Marcos 5–6
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El endemoniado gadareno
aLlegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos1.
Cuando Jesús salió de la barcaa, enseguida se acercó a Él, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundob,
que tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía ya atarlo ni aun con cadenas;
porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo.
Siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras.
Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de Él;
y gritando a gran voz, dijo*: «¿Qué tengo yo que ver contigo1, Jesús, Hijo del Diosa Altísimob? Te imploro por Dios que no me atormentesc»
Porque Jesús le decía: «Sal del hombre, espíritu inmundo».
«¿Cómo te llamas?», le preguntó Jesús. «Me llamo Legióna», respondió*, «porque somos muchos».
Le rogaba entonces con insistencia que no los enviara fuera de la tierra.
Había allí una gran manada de cerdos paciendo junto al monte.
Y los demonios le rogaron, diciendo: «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos»
Jesús les dio permiso. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la manada, unos 2,000, se precipitó por un despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron1.
Los que cuidaban los cerdos1 huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y la gente vino a ver qué era lo que había sucedido.
Vinieron* a Jesús, y vieron* al que había estado endemoniadoa, sentado, vestidob y en su cabal juicio, el mismo que había tenido la legiónc; y tuvieron miedod.
Los que lo habían visto les describieron cómo le había sucedido esto al endemoniadoa, y lo de los cerdos.
Y comenzaron a rogar a Jesús que se fuera de su regióna.
aAl entrar Él en la barca, el que había estado endemoniadob le rogaba que lo dejara ir con Él1.
Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo*: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas1 el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de tia».
Y él se fue, y empezó a proclamar en Decápolisa cuán grandes cosas1 Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.
Jairo ruega por su hija
Cuando Jesús pasó otra veza en la barcab al otro lado, se reunió una gran multitud alrededor de Él; así que Él se quedó1 junto al marc.
aY vino uno de los oficiales1 de la sinagogab, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró* a Sus pies,
y le rogaba* con insistencia: «Mi hijita está al borde de la muerte; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ellaa para que sane1 y viva»
Jesús fue con él; y una gran multitud lo seguía y oprimía.
Jesús sana a una mujer
Había una mujer que padecía de flujo de sangre por doce años.
Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado.
Cuando ella oyó hablar de Jesús, se llegó a Él por detrás entre la multitud y tocó Su manto.
Porque decía1: «Si tan solo toco Sus ropas, sanaré2»
Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su afliccióna.
Enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de Éla, volviéndose entre la gente, dijo: «¿Quién ha tocado Mi ropa?».
Y Sus discípulos le dijeron: «Ves que la multitud te oprime, y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».
Pero Él miraba a su alrededor para ver a la mujer que lo había tocado1.
Entonces la mujer, temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad.
«Hija, tu fe te ha sanado1a», le dijo Jesús; «vete en pazb y queda sana de tu aflicciónc».
Jesús resucita a la hija de Jairo
Mientras Él estaba todavía hablando, vinieron* unos enviados de la casa del oficial de la sinagogaa, diciendo: «Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro?».
Pero Jesús, oyendo lo que se hablaba, dijo* al oficial de la sinagogaa: «No temas, cree solamente1b».
Y no permitió que nadie fuera con Él sino solo Pedro, Jacobo1 y Juan, hermano de Jacoboa.
Fueron* a la casa del oficial de la sinagogaa, y Jesús vio* el alboroto, y a los que lloraban y se lamentaban mucho.
Cuando entró les dijo*: «¿Por qué hacen alboroto y lloran? La niña no ha muerto, sino que está dormida».
Y se burlaban de Él. Pero echando fuera a todos, Jesús tomó* consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con Él, y entró* donde estaba la niña.
Tomando a la niña por la mano, le dijo*: «Talita cum», que traducido significa: «Niña, a ti te digo, ¡levántatea!».
Al instante la niña se levantó y comenzó a caminar, pues tenía doce años. Y al momento todos se quedaron completamente atónitos.
Entonces les dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de estoa; y dijo que le dieran de comer a la niña1.
Jesús enseña en Nazaret
aJesús se marchó de allí y llegó* a Su pueblob, y Sus discípulos lo siguieron*.
Cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagogaa; y muchos que escuchaban se asombrabanb, diciendo: «¿Dónde obtuvo Este tales1 cosas, y cuál es esta sabiduría que le ha sido dada, y estos milagros2 que hace con Sus manos?
»¿No es Este el carpintero, el hijo de María, y hermanoa de Jacobo1, José, Judas y Simónb? ¿No están Sus hermanasc aquí con nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Éld.
Y Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra sino en su propia tierraa, y entre sus parientes y en su casab».
Y no pudo hacer allí ningún milagro1; solo sanó a unos pocos enfermos sobre los cuales puso Sus manosa.
Estaba maravillado de la incredulidad de ellos.
Y recorría las aldeas de alrededor enseñandoa.
Jesús envía a los doce
aEntonces Jesús llamó* a los doceb y comenzó a enviarlos de dos en dosc, dándoles autoridad1 sobre los espíritus inmundos;
y les ordenó que no llevaran nada para el caminoa, sino solo un bordón; ni pan, ni alforja1, ni dinero en el cinto;
sino calzados con sandalias. «No lleven dos túnicas1», les dijo.
Y añadió: «Dondequiera que entren en una casa, quédense en ella hasta que salgan de la población1.
»En cualquier lugar que no los reciban ni los escuchen, al salir de allí, sacúdanse el polvo de la planta1 de los piesa en testimonio contra ellos».
Saliendo los doce, predicaban1a que todos se arrepintieran.
También echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanabana.
Muerte de Juan el Bautista
aEl rey Herodes se enteró1 de esto, pues el nombre de Jesús2 se había hecho célebre, y la gente decía: «Juan el Bautistab ha resucitado de entre los muertos, por eso es que estos poderes milagrosos actúan en él».
Pero otros decían: «Es Elías». Y decían otros: «Es un profeta, como uno de los profetas antiguosa».
Al oír esto, Herodes decía: «Juan, a quien yo decapité, ha resucitado»
Porque Herodes mismo había enviado a prender a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipea, pues Herodes se había casado con ella.
Y Juan le decía a Herodes: «No te es lícito tener la mujer de tu hermanoa»
Herodíasa le tenía rencor y deseaba matarlo, pero no podía,
porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santoa, y lo mantenía protegido. Cuando le oía se quedaba muy perplejo, pero le gustaba escucharlo1.
Llegó un día oportuno, cuando Herodes, siendo su cumpleaños, ofreció un banquetea a sus nobles y comandantes1 y a los principales de Galileab;
y cuando la hija de Herodías1a entró y danzó, agradó a Herodes y a los que se sentaban2 a la mesa con él; y el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré»
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reinoa»
Ella salió y dijo a su madre: «¿Qué pediré?». «La cabeza de Juan el Bautista», le respondió ella.
Enseguida ella se presentó apresuradamente ante el rey con su petición1, diciendo: «Quiero que me des ahora mismo la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja»
Aunque el rey se puso muy triste, sin embargo a causa de sus juramentos y de los que se sentaban1 con él a la mesa, no quiso contradecirla.
Al instante el rey envió a un verdugo y le ordenó que trajera la cabeza de Juan1. Y él fue y lo decapitó en la cárcel,
y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan oyeron esto, fueron y se llevaron el cuerpo y le dieron sepultura1.
Alimentación de los cinco mil
Los apóstolesa se reunieron* con Jesús, y le informaron sobre todo lo que habían hecho y enseñadob.
Y Él les dijo*: «Vengan, apártense de los demás a un lugar solitario y descansen un poco». Porque había muchos que iban y venían, y ellos no tenían tiempo ni siquiera para comera.
aY se fueron en la barca a un lugar solitario, apartadob.
Pero la gente los vio salir, y muchos los reconocieron y juntos corrieron allá a pie de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos.
Al desembarcar1, Jesús vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastora; y comenzó a enseñarles muchas cosas.
Y cuando ya era muy tarde, Sus discípulos se acercaron a Él, diciendo: «El lugar está desierto y ya es muy tarde;
despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y se compren algo de comer1»
«Denles ustedes de comer», les contestó Jesús. Y ellos le dijeron*: «¿Quieres que vayamos y compremos 200 denarios1a de pan y les demos de comerb?».
Jesús les dijo*: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan y vean». Y cuando se cercioraron le dijeron*: «Cinco panes y dos peces».
Y les mandó que todos se recostaran por grupos sobre la hierba verde.
Y se recostaron por grupos de cien y de cincuenta.
Entonces Él tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, los bendijo; partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran1a; también repartió los dos peces entre todos.
Todos comieron y se saciaron.
Recogieron doce cestas llenas de los pedazosa, y también de los peces.
Los que comieron los panes eran 5,000 hombresa.
Jesús anda sobre el mar
aEnseguida Jesús hizo que Sus discípulos subieran a la…
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Footnotes
- 1Otros dicen: guerasenos, o, guerguesenos.
- 1 ¿Qué a mí y a ti.
- 1 se ahogaban.
- 1 Y los que los cuidaban.
- 1 para que estuviera con Él.
- 1O todo lo que.
- 1O todo lo que.
- 1 estaba.
- 1O principales, y así en el resto del
- 1 se salve.
- 1O pensaba.
- 2 seré salva.
- 1 había hecho esto.
- 1 salvado.
- 1O sigue creyendo.
- 1O Santiago.
- 1 ella.
- 1 estas.
- 2O hechos poderosos.
- 1O Santiago.
- 1O hecho poderoso.
- 1O poder.
- 1O mochila, o bolsa.
- 1I.e. ropas interiores.
- 1 de allí.
- 1 de debajo.
- 1O proclamaban.
- 1 oyó.
- 2 su nombre.
- 1 y con gusto le oía.
- 1 quiliarcas; oficiales militares romanos al mando de mil soldados.
- 1I.e. Salomé.
- 2 se reclinaban.
- 1 y pidió.
- 1 de los que se reclinaban.
- 1 él.
- 1 lo pusieron en una tumba.
- 1 Al salir.
- 1 que coman.
- 1I.e. salario de 200 días.
- 1 pusieran delante.
Cross references
- aMar. 5:1–17: Mat. 8:28–34; Luc. 8:26–37
- aMar. 3:9; 4:1, 36; 5:21
- bMar. 1:23
- aMat. 4:3
- bMat. 8:29; Hech. 16:17; Heb. 7:1
- cLuc. 8:28
- aMat. 26:53; Mar. 5:15; Luc. 8:30
- aMat. 4:24; Mar. 5:16, 18
- bLuc. 8:27
- cMar. 5:9
- dLuc. 8:35
- aMat. 4:24; Mar. 5:15
- aMat. 8:34; Hech. 16:39
- aMar. 5:18–20: Luc. 8:38, 39
- bMat. 4:24; Mar. 5:15, 16
- aLuc. 8:39
- aSal. 66:16; Mat. 4:25; Mar. 7:31
- aMat. 9:1; Luc. 8:40
- bMar. 4:36
- cMar. 4:1
- aMar. 5:22–43: Mat. 9:18–26; Luc. 8:41–56
- bMat. 9:18; Mar. 5:35, 36, 38; Luc. 8:49; 13:14; Hech. 13:15; 18:8, 17
- aMar. 6:5; 7:32; 8:23; 16:18; Luc. 4:40; 13:13; Hech. 6:6; 9:17; 28:8
- aMar. 3:10; 5:34
- aLuc. 5:17
- aMat. 9:22
- bLuc. 7:50; 8:48; Hech. 16:36; Sant. 2:16
- cMar. 3:10; 5:29
- aMar. 5:22
- aMar. 5:22
- bLuc. 8:50
- aMat. 17:1; 26:37
- aMar. 5:22
- aLuc. 7:14; Hech. 9:40
- aMat. 8:4
- aMar. 6:1–6: Mat. 13:54–58
- bMat. 13:54, 57; Luc. 4:16, 23
- aMat. 4:23; Mar. 10:1
- bMat. 7:28
- aMat. 12:46
- bMat. 13:55
- cMat. 13:56
- dMat. 11:6
- aMat. 13:57; Juan 4:44
- bMar. 6:1
- aMar. 5:23
- aMat. 9:35; Mar. 1:39; 10:1; Luc. 13:22
- aMar. 6:7–11: Mat. 10:1, 9–14; Luc. 9:1, 3–5; Luc. 10:4–11
- bMat. 10:1, 5; Mar. 3:13; Luc. 9:1
- cLuc. 10:1
- aMat. 10:10
- aMat. 10:14; Hech. 13:51
- aMat. 11:1; Luc. 9:6
- aSant. 5:14
- aMar. 6:14–29: Mat. 14:1–12; Mar. 6:14–16: Luc. 9:7–9
- bMat. 14:2; Luc. 9:19
- aMat. 16:14; 21:11; Mar. 8:28
- aMat. 14:3; Luc. 3:19
- aMat. 14:4
- aMat. 14:3
- aMat. 21:26
- aEst. 1:3; 2:18
- bLuc. 3:1
- aMat. 14:3
- aEst. 5:3, 6; 7:2
- aMat. 10:2; Mar. 3:14; Luc. 6:13; 9:10; 17:5; 22:14; 24:10; Hech. 1:2, 26
- bLuc. 9:10
- aMar. 3:20
- aMar. 6:32–44: Mat. 14:13–21; Luc. 9:10–17; Juan 6:5–13; Mar. 8:2–9
- bMar. 3:9; 4:36; 6:45
- aNúm. 27:17; 1Rey. 22:17; 2Crón. 18:16; Zac. 10:2; Mat. 9:36
- aMat. 18:28; Luc. 7:41
- bJuan 6:7
- aMat. 14:19
- aMat. 14:20
- aMat. 14:21
- aMar. 6:45–51: Mat. 14:22–32; Juan 6:15–21
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