Jeremías 3–4
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Dios dice: «Si un hombre se divorcia de su mujer,
Y ella se va de su lado
Y llega a ser de otro hombre,
¿Volverá él a ella?
¿No quedará esa tierra totalmente profanadaa?
Pues tú eres una ramera con muchos amantes1b,
Y, sin embargo, vuelves a Míc», declara el Señor.
«Alza tus ojos a las alturasa desoladas y mira;
¿Dónde no te has prostituido?
Junto a los caminos te sentabas para ellosb
Como el árabe en el desierto.
Has profanado la tierrac
Con tu prostitución y tu maldad.
»Por eso fueron detenidas las lluviasa,
Y no hubo lluvia de primavera;
Pero tú tenías frente de ramera,
No quisiste avergonzarteb.
»¿No acabas de llamarme:
“Padre Míoa, Tú eres el amigo1b (guía) de mi juventudc”? pensando:
“¿Guardará rencor para siemprea?
¿Estará indignado1 hasta el fin?”.
Así has hablado,
Pero has hecho lo malo,
Y has hecho tu voluntad2».
Infidelidad de Israel y de Judá
El Señor me dijo en días del rey Josías: «¿Has visto lo que hizo la infiel Israel? Ella andaba sobre todo monte alto y bajo todo árbol frondoso, y allí se prostituíaa1.
»Y me dije: “Después que ella haya hecho todas estas cosas, volverá a Mí”; pero no regresóa, y lo vio su rebelde hermana Judáb.
»Y vio1 que a causa de todos los adulterios de la infiel Israel, Yo la había despedido, dándole carta de divorcioa. Con todo, su rebelde hermana Judá no tuvo temor, sino que ella también fue y se hizo ramerab.
»A causa de la liviandad con que se prostituyó, profanó la tierraa, y cometió adulterio con la piedra y con el leñob.
»A pesar de todo esto, su rebelde hermana Judá tampoco se volvió a Mí de todo corazóna, sino con engaño», declara el Señor.
Y el Señor me dijo: «Más justa ha probado ser la infiel Israel que la rebelde Judáa.
Ve y proclama estas palabras al norte, y di:
“Regresa, infiel Israela”, declara el Señor,
Porque soy misericordioso”, declara el Señor;
“No guardaré rencor para siemprec.
“Sólo reconoce tu iniquidad,
Pues contra el Señor tu Dios te has rebeladoa,
Has repartido tus favores1 a los extrañosb bajo todo árbol frondosoc,
Y no has obedecido Mi voz”, declara el Señor.
“Vuelvan, hijos infieles”, declara el Señor, “porque Yo soy su dueñoa, y los tomaré, uno de cada ciudad y dos de cada familia, y los llevaré a Siónb”.
»Entonces les daré pastores según Mi corazón, que los apacientena con conocimiento y con inteligenciab.
»En aquellos días, cuando ustedes se multipliquen y crezcan en la tierra», declara el Señor, «no se dirá más: “Arca del pacto del Señor”. No les vendrá a la mente ni la recordarán, no la echarán de menos ni será hecha de nuevoa.
»En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: “Trono del Señora”; y todas las naciones acudirán a ellab, a Jerusalén, a causa del nombre del Señorc; y no andarán más tras la terquedad de su malvado corazónd.
“En aquellos días andará la casa de Judá con la casa de Israela, y vendrán juntas de la tierra del norteb a la tierra que di en heredad a sus padresc.
»Yo había dicho:
“¡Cómo quisiera ponerte entre Mis1 hijos,
Y darte una tierra deseable,
La más hermosa heredad de las nacionesa!”.
Y decía: “Padre Míob me llamarán,
Y no se apartarán de seguirme”.
»Ciertamente, como una mujer se aparta en rebeldía de su amado1,
Así ustedes han obrado en rebeldía conmigoa,
Oh casa de Israel», declara el Señor.
Se oye una voz sobre las alturas desoladas,
El llanto de las súplicas de los israelitas;
Porque han pervertido su caminoa,
Han olvidado al Señor su Diosb.
Vuelvan, hijos infieles,
Yo sanaré su infidelidada.
Aquí estamos, venimos a Ti,
Porque Tú, el Señor, eres nuestro Dios.
Ciertamente un engaño son las colinasa
Y el tumulto sobre los montes.
Ciertamente, en el Señor nuestro Dios
Está la salvación de Israelb.
«Pero lo vergonzoso consumió el trabajo de nuestros padres desde nuestra juventud: sus ovejas y sus vacas, sus hijos y sus hijasa.
»Acostémonos en nuestra vergüenza, y que nos cubra nuestra humillación, porque hemos pecado contra el Señor nuestro Dios, nosotros y nuestros padres desde nuestra juventud hasta hoya, y no hemos obedecido la voz del Señor nuestro Diosb».
Un llamado al arrepentimiento
«Si has de volver, oh Israel», declara el Señor,
“Vuélvete a Mía.
Si quitas de Mi presencia tus abominaciones,
Y no vacilasb,
Y juras: “Vive el Señora”,
En verdad, en juicio y en justiciab,
Entonces en Él serán bendecidas las nacionesc,
Y en Él se gloriaránd.”
Porque así dice el Señor a los hombres de Judá y de Jerusalén:
«Rompan la tierra no labradaa,
Y no siembren entre espinosb.
»Circuncídense para el Señor,
Y quiten los prepucios de sus corazones,
Hombres de Judá y habitantes de Jerusaléna,
No sea que Mi furorb salga como fuego
Y arda y no haya quien lo apaguec,
A causa de la maldad de sus obras».
Declaren en Judá y proclamen en Jerusalén, y digan:
«Toquen la trompeta en la tierraa;
Clamen en alta voz, y digan:
“Reúnanse y entremos
En las ciudades fortificadasb”.
»Levanten banderaa hacia Sión;
Busquen refugio, no se detengan;
Porque traigo del norte la calamidad,
Una gran destrucciónb.
»Ha salido el león de la1 espesura,
Y el destructor de naciones se ha puesto en marchaa;
Ha salido de su lugar
Para convertir tu tierra en desolaciónb.
Tus ciudades quedarán en ruinas, sin habitantesc.
»Por eso, vístanse de cilicio,
Laméntense y gimana;
Porque no se ha apartado de nosotros
La ardiente ira del Señorb».
«Y sucederá en aquel día», declara el Señor
«que fallará el corazón del rey
Y el corazón de los príncipesa;
Se quedarán atónitos los sacerdotes
Y los profetas se pasmaránb».”
Entonces dije: «¡Ah, Señor Dios1! Ciertamente has engañadoa en gran manera a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: “Paz tendrán”, cuando tienen la espada al cuello2b».
En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: «Un viento abrasador de las alturas desoladas del desiertoa, en dirección a la hija de Mi pueblo, no para aventar, ni para limpiar,
un viento demasiado fuerte para esto1, vendrá a Mi mandato2. Ahora Yo3 pronunciaré juicios contra ellos.
Miren, él sube como las nubesa,
Y sus carros como un torbellinob;
Sus caballos son más ligeros que las águilasc.
¡Ay de nosotros, porque estamos perdidosd!».
Lava de maldad tu corazón, Jerusalén,
Para que seas salvada.
¿Hasta cuándo morarán dentro de ti
Pensamientos perversosa?
Porque una voz lo anuncia desde Dana,
Y proclama el mal desde los montes de Efraín.
«Avísenlo a las naciones: ¡Aquí están!
Proclamen sobre Jerusalén:
“Sitiadores vienen de tierra lejanaa
Y alzan sus vocesb contra las ciudades de Judá.
“Como guardas de campo están apostados contra ella por todos ladosa,
Porque se ha rebelado contra Míb”, declara el Señor.
»Tu comportamiento y tus acciones
Te han traído1 estas cosas.
Esta es tu maldada. ¡Qué amargab!
¡Cómo ha penetrado hasta tu corazón!».
¡Alma mía, alma mía!
Estoy angustiado, ¡oh corazón mío1!
Mi corazón se agita dentro de mí;
No callaréa,
El sonido de la trompeta,
El pregón de guerrac.
Desastre sobre desastre se anunciaa,
Porque es arrasada toda la tierrab.
De repente son arrasadas mis tiendas,
En un instante mis cortinasc.
¿Hasta cuándo he de ver la bandera
Y he de oír el sonido de la trompeta?
«Porque Mi pueblo es necio,
No me conoce;
Hijos torpes son,
No son inteligentesa.
Astutos son para hacer el mal,
Pero no saben hacer el bienb».
Miré a la tierra, y estaba sin orden y vacía1;
Y a los cielos, y no tenían luza.
Miré a los montes, y temblaban1a,
Y todas las colinas se estremecían.
Miré, y no había hombre algunoa,
Y todas las aves del cielo habían huido.
Miré, y la tierra fértil1 era un desiertoa,
Y todas sus ciudades estaban arrasadas
Delante del Señor, delante del ardor de Su ira.
Porque así dice el Señora:
«Una desolación será toda la tierraa,
Pero no causaré una destrucción totalb.
»Por eso se enlutará la tierra,
Y se oscurecerán los cielos arribab,
Porque he hablado, lo he decidido,
Y no me arrepentiré1, ni me retractaré de elloc».
Al ruido de jinetes y arqueros huye toda la ciudada;
Entran en las espesuras y trepan por los peñascosb.
Toda ciudad está abandonada,
Y no queda en ellas morador algunoc.
Y tú, desolada, ¿qué harása?
Aunque te vistas de escarlata,
Aunque te pongas1 adornos de oro,
Aunque te agrandes los ojos con pinturab,
En vano te embelleces;
Te desprecian tus amantes,
Solo buscan tu vidac.
Porque oí un grito1 como de mujer de partoa,
Angustia como de primeriza;
Era el grito1 de la hija de Sión que se ahogaba,
Y extendía sus manos2b, diciendo:
«¡Ay ahora de mí, porque desfallezco3 ante los asesinos!».
Footnotes
- 1 compañeros.
- 1 guía.
- 1 Lo guardará.
- 2 y has podido.
- aO era ramera.
- 1Así en un y en versiones antiguas; en el , vi.
- 1 no haré que mi rostro caiga sobre ustedes.
- 1 caminos.
- 1 los.
- 1O compañero.
- 1 su.
- 1 YHWH, generalmente traducido SEÑOR.
- 2O y la espada toca hasta el alma.
- 1 estas cosas.
- 2 para mí.
- 3 yo también.
- 1 hecho.
- 1 las paredes de mi corazón.
- 2O yo, mi alma, oí.
- 1O era caos y vacuidad.
- 1 se movían ligeramente.
- 1O el Carmelo.
- 1 no me pesará.
- 1 adornes con.
- 1 una voz.
- 2 palmas.
- 3 mi alma desfallece.
Cross references
- aDt. 24:1–4
- bJer. 2:20; Ezq. 16:26, 28, 29
- cJer. 4:1; Zac. 1:3
- aDt. 12:2; Jer. 2:20; 3:21; 7:29
- bGn. 38:14; Ezq. 16:25
- cJer. 2:7
- aLev. 26:19; Jer. 14:3–6
- bJer. 6:15; 8:12
- aJer. 3:19; 31:9
- bSal. 71:17; Prv. 2:17
- cJer. 2:2; Os. 2:15
- aSal. 103:9; Isa. 57:16; Jer. 3:12
- 1Jer. 17:2; Ezq. 23:4–10
- a2 Rey. 17:13
- bJer. 3:11; Ezq. 16:47
- aDt. 24:1, 3; Isa. 50:1
- bEzq. 16:46, 47; 23:11
- aJer. 2:7; 3:2
- bIsa. 57:6; Jer. 2:27; 10:8
- aJer. 12:2; Os. 7:14
- aEzq. 16:51, 52; 23:11
- aJer. 3:14, 22; Ezq. 33:11
- bJer. 3:5
- cSal. 86:15; Jer. 12:15; 31:20; 33:26
- aDt. 30:1–3; Jer. 3:25; 14:20; 1 Jn. 1:9
- bJer. 2:20, 25; 3:2, 6
- cDt. 12:2
- aJer. 31:32; Os. 2:19
- bJer. 31:6, 12
- aJer. 23:4; 31:10; Ezq. 34:23; Ef. 4:11
- bHech. 20:28
- aIsa. 65:17
- aJer. 17:12; Ezq. 43:7
- bJer. 3:19; 4:2; 12:15, 16; 16:19
- cIsa. 60:9
- dJer. 11:8
- aIsa. 11:13; Jer. 50:4, 5; Os. 1:11
- bJer. 16:15; 31:8
- cAmós 9:15
- aSal. 16:6
- bIsa. 63:16; Jer. 3:4
- aIsa. 48:8
- aIsa. 15:2; Jer. 3:2; 7:29
- bIsa. 17:10; Jer. 2:32; 13:25
- aJer. 30:17; 33:6; Os. 6:1; 14:4
- aJer. 17:2
- bSal. 3:8; Jer. 17:14; 31:7
- aOs. 9:10
- aEsd. 9:6, 7
- bJer. 22:21
- aJer. 3:22; 15:19; Joel 2:12
- bJer. 7:3, 7; 35:15
- aDt. 10:20; Isa. 45:23; 65:16; Jer. 12:16
- bIsa. 48:1
- cGn. 22:18; Jer. 3:17; 12:15, 16; Gál. 3:8
- dIsa. 45:25; Jer. 9:24; 1 Cor. 1:31
- aOs. 10:12
- bMat. 13:7
- aDt. 10:16; 30:6; Jer. 9:25, 26; Rom. 2:28, 29; Col. 2:11
- bIsa. 30:27, 33; Jer. 21:12; Sof. 2:2
- cAmós 5:6; Mar. 9:43, 48
- aJer. 6:1; Os. 8:1
- bJos. 10:20; Jer. 8:14
- aIsa. 62:10; Jer. 4:21; 50:2
- bJer. 1:14, 15; 6:1, 22
- aJer. 5:6; 25:38; 50:17
- bJer. 25:9; Ezq. 26:7–10
- cIsa. 1:7; 6:11; Jer. 2:15
- aIsa. 22:12; Jer. 6:26
- bIsa. 5:25; 10:4; Jer. 30:24
- aIsa. 22:3–5; Jer. 48:41
- bIsa. 29:9, 10; Ezq. 13:9–16
- aEzq. 14:9; 2 Tes. 2:11
- bJer. 5:12; 14:13
- aJer. 13:24; 51:1; Ezq. 17:10; Os. 13:15
- aIsa. 19:1; Nah. 1:3
- bIsa. 5:28; 66:15
- cLam. 4:19; Hab. 1:8
- dIsa. 3:8
- aPrv. 1:22; Jer. 6:19; 13:27; Sant. 4:8
- aJer. 8:16
- aIsa. 39:3; Jer. 5:15
- bEzq. 21:22
- a2 Rey. 25:1, 4
- bIsa. 1:20, 23; Jer. 5:23
- aSal. 107:17; Isa. 50:1; Jer. 2:17, 19
- bJer. 2:19
- aIsa. 15:5; 16:11; 21:3; 22:4; Jer. 9:1, 10; 20:9
- bHab. 3:16
- cNúm. 10:9
- aSal. 42:7; Ezq. 7:26
- bJer. 4:27
- cJer. 10:20
- aJer. 5:4, 21; 10:8; Rom. 1:22
- bJer. 9:3; 13:23; Rom. 16:19; 1 Cor. 14:20
- aGn. 1:2; Isa. 24:19
- aIsa. 5:25; Jer. 10:10; Ezq. 38:20
- aJer. 9:10; 12:4; Sof. 1:3
- aJer. 9:10
- aJer. 12:11, 12; 25:11
- aJer. 5:10, 18; 30:11; 46:28
- bJer. 12:4, 11; 14:2; Os. 4:3
- bIsa. 5:30; 50:3; Joel 2:30, 31
- cNúm. 23:19; Jer. 23:20; 30:24
- a2 Rey. 25:4
- bIsa. 2:19–21; Jer. 16:16
- cJer. 4:7
- aIsa. 10:3; 20:6; Jer. 13:21
- b2 Rey. 9:30; Ezq. 23:40
- cJer. 22:20, 22; Lam. 1:2, 19; Ezq. 23:9, 10, 22
- aIsa. 42:14
- bIsa. 1:15; Lam. 1:17
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