Logos Bible Study

Hebreos 1–2

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

Spanish

Arabic

Czech

English

French

German

Greek

Hungarian

Italian

Korean

Latin

Portuguese

Russian

Simplified Chinese

Traditional Chinese

INTRODUCCIÓN (1:1–4)

DIOS NOS HA HABLADO POR MEDIO DE SU HIJO

Dios habló en otro tiempo a nuestros antepasados por medio de los profetas, y lo hizo en distintas ocasiones y de múltiples maneras. Ahora, llegada la etapa final, nos ha hablado por medio del Hijo a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien creó también el universo. El Hijo, que siendo reflejo resplandeciente de la gloria del Padre e imagen perfecta de su ser, sostiene todas las cosas mediante su palabra poderosa y que, después de habernos purificado del pecado, se sentó junto al trono de Dios en las alturas y ha venido a ser un valedor tanto más poderoso que los ángeles, cuanto es más excelente el título que ha recibido en herencia.

I.— JESUCRISTO, SUPERIOR A LOS ÁNGELES (1:5–2:18)

HIJO DE DIOS

En efecto, jamás dijo Dios a ningún ángel:

Tú eres mi Hijo,

yo te he engendrado hoy.

Ni tampoco:

Seré para él un padre,

y él será un hijo para mí.

Asimismo, al introducir a su Hijo primogénito en el mundo dice:

Adórenlo todos los ángeles de Dios.

Y mientras que de los ángeles dice la Escritura:

Dios hace espíritus a sus ángeles,

y llamas ardientes a sus ministros,

del Hijo, en cambio, dice:

Tu trono, oh Dios, permanece para siempre

y gobiernas tu reino con rectitud.

Amas la justicia y odias la maldad;

por eso Dios, tu Dios, te ha ungido

con óleo de alegría haciéndote sobresalir

más que tus compañeros.

Y dice también:

Tú, Señor, pusiste al comienzo

los cimientos de la tierra,

y hechura de tus manos son los cielos.

Ellos perecerán; tú, en cambio, permaneces.

Como traje que envejece serán todos;

como si de un manto se tratara, los doblarás

y como ropa que se muda cambiarán.

Pero tú eres siempre el mismo

y tus años no tendrán fin.

¿A qué ángel, en fin, dijo alguna vez:

Siéntate junto a mí

hasta que yo ponga a tus enemigos

por estrado de tus pies?

¿No son todos ellos espíritus enviados con la función de servir a los que han de heredar la salvación?

ATENTOS AL MENSAJE

Es preciso, por tanto, que tomemos en serio el mensaje recibido, si no queremos navegar a la deriva. Porque si la palabra pronunciada por ángeles tuvo plena validez, y cuantos la desobedecieron y conculcaron recibieron el merecido castigo, ¿cómo podremos salir nosotros bien parados si desdeñamos una salvación tan valiosa como esta? Me refiero a la salvación que comenzó siendo anunciada por el Señor, que nos confirmaron quienes la escucharon y de la que Dios mismo ha dado testimonio valiéndose de milagros, prodigios y toda suerte de maravillas, además de los dones del Espíritu Santo que ha repartido según su voluntad.

GLORIFICACIÓN DE JESUCRISTO

El mundo de que hablamos es el mundo futuro y no lo ha puesto Dios bajo el dominio de los ángeles. De ello da fe alguien en un lugar de la Escritura:

¿Qué es el ser humano para que te acuerdes de él?

¿Qué el simple mortal para que te preocupes por él?

Apenas inferior a los ángeles lo hiciste;

de gloria y de honor lo coronaste*;

todo lo sometiste a su poder.

Y si todo le ha sido sometido, nada queda fuera de su dominio. Es cierto que al presente no vemos que todo le esté sometido; pero sí vemos que Jesús, a quien Dios hizo un poco inferior a los ángeles, ha sido coronado de gloria y honor por haber sufrido la muerte. De esta manera, debido a la bondad de Dios, experimentó la muerte en favor de todos.

SOLIDARIO CON LOS HERMANOS

Convenía, en efecto, que Dios, que es origen y fin de todas las cosas y que quiere conducir a una multitud de hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio del sufrimiento a quien tenía que encabezar la salvación de los demás. Y es que santificador y santificados proceden de uno mismo. Por esta razón el santificador no tiene a menos llamarlos hermanos, cuando dice:

Anunciaré tu nombre a tus hermanos,

en medio de la asamblea te alabaré.

Y en otro lugar:

Yo pondré en él mi confianza.

Y también:

Aquí estoy yo con los hijos

que Dios me ha dado.

Y lo mismo que los hijos comparten una misma carne y sangre, también Jesús las compartió para poder así, con su muerte, reducir a la impotencia al que tiene poder para matar, es decir, al diablo, y liberar a quienes el miedo a la muerte ha mantenido de por vida bajo el yugo de la esclavitud. Porque no es a los ángeles, sino a la descendencia de Abrahán a quien vino a tender una mano. Por eso tenía que ser en todo semejante a los hermanos, ya que de otra manera no podría ser un sacerdote compasivo y fiel en las cosas que se refieren a Dios, ni podría obtener el perdón de los pecados del pueblo. Precisamente porque él mismo fue puesto a prueba y soportó el sufrimiento, puede ahora ayudar a quienes están siendo probados.

Read in Logos

Footnotes

  1. *Signo indicativo de nota
  2. *lo coronaste: Numerosos , algunos de valor, añaden: y lo pusiste al frente de cuanto habías hecho.