Isaías 56–58
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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TERCERA PARTE (56–66)
NADIE VA A SER EXCLUIDO
Así dice el Señor:
Observen lo prescrito,
practiquen lo que es recto,
que mi salvación pronto llegará
y mi victoria se va a manifestar.
Dichosa la persona que obra así,
el mortal que se aferra a ello,
que observa el sábado sin profanarlo,
que se guarda de obrar el mal.
Que no diga el extranjero
que se ha entregado al Señor:
“El Señor me excluye de su pueblo”;
y que no diga el eunuco:
“Aquí estoy, como árbol seco”.
Porque así dice el Señor:
A los eunucos que observan mis sábados,
que deciden cumplir mis deseos
y se aferran con fuerza a mi alianza,
les concedo en mi Templo y mi ciudad
un apellido memorable,
mejor que hijos e hijas;
les daré un renombre perpetuo,
que nadie podrá destruir.
A los extranjeros entregados al Señor,
que le rinden culto y aman su nombre,
que quieren entregarse a su servicio,
que observan el sábado sin profanarlo,
que se aferran con fuerza a mi alianza,
los traeré a mi monte santo,
tomarán parte en las fiestas
celebradas en mi casa de oración.
Sus holocaustos y sus sacrificios
serán bien recibidos en mi altar,
pues mi Templo es casa de oración,
así lo llamarán todos los pueblos.
Oráculo del Señor Dios,
que reúne a los dispersos de Israel:
Todavía volveré a reunir a otros
con los que están ya reunidos.
DIATRIBA CONTRA LOS JEFES DE ISRAEL
¡Fieras del campo, vengan a comer;
[vengan[ fieras todas de la selva!
Sus guardianes están ciegos,
no se dan cuenta de nada;
todos, como perros mudos,
ya no saben ni ladrar;
los vigilantes se tumban,
habituados a dormir;
son también perros voraces,
que no conocen la hartura.
Y hasta sus mismos pastores
no saben ni entienden nada;
todos siguen su camino,
todos van tras su provecho:
“Vengan, que voy por vino,
vamos a hartarnos de licor;
mañana será como hoy,
habrá provisión de sobra”.
Desaparece el honrado
sin que nadie lo perciba;
los fieles son eliminados
sin que nadie se dé cuenta.
Aunque sucumba ante el mal,
el justo entrará en la paz;
descansarán en su lecho
los que proceden con honradez.
CONDENA DE LA IDOLATRÍA
Acérquense, engendros de bruja,
hijos de prostituta.
¿De quién se burlan
abriendo la boca,
sacando la lengua?
¿No son acaso hijos ilegítimos,
criaturas bastardas?
Se calientan entre robles,
bajo todo árbol frondoso;
degüellan niños en torrentes,
al abrigo de grutas rocosas.
Heredarás las rocas del torrente,
ellas serán lo que te toque.
Derramaste en su honor libaciones,
por ellas ofreciste sacrificios,
¿y piensas que tendré compasión?
A un monte alto, elevado,
fuiste a instalar tu cama,
y allí solías subir
a ofrecer tus sacrificios.
Tras la puerta, en la jamba,
colgabas tu amuleto;
olvidada de mí, te desnudabas,
subías a tu lecho haciendo sitio.
Hiciste tratos con ellos,
te gustaba tenerlos en el lecho
y contemplar así su desnudez.
Prodigabas ungüento a Moloc,
multiplicabas tus perfumes,
enviabas lejos a tus mensajeros,
los hacías bajar al reino de los muertos.
De tanto andar te cansabas,
pero no decías: “Es inútil”;
reponías fuerzas
y continuabas sin cansarte.
¿Quién te preocupaba?
¿A quién temías para traicionarme?
No te acordabas de mí
ni me tenías presente.
¿Quizás porque siempre me callaba
acabaste perdiéndome el respeto?
Denunciaré tu proceder,
tus malas acciones de nada te servirán.
¡Grita, a ver si te salvan tus ídolos!
Serán todos presa del viento,
serán arrebatados por un soplo.
Pero quien se acoja a mí heredará el país,
recibirá en herencia mi monte santo.
EL SEÑOR REANIMA A SU PUEBLO
¡Allanen el camino,
allánenlo y déjenlo expedito!
Quiten obstáculos del camino de mi pueblo.
Pues esto dice el Alto y Excelso,
el que vive por siempre, de nombre Santo:
Yo habito en las alturas sagradas,
pero miro por humildes y abatidos,
para reanimar el espíritu abatido,
para reanimar el corazón humillado.
No estaré siempre con pleitos,
no me irritaré de continuo,
pues ante mí sucumbiría el espíritu,
el hálito de vida que he creado.
Por su culpa me enojé un momento,
lo herí y me oculté irritado,
pero siguió obstinado en su camino;
yo soy testigo de sus andanzas.
Pero lo sanaré compadecido,
lo recompensaré con consuelos;
y a los que hacen duelo con él
crearé en sus labios este canto:
“Paz, paz al lejano y al cercano
dice el Señor, voy a sanarlo”.
En cuanto a los malvados,
son como mar revuelto,
a quien nadie puede devolver la calma;
tienen sus aguas tintas de fango y de barro.
“No hay paz para el malvado”, dice mi Dios.
EL AYUNO QUE AGRADA AL SEÑOR
Grita incansable, bien fuerte,
deja oír tu voz como trompeta,
denuncia a mi pueblo sus delitos,
a la casa de Jacob sus descarríos.
Día a día consultan mi oráculo,
desean conocer mis intenciones,
como gente que practica la justicia,
que no abandona el mandato de su Dios.
Me piden que haga justicia,
desean la cercanía de Dios:
“¿Para qué ayunamos si no nos miras,
nos mortificamos y no te das cuenta?”.
Porque el día de ayuno buscan su interés
y son implacables con sus sirvientes.
Ayunan, sí, pero entre pleitos y disputas,
repartiendo puñetazos sin piedad.
No ayunen como hacen ahora,
si quieren que se oiga en el cielo su voz.
¿Creen que es este el ayuno que deseo
cuando uno decide mortificarse:
que mueva su cabeza como un junco,
que se acueste sobre saco y ceniza?
¿A esto llaman ayuno,
día agradable al Señor?
Este es el ayuno que deseo:
abrir las prisiones injustas,
romper las correas del cepo,
dejar libres a los oprimidos,
destrozar todos los cepos;
compartir tu alimento con el hambriento,
acoger en tu casa a los vagabundos,
vestir al que veas desnudo,
y no cerrarte a tus semejantes.
Entonces brillará tu luz como la aurora,
tus heridas se cerrarán en seguida,
tus buenas acciones te precederán,
te seguirá la gloria del Señor.
Entonces llamarás al Señor y responderá,
pedirás socorro y dirá: “Aquí estoy”.
Si apartas los cepos de en medio de ti,
si no delatas acusando en falso;
si partes tu comida con el hambriento
y sacias el hambre del indigente,
entonces brillará tu luz en la tiniebla,
tu oscuridad será igual que el mediodía.
El Señor será siempre tu guía,
saciará tu hambre en el desierto,
hará vigoroso tu cuerpo,
serás como un huerto regado,
como un manantial de aguas
cuyo cauce nunca se seca.
Volverás a levantar viejas ruinas,
cimientos desolados por generaciones;
te llamarán reparador de brechas,
repoblador de lugares ruinosos.
EL SÁBADO
Si te abstienes de comerciar en sábado,
de negociar en mi día santo;
si llamas al sábado tu delicia
y lo consagras a honrar al Señor;
si lo honras sin pensar en tus asuntos,
sin buscar tu interés y tus negocios,
entonces te deleitarás en el Señor,
te llevaré a las alturas de la tierra,
te haré gustar la herencia de tu padre Jacob.
Ha hablado la boca del Señor.
Footnotes
- [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.
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