Lamentaciones 3–5
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- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
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- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Lamentación del afligido
Yo soy el hombre que ha visto la aflicción
A causa de la vara de Su furora.
Él me ha llevado y me ha hecho andar
En tinieblas y no en luza.
Ciertamente contra mí ha vuelto y revuelto
Su manoa todo el día.
Ha hecho que se consuman mi carne y mi piel,
Ha quebrado mis huesosa.
Me ha sitiado y rodeado
En lugares tenebrosos me ha hecho morar,
Como los que han muerto hace tiempoa.
Con muro me ha cercado y no puedo salira,
Ha hecho pesadas mis cadenasb.
Aun cuando clamo y pido auxilio,
Él cierra el paso a mi oracióna.
Ha cerrado mis caminos con piedra labrada,
Ha hecho tortuosos mis senderosa.
Él es para mí como oso en acecho,
Como león en lugares ocultos.
Ha desviado mis caminos y me ha destrozadoa,
Me ha dejado desolado.
Ha tensado Su arcoa
Y me ha puesto como blanco de la flechab.
Hizo que penetraran en mis entrañas
Las flechas de Su aljabaa.
He venido a ser objeto de burla de todo mi puebloa,
Su canciónb todo el día.
Él me ha llenado de amargura,
Me ha embriagado con ajenjoa.
Ha quebrado con guijarroa mis dientesb,
Ha hecho que me revuelque en el polvoc.
Y mi alma ha sido privada de la paza,
He olvidado la felicidad1.
Digo, pues: «Se me acabaron las fuerzas,
Y mi esperanzaa que venía del Señor».
Acuérdate de mi aflicción y de mi vagar,
Del ajenjo y de la amarguraa.
Ciertamente mi alma lo recuerda
Y se abate mi almaa dentro de míb.
Esto traigo a mi corazón,
Por esto tengo esperanzaa:
Que las misericordias del Señor jamás terminana,
Pues nunca fallan Sus bondadesb;
Son nuevas cada mañanaa;
¡Grande es Tu fidelidadb!
«El Señor es mi porción», dice mi almaa,
«por tanto en Él esperob».
Bueno es el Señor para los que en Él esperana,
Para el alma que lo buscab.
Bueno es esperar en silencio
La salvación del Señora.
Bueno es para el hombre llevar
El yugo en su juventud.
Que se siente soloa y en silencio
Ya que Él se lo ha impuesto.
Que ponga su boca en el polvoa,
Quizá haya esperanzab;
Que dé la mejillaa al que lo hiere;
Que se sacie de oprobios.
Porque el Señor no rechaza para siemprea,
Antes bien, si aflige, también se compadecerá
Según Su gran misericordiaa.
Porque Él no castiga por gusto
Ni aflige a los hijos de los hombresa.
Aplastar bajo los pies
A todos los prisioneros de un país,
Privar del derecho a un hombre
En presencia del Altísimoa,
Defraudar a un hombre en su litigio:
Estas cosas no aprueba el Señora.
¿Quién es aquel que habla y así sucede,
A menos que el Señor lo haya ordenadoa?
¿No salen de la boca del Altísimo
Tanto el mal como el biena?
¿Por qué ha de quejarse el ser viviente?
¡Sea valiente frente a sus pecadosa!
Examinemos nuestros caminos y escudriñémoslos,
Y volvamos al Señora.
Alcemos nuestro corazón en nuestras manos
Hacia Dios en los cielosa.
Nosotros hemos transgredido y nos hemos rebeladoa;
Tú no has perdonadob.
Te has cubierto de ira y nos has perseguidoa;
Has matado y no has perdonadob.
Te has cubierto de una nubea
Para que no pase la oraciónb.
Basura y escoria nos has hecho
En medio de los pueblosa.
Han abierto su boca contra nosotros
Todos nuestros enemigosa.
Nos han sobrevenido terror y fosoa,
Desolación y destrucción.
Arroyos de lágrimas derraman mis ojos
A causa de la destrucción1 de la hija de mi pueblo2a.
Mis ojos fluyen sin cesar,
Ya que no hay descansoa
Hasta que el Señor mire
Y vea desde los cielosa.
Mis ojos traen dolor a mi alma
Por todas las hijas de mi ciudad.
Mis enemigos, sin haber causaa,
Constantemente me han dado caza como a un aveb.
Silenciaron mi vida en la fosaa,
Pusieron piedrab sobre mí.
Cubrieron las aguas mi cabeza,
Dije: «¡Estoy perdidoa!».
Invoqué Tu nombre, oh Señor,
Desde la fosa más profundaa.
Tú oíste mi voza: «No escondas
Tu oído a mi clamorb, a mi grito de auxilio».
Te acercaste el día que te invoquéa,
Dijiste: «¡No temasb!».
Tú has defendido, oh Señor, la causa de mi almaa,
Tú has redimido mi vidab.
Tú has visto, oh Señor, mi opresióna,
Juzga mi causab.
Has visto toda su venganza,
Todas sus tramas contra mía.
Has oído sus oprobios, oh Señor,
Todas sus tramas contra mía;
Los labios de mis agresores y sus murmuraciones
Están contra mí todo el díaa.
Se sienten o se levanten, míralosa,
Yo soy el objeto de su canciónb.
Tú les darás su pago, oh Señor,
Conforme a la obra de sus manosa.
Les darás dureza de corazóna,
Tu maldición será sobre ellos.
Los perseguirás con ira y los destruirása
De debajo de los cielos del Señorb.
Sufrimientos a causa del sitio
¡Cómo se ha ennegrecido el oro,
Cómo ha cambiado el oro puro!
Esparcidas están las piedras sagradas
Por las esquinas de todas las callesa.
Los hijos preciados de Sión,
Que valían su peso en oro puro,
¡Cómo son tenidos por vasijas de barro,
Obra de manos de alfareroa!
Aun los chacales dan las ubres,
Dan de mamar a sus críasa;
Pero la hija de mi pueblo1 se ha vuelto cruelb
Como los avestrucesc en el desierto.
La lengua del niño de pecho se le pega
Al paladar por la seda;
Los pequeños piden panb,
Pero no hay quien se lo reparta.
Los que comían manjares
Andan desolados por las callesa;
Los que se criaron entre púrpura
Abrazan cenizales.
La iniquidad de la hija de mi pueblo
Es mayor que el pecado de Sodomaa,
Que fue derribadab en un instante
Sin que manos actuaran contra ella.
Sus consagrados1 eran más puros que la nievea,
Más blancos que la leche,
Más rojizos de cuerpo que los corales,
Como el zafirob era su apariencia.
Más negro que el hollín es su aspecto,
No se les reconoce por las calles;
Se les ha pegado la piel a sus huesosa,
Se ha marchitado, se ha vuelto como maderab.
Más dichosos son los que mueren a espada
Que los que mueren de hambre,
Que se consumena, extenuados,
Por falta de los frutos de los camposb.
Las manos de mujeres compasivas
Cocieron a sus propios hijosa,
Que les sirvieron de comidab
A causa de la destrucción de la hija de mi pueblo1.
El Señor ha cumplido Su furor,
Ha derramado Su ardiente ira.
Ha prendido un fuegoa en Sión
Que ha consumido sus cimientosb.
No creyeron los reyes de la tierra,
Ni ninguno de los habitantes del mundoa,
Que el adversario y el enemigo pudieran entrar
Por las puertas de Jerusalénb.
Pero a causa de los pecados de sus profetas
Y de las iniquidades de sus sacerdotes,
Quienes derramaron en medio de ella
Vagaron ciegos por las callesa,
Manchados de sangreb,
Sin que nadie pudiera tocar sus vestidosc.
«¡Apártense! ¡Inmundos!», gritaban de sí mismosa.
«¡Apártense, apártense, no nos toquen!».
Así que huyeron y vagaronb.
Entre las naciones se decía:
“No seguirán residiendo entre nosotros.”
La presencia del Señor los dispersó,
No volverá a mirarlos.
Ellos no honraron a los sacerdotesa,
Ni tuvieron piedad de los ancianos.
Aun nuestros ojos desfallecían,
Buscar ayuda fue inútila.
En nuestro velar hemos aguardadob
A una nación incapaz de salvar.
Ponían trampas a nuestros pasosa
Para que no anduviéramos por nuestras calles.
Nuestro fin se acercaba,
Se cumplieron nuestros días,
Porque había llegado nuestro finb.
Nuestros perseguidores eran más veloces
Que las águilas del cielo;
Por los montes nos persiguieron,
En el desierto nos tendieron emboscadasa.
El aliento de nuestras vidasa, el ungido del Señorb,
Fue atrapado en sus fosos,
Aquel de quien habíamos dichoc: «A su sombrad
Viviremos entre las naciones».
Regocíjate y alégrate, hija de Edoma,
La que habitas en la tierra de Uz;
También a ti llegará la copab,
Te embriagarás y te desnudarás.
Se ha completado el castigo de tu iniquidad, hija de Sión:
No volverá Él a desterrartea;
Mas castigará tu iniquidad, hija de Edom;
Pondrá al descubierto tus pecadosb.
Plegaria de Jeremías por el pueblo
Acuérdate, oh Señor, de lo que nos ha sucedido;
Mira y ve nuestro oprobioa.
Nuestra heredad ha pasado a extrañosa,
Nuestras casas a extranjerosb.
Hemos quedado huérfanos, sin padre,
Nuestras madres, como viudasa.
Por el agua que bebemos tenemos que pagar,
Nuestra leña nos llega por precioa.
Sobre nuestros cuellos están nuestros perseguidores;
No hay descanso para nosotros, estamos agotadosa.
A Egipto y a Asiria nos hemos sometido
Para saciarnos de pana.
Nuestros padres pecaron, ya no existen,
Y nosotros cargamos con sus iniquidadesa.
Esclavos dominan sobre nosotrosa,
No hay quien nos libre de su manob.
Con peligro de nuestras vidas conseguimos nuestro pana,
Enfrentándonos a la espada en el desierto.
Nuestra piel quema como un horno,
A causa de los ardores1 del hambrea.
Violaron a las mujeres en Sióna,
A las vírgenes en las ciudades de Judá.
Los príncipes fueron colgados de sus manos,
Los rostros de los ancianos no fueron respetadosa.
Los jóvenes trabajaron en el molinoa,
Y los muchachos cayeron bajo el peso de la leñab.
Los ancianos han dejado de estar a las puertas de la ciudad,
Los jóvenes, de su músicaa.
Ha cesado el gozo de nuestro corazón,
Se ha convertido en duelo nuestra danzaa.
Ha caído la corona de nuestra cabezaa.
¡Ay de nosotros, pues hemos pecadob!
Por esto está abatido nuestro corazóna,
Por estas cosas se nublan nuestros ojosb,
Porque el monte Sión está asoladoa;
Las zorras merodean en élb.
Pero Tú, oh Señor, reinas para siempre,
Tu trono permanece de generación en generacióna.
¿Por qué Te olvidas para siempre de nosotros,
Y nos abandonas a perpetuidada?
Restáuranos a Ti, oh Señor, y seremos restauradosa;
Renueva nuestros días como antañob,
A no ser que nos hayas desechado totalmentea,
Y estés enojado en gran manera contra nosotrosb.
Notas al pie
Referencias cruzadas
- aSal. 88:7, 15, 16
- aJob 30:26; Isa. 59:9; Jer. 4:23
- aSal. 38:2; Isa. 5:25
- aSal. 31:9, 10; 38:2–8; 51:8; 102:3–5; Isa. 38:13
- aJob 19:8
- bJer. 23:15; Lam. 3:19
- aSal. 88:5, 6; 143:3
- aJob 3:23; 19:8
- bJer. 40:4
- aJob 30:20; Sal. 22:2
- aIsa. 63:17; Os. 2:6
- aJob 16:12, 13; Jer. 15:3; Os. 6:1
- aSal. 7:12; Lam. 2:4
- bJob 6:4; 7:20; Sal. 38:2
- aJer. 5:16
- aSal. 22:6, 7; 123:4; Jer. 20:7
- bJob 30:9; Lam. 3:63
- aJer. 9:15
- aPrv. 20:17
- bSal. 3:7; 58:6
- cJer. 6:26
- aIsa. 59:11; Jer. 12:12
- aJob 17:15; Ezq. 37:11
- aJer. 9:15; Lam. 3:5, 15
- aJob 21:6
- bSal. 42:5, 6, 11; 43:5; 44:25
- aSal. 130:7
- aSal. 78:38; Jer. 3:12; 30:11
- bMal. 3:6
- aIsa. 33:2; Sof. 3:5
- bHeb. 10:23
- aSal. 16:5; 73:26
- bSal. 33:18
- aSal. 27:14; Isa. 25:9
- bIsa. 26:9
- aSal. 37:7
- aJer. 15:17
- aJob 16:15; 40:4
- bJer. 31:17
- aJob 16:10; Isa. 50:6
- aSal. 77:7; 94:14; Isa. 54:7–10
- aSal. 78:38; 106:43–45; Os. 11:8
- aSal. 119:67, 71, 75; Ezq. 33:11; Heb. 12:10
- aSal. 140:12; Prv. 17:15
- aJer. 22:3; Hab. 1:13
- aSal. 33:9–11
- aJob 2:10; Isa. 45:7; Jer. 32:42
- aJer. 30:15; Miq. 7:9; Heb. 12:5, 6
- aSal. 119:59; 139:23, 24; 2 Cor. 13:5
- aSal. 25:1; 28:2; 141:2
- aNeh. 9:26; Jer. 14:20; Dan. 9:5
- b2 Rey. 24:4; Jer. 5:7, 9
- aSal. 83:15; Lam. 3:66
- bLam. 2:2, 17, 21
- aSal. 97:2
- bLam. 3:8; Zac. 7:13
- a1 Cor. 4:13
- aJob 30:9, 10; Sal. 22:6–8; Lam. 2:16
- aIsa. 24:17, 18; Jer. 48:43, 44
- aSal. 119:136; Jer. 9:1, 18; Lam. 1:16; 2:11, 18
- aSal. 77:2; Jer. 14:17
- aSal. 80:14; Isa. 63:15; Lam. 5:1
- aSal. 35:7, 19
- b1 Sam. 26:20; Sal. 11:1; 124:7
- aJer. 37:16; 38:6, 9
- bDan. 6:17
- aSal. 69:2; Jon. 2:3–5
- aSal. 130:1; Jon. 2:2
- aJob 34:28
- bSal. 55:1
- aSal. 145:18
- bIsa. 41:10, 14
- aJer. 50:34
- bSal. 34:22
- aJer. 18:19, 20
- bSal. 26:1; 43:1
- aJer. 11:19
- aSal. 74:18; 89:50; Lam. 5:1; Sof. 2:8
- aSal. 59:7, 12; 140:3; Ezq. 36:3
- aSal. 139:2
- bJob 30:9; Lam. 3:14
- aSal. 28:4; Jer. 51:6, 24, 56
- aEx. 14:8; Dt. 2:30; Isa. 6:10
- aLam. 3:43
- bSal. 8:3
- aEzq. 7:19–22
- aIsa. 30:14; Jer. 19:1, 11
- aIsa. 49:15; Ezq. 5:10
- bJob 39:14–17
- cIsa. 13:22; 34:13
- aSal. 22:15; Jer. 14:3
- bLam. 2:12
- aJer. 6:2; Amós 6:3–7
- aGn. 19:24
- bGn. 19:25; Jer. 20:16
- aSal. 51:7
- bEx. 24:10; Job 28:16
- aJob 19:20; Sal. 102:3–5
- bJob 30:30; Lam. 5:10
- aJer. 16:4
- bLev. 26:39; Ezq. 24:23
- aLev. 26:29; Dt. 28:57; 2 Rey. 6:29; Jer. 19:9; Lam. 2:20; Ezq. 5:10
- bDt. 28:53–55
- aJer. 7:20; Lam. 2:17; Ezq. 22:31
- bDt. 32:22; Jer. 17:27
- aDt. 29:24
- bJer. 21:13
- aJer. 5:31; 6:13; Lam. 2:14; Ezq. 22:26–28
- bJer. 2:30; 26:8, 9; Mat. 23:31
- aDt. 28:28, 29; Isa. 29:10; 56:10; 59:9, 10
- bIsa. 1:15
- cJer. 2:34
- aLev. 13:45, 46
- bJer. 49:5
- aIsa. 9:14–16; Jer. 52:24–27
- aJer. 37:7; Lam. 1:7
- bEzq. 29:6, 7, 16
- aJer. 16:16
- bJer. 5:31; Ezq. 7:2–12; Amós 8:2
- aIsa. 5:26–28; 30:16, 17; Jer. 4:13; Hab. 1:8
- aGn. 2:7
- b2 Sam. 1:14; 19:21
- cJer. 39:5; 52:9
- dDan. 4:12
- aSal. 137:7; Jer. 25:21
- bAbd. 16
- aIsa. 40:2; Jer. 33:7, 8
- bJer. 49:10; Mal. 1:3, 4
- aSal. 44:13–16
- aIsa. 1:7; Os. 8:7, 8
- bSof. 1:13
- aEx. 22:24; Jer. 15:8; 18:21
- aIsa. 3:1
- aNeh. 9:36, 37
- aOs. 9:3; 12:1
- aJer. 14:20; 16:12
- aNeh. 5:15
- bSal. 7:2; Zac. 11:6
- aJer. 40:9–12
- aJob 30:30; Lam. 4:8
- aIsa. 13:16; Zac. 14:2
- aIsa. 47:6; Lam. 4:16
- aJue. 16:21
- bJer. 7:18
- aIsa. 24:8; Jer. 7:34
- aJer. 25:10; Amós 8:10
- aJob 19:9; Sal. 89:39; Jer. 13:18
- bIsa. 3:9–11
- aIsa. 1:5
- bJob 17:7; Lam. 2:11
- aMiq. 3:12
- bNeh. 4:3
- aSal. 45:6; 102:12, 25–27
- aSal. 13:1; 44:24
- aSal. 80:3; Jer. 31:18
- bIsa. 60:20–22
- aSal. 60:1, 2; Jer. 7:29
- bIsa. 64:9
Copyright 2005 por The Lockman Foundation