Logos Bible Study

Salmo 46–49

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Salmo 46

Dios, nuestro amparo y fortaleza

Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré, compuesto para Alamotdag. Cántico.

Dios es nuestro refugio y fortalezaa,

Nuestro pronto auxiliob en las tribulacionesc.

Por tanto, no temeremosa aunque la tierra sufra cambiosb,

Y aunque los montes se deslicen al fondo de los maresc;

Aunque bramen y se agiten sus aguasa,

Aunque tiemblen los montes con creciente enojo.

(Selah)

Hay un ríoa cuyas corrientes alegran la ciudad de Diosb,

Las moradas santas del Altísimoc.

Dios está en medio de ellaa, no será sacudida;

Dios la ayudaráb al romper el alba.

Bramaron las nacionesa, se tambalearon los reinos;

Dio Él Su vozb, y la tierra se derritióc.

El Señor de los ejércitos está con nosotrosa;

Nuestro baluarte es el Dios de Jacobb.

(Selah)

Vengan, contemplen las obras del Señora,

Que ha hecho asolamientos en la tierrab;

Que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierraa;

Quiebra el arco, parte la lanzab,

Y quema los carros en el fuegoc.

Estén quietos, y sepan que Yo soy Diosa;

Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierrab.

El Señor de los ejércitos está con nosotros;

Nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

(Selah)

Salmo 47

Dios, el Rey de la tierra

Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré.

Batan palmas, pueblos todosa;

Aclamen a Dios con voz de júbilob.

Porque el Señor, el Altísimo, es digno de ser temidoa;

Rey grande es sobre toda la tierrab.

Él somete pueblos debajo de nosotrosa,

Y naciones bajo nuestros pies.

Él nos escoge nuestra heredada,

La gloria de Jacob a quien Él amab.

(Selah)

Dios ha ascendido entre aclamacionesa,

El Señor, al son de trompetab.

Canten alabanzas a Dios, canten alabanzasa;

Canten alabanzas a nuestro Reyb, canten alabanzas.

Porque Dios es Rey de toda la tierraa;

Canten alabanzas con armonioso salmob.

Dios reina sobre las nacionesa;

Sentado está Dios en Su santo tronob.

Se han reunido los príncipes de los pueblosa como el pueblo del Dios de Abrahamb;

Porque de Dios son los escudos de la tierrac;

Él es ensalzado en gran manerad.

Salmo 48

Hermosura y gloria de Sión

Cántico. Salmo de los hijos de Coré.

Grande es el Señor, y muy digno de ser alabadoa

En la ciudad de nuestro Diosb, Su santo montec.

Hermoso en su elevacióna, el gozo de toda la tierrab

Es el monte Sión, en el extremo norte,

La ciudad del gran Reyc.

Dios en sus palacios

Se dio a conocer como baluartea.

Pues los reyes se reunierona;

Pasaron juntos.

Ellos la vieron y quedaron pasmados;

Se aterrorizarona y huyeron alarmados.

Allí se apoderó de ellos un temblor;

Dolor como el de mujer que está de partoa.

Con el viento del estea

Tú destrozas las naves de Tarsisb.

Como lo hemos oído, así lo hemos visto

En la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios;

Dios la afirmará para siemprea.

(Selah)

Hemos meditado en Tu misericordia, oh Diosa,

En medio de Tu templo.

Oh Dios, como es Tu nombrea,

Así es Tu alabanzab hasta los confines de la tierra;

Llena de justicia está Tu diestrac.

Alégrese el monte Sión,

Regocíjense las hijas de Judáa,

A causa de Tus juicios.

Caminen por Sión y vayan alrededor de ella;

Cuenten sus torresa;

Consideren atentamente sus murallasa,

Recorran sus palacios,

Para que lo cuenten a la generación veniderab.

Porque Este es Dios,

Nuestro Dios para siempre;

Él nos guiará hasta la muertea.

Salmo 49

La insensatez de confiar en las riquezas

Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré.

Oigan esto, pueblos todosa;

Escuchen, habitantes todos del mundob,

Tanto humildes como encumbradosa,

Ricos y pobres juntos.

Mi boca hablará sabiduríaa,

Y la meditación de mi corazón será entendimientob.

Inclinaré al proverbio mi oídoa,

Con el arpab declararé mi enigmac.

¿Por qué he de temer en los días de adversidada

Cuando la iniquidad de mis enemigos me rodee,

De los que confían en sus bienesa

Y se jactan de la abundancia de sus riquezas?

Nadie puede en manera alguna redimir a su hermanoa,

Ni dar a Dios rescateb por él,

Porque la redención de su alma es muy costosaa,

Y debe abandonar el intento para siempre,

Para que viva eternamentea,

Para que no vea corrupciónb.

Porque él ve que aun los sabios muerena;

El torpe y el neciob perecen de igual manera,

Y dejan sus riquezas a otrosc.

Su íntimo pensamientoa es que sus casas serán eternasb,

Y sus moradas por todas las generaciones;

A sus tierras han dado sus nombresc.

Pero el hombre, en su vanagloria, no permanecerá;

Es como las bestias que perecena.

Este es el camino de los insensatosa,

Y de los que después de ellos aprueban sus palabrasb.

(Selah)

Como ovejas son destinados para el Seola,

La muerte los pastoreará,

Los rectos los regirán por la mañanab;

Su forma será para que el Seol la consumac,

De modo que no tienen morada.

Pero Dios redimirá mi alma del poder del Seola,

Pues Él me recibiráb.

(Selah)

No temas cuando alguien se enriquecea,

Cuando la gloria de su casa aumenta;

Porque nada se llevará cuando mueraa,

Ni su gloria descenderá con él.

Aunque mientras viva, a sí mismo se felicitea

(Y aunque los hombres te alaben cuando prosperes),

Irá a reunirse con la generación de sus padresa,

Quienes nunca verán la luzb.

El hombre en su vanagloria, pero sin entendimiento,

Es como las bestias que perecena.

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Footnotes

  1. dagPosiblemente, para voces de soprano.

Cross references

  1. aSal. 14:6; 62:7, 8
  2. bDt. 4:7; Sal. 145:18
  3. cSal. 9:9
  4. aSal. 23:4; 27:1
  5. bSal. 82:5
  6. cSal. 18:7
  7. aSal. 93:3, 4; Jer. 5:22
  8. aSal. 36:8; 65:9; Isa. 8:6; Apoc. 22:1
  9. bSal. 48:1; 87:3; 101:8; Isa. 60:14; Apoc. 3:12
  10. cSal. 43:3
  11. aDt. 23:14; Isa. 12:6; Ezq. 43:7, 9; Os. 11:9; Joel 2:27; Zac. 2:5
  12. bSal. 37:40; Isa. 41:14; Luc. 1:54
  13. aSal. 2:1, 2
  14. bSal. 18:13; 68:33; Jer. 25:30; Joel 2:11; Amós 1:2
  15. cAmós 9:5; Miq. 1:4; Nah. 1:5
  16. aNúm. 14:9; 2 Crón. 13:12
  17. bSal. 9:9; 48:3
  18. aSal. 66:5
  19. bIsa. 61:4; Jer. 51:43
  20. aIsa. 2:4; Miq. 4:3
  21. b1 Sam. 2:4; Sal. 76:3
  22. cIsa. 9:5; Ezq. 39:9
  23. aSal. 100:3
  24. bIsa. 2:11, 17
  25. aSal. 98:8
  26. bSal. 106:47
  27. aDt. 7:21; Neh. 1:5; Sal. 66:3, 5; 68:35
  28. bMal. 1:14
  29. aSal. 18:47
  30. a1 Ped. 1:4
  31. bAmós 6:8; 8:7; Nah. 2:2
  32. aSal. 68:18
  33. bSal. 98:6
  34. aSal. 68:4
  35. bSal. 89:18
  36. aZac. 14:9
  37. b1 Cor. 14:15
  38. a1 Crón. 16:31; Sal. 22:28
  39. bSal. 97:2
  40. aSal. 72:11; 102:22; Isa. 49:7, 23
  41. bRom. 4:11, 12
  42. cSal. 89:18
  43. dSal. 97:9
  44. a1 Crón. 16:25; Sal. 96:4; 145:3
  45. bSal. 46:4
  46. cSal. 2:6; 87:1; Isa. 2:3; Miq. 4:1; Zac. 8:3
  47. aSal. 50:2
  48. bLam. 2:15
  49. cMat. 5:35
  50. aSal. 46:7
  51. a2 Sam. 10:6–19
  52. aEx. 15:15
  53. aIsa. 13:8
  54. aJer. 18:17
  55. b1 Rey. 10:22; 22:48; Ezq. 27:25
  56. aSal. 87:5
  57. aSal. 26:3; 40:10
  58. aDt. 28:58; Jos. 7:9; Mal. 1:11
  59. bSal. 65:1, 2; 100:1
  60. cIsa. 41:10
  61. aSal. 97:8
  62. aNeh. 3:1, 11, 25–27
  63. aSal. 122:7
  64. bSal. 78:5–7
  65. aSal. 23:4; Isa. 58:11
  66. aSal. 78:1; Isa. 1:2; Miq. 1:2
  67. bSal. 33:8
  68. aSal. 62:9
  69. aSal. 37:30
  70. bSal. 119:130
  71. aSal. 78:2
  72. b2 Rey. 3:15
  73. cNúm. 12:8
  74. aSal. 23:4; 27:1
  75. aJob 31:24; Sal. 52:7; Prv. 11:28; Mar. 10:24
  76. aMat. 25:8, 9
  77. bJob 36:18, 19
  78. aMat. 16:26
  79. aSal. 22:29
  80. bSal. 16:10; 89:48
  81. aEcl. 2:16
  82. bSal. 92:6; 94:8
  83. cSal. 39:6; Ecl. 2:18, 21; Luc. 12:20
  84. aSal. 64:6
  85. bSal. 10:6
  86. cGn. 4:17; Dt. 3:14
  87. aSal. 49:20
  88. aJer. 17:11
  89. bSal. 49:18
  90. aSal. 9:17
  91. bDan. 7:18; Mal. 4:3; 1 Cor. 6:2; Apoc. 2:26
  92. cJob 24:19
  93. aSal. 16:10; 56:13; Os. 13:14
  94. bGn. 5:24; Sal. 16:11; 73:24
  95. aSal. 37:7
  96. aSal. 17:14; 1 Tim. 6:7
  97. aDt. 29:19; Sal. 10:3, 6; Luc. 12:19
  98. aGn. 15:15
  99. bJob 33:30; Sal. 56:13
  100. aSal. 49:12; Ecl. 3:19