volverás?
2Es cierto que al necio lo mata la ira,
Y al codicioso lo consume la envidia.
3Yo he visto al necio que echaba raíces,
Y en la misma hora maldije su habitación.
4Sus hijos estarán lejos de la seguridad;
En la puerta serán quebrantados,
Y no habrá quien los libre.
5Su mies comerán los hambrientos,
Y la sacarán de entre los espinos,
Y los sedientos beberán su hacienda.
6Porque la aflicción no sale del polvo,
Ni la molestia brota de la tierra.
7Pero como las chispas se levantan para volar por el aire,
Así el hombre nace para la aflicción.
8Ciertamente yo buscaría a Dios,
Y encomendaría a él mi causa;
9El cual hace cosas grandes e inescrutables,
Y maravillas sin número;
10Que da la lluvia sobre la faz de la tierra,
Y envía las aguas sobre los campos;
11Que pone a los humildes en altura,
Y a los enlutados levanta a seguridad;
12Que frustra los pensamientos de los astutos,
Para que sus manos no hagan nada;
13Que prende a los sabios en la astucia de ellos,a
Y frustra los designios de los perversos.
14De día tropiezan con tinieblas,
Y a mediodía andan a tientas como de noche.
15Así libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos,
Y de la mano violenta;
16Pues es esperanza al menesteroso,
Y la iniquidad cerrará su boca.
17He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga;
Por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso.b
18Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará;
El hiere, y sus manos curan.
19En seis tribulaciones te librará,
Y en la séptima no te tocará el mal.
20En el hambre te salvará de la muerte,
Y del poder de la espada en la guerra.
21Del azote de la lengua serás encubierto;
No temerás la destrucción cuando viniere.
22De la destrucción y del hambre te reirás,
Y no temerás de las fieras del campo;
23Pues aun con las piedras del campo tendrás tu pacto,
Y las fieras del campo estarán en paz contigo.
24Sabrás que hay paz en tu tienda;
Visitarás tu morada, y nada te faltará.
25Asimismo echarás de ver que tu descendencia es mucha,
Y tu prole como la hierba de la tierra.
26Vendrás en la vejez a la sepultura,
Como la gavilla de trigo que se recoge a su tiempo.
27He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así;
Oyelo, y conócelo tú para tu provecho.
Job reprocha la actitud de sus amigos
6
1Respondió entonces Job, y dijo:
2¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento,
Y se alzasen igualmente en balanza!
3Porque pesarían ahora más que la arena del mar;
Por eso mis palabras han sido precipitadas.
4Porque las saetas del Todopoderoso están en mí,
Cuyo veneno bebe mi espíritu;
Y terrores de Dios me combaten.
5¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba?
¿Muge el buey junto a su pasto?
6¿Se comerá lo desabrido sin sal?
¿Habrá gusto en la clara del huevo?
7Las cosas que mi alma no quería tocar,
Son ahora mi alimento.
8¡Quién me diera que viniese mi petición,
Y que me otorgase Dios lo que anhelo,
9Y que agradara a Dios quebrantarme;
Que soltara su mano, y acabara conmigo!
10Sería aún mi consuelo,
Si me asaltase con dolor sin dar más tregua,
Que yo no he escondido las palabras del Santo.
11¿Cuál es mi fuerza para esperar aún?
¿Y cuál mi fin para que tenga aún paciencia?
12¿Es mi fuerza la de las piedras,
O es mi carne de bronce?
13¿No es así que ni aun a mí mismo me puedo valer,
Y que todo auxilio me ha faltado?
14El atribulado es consolado por su compañero;
Aun aquel que abandona el temor del Omnipotente.
15Pero mis hermanos me traicionaron como un torrente;
Pasan como corrientes impetuosas
16Que están escondidas por la helada,
Y encubiertas por la nieve;
17Que al tiempo del calor son deshechas,
Y al calentarse, desaparecen de su lugar;
18Se apartan de la senda de su rumbo,
Van menguando, y se pierden.
19Miraron los caminantes de Temán,
Los caminantes de Sabá esperaron en ellas;
20Pero fueron avergonzados por su esperanza;
Porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos.
21Ahora ciertamente como ellas sois vosotros;
Pues habéis visto el tormento, y teméis.
22¿Os he dicho yo: Traedme,
Y pagad por mí de vuestra hacienda;
23Libradme de la mano del opresor,
Y redimidme del poder de los violentos?
24Enseñadme, y yo callaré;
Hacedme entender en qué he errado.
25¡Cuán eficaces son las palabras rectas!
Pero ¿qué reprende la censura vuestra?
26¿Pensáis censurar palabras,
Y los discursos de un desesperado, que son como el viento?
27También os arrojáis sobre el huérfano,
Y caváis un hoyo para vuestro amigo.
28Ahora, pues, si queréis, miradme,
Y ved si digo mentira delante de vosotros.
29Volved ahora, y no haya iniquidad;
Volved aún a considerar mi justicia en esto.
30¿Hay iniquidad en mi lengua?
¿Acaso no puede mi paladar discernir las cosas inicuas?
Job argumenta contra Dios
7
1¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra,
Y sus días como los días del jornalero?
2Como el siervo suspira por la sombra,
Y como el jornalero espera el reposo de su trabajo,
3Así he recibido meses de calamidad,
Y noches de trabajo me dieron por cuenta.
4Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré?
Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba.
5Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo;
Mi piel hendida y abominable.
6Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor,
Y fenecieron sin esperanza.
7Acuérdate que mi vida es un soplo,
Y que mis ojos no volverán a ver el bien.
8Los ojos de los que me ven, no me verán más;
Fijarás en mí tus ojos, y dejaré de ser.
9Como la nube se desvanece y se va,
Así el que desciende al Seol no subirá;
10No volverá más a su casa,
Ni su lugar le conocerá más.
11Por tanto, no refrenaré mi boca;
Hablaré en la angustia de mi espíritu,
Y me quejaré con la amargura de mi alma.
12¿Soy yo el mar, o un monstruo marino,
Para que me pongas guarda?
13Cuando digo: Me consolará mi lecho,
Mi cama atenuará mis quejas;
14Entonces me asustas con sueños,
Y me aterras con visiones.
15Y así mi alma tuvo por mejor la estrangulación,
Y quiso la muerte más que mis huesos.
16Abomino de mi vida; no he de vivir para siempre;
Déjame, pues, porque mis días son…
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Cross references
- aa 3.1–19: Jer. 20.14–18.
- bb 3.21: Ap. 9.6.
- aa 5.13: 1 Co. 3.19.
- bb 5.17: Pr. 3.11–12; He. 12.5–6.
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