Logos Bible Study

Mateo 26:50–27:50

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«Amigoa, haz lo que viniste a hacer», le dijo Jesús. Entonces ellos se acercaron, echaron mano a Jesús y lo arrestaron.

Y uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espadaa, e hiriendo al siervo del sumo sacerdote, le cortó1 la orejab.

Entonces Jesús le dijo*: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerána.

»¿O piensas que no puedo rogar a Mi Padre, y Él pondría a Mi disposición ahora mismo más de doce legiones1a de ángelesb?

»Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escriturasa que dicen que así debe suceder?».

En aquel momento1 Jesús dijo a la muchedumbre: «¿Como contra un ladrón han salido con espadas y palos para asegurarse que me arrestaban? Cada día me sentaba en el templo para enseñara, y no me prendieron.

»Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escriturasa de los profetas». Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Jesús ante el Concilio

aLos que prendieron a Jesús lo llevaron ante el sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianosb.

Pedro fue siguiendo de lejosa a Jesús hasta el patio del sumo sacerdoteb, y entrando1, se sentó con los guardias2c para ver el fin de todo aquello.

Y los principales sacerdotes y todo el Concilio1a procuraban obtener falso testimonio contra Él, con el fin de dar muerte a Jesús,

y no lo hallaron a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Pero más tarde se presentaron dosa,

que dijeron: «Este declaró: “Yo puedo destruir el templo1 de Dios y en2 tres días reedificarloa”».

Entonces el sumo sacerdote, levantándose, le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra Ti?»

Pero Jesús se quedó calladoa. Y el sumo sacerdote le dijob: «Te ordenoc por el Dios viviented que nos digas si Tú eres el Cristo, el Hijo de Diose»

Jesús le contestó*: «Tú mismo lo has dichoa; sin embargo, a ustedes les digo que desde ahora verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poderb, y viniendo sobre las nubes del cieloc».

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de más testigosa? Ahora mismo ustedes han oído la blasfemia.

»¿Qué les parece?». «¡Él es digno de muertea!», le contestaron.

Entonces le escupieron en el rostro y le dieron puñetazos; y otros lo abofeteaban1a,

y le decían: «Adivina1, Cristo, ¿quién es el que te ha golpeadoa?»

La negación de Pedro

aPedro estaba sentado afuera en el patiob, y una sirvienta se le acercó y dijo: «Tú también estabas con Jesús el galileo»

Pero él lo negó delante de todos ellos, diciendo: «No sé de qué hablas»

Cuando salió al portal, lo vio otra sirvienta y dijo* a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazareno»

Y otra vez él lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese1 hombre!»

Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Seguro que tú también eres uno de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubrea»

Entonces él comenzó a maldecir y a jurar: «¡Yo no conozco al hombre!». Y al instante un gallo cantó.

Pedro se acordó de lo que1 Jesús había dicho: «Antes que el gallo cante, Me negarás tres vecesa». Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Jesús es entregado a Pilato

Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejoa para dar muerte a Jesús.

Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregarona a Pilato, el gobernadorb.

Muerte de Judas

Entonces Judasa, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata (30 siclos: 432 gramos de plata)b a los principales sacerdotes y a los ancianos,

«He pecado entregando sangre inocente», dijo Judas. «A nosotros, ¿qué? ¡Allá tú1a!», dijeron ellos.

Y arrojando las monedas de plata en el santuarioa, Judas se marchó; y fue y se ahorcób.

Los principales sacerdotes tomaron las monedas de plata, y dijeron: «No es lícito ponerlas en el tesoro del templo, puesto que es precio de sangre»

Y después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para sepultura de los extranjeros.

Por eso ese campo se ha llamado Campo de Sangrea hasta hoy.

Entonces se cumplió lo anunciado1 por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: «aY tomaron2 las treinta monedas de plata, el precio de aquel cuyo precio había sido fijado por los israelitas;

y las dieron1 por el Campo del Alfarero, como el Señor me había ordenado».

Jesús ante Pilato

aJesús fue llevado delante del gobernador1, y este2 lo interrogó: «¿Eres Tú el Rey de los judíosb?». «Tú lo dicesc», le contestó Jesús.

Al ser acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondióa.

Entonces Pilato le dijo*: «¿No oyes cuántas cosas testifican contra Ti?»

Jesús no le respondió ni a una sola pregunta1, por lo que el gobernador estaba muy asombradoa.

Jesús o Barrabás

aAhora bien, en cada fiesta, el gobernador acostumbraba soltar un preso al pueblo, el que ellos quisieran.

Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás.

Por lo cual, cuando ellos se reunieron, Pilato les dijo: «¿A quién quieren que les suelte: a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristoa?»

Porque él sabía que lo habían entregado por envidia.

Y estando Pilato sentado en el tribunala, su mujer le mandó aviso, diciendo: «No tengas nada que ver con ese Justob, porque hoy he sufrido mucho en sueñosc por causa de Él»

Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes que pidieran a Barrabás y que dieran muerte a Jesúsa.

El gobernador les preguntó de nuevo: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?». Ellos respondieron: «A Barrabás»

Pilato les dijo*: «¿Qué haré entonces con Jesús, llamado el Cristoa?». «¡Sea crucificado!», dijeron* todos.

Pilato preguntó: «¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban aún más: «¡Sea crucificado!»

Viendo Pilato que no conseguía nada, sino que más bien se estaba formando un tumultoa, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Soy inocente de la sangreb de este Justo1c. ¡Allá ustedes2d!»

Todo el pueblo contestó: «¡Caiga Su sangre sobre nosotrosa y sobre nuestros hijos!»

Entonces les soltó a Barrabás, y después de hacer azotar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificadoa.

Los soldados se burlan de Jesús

aEntonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al Pretorio1b, y reunieron alrededor de Él a toda la tropa2c romana.

Después de quitarle la ropa, le pusieron encima un manto escarlataa.

Y tejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre Su cabezaa, y una caña1 en Su mano derecha; y arrodillándose delante de Él, le hacían burla, diciendo: «¡Salve, Rey de los judíosb!»

Le escupíana, y tomaban la caña y lo golpeaban en la cabeza.

Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron Sus ropas y lo llevaron para ser crucificadoa.

aY cuando salían, hallaron a un hombre de Cireneb llamado Simón, al cual1 obligaron a que llevara Su cruz.

La crucifixión

aCuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa Lugar de la Calaverab,

Le dieron a beber vino mezclado con hiela; pero después de probarlo, no lo quiso beberb.

Y habiendo crucificado a Jesús, se repartieron Sus vestidos echando suertes1a;

y sentados, lo custodiaban allía.

Pusieron sobre Su cabeza la acusación contra Él, que decía1: «ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOSa»

Entonces fueron crucificados* con Él dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabezaa

y diciendo: «Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificasa, sálvate a Ti mismo. Si Tú eres el Hijo de Dios, desciende de la cruzb»

De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de Él, decían:

«A otros salvó; a Él mismo no puede salvarse1a. Rey de Israel esb; que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él.

»En Dios confía; que lo libre ahora si Él lo quierea; porque ha dicho: “Yo soy el Hijo de Dios”».

En la misma forma lo injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con Éla.

Muerte de Jesús

aDesde la hora sexta1 hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena2.

Y alrededor de la hora novena1, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: «Elí, Elí, ¿lema sabactani?». Esto es: «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué Me has abandonadoa?».

Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: «Este llama a Elías»

Al instante, uno de ellos corrió, y tomando una esponja, la empapó en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a bebera.

Pero los otros dijeron: «Deja, veamos si Elías lo viene a salvar»

Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritua.

Read in Logos
Mateo 26:56: PERO TODO ESTO HA SUCEDIDO PARA QUE SE CUMPLAN LAS ESCRITURAS DE LOS PROFETAS. ENTONCES TODOS LOS DISCÍPULOS LO ABANDONARON Y HUYERON

Footnotes

  1. 1 quitó.
  2. 1Una legión estaba compuesta de 6,000 soldados.
  3. 1 aquella hora.
  4. 1 entrando dentro.
  5. 2O sirvientes.
  6. 1O Sanedrín.
  7. 1O santuario.
  8. 2O después de.
  9. 1O posiblemente, le herían con palos.
  10. 1 Profetízanos.
  11. 1 al.
  12. 1 de la palabra que.
  13. 1 Tú verás.
  14. 1 dicho.
  15. 2O tomé.
  16. 1Algunos dicen: di.
  17. 1I.e. Pilato.
  18. 2 y el gobernador.
  19. 1 palabra.
  20. 1Algunos solo dicen: de este.
  21. 2 ustedes verán.
  22. 1O Palacio.
  23. 2I.e. unidad militar romana compuesta de varias centurias (de cien soldados cada una).
  24. 1O vara.
  25. 1 a este.
  26. 1Algunos posteriores agregan: para que se cumpliera lo dicho por el profeta: Se repartieron mis vestiduras y sobre mi ropa echaron suertes.
  27. 1 escrita.
  28. 1O ¿a sí mismo no puede salvarse?
  29. 1I.e. mediodía.
  30. 2I.e. 3 p.m.
  31. 1I.e. 3 p.m.

Cross references

  1. aMat. 20:13; 22:12
  2. aLuc. 22:38
  3. bMar. 14:47; Luc. 22:50; Juan 18:10
  4. aGn. 9:6; Apoc. 13:10
  5. aMar. 5:9, 15; Luc. 8:30
  6. bMat. 4:11
  7. aMat. 26:24
  8. aMar. 12:35; 14:49; Luc. 4:20; 19:47; 20:1; 21:37; Juan 7:14, 28; 8:2, 20; 18:20
  9. aMat. 26:24
  10. aMat. 26:57–68: Mar. 14:53–65; Juan 18:12, 13, 19–24
  11. bMat. 26:3
  12. aJuan 18:15
  13. bMat. 26:3
  14. cMat. 5:25; Juan 7:32, 45, 46; 19:6; Hech. 5:22, 26
  15. aMat. 5:22
  16. aDt. 19:15
  17. aMat. 27:40; Mar. 14:58; 15:29; Juan 2:19; Hech. 6:14
  18. aMat. 27:12, 14; Juan 19:9
  19. bMat. 26:63–66; Luc. 22:67–71
  20. cLev. 5:1
  21. dMat. 16:16
  22. eMat. 4:3
  23. aMat. 26:25
  24. bSal. 110:1
  25. cDan. 7:13; Mat. 16:27, 28; Mar. 14:62
  26. aNúm. 14:6; Mar. 14:63; Hech. 14:14
  27. aLev. 24:16; Juan 19:7
  28. aMat. 26:67, 68; 27:30; Mar. 10:34; Luc. 22:63–65; Juan 18:22
  29. aMar. 14:65; Luc. 22:64
  30. aMat. 26:69–75: Mar. 14:66–72; Luc. 22:55–62; Juan 18:16–18, 25–27
  31. bMat. 26:3
  32. aMar. 14:70; Luc. 22:59; Juan 18:26
  33. aMat. 26:34
  34. aMar. 15:1; Luc. 22:66; Juan 18:28
  35. aMat. 20:19
  36. bLuc. 3:1; 13:1; 23:12; Hech. 3:13; 4:27; 1Tim. 6:13
  37. aMat. 26:14
  38. bMat. 26:15
  39. aMat. 27:24
  40. aMat. 26:61; Luc. 1:9, 21
  41. bHech. 1:18
  42. aHech. 1:19
  43. aJer. 18:2; 19:2, 11; 32:6–8; Zac. 11:12, 13
  44. aMat. 27:11–14: Mar. 15:2–5; Luc. 23:2, 3; Juan 18:29–38
  45. bMat. 2:2
  46. cMat. 26:25
  47. aMat. 26:63; Juan 19:9
  48. aMat. 27:12; Mar. 15:5; Luc. 23:9; Juan 19:9
  49. aMat. 27:15–26: Mar. 15:6–15; Luc. 23:17–25; Juan 18:39–19:16
  50. aMat. 1:16; 27:22
  51. aJuan 19:13; Hech. 12:21; 18:12, 16, 17; 25:6, 10, 17
  52. bMat. 27:24
  53. cGn. 20:6; 31:11; Núm. 12:6; Job 33:15; Mat. 1:20; 2:12, 13, 19, 22
  54. aHech. 3:14
  55. aMat. 1:16
  56. aMat. 26:5
  57. bDt. 21:6–8
  58. cMat. 27:19
  59. dMat. 27:4
  60. aJos. 2:19; Hech. 5:28
  61. aMar. 15:15; Luc. 23:16; Juan 19:1
  62. aMat. 27:27–31: Mar 15:16–20
  63. bMat. 26:3; Juan 18:28, 33; 19:9
  64. cHech. 10:1
  65. aMar. 15:17; Juan 19:2
  66. aMar. 15:17; Juan 19:2
  67. bMar. 15:18; Juan 19:3
  68. aMat. 26:67; Mar. 10:34; 14:65; 15:19
  69. aMar. 15:20
  70. aMat. 27:32: Mar. 15:21; Luc. 23:26; Juan 19:17
  71. bHech. 2:10; 6:9; 11:20; 13:1
  72. aMat. 27:34–44: Mar. 15:22–32; Luc. 23:33–43; Juan 19:17–24
  73. bLuc. 23:33; Juan 19:17
  74. aSal. 69:21
  75. bMar. 15:23
  76. aSal. 22:18
  77. aMat. 27:54
  78. aMar. 15:26; Luc. 23:38; Juan 19:19
  79. aJob 16:4; Sal. 22:7; 109:25; Lam. 2:15; Mar. 15:29
  80. aMat. 26:61
  81. bMat. 27:42
  82. aMar. 15:31; Luc. 23:35
  83. bMat. 27:37; Luc. 23:37; Juan 1:49; 12:13
  84. aSal. 22:8
  85. aLuc. 23:39–43
  86. aMat. 27:45–56: Mar 15:33–41; Luc 23:44–49
  87. aSal. 22:1
  88. aMar. 15:36; Luc. 23:36; Juan 19:29
  89. aMar. 15:37; Luc. 23:46; Juan 19:30