Salmo 50–52
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SALMO 50
ES DIOS EL QUE JUZGA
Salmo de Asaf.
El Señor, el Dios de dioses,
habló y convocó a la tierra
desde el levante al poniente.
Desde Sión, toda hermosa,
Dios se ha mostrado.
Ya viene nuestro Dios, no callará;
un fuego devorador lo precede,
a su alrededor estalla la tormenta.
Desde la altura convoca a cielos
y tierra para juzgar a su pueblo:
“Congréguenme ustedes a mis fieles
que con un sacrificio sellaron mi alianza”.
Los cielos proclaman su justicia
porque es Dios mismo el que juzga. [Pausa[
Escucha, pueblo mío, y hablaré;
Israel, contra ti yo testifico:
“Yo soy Dios, tu Dios.
No te reprendo por tus sacrificios,
pues tus holocaustos están siempre ante mí.
No tomaré el becerro de tu casa
ni el macho cabrío de tus corrales,
pues mías son las fieras del bosque
y el ganado de los montes de pastoreo;
conozco cada ave de las montañas
y los animales del campo son míos.
Si tuviera hambre no te lo diría,
pues mía es la tierra y cuanto la llena.
¿Acaso como yo carne de toros
o bebo la sangre de machos cabríos?
Ofrece a Dios sacrificios de alabanza
y cumple tus promesas al Altísimo.
Invócame en tiempo de angustia,
yo te salvaré y tú me darás gloria”.
Pero al malvado Dios le dice:
“¿Por qué proclamas mis normas
y tienes en tu boca mi alianza,
tú que odias la instrucción,
tú que desprecias mis palabras?
Si ves un ladrón corres con él,
con los adúlteros te mezclas;
tu boca arroja maldad,
urde calumnias tu lengua.
Te sientas y hablas contra tu hermano,
a tu propio hermano deshonras.
Esto haces, ¿me quedaré callado?
¿Piensas que soy como tú?
Yo te acuso, ante ti lo declaro”.
Entiéndanlo bien los que olvidan a Dios,
no sea que los destruya y nadie los salve.
Quien ofrece un sacrificio de alabanza me da gloria:
al de conducta integra le haré ver la salvación de Dios.
SALMO 51
DIOS, APIÁDATE DE MÍ
Al maestro del coro. Salmo de David. Cuando, tras haber mantenido relaciones con Betsabé, lo visitó el profeta Natán.
Apiádate de mí, oh Dios, por tu amor,
por tu gran compasión borra mi falta;
límpiame por entero de mi culpa,
purifícame de mis pecados.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, sólo contra ti pequé,
yo hice lo que tú aborreces;
así que serás justo en tu sentencia,
serás irreprochable cuando juzgues.
Yo, en la culpa fui engendrado,
en pecado me concibió mi madre.
Tú amas la verdad en lo más íntimo,
la sabiduría me muestras en lo oculto.
Rocíame con hisopo y quedaré purificado,
límpiame y seré más blanco que la nieve.
Déjame sentir la alegría y el regocijo;
que se gocen los huesos que dañaste.
Aparta tu rostro de mis pecados,
borra tú todas mis culpas.
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme.
No me alejes de tu presencia,
no apartes de mí tu santo espíritu.
Devuélveme el gozo de tu salvación,
que un espíritu generoso me sostenga.
Yo enseñaré tus sendas a los malvados
y los pecadores regresarán a ti.
Líbrame de verter sangre,
oh Dios, Dios que me salvas,
y mi lengua cantará tu justicia.
Señor, abre mis labios
y mi boca pregonará tu alabanza.
No te satisfacen los sacrificios,
si te ofrezco un holocausto no lo quieres.
El sacrificio a Dios es un espíritu apenado,
tú, Dios, no rechazas el corazón dolorido y humilde.
Favorece complacido a Sión,
reconstruye los muros de Jerusalén;
entonces te agradarán los sacrificios justos,
los holocaustos y el sacrificio perfecto,
entonces sobre tu altar te ofrecerán novillos.
SALMO 52
¿CÓMO TE JACTAS DEL MAL?
Al maestro del coro. Poema de David. Cuando vino Doeg el edomita a decirle a Saúl: “David ha ido a casa de Ajimélec”.
¿Por qué, engreído, te jactas del mal
si el amor de Dios es constante?
Tú maquinas maldades,
tu lengua, afilada navaja,
difunde calumnias.
Prefieres el mal al bien,
la mentira a la sinceridad.
Amas la palabra que destruye
y es engañosa tu lengua.
Dios te aniquilará para siempre,
te expulsará, te sacará de tu tienda,
te arrancará de la tierra de los vivos. [Pausa[
Y los justos lo verán asustados
y empezarán a reírse de él:
“Mira, esta es la persona
que no hizo de Dios su fortaleza,
que confió en su inmensa riqueza,
que se refugió en su maldad.”
Pero yo soy frondoso olivo
en la morada de Dios
y por siempre jamás
confío en su amor.
Yo siempre te alabaré
por lo que has hecho
y proclamaré tu buen nombre
ante los que te son fieles.
Notas al pie
- [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.
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