Job 4–5
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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DIOS RETRIBUYE
Elifaz de Temán respondió así:
¿Aguantarás si te dirigen la palabra?
¿Pero quién puede frenar una respuesta?
Tú, que a tantos dabas lecciones,
que fortalecías los brazos débiles,
que animabas al vacilante con tus consejos,
que robustecías las rodillas temblorosas,
¿ahora que te toca, flaqueas?
¿Te llega el turno y te asustas?
¿No ponías tu confianza en tu piedad?
¿No ponías la esperanza en tu honradez?
¿Recuerdas a un inocente destruido?
¿Has visto a algún justo exterminado?
Yo he visto que quien cultiva maldad
y siembra desgracia, eso cosecha.
Echa Dios su aliento y perecen,
los consume el resoplido de su cólera.
Ruge el león, gruñe la fiera,
pero a los cachorros les arrancan los dientes.
Muere el león cuando no tiene presa,
las crías de la leona se dispersan.
Me llegó una palabra furtiva,
escuché su suave susurro;
entre pesadillas y visiones nocturnas,
cuando el sopor rinde a los humanos,
el terror y la agitación me atenazaron,
se estremecieron todos mis huesos.
Un viento rozó mi rostro,
se erizó el vello de mi cuerpo.
Allí estaba, no lo reconocí,
pero su imagen permanecía ante mí.
Una voz rasgó el silencio:
¿“Puede un mortal ser justo ante Dios,
un ser humano ser puro ante su Hacedor”?
Si ni siquiera confía en sus siervos,
y hasta en sus mensajeros ve defectos,
¿qué decir de los que moran entre adobes,
en casas construidas sobre barro?
¡Se los aplasta igual que a la polilla!
De la mañana al atardecer se derrumban,
desaparecen sin que a nadie le importe;
les arrancan los vientos de su tienda
y mueren por falta de sabiduría.
Anda, grita, a ver quién te responde,
¿a qué santo vas ahora a recurrir?
Al necio lo mata el despecho,
y al simple lo remata la envidia.
He visto a un necio echar raíces
y de pronto hundirse su morada,
a sus hijos metidos en problemas,
acosados en un juicio, sin defensa.
El hambriento devorará su cosecha
— Dios se la quitará de entre los dientes—
y el sediento beberá sus bienes.
Pues la desgracia no germina del polvo,
ni brota de la tierra el sufrimiento;
nace para el dolor el ser humano
como las chispas que se alzan volando.
Yo que tú apelaría a Dios,
confiaría a Dios mi causa.
Él hace prodigios misteriosos,
realiza maravillas sin cuento:
derrama lluvia sobre la tierra,
envía el agua a los campos;
pone a los humildes en lo alto,
en lugar seguro a los afligidos;
frustra los planes del astuto,
hace que fracasen sus intrigas;
enreda en su astucia a los sabios,
arruina los planes tortuosos;
en pleno día se topan con tinieblas,
van a tientas lo mismo que de noche.
Pero salva al pobre de lenguas afiladas,
lo libra de manos opresoras;
así el indigente vive con esperanza,
pues la maldad cierra su boca.
¡Dichoso aquel a quien Dios corrige!
No rechaces la lección del Todopoderoso,
porque hiere, pero pone la venda,
golpea, pero él mismo cura.
Seis veces te salva de apuros
y a la séptima te evita los males;
no te dejará morir en plena carestía,
en plena refriega te librará de la espada;
te pondrá a salvo del azote de la lengua,
sin miedo a que se cierna el desastre.
Te reirás de carestías y desastres,
no tendrás miedo a las fieras salvajes;
pactarás con los espíritus del campo,
tendrás paz con las bestias salvajes;
disfrutarás de la paz de tu tienda,
verás prosperar tus propiedades;
conocerás una numerosa progenie,
nutrida como la hierba del campo;
bajarás a la tumba ya maduro,
como manojo de trigo en sazón.
Hemos comprobado que todo esto es cierto;
haz caso y aprende la lección.
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