Mateo 26:50–27:50
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50Y Jesús le dijo: Amigoa, haz lo que viniste a hacer. Entonces ellos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.
51Y sucedió que1 uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espadaa, e hiriendo al siervo del sumo sacerdote, le cortó2 la orejab.
52Entonces Jesús le dijo*: Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerána.
53¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y Él pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones1a de ángelesb?
54Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escriturasa de que así debe suceder?
55En aquel momento1 Jesús dijo a la muchedumbre: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y garrotes para arrestarme? Cada día solía sentarme en el templo para enseñara, y no me prendisteis.
56Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escriturasa de los profetas. Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron.
Jesús ante el concilio
57aY los que prendieron a Jesús le llevaron ante el sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianosb.
58Y Pedro le fue siguiendo de lejosa hasta el patio del sumo sacerdoteb, y entrando1, se sentó con los alguaciles2c para ver el fin de todo aquello.
59Y los principales sacerdotes y todo el concilio1a procuraban obtener falso testimonio contra Jesús, con el fin de darle muerte,
60y no lo hallaron a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Pero más tarde se presentaron dosa,
61que dijeron: Este declaró: «Yo puedo destruir el templo1 de Dios y en2 tres días reedificarloa».
62Entonces el sumo sacerdote, levantándose, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?
63Mas Jesús callabaa. Y el sumo sacerdote le dijob: Te conjuroc por el Dios viviented que nos digas si tú eres el Cristo1, el Hijo de Diose.
64Jesús le dijo*: Tú mismo lo has dichoa; sin embargo, os digo que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poderb, y viniendo sobre las nubes del cieloc.
65Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de más testigosa? He aquí, ahora mismo habéis oído la blasfemia;
66¿qué os parece? Ellos respondieron y dijeron: ¡Es reo de muertea!
67Entonces le escupieron en el rostro y le dieron de puñetazos; y otros le abofeteaban1a,
68diciendo: Adivina1, Cristo2, ¿quién es el que te ha golpeadoa?
La negación de Pedro
69aPedro estaba sentado fuera en el patiob, y una sirvienta se le acercó y dijo: Tú también estabas con Jesús el galileo.
70Pero él lo negó delante de todos ellos, diciendo: No sé de qué hablas.
71Cuando salió al portal, lo vio otra sirvienta y dijo* a los que estaban allí: Este estaba con Jesús el nazareno.
72Y otra vez él lo negó con juramento: ¡Yo no conozco a ese1 hombre!
73Y un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: Seguro que tú también eres uno de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubrea.
74Entonces él comenzó a maldecir y a jurar: ¡Yo no conozco a ese1 hombre! Y al instante un gallo cantó.
75Y Pedro se acordó de lo que1 Jesús había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres vecesa. Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Capitulo 27
Jesús es entregado a Pilato
Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejoa contra Jesús para darle muerte.
2Y después de atarle, le llevaron y le entregarona a Pilato, el gobernadorb.
Muerte de Judas
3Entonces Judasa, el que le había entregado, viendo que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta piezas de platab a los principales sacerdotes y a los ancianos,
4diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: A nosotros, ¿qué? ¡Allá tú1a!
5Y él, arrojando las piezas de plata en el santuarioa, se marchó; y fue y se ahorcób.
6Y los principales sacerdotes tomaron las piezas de plata, y dijeron: No es lícito ponerlas en el tesoro del templo, puesto que es precio de sangre.
7Y después de celebrar consejo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para sepultura de los forasteros.
8Por eso ese campo se ha llamado Campo de Sangrea hasta hoy.
9Entonces se cumplió lo anunciado1 por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: aY tomaron2 las treinta piezas de plata, el precio de aquel cuyo precio había sido fijado por los hijos de Israel;
10y las dieron1 por el Campo del Alfarero, como el Señor me había ordenado.
Jesús ante Pilato
11aY Jesús compareció delante del gobernador, y este1 le interrogó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíosb? Y Jesús le dijo: Tú lo dicesc.
12Y al ser acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondióa.
13Entonces Pilato le dijo*: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
14Y Jesús no le respondió ni a una sola pregunta1, por lo que el gobernador estaba muy asombradoa.
Jesús o Barrabás
15aAhora bien, en cada fiesta, el gobernador acostumbraba soltar un preso al pueblo, el que ellos quisieran.
16Y tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás.
17Por lo cual, cuando ellos se reunieron, Pilato les dijo: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristoa?
18Porque él sabía que le habían entregado por envidia.
19Y estando él sentado en el tribunala, su mujer le mandó aviso, diciendo: No tengas nada que ver con ese justob, porque hoy he sufrido mucho en sueñosc por causa de Él.
20Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes que pidieran a Barrabás y que dieran muerte a Jesúsa.
21Y respondiendo, el gobernador les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos respondieron: A Barrabás.
22Pilato les dijo*: ¿Qué haré entonces con Jesús, llamado el Cristoa? Todos dijeron*: ¡Sea crucificado!
23Y Pilato dijo: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
24Y viendo Pilato que no conseguía nada, sino que más bien se estaba formando un tumultoa, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: Soy inocente de la sangreb de este justo1c; ¡allá vosotros2d!
25Y respondiendo todo el pueblo, dijo: ¡Caiga su sangre sobre nosotrosa y sobre nuestros hijos!
26Entonces les soltó a Barrabás, pero a Jesús, después de hacerle azotar, le entregó para que fuera crucificadoa.
Los soldados se mofan de Jesús
27aEntonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al Pretoriob, y reunieron alrededor de Él a toda la cohorte1c romana.
28Y desnudándole, le pusieron encima un manto de escarlataa.
29Y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabezaa, y una caña1 en su mano derecha; y arrodillándose delante de Él, le hacían burla, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíosb!
30Y escupiéndolea, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.
31Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron para crucificarlea.
32aY cuando salían, hallaron a un hombre de Cireneb llamado Simón, al cual1 obligaron a que llevara la2 cruz.
La crucifixión
33aCuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa Lugar de la Calaverab,
34le dieron a beber vino mezclado con hiela; pero después de probarlo, no lo quiso beberb.
35Y habiéndole crucificado, se repartieron sus vestidos, echando suertes1a;
36y sentados, le custodiaban allía.
37Y pusieron sobre su cabeza la acusación contra Él, que decía1: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOSa.
38Entonces fueron crucificados* con Él dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda.
39Los que pasaban le injuriaban, meneando la cabezaa
40y diciendo: Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificasa, sálvate a ti mismo, si eres el Hijo de Dios, y desciende de la cruzb.
41De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de Él, decían:
42A otros salvó; a sí mismo no puede salvarse1a. Rey de Israel esb; que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él.
43En Dios confía; que le libre ahora si Él le quierea; porque ha dicho: «Yo soy el Hijo de Dios».
44En la misma forma le injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con Éla.
Muerte de Jesús
45aY desde la hora sexta1 hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena2.
46Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lema sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonadoa?
47Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: Este llama a Elías.
48Y al instante, uno de ellos corrió, y tomando una esponja, la empapó en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a bebera.
49Pero los otros dijeron: Deja, veamos si Elías viene a salvarle1.
50Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritua.
Footnotes
- 1, Y he aquí
- 2, quitó
- 1Una legión estaba compuesta de 6,000 soldados
- 1, aquella hora
- 1, entrando dentro
- 2O, sirvientes
- 1O, Sanedrín
- 1O, santuario
- 2O, después de
- 1I.e., el Mesías
- 1O, posiblemente, le herían con palos
- 1, Profetízanos
- 2I.e., el Mesías
- 1, al
- 1, al
- 1, de la palabra que
- 1, Tú verás
- 1, dicho
- 2O, tomé
- 1Algunos dicen: di
- 1, y el gobernador
- 1, palabra
- 1Algunos śolo dicen: de éste
- 2, vosotros veréis
- 1I.e., unidad militar romana compuesta de varias centurias
- 1O, vara
- 1, a éste
- 2, su
- 1Algunos posteriores agregan: para que se cumpliera lo dicho por el profeta: Se repartieron mis vestiduras y sobre mi ropa echaron suertes
- 1, escrita
- 1O, ¿a sí mismo no puede salvarse?
- 1I.e., las doce del día
- 2I.e., las tres de la tarde
- 1Algunos antiguos agregan: Y otro tomó una lanza, y traspasó su costado, y salió agua y sangre (Véase Juan 19:34)
Cross references
- aMat. 20:13; 22:12
- aLuc. 22:38
- bMar. 14:47; Luc. 22:50; Juan 18:10
- aGén. 9:6; Apoc. 13:10
- aMar. 5:9, 15; Luc. 8:30
- bMat. 4:11
- aMat. 26:24
- aMar. 12:35; 14:49; Luc. 4:20; 19:47; 20:1; 21:37; Juan 7:14, 28; 8:2, 20; 18:20
- aMat. 26:24
- aMat. 26:57–68; Mar. 14:53–65; Juan 18:12, 13, 19–24
- bMat. 26:3
- aJuan 18:15
- bMat. 26:3
- cMat. 5:25; Juan 7:32, 45, 46; 19:6; Hech. 5:22, 26
- aMat. 5:22
- aDeut. 19:15
- aMat. 27:40; Mar. 14:58; 15:29; Juan 2:19; Hech. 6:14
- aMat. 27:12, 14; Juan 19:9
- bMat. 26:63–66; Luc. 22:67–71
- cLev. 5:1
- dMat. 16:16
- eMat. 4:3
- aMat. 26:25
- bSal. 110:1
- cDan. 7:13; Mat. 16:27, 28; Mar. 14:62
- aNúm. 14:6; Mar. 14:63; Hech. 14:14
- aLev. 24:16; Juan 19:7
- aMat. 26:67, 68; 27:30; Mar. 10:34; Luc. 22:63–65; Juan 18:22
- aMar. 14:65; Luc. 22:64
- aMat. 26:69–75; Mar. 14:66–72; Luc. 22:55–62; Juan 18:16–18, 25–27
- bMat. 26:3
- aMar. 14:70; Luc. 22:59; Juan 18:26
- aMat. 26:34
- aMar. 15:1; Luc. 22:66; Juan 18:28
- aMat. 20:19
- bLuc. 3:1; 13:1; 23:12; Hech. 3:13; 4:27; 1 Tim. 6:13
- aMat. 26:14
- bMat. 26:15
- aMat. 27:24
- aMat. 26:61; Luc. 1:9, 21
- bHech. 1:18
- aHech. 1:19
- aJer. 18:2; 19:2, 11; 32:6–8; Zac. 11:12, 13
- aMat. 27:11–14; Mar. 15:2–5; Luc. 23:2, 3; Juan 18:29–38
- bMat. 2:2
- cMat. 26:25
- aMat. 26:63; Juan 19:9
- aMat. 27:12; Mar. 15:5; Luc. 23:9; Juan 19:9
- aMat. 27:15–26; Mar. 15:6–15; Luc. 23:17–25; Juan 18:39–19:16
- aMat. 1:16; 27:22
- aJuan 19:13; Hech. 12:21; 18:12, 16, 17; 25:6, 10, 17
- bMat. 27:24
- cGén. 20:6; 31:11; Núm. 12:6; Job 33:15; Mat. 1:20; 2:12, 13, 19, 22
- aHech. 3:14
- aMat. 1:16
- aMat. 26:5
- bDeut. 21:6–8
- cMat. 27:19
- dMat. 27:4
- aJos. 2:19; Hech. 5:28
- aMar. 15:15; Luc. 23:16; Juan 19:1
- aMat. 27:27–31; Mar. 15:16–20
- bMat. 26:3; Juan 18:28, 33; 19:9
- cHech. 10:1
- aMar. 15:17; Juan 19:2
- aMar. 15:17; Juan 19:2
- bMar. 15:18; Juan 19:3
- aMat. 26:67; Mar. 10:34; 14:65; 15:19
- aMar. 15:20
- aMat. 27:32; Mar. 15:21; Luc. 23:26; Juan 19:17
- bHech. 2:10; 6:9; 11:20; 13:1
- aMat. 27:34–44; Mar. 15:22–32; Luc. 23:33–43; Juan 19:17–24
- bLuc. 23:33; Juan 19:17
- aSal. 69:21
- bMar. 15:23
- aSal. 22:18
- aMat. 27:54
- aMar. 15:26; Luc. 23:38; Juan 19:19
- aJob 16:4; Sal. 22:7; 109:25; Lam. 2:15; Mar. 15:29
- aMat. 26:61
- bMat. 27:42
- aMar. 15:31; Luc. 23:35
- bMat. 27:37; Luc. 23:37; Juan 1:49; 12:13
- aSal. 22:8
- aLuc. 23:39–43
- aMat. 27:45–56; Mar. 15:33–41; Luc. 23:44–49
- aSal. 22:1
- aMar. 15:36; Luc. 23:36; Juan 19:29
- aMar. 15:37; Luc. 23:46; Juan 19:30
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