Marcos 2–3
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Curación de un paralítico
Cuando Jesús entró de nuevo en Capernaúm varios días después, se oyó que estaba en casa.
Y se reunieron muchosa, tanto que ya no había lugar ni aun a la puerta; y Él les explicaba1 la palabra.
aEntonces vinieron* y le trajeron un paralíticob llevado entre cuatro hombres.
Como no pudieron acercarse1 a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo encima de donde Él estaba; y cuando habían hecho una abertura, bajaron la camillaa en que estaba acostado el paralíticob.
Viendo Jesús la fe de ellos, dijo* al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonadosa».
Pero estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensaban en sus corazones:
«¿Por qué habla Este así? Está blasfemando; ¿quién puede perdonar pecados, sino solo Dios1a?»
Al instante Jesús, conociendo en1 Su espíritu que pensaban de esa manera dentro de sí mismos, les dijo*: «¿Por qué piensan estas cosas en sus corazones?
»¿Qué es más fácil, decir al paralíticoa: “Tus pecados te son perdonados”, o decirle: “Levántate, toma tu camilla y anda”?
»Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados» dijo* al paralítico:
«A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
Y él se levantó, y tomando al instante la camilla, salió a la vista de todos, de manera que todos estaban asombrados, y glorificaban a Diosa, diciendo: «Jamás hemos visto cosa semejanteb»
Llamamiento de Leví y la cena en su casa
Jesús salió de nuevo a la orilla del mar, y toda la multitud venía a Éla, y les enseñaba.
aAl pasar, vio a Leví1, hijo de Alfeo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo*: «Síguemeb». Y levantándose, lo siguióc.
Y sucedió1 que estando Jesús sentado2 a la mesa en casa de Leví3, muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban comiendo5 con Jesús y Sus discípulos; porque había muchos de ellos que lo seguían.
Cuando los escribas de los fariseosa vieron que Él comía con pecadores y recaudadores de impuestos, decían a Sus discípulos: «¿Por qué Él come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadoresb?»
Al oír esto, Jesús les dijo*: «Los que están sanos1 no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadoresa».
Pregunta sobre el ayuno
aLos discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron* y dijeron* a Jesús: «¿Por qué ayunan los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos, pero Tus discípulos no ayunan?»
Y Jesús les respondió: «¿Acaso pueden ayunar los acompañantes del novio1 mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.
»Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán en aquel díaa.
»Nadie pone un remiendo1 de tela nueva2 en un vestido viejo, porque entonces el remiendo3 al encogerse tira de él, lo nuevo de lo viejo, y se produce una rotura peor.
»Y nadie echa vino nuevo en odres1 viejos, porque entonces2 el vino romperá el odre, y se pierden el vino y también los odres1; sino que se echa vino nuevo en odres1 nuevos».
Jesús, Señor del día de reposo
aAconteció que un día de reposo Jesús pasaba por los sembrados, y Sus discípulos, mientras se abrían paso, comenzaron a arrancar espigasb.
Entonces los fariseos le decían: «Mira, ¿por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposoa?»
Jesús les contestó*: «¿Nunca han leído lo que David hizo cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y también sus compañeros;
cómo entró en la casa de Dios en tiempos de Abiatar, el sumo sacerdotea, y comió los panes consagrados1 que no es lícito a nadie comerb, sino a los sacerdotes, y dio también a los que estaban con élc?».
Y Él continuó diciéndoles: «El día de reposo se hizo1 para el2 hombrea, y no el hombre para el2 día de reposob.
»Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo».
Jesús sana al hombre de la mano seca
aOtra vez entró Jesús en una sinagogab; y había allí un hombre que tenía una mano seca1.
Y lo observabana para ver si lo sanaba en el día de reposo, para poder acusar a Jesúsb.
Y Jesús le dijo* al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte aquí en medio».
Entonces Jesús dijo* a los otros: «¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar?». Pero ellos guardaban silencio.
Y mirando con enojo a los que lo rodeaban, y entristecido por la dureza de sus corazones, le dijo* al hombre: «Extiende tu mano». Y él la extendió, y su mano quedó sana1a.
Pero cuando los fariseos salieron, enseguida comenzaron a tramar1 con los herodianosa en contra de Jesús, para ver cómo lo podrían destruir.
Las multitudes siguen a Jesús
aEntonces Jesús se retiró al mar con Sus discípulos, y una gran multitud de Galilea lo siguió. Y también de Judeab,
de Jerusalén, de Idumeaa, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y Sidónb, una gran multitud, que al oír todo lo que Jesús hacía, vino a Él.
Y dijo a Sus discípulos que tuvieran lista una barca para Él por causa de la multituda, para que no lo oprimieran;
porque Él había sanado a muchosa, de manera que todos los que tenían afliccionesb, para tocar a Jesús, se echaban sobre Élc.
Y siempre que los espíritus inmundos veían a Jesús, caían delante de Él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Diosa»
Pero Él les advertía con insistencia que no revelaran Su identidad1a.
Designación de los doce apóstoles
Después Jesús subió* al montea, llamó*b a los que Él quiso, y ellos vinieron a Él.
Designó a doce1, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar,
y para que tuvieran autoridad de expulsar demonios.
Designó, pues, a los doce: a Simón (a quien puso por nombre Pedro),
Jacobo1, hijo de Zebedeo, y Juan hermano de Jacobo (a quienes puso por nombre Boanerges, que significa: «Hijos del Trueno»);
Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo1, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananita2;
y Judas Iscariote, el que también lo entregó.
Jesús y Beelzebú
Jesús llegó* a una casaa, y la multitud se juntó* de nuevob, a tal punto que ellos ni siquiera podían comer1c.
Cuando Sus parientesa oyeron esto, fueron para hacerse cargo de Él, porque decían: «Está fuera de síb»
Y los escribas que habían descendido de Jerusaléna decían: «Tiene a Beelzebúb; y expulsa los demonios por medio del príncipe de los demoniosc»
aLlamándolos junto a Él, Jesús les hablaba en parábolasb: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanásc?
»Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede perdurar.
»Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer.
»Y si Satanása se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin1.
»Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata1; entonces podrá saquear su casaa.
»En verdad les digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombresa, y las blasfemias con que blasfemen,
pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdóna, sino que es culpable de pecado eterno».
Porque decían: «Tiene un espíritu inmundo»
La madre y los hermanos de Jesús
aEntonces llegaron* Su madre y Sus hermanos, y quedándose afuera, mandaron a llamar a Jesús.
Y había una multitud sentada alrededor de Él, y le dijeron*: «Tu madre y Tus hermanos1 están afuera y te buscan»
«¿Quiénes son Mi madre y Mis hermanos?», les dijo* Jesús.
Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de Él, dijo*: «Aquí están Mi madre y Mis hermanosa.
»Porque cualquiera que hace la voluntad de Diosa, ese es Mi hermano, y hermana y madre».
Footnotes
- 1 hablaba.
- 1 traer.
- 1 sino uno, Dios.
- 1 por.
- 1O Mateo.
- 1 Y sucede.
- 2 recostado.
- 3O Mateo.
- 5 reclinados.
- 1 fuertes.
- 1 hijos del tálamo.
- 1 cose lo que se pone encima.
- 2 sin encoger.
- 3 y si no lo que llena.
- 1I.e. cueros usados como recipientes.
- 2 y si no.
- 1 los panes de la proposición.
- 1O vino a ser.
- 2 por causa del.
- 1O paralizada.
- 1 restaurada.
- 1 dando consejo.
- 1 no le hicieran manifiesto.
- 1Algunos antiguos agregan: a quienes también llamó apóstoles.
- 1O Santiago.
- 1O Santiago.
- 2O el zelote.
- 1 comer pan.
- 1 tiene un fin.
- 1 no ata al fuerte.
- 1Algunos agregan: y Tus hermanas.
Cross references
- aMar. 1:45; 2:13
- aMar. 2:3–12: Mat. 9:2–8; Luc. 5:18–26
- bMat. 4:24
- aLuc. 5:19
- bMat. 4:24
- aMat. 9:2
- aIsa. 43:25
- aMat. 4:24
- aMat. 9:8
- bMat. 9:33
- aMar. 1:45
- aMar. 2:14–17: Mat. 9:9–13; Luc. 5:27–32
- bMat. 9:9
- cMat. 8:22
- aLuc. 5:30; Hech. 23:9
- bMat. 9:11
- aMat. 9:12, 13; Luc. 5:31, 32
- aMar. 2:18–22: Mat. 9:14–17; Luc. 5:33–38
- aMat. 9:15; Luc. 17:22
- aMar. 2:23–28: Mat. 12:1–8; Luc. 6:1–5
- bDt. 23:25
- aMat. 12:2
- a1Sam. 21:1; 2Sam. 8:17; 1Crón. 24:6
- bLev. 24:9
- c1Sam. 21:1–6
- aEx. 23:12; Dt. 5:14
- bCol. 2:16
- aMar. 3:1–6: Mat. 12:9–14; Luc. 6:6–11
- bMar. 1:21, 39
- aLuc. 14:1
- bMat. 12:10; Luc. 6:7; 11:54; 20:20
- aLuc. 6:10
- aMat. 22:16; Mar. 12:13
- aMar. 3:7–12: Mat. 12:15, 16; Luc. 6:17–19
- bMat. 4:25; Luc. 6:17
- aJos. 15:1, 21; Ezq. 35:15; 36:5
- bMat. 11:21
- aMar. 4:1; Luc. 5:1–3
- aMat. 4:23
- bMar. 5:29, 34; Luc. 7:21
- cMat. 9:21; 14:36; Mar. 6:56; 8:22
- aMat. 4:3
- aMat. 8:4
- aMat. 5:1; Luc. 6:12
- bMat. 10:1; Mar. 6:7; Luc. 9:1
- aMar. 3:16–19: Mat. 10:2–4; Luc. 6:14–16; Hech. 1:13
- aMar. 2:1; 7:17; 9:28
- bMar. 1:45; 3:7
- cMar. 6:31
- aMar. 3:31, 32
- bJuan 10:20; Hech. 26:24
- aMat. 15:1
- bMat. 10:25; 11:18
- cMat. 9:34
- aMar. 3:23–27: Mat. 12:25–29; Luc. 11:17–22
- bMat. 13:3 y ; Mar. 4:2 y
- cMat. 4:10
- aMar. 4:10
- aIsa. 49:24, 25
- aMat. 12:31, 32; Mar. 3:28–30; Luc. 12:10
- aLuc. 12:10
- aMar. 3:31–35: Mat. 12:46–50; Luc. 8:19–21
- aMat. 12:49
- aEf. 6:6; Heb. 10:36; 1Ped. 4:2; 1Jn. 2:17
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