Logos Bible Study

Lamentaciones 4–5

Nueva Biblia de las AméricasOther versions

Spanish

Arabic

Czech

English

French

German

Hebrew

Hungarian

Italian

Korean

Latin

Portuguese

Russian

Simplified Chinese

Traditional Chinese

Sufrimientos a causa del sitio

¡Cómo se ha ennegrecido el oro,

Cómo ha cambiado el oro puro!

Esparcidas están las piedras sagradas

Por las esquinas de todas las callesa.

Los hijos preciados de Sión,

Que valían su peso en oro puro,

¡Cómo son tenidos por vasijas de barro,

Obra de manos de alfareroa!

Aun los chacales dan las ubres,

Dan de mamar a sus críasa;

Pero la hija de mi pueblo1 se ha vuelto cruelb

Como los avestrucesc en el desierto.

La lengua del niño de pecho se le pega

Al paladar por la seda;

Los pequeños piden panb,

Pero no hay quien se lo reparta.

Los que comían manjares

Andan desolados por las callesa;

Los que se criaron entre púrpura

Abrazan cenizales.

La iniquidad de la hija de mi pueblo

Es mayor que el pecado de Sodomaa,

Que fue derribadab en un instante

Sin que manos actuaran contra ella.

Sus consagrados1 eran más puros que la nievea,

Más blancos que la leche,

Más rojizos de cuerpo que los corales,

Como el zafirob era su apariencia.

Más negro que el hollín es su aspecto,

No se les reconoce por las calles;

Se les ha pegado la piel a sus huesosa,

Se ha marchitado, se ha vuelto como maderab.

Más dichosos son los que mueren a espada

Que los que mueren de hambre,

Que se consumena, extenuados,

Por falta de los frutos de los camposb.

Las manos de mujeres compasivas

Cocieron a sus propios hijosa,

Que les sirvieron de comidab

A causa de la destrucción de la hija de mi pueblo1.

El Señor ha cumplido Su furor,

Ha derramado Su ardiente ira.

Ha prendido un fuegoa en Sión

Que ha consumido sus cimientosb.

No creyeron los reyes de la tierra,

Ni ninguno de los habitantes del mundoa,

Que el adversario y el enemigo pudieran entrar

Por las puertas de Jerusalénb.

Pero a causa de los pecados de sus profetas

Y de las iniquidades de sus sacerdotes,

Quienes derramaron en medio de ella

La sangrea de los justosb,

Vagaron ciegos por las callesa,

Manchados de sangreb,

Sin que nadie pudiera tocar sus vestidosc.

«¡Apártense! ¡Inmundos!», gritaban de sí mismosa.

«¡Apártense, apártense, no nos toquen!».

Así que huyeron y vagaronb.

Entre las naciones se decía:

“No seguirán residiendo entre nosotros.”

La presencia del Señor los dispersó,

No volverá a mirarlos.

Ellos no honraron a los sacerdotesa,

Ni tuvieron piedad de los ancianos.

Aun nuestros ojos desfallecían,

Buscar ayuda fue inútila.

En nuestro velar hemos aguardadob

A una nación incapaz de salvar.

Ponían trampas a nuestros pasosa

Para que no anduviéramos por nuestras calles.

Nuestro fin se acercaba,

Se cumplieron nuestros días,

Porque había llegado nuestro finb.

Nuestros perseguidores eran más veloces

Que las águilas del cielo;

Por los montes nos persiguieron,

En el desierto nos tendieron emboscadasa.

El aliento de nuestras vidasa, el ungido del Señorb,

Fue atrapado en sus fosos,

Aquel de quien habíamos dichoc: «A su sombrad

Viviremos entre las naciones».

Regocíjate y alégrate, hija de Edoma,

La que habitas en la tierra de Uz;

También a ti llegará la copab,

Te embriagarás y te desnudarás.

Se ha completado el castigo de tu iniquidad, hija de Sión:

No volverá Él a desterrartea;

Mas castigará tu iniquidad, hija de Edom;

Pondrá al descubierto tus pecadosb.

Plegaria de Jeremías por el pueblo

Acuérdate, oh Señor, de lo que nos ha sucedido;

Mira y ve nuestro oprobioa.

Nuestra heredad ha pasado a extrañosa,

Nuestras casas a extranjerosb.

Hemos quedado huérfanos, sin padre,

Nuestras madres, como viudasa.

Por el agua que bebemos tenemos que pagar,

Nuestra leña nos llega por precioa.

Sobre nuestros cuellos están nuestros perseguidores;

No hay descanso para nosotros, estamos agotadosa.

A Egipto y a Asiria nos hemos sometido

Para saciarnos de pana.

Nuestros padres pecaron, ya no existen,

Y nosotros cargamos con sus iniquidadesa.

Esclavos dominan sobre nosotrosa,

No hay quien nos libre de su manob.

Con peligro de nuestras vidas conseguimos nuestro pana,

Enfrentándonos a la espada en el desierto.

Nuestra piel quema como un horno,

A causa de los ardores1 del hambrea.

Violaron a las mujeres en Sióna,

A las vírgenes en las ciudades de Judá.

Los príncipes fueron colgados de sus manos,

Los rostros de los ancianos no fueron respetadosa.

Los jóvenes trabajaron en el molinoa,

Y los muchachos cayeron bajo el peso de la leñab.

Los ancianos han dejado de estar a las puertas de la ciudad,

Los jóvenes, de su músicaa.

Ha cesado el gozo de nuestro corazón,

Se ha convertido en duelo nuestra danzaa.

Ha caído la corona de nuestra cabezaa.

¡Ay de nosotros, pues hemos pecadob!

Por esto está abatido nuestro corazóna,

Por estas cosas se nublan nuestros ojosb,

Porque el monte Sión está asoladoa;

Las zorras merodean en élb.

Pero Tú, oh Señor, reinas para siempre,

Tu trono permanece de generación en generacióna.

¿Por qué Te olvidas para siempre de nosotros,

Y nos abandonas a perpetuidada?

Restáuranos a Ti, oh Señor, y seremos restauradosa;

Renueva nuestros días como antañob,

A no ser que nos hayas desechado totalmentea,

Y estés enojado en gran manera contra nosotrosb.

Read in Logos

Footnotes

  1. 1O Jerusalén.
  2. 1O nazareos.
  3. 1O Jerusalén.
  4. 1O ante los tormentos.

Cross references

  1. aEzq. 7:19–22
  2. aIsa. 30:14; Jer. 19:1, 11
  3. aIsa. 49:15; Ezq. 5:10
  4. bJob 39:14–17
  5. cIsa. 13:22; 34:13
  6. aSal. 22:15; Jer. 14:3
  7. bLam. 2:12
  8. aJer. 6:2; Amós 6:3–7
  9. aGn. 19:24
  10. bGn. 19:25; Jer. 20:16
  11. aSal. 51:7
  12. bEx. 24:10; Job 28:16
  13. aJob 19:20; Sal. 102:3–5
  14. bJob 30:30; Lam. 5:10
  15. aJer. 16:4
  16. bLev. 26:39; Ezq. 24:23
  17. aLev. 26:29; Dt. 28:57; 2 Rey. 6:29; Jer. 19:9; Lam. 2:20; Ezq. 5:10
  18. bDt. 28:53–55
  19. aJer. 7:20; Lam. 2:17; Ezq. 22:31
  20. bDt. 32:22; Jer. 17:27
  21. aDt. 29:24
  22. bJer. 21:13
  23. aJer. 5:31; 6:13; Lam. 2:14; Ezq. 22:26–28
  24. bJer. 2:30; 26:8, 9; Mat. 23:31
  25. aDt. 28:28, 29; Isa. 29:10; 56:10; 59:9, 10
  26. bIsa. 1:15
  27. cJer. 2:34
  28. aLev. 13:45, 46
  29. bJer. 49:5
  30. aIsa. 9:14–16; Jer. 52:24–27
  31. aJer. 37:7; Lam. 1:7
  32. bEzq. 29:6, 7, 16
  33. aJer. 16:16
  34. bJer. 5:31; Ezq. 7:2–12; Amós 8:2
  35. aIsa. 5:26–28; 30:16, 17; Jer. 4:13; Hab. 1:8
  36. aGn. 2:7
  37. b2 Sam. 1:14; 19:21
  38. cJer. 39:5; 52:9
  39. dDan. 4:12
  40. aSal. 137:7; Jer. 25:21
  41. bAbd. 16
  42. aIsa. 40:2; Jer. 33:7, 8
  43. bJer. 49:10; Mal. 1:3, 4
  44. aSal. 44:13–16
  45. aIsa. 1:7; Os. 8:7, 8
  46. bSof. 1:13
  47. aEx. 22:24; Jer. 15:8; 18:21
  48. aIsa. 3:1
  49. aNeh. 9:36, 37
  50. aOs. 9:3; 12:1
  51. aJer. 14:20; 16:12
  52. aNeh. 5:15
  53. bSal. 7:2; Zac. 11:6
  54. aJer. 40:9–12
  55. aJob 30:30; Lam. 4:8
  56. aIsa. 13:16; Zac. 14:2
  57. aIsa. 47:6; Lam. 4:16
  58. aJue. 16:21
  59. bJer. 7:18
  60. aIsa. 24:8; Jer. 7:34
  61. aJer. 25:10; Amós 8:10
  62. aJob 19:9; Sal. 89:39; Jer. 13:18
  63. bIsa. 3:9–11
  64. aIsa. 1:5
  65. bJob 17:7; Lam. 2:11
  66. aMiq. 3:12
  67. bNeh. 4:3
  68. aSal. 45:6; 102:12, 25–27
  69. aSal. 13:1; 44:24
  70. aSal. 80:3; Jer. 31:18
  71. bIsa. 60:20–22
  72. aSal. 60:1, 2; Jer. 7:29
  73. bIsa. 64:9