Proverbios 13–15
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- LEB The Lexham English Bible
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- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Latín
Portugués
El hijo sabio acepta la disciplina1 de su padrea,
Pero el insolente no escucha la reprensiónb.
Del fruto de su boca el hombre comerá el biena,
Pero el deseo1 de los traidores es la violenciab.
El que guarda su boca, preserva su vidaa;
El que mucho abre sus labios, termina en ruina1b.
El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue,
Sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha.
El justo aborrece la falsedada,
Pero el impío causa repugnancia y vergüenza1b.
La justicia guarda al íntegro en su camino,
Pero la maldad destruye al pecador1a.
Hay quien pretende ser rico, y nada tienea;
Hay quien pretende ser pobre1, y tiene una gran fortunab.
El rescate de la vida de un hombre está en sus riquezas,
Pero el pobre no oye amenazas1.
La luz de los justos brilla alegremente1a,
Pero la lámpara de los impíos se apagab.
Por la soberbia solo viene1 la contienda,
Pero con los que reciben consejos está la sabiduría.
La fortuna obtenida con fraude1 disminuye,
Pero el que la recoge con trabajo2 la aumenta.
La esperanza que se demora enferma el corazón,
Pero el deseo cumplido1 es árbol de vida.
El que desprecia la palabraa pagará1 por ello,
Pero el que teme el mandamiento será recompensadob.
La enseñanza1 del sabio es fuente de vidaa,
Para apartarse de los lazos de la muerteb.
El buen entendimiento produce favora,
Pero el camino de los malvados es difícil.
Todo hombre prudente obra con conocimiento,
Pero el necio ostenta1 necedada.
El mensajero perverso cae en la adversidad,
Pero el enviado fiel trae sanidada.
Pobreza y vergüenza vendrán al que desprecia la instrucción1,
Pero el que acepta la reprensión será honradoa.
Deseo cumplido es dulzura para el alma,
Pero es abominación para los necios el apartarse del mal.
El que anda con sabiosa será sabio,
Pero el compañero de los necios sufrirá daño.
A los pecadores los persigue el mala,
Pero los justos serán recompensadosb con el bien.
El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijosa,
Pero la riqueza del pecador está reservada para el justob.
El terreno de los pobres tiene mucho de comera,
Pero1 se pierde por la injusticia.
El que evita la vara odia a su hijoa,
Pero el que lo ama lo disciplina con diligencia1b.
El justo come hasta saciar su almaa,
Pero el vientre de los impíos sufre escasezb.
La mujer sabia edifica su casaa,
Pero la necia la derriba con sus manos.
El que anda en rectituda teme al Señor,
Pero el de perversos caminosb lo desprecia.
En la boca del necio hay una vara para su espalda1,
Pero los labios de los sabios los protegerána.
Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio,
Pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.
El testigo veraza no mentirá,
Pero el testigo falsob habla1 mentirasc.
El insolente busca sabiduría y no la halla,
Pero para el hombre entendido el conocimiento es fácil.
Apártate de la presencia del necioa,
Porque en él no discernirás1 palabras2 de conocimiento.
La sabiduría del prudente está en entender su camino,
Pero la necedad de los necios es engañoa.
Los necios se ríen del pecado1,
Pero entre los rectos hay buena voluntad2a.
El corazón conoce su propia amarguraa,
Y un extraño no comparte su alegría.
La casa de los impíos será destruidaa,
Pero la tienda de los rectos florecerá.
Hay camino que al hombre le parece derechoa,
Pero al final, es camino de muerteb.
Aun en la risa, el corazón puede tener dolor,
Y el final de la alegría puede ser tristezaa.
El de corazón descarriado se saciará de sus caminosa,
Pero el hombre bueno estará satisfecho con el suyo1b.
El simple todo lo cree,
Pero el prudente mira bien sus pasos.
El sabio teme y se aparta del mala,
Pero el necio es arrogante y descuidado.
El hombre pronto a la ira obra neciamente,
Y el hombre de malos designios es aborrecido.
Los simples heredan necedad,
Pero los prudentes son coronados de conocimiento.
Los malos se inclinarán ante los buenosa,
Y los impíos, a las puertas del justo.
Aun por su vecino es odiado el pobrea,
Pero muchos son los que aman al rico.
El que desprecia a su prójimo pecaa,
Pero es feliz el que se apiada de los pobres1b.
¿No se perderán los que traman el mala?
Pero misericordia y verdad recibirán los que planean el bien.
En todo trabajo hay ganancia,
Pero el vano hablar1 conduce solo a la pobreza.
La corona de los sabios es su riquezaa,
Pero la necedad de los necios es insensatez.
El testigo veraz salva vidas,
Pero el que habla1 mentirasa es traidor2.
En el temor1 del Señor hay confianza seguraa,
Y a los2 hijos dará refugio.
El temor1 del Señor es fuente de vida,
Para evadir los lazos de la muerte.
En la multitud del pueblo está la gloria del rey,
Pero en la falta de pueblo está la ruina del príncipe.
El lento para la iraa tiene gran prudencia,
Pero el que es irascible1 ensalza la necedad.
Un corazón apacible es vida para el cuerpoa,
Pero las pasiones son podredumbre de los huesosb.
El que oprime al pobre afrenta a su Hacedora,
Pero el que se apiada del necesitado lo honra.
El impío es derribado por su maldad1a,
Pero el justo tiene un refugio cuando muereb.
En el corazón del prudente reposa la sabiduría,
Pero en medio1 de los necios no se da a conocer.
La justicia engrandece a la nación,
Pero el pecado es afrenta para los pueblos.
El favor del rey es para el siervo que obra sabiamentea,
Pero su enojo es contra el que obra vergonzosamente.
La suave respuesta aparta el furora,
Pero la palabra hiriente hace subir la irab.
La lengua del sabio hace grato1 el conocimientoa,
Pero la boca de los necios habla2 necedadesb.
En todo lugar están los ojos del Señora,
Observando a los malos y a los buenos.
La lengua apacible1 es árbol de vida,
Pero la perversidad en ella quebranta el2 espíritu.
El necio rechaza1 la disciplina2 de su padre,
Pero es prudente el que acepta la reprensión.
En la casa del justo hay mucha riquezaa,
Pero en las ganancias del impío hay turbación.
Los labios de los sabios esparcen conocimiento,
Pero no así el corazón de los necios.
El sacrificio de los impíos es abominación al Señora,
Pero la oración de los rectos es Su deleiteb.
Abominación al Señor es el camino del impío,
Pero Él ama al que sigue la justiciaa.
La disciplina severa es para el que abandona el camino;
El que aborrece la reprensión morirá.
El Seol1 y el Abadón2 están delante del Señora,
¡Cuánto más los corazones de los hombres3b!
El insolente no ama al que lo reprendea,
Ni se allegará a los sabios.
El corazón gozosoa alegra el1 rostro,
Pero en la tristeza del corazónb se quebranta el espírituc.
El corazón inteligente busca conocimientoa,
Pero la boca de los necios se alimenta de necedades.
Todos los días del afligido son malos,
Pero el de corazón alegre1 tiene un banquete continuo.
Mejor es poco con temor1 del Señor,
Que gran tesoro con turbacióna.
Mejor es un plato1 de legumbres2 donde hay amora,
Que buey engordadob con odio.
El hombre irascible provoca riñasa,
Pero el lento para la irab apacigua pleitosc.
El camino del perezoso es como un seto de espinos,
Pero la senda de los rectos es una calzada.
El hijo sabio alegra al padrea,
Pero el hombre necio desprecia a su madreb.
La necedad es alegría para el insensato1,
Pero el hombre inteligente anda rectamentea.
Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan1.
El hombre se alegra con la respuesta adecuada1a,
Y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable esb!
La senda de la vida para el sabioa es hacia arriba
Para que se aparte del Seol1 que está abajo.
El Señor derribará la casa de los soberbiosa,
Pero afianzará los linderosb de la viudac.
Abominación al Señor son los planes perversos,
Pero son puras las palabras agradables.
Perturba su casa el que tiene ganancias ilícitasa,
Pero el que aborrece el sobornob, vivirá.
El corazón del justo medita cómo respondera,
Pero la boca de los impíos habla1 lo malob.
El Señor está lejos de los impíosa,
Pero escucha la oración de los justosb.
La luz de los ojos alegra el corazón,
Y las buenas noticias fortalecen1 los huesos.
Aquel cuyo oído escucha las reprensiones de la vida
Morará entre los sabios.
El que tiene en poco la disciplina1a se desprecia a sí mismob,
Pero el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento2c.
El temor1 del Señor es instrucción de sabiduría,
Y antes de la gloria está la humildad.
Notas al pie
- 1O instrucción.
- 1 alma.
- 1 la ruina es suya.
- 1 causa mal olor y causa vergüenza.
- 1 pecado.
- 1 se empobrece.
- 1 reprensión.
- 1 se regocija.
- 1 da.
- 1 vanidad.
- 2O poco a poco; en la mano.
- 1 venidero.
- 1 quedará comprometido.
- 1O ley.
- 1 esparce.
- 1O disciplina.
- 1 pero hay lo que es.
- 1 lo busca diligentemente con disciplina.
- 1 soberbia.
- 1 respira.
- 1 sabrás.
- 2 labios.
- 1 de la culpa.
- 2O el favor de Dios.
- 1 de sí mismo.
- 1O afligidos.
- 1 la palabra de los labios.
- 1 respira.
- 2 traición.
- 1O La reverencia.
- 2 sus.
- 1O La reverencia.
- 1 corto de espíritu.
- 1O en su calamidad.
- 1O el seno.
- 1 bueno.
- 2 emite.
- 1 que sana.
- 2 es el quebrantamiento del.
- 1O desprecia.
- 2O instrucción.
- 1 región de los muertos.
- 2 lugar de destrucción.
- 3 los hijos de Adán.
- 1 hace un buen.
- 1 bueno.
- 1O la reverencia.
- 1O una porción.
- 2O verduras.
- 1 falto de corazón.
- 1O se afianzan.
- 1 de su boca.
- 1 región de los muertos.
- 1 emite.
- 1 ponen grasa en.
- 1O instrucción.
- 2 corazón.
- 1O La reverencia.
Referencias cruzadas
- aPrv. 10:1; 15:20
- bPrv. 9:7, 8; 15:12
- aPrv. 12:14
- bPrv. 1:31; Os. 10:13
- aPrv. 18:21; 21:23; Sant. 3:2
- bPrv. 18:7; 20:19
- aCol. 3:9
- bPrv. 3:35
- aPrv. 11:3
- aPrv. 11:24; Luc. 12:20, 21
- bLuc. 12:33; 2 Cor. 6:10; Sant. 2:5
- aJob 29:3; Prv. 4:18
- bJob 18:5; Prv. 24:20
- aNúm. 15:31; 2 Crón. 36:16
- bPrv. 13:21
- aPrv. 10:11
- bSal. 18:5; Prv. 14:27
- aSal. 111:10; Prv. 3:4
- aPrv. 12:23
- aPrv. 25:13
- aPrv. 15:5, 32
- aPrv. 2:20; 15:31
- aSal. 32:10; 54:5; Isa. 47:11
- bPrv. 11:31; 13:13; Isa. 3:10
- aEsd. 9:12; Sal. 37:25
- bJob 27:16, 17; Prv. 28:8; Ecl. 2:26
- aPrv. 12:11
- aPrv. 19:18; 22:15; 23:13, 14; 29:15, 17
- bDt. 8:5; Prv. 3:12; Heb. 12:7
- aSal. 34:10; 103:5; 132:15
- bPrv. 10:3; 13:18; Luc. 15:14
- aRut 4:11; Prv. 31:10–27
- aPrv. 19:1; 28:6
- bPrv. 2:15
- aPrv. 12:6
- aApoc. 1:5; 3:14
- bEx. 23:1; Dt. 19:16
- cPrv. 6:19; 12:17; 19:5
- aPrv. 23:9
- a1 Cor. 3:19
- aPrv. 3:34; 11:20
- a1 Sam. 1:10; Job 21:25
- aJob 8:15
- aPrv. 12:15
- bPrv. 16:25; Rom. 6:21
- aEcl. 2:1, 2
- aPrv. 1:31; 12:21
- bPrv. 12:14; 18:20
- aJob 28:28; Sal. 34:14; Prv. 3:7; 22:3
- a1 Sam. 2:36; Prv. 11:29
- aPrv. 19:7
- aPrv. 11:12
- bSal. 41:1; Prv. 19:17; 28:8
- aSal. 36:4; Prv. 3:29; 12:2; Miq. 2:1
- aPrv. 10:22; 13:8; 21:20
- aPrv. 14:5
- aPrv. 18:10; 19:23; Isa. 33:6
- aPrv. 16:32; 19:11; Ecl. 7:9; Sant. 1:19
- aPrv. 15:13
- bPrv. 12:4; Hab. 3:16
- aJob 31:15; Prv. 17:5; 22:2; Mat. 25:40; 1 Jn. 3:17
- aPrv. 6:15; 24:16
- bGn. 49:18; Sal. 16:11; 17:15; 37:37; 73:24; 2 Cor. 1:9; 5:8; 2 Tim. 4:18
- aMat. 24:45, 47; 25:21, 23
- aJue. 8:1–3; Prv. 15:18; 25:15
- b1 Sam. 25:10–13
- aPrv. 15:7
- bPrv. 12:23; 13:16; 15:28
- a2 Crón. 16:9; Job 31:4; Jer. 16:17; Zac. 4:10; Heb. 4:13
- aPrv. 8:21
- aPrv. 21:27; Ecl. 5:1; Isa. 1:11; Jer. 6:20; Miq. 6:7
- bPrv. 15:29
- a1 Tim. 6:11
- aJob 26:6; Sal. 139:8
- b1 Sam. 16:7; 2 Crón. 6:30; Sal. 44:21; Hech. 1:24
- aPrv. 13:1; Amós 5:10
- aPrv. 17:22
- bPrv. 12:25
- cPrv. 17:22; 18:14
- aPrv. 18:15
- aSal. 37:16; Prv. 16:8; Ecl. 4:6; 1 Tim. 6:6
- aPrv. 17:1
- bMat. 22:4; Luc. 15:23
- aPrv. 16:28; 26:21; 29:22
- bPrv. 14:29
- cGn. 13:8; Prv. 16:14; Ecl. 10:4
- aPrv. 29:3
- bPrv. 10:1; 30:17
- aPrv. 14:8; Ef. 5:15
- aPrv. 12:14
- bPrv. 25:11; Isa. 50:4
- aPrv. 4:18
- aPrv. 12:7; 14:11
- bDt. 19:14; Prv. 23:10
- cSal. 68:5; 146:9
- aPrv. 1:19; 28:25; 1 Tim. 6:10
- bEx. 23:8; Dt. 16:19; 1 Sam. 12:3; Isa. 33:15
- a1 Ped. 3:15
- bPrv. 10:32; 15:2
- aSal. 18:41; Prv. 1:28
- bSal. 145:18, 19
- aPrv. 1:7; 8:33
- bPrv. 8:36
- cPrv. 15:5
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