Proverbios 5–7
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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LA MUJER AJENA Y LA MUJER PROPIA
Hijo mío, atiende a mi sabiduría,
presta oído a mi inteligencia;
así conservarás el buen juicio
y tus labios guardarán el saber.
Los labios de la mujer ajena rezuman miel
y su boca es más suave que el aceite;
pero acaba siendo amarga como ajenjo
y cortante como arma de dos filos.
Sus pies se precipitan en la muerte,
sus pasos van derechos al abismo.
No le preocupa la senda de la vida,
camina a la perdición y no lo sabe.
Por tanto, hijo mío, escúchame
y no rechaces mis palabras:
aleja de ella tu camino
y no te acerques a la puerta de su casa;
no vayas a entregar tu honor a otros
y tu dignidad a un hombre despiadado;
no vayas a saciar a extraños con tu esfuerzo
y acabe tu fatiga en casa ajena.
Al final habrás de lamentarlo
cuando tus carnes se consuman,
y tengas que decir:
“¿Cómo pude rechazar la corrección
y mi mente despreció las advertencias?
¿Por qué no escuché a mis maestros
ni presté atención a mis educadores?
Casi me hundo en la desgracia
ante la asamblea reunida”.
Bebe el agua de tu aljibe,
las corrientes de tu pozo.
No viertas tus arroyos por la calle
ni tus fuentes por las plazas.
Utilízalos tú solo,
no los compartas con extraños.
Que tu fuente sea bendita,
disfruta con la esposa de tu juventud,
cierva querida, gacela encantadora;
que sus pechos te embriaguen cada día
y su amor te cautive sin cesar.
¿Por qué has de enamorarte, hijo mío, de una ajena
y caer en brazos de una desconocida?
El Señor ve los caminos del ser humano,
examina todos sus senderos.
Al malvado lo atrapan sus propios delitos,
las redes de su pecado lo aprisionan;
morirá por falta de corrección,
por su gran insensatez se perderá.
EL FIADOR
Hijo mío, si has salido fiador de tu prójimo,
si has cerrado un trato con un extraño,
si has empeñado tu palabra
y has quedado obligado por lo dicho,
haz lo siguiente, hijo mío, para salir bien librado,
pues has caído en manos de tu prójimo:
Trágate el orgullo e importuna a tu prójimo;
no te entregues al sueño
ni te des un instante de reposo;
escapa cual gacela de la trampa,
como ave de la red del cazador.
EL PEREZOSO
Mira a la hormiga, perezoso,
observa su conducta y aprende:
aunque no tiene jefe,
ni inspector, ni gobernante,
*prepara en el verano su alimento,
en tiempo de siega almacena su comida.
¿Cuánto tiempo dormirás, perezoso?
¿Cuándo te levantarás del sueño?
Un rato de sueño, otro de siesta,
cruzas los brazos y a descansar;
y te asalta como un bandido la pobreza
y la penuria como un hombre armado.
EL MALHECHOR
El perverso y malhechor
camina con gesto torcido,
mirando con mala intención,
arrastrando los pies,
señalando con los dedos,
urdiendo maldades en su mente perversa
y provocando riñas continuamente.
Por eso llegará su ruina repentina,
será destruido de inmediato y sin remedio.
SIETE COSAS DETESTABLES
Hay seis cosas que detesta el Señor
y una séptima que aborrece del todo:
ojos altaneros, lengua mentirosa,
manos manchadas de sangre inocente,
mente que trama planes perversos,
pies ligeros para correr hacia el mal,
testigo falso que difunde mentiras
y el que atiza discordias entre hermanos.
SOBRE EL ADULTERIO
Cumple, hijo mío, los mandatos de tu padre
y no desprecies las enseñanzas de tu madre.
Llévalos siempre grabados en tu mente
y átalos alrededor de tu cuello.
Cuando camines, te guiarán;
cuando te acuestes, te protegerán;
cuando despiertes, conversarán contigo.
Porque el mandato es lámpara, la enseñanza es luz
y la reprensión que corrige es camino de vida.
Te protegerán de la mujer mala,
de la lengua melosa de la extraña.
No te dejes seducir por su belleza,
ni te dejes cautivar por sus miradas.
Pues a la prostituta basta una hogaza de pan,
mas la casada persigue a personas valiosas.
Nadie puede llevar fuego en su pecho
sin que se le queme la ropa;
nadie puede caminar sobre ascuas
sin abrasarse los pies;
así sucede a quien va tras la mujer del prójimo:
quien la toque no quedará impune.
Al ladrón se le desprecia aunque robe
para saciar el estómago hambriento;
si lo sorprenden, pagará siete veces
y entregará todos los bienes de su casa.
El adúltero es un insensato,
actuando así arruina su vida;
tendrá que soportar palos e insultos
y no podrá borrar su infamia.
Porque los celos enfurecen al marido
y su venganza será implacable;
no admitirá compensaciones,
no se calmará aunque multipliques los regalos.
LA SEDUCCIÓN
Hijo mío, conserva mis palabras
y guarda en tu interior mis mandatos.
Conserva mis mandatos y vivirás,
cuida mi enseñanza como a la niña de tus ojos.
Átatelos en tus dedos,
escríbelos en tu mente.
Hermánate con la sabiduría
y emparenta con la inteligencia,
para que te protejan de la mujer ajena,
de la extraña de palabras seductoras.
Un día estaba yo en la ventana de mi casa,
observando entre las rejas;
miraba a una pandilla de incautos
y distinguí entre ellos a un joven insensato:
cruzó la calle, junto a la esquina,
y se encaminó a la casa de la mujer.
Era la hora del ocaso, al caer la tarde,
cuando llega la noche y oscurece.
Entonces una mujer le salió al paso
con ropas y ademanes de prostituta.
Bullanguera y descarada,
sus pies nunca paran en casa.
Un rato en la calle, otro en la plaza,
en cualquier esquina hace la espera.
Ella le echó mano, lo besó
y descaradamente le dijo:
“Tenía prometidos unos sacrificios
y hoy he cumplido mis promesas;
por eso he salido a buscarte;
tenía ganas de verte y te he encontrado.
He cubierto mi lecho de colchas
y sábanas de lino egipcio;
he perfumado mi alcoba con mirra,
con áloe y con canela.
Saciémonos de caricias hasta el amanecer
y disfrutemos de los placeres del amor;
mi marido no está en casa:
ha emprendido un largo viaje,
se ha llevado la bolsa del dinero
y no volverá a casa hasta la luna llena”.
Con todas estas artes lo sedujo,
lo rindió con sus labios lisonjeros
e inmediatamente él la siguió,
como buey llevado al matadero,
como ciervo atrapado en la red;
una flecha le atraviesa las entrañas
y como pájaro cae en la trampa,
sin saber que le va a costar la vida.
Y ahora, hijo mío, escúchame
y presta atención a mis palabras:
no te dejes arrastrar por ella,
no te extravíes tras sus huellas,
porque ha dejado a muchos malheridos
y sus víctimas son muy numerosas.
Su casa es el camino del abismo
que baja a la morada de la muerte.
Footnotes
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