Estudio bíblico Logos

Salmo 33–34

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

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SALMO 33

EL AMOR DEL SEÑOR LLENA LA TIERRA

Regocíjense, justos, en el Señor;

es buena para los honrados la alabanza.

Ensalcen al Señor con la cítara,

con un arpa de diez cuerdas alábenlo;

canten para él un cántico nuevo,

toquen con esmero entre gritos de júbilo.

Porque recta es la palabra del Señor

y toda acción suya es sincera.

Él ama la justicia y el derecho,

el amor del Señor llena la tierra.

Con la palabra del Señor se hicieron los cielos,

con el soplo de su boca el cortejo celeste.

Él embalsa como un dique las aguas de los mares,

guarda en depósitos las aguas del abismo.

Que toda la tierra venere al Señor,

que lo respeten los que moran en el mundo,

porque habló y todo fue hecho,

él dio la orden y todo existió.

El Señor frustra los planes de las naciones,

hace fracasar los proyectos de los pueblos;

pero por siempre perdura el plan del Señor,

generación tras generación sus proyectos.

¡Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,

el pueblo que escogió como heredad suya!

El Señor observa desde los cielos,

contempla a los seres humanos;

él mira desde su morada

a cuantos en la tierra habitan.

Es él quien modela sus corazones,

él quien conoce todos sus actos.

No se salva el rey con su gran ejército,

ni el valiente se libra por su fuerza;

no da la victoria el caballo,

ni con todo su brío permite escapar.

La mirada del Señor está sobre los justos,

sobre los que en su amor ponen su esperanza;

quiere librarlos de la muerte

y salvar sus vidas en tiempo de hambre.

Nosotros esperamos en el Señor,

él es nuestra ayuda y nuestro escudo;

en él nuestro corazón se alegra

porque en su santo nombre confiamos.

Que tu amor, Señor, nos acompañe,

pues así lo esperamos de ti.

SALMO 34

BENDIGO AL SEÑOR EN TODO MOMENTO

De David cuando fingió estar loco delante de Abimélec y, expulsado por este, se marchó.

Yo bendigo al Señor en todo momento,

su alabanza sin cesar está en mi boca.

Todo mi ser se gloría en el Señor;

que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,

ensalcemos su nombre todos juntos.

Yo busqué al Señor y me respondió,

me libró de todos mis miedos.

Quienes lo miran, se llenan de luz

y no se sonrojan sus rostros.

Clama el humilde y el Señor lo escucha,

de todas sus angustias lo salva.

El ángel del Señor acampa

en torno a sus fieles y los defiende.

Sientan y vean qué bueno es el Señor,

feliz todo el que en él confía.

Que veneren al Señor sus consagrados

pues al que lo venera nada le falta.

Los ricos* se empobrecen, pasan hambre;

al que busca al Señor nada bueno le falta.

Hijos míos, ¡vengan y escúchenme!

Yo les enseñaré cómo venerar al Señor.

¿Quién es el que ama la vida,

y desea días para ser feliz?

Guarda tu lengua del mal,

y tus labios de la mentira;

aléjate del mal, haz el bien,

busca la paz, marcha tras ella.

La mirada del Señor está sobre los justos,

sus oídos junto a su grito de socorro;

el Señor se encara con los malhechores

para borrar de la tierra su recuerdo.

Gritan y el Señor los escucha,

de todas sus angustias los libra.

El Señor está cerca de los afligidos,

salva a los que están tristes.

Muchos son los males del justo,

pero de todos lo libra el Señor;

protege cada uno de sus huesos

y ni uno de ellos se ha roto.

La maldad hará morir al malo,

quienes odian al justo serán castigados.

El Señor libera a sus siervos,

los que en él confían no serán castigados.

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Notas al pie

  1. *Signo indicativo de nota
  2. *Los ricos: Así según la versión griega de los . Según el hebreo sería: Los jóvenes leones.