Salmo 73–83
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- TNIV Today’s New International Version
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
SALMO 73
AHORA ESTOY SIEMPRE CONTIGO
Salmo de Asaf.
En verdad es bondadoso Dios con Israel,
con los que tienen limpio el corazón.
Pero mis pasos casi se tuercen,
mis pies por poco resbalan,
pues envidié a los soberbios
al ver la dicha de los malos.
No se angustian por su muerte,
todo su cuerpo está sano;
ignoran las fatigas humanas,
no sufren su azote como los demás.
Por eso, el orgullo ciñe su cuello,
un manto de violencia los cubre.
La maldad surge de sus entrañas,
la ambición desborda su corazón.
Se burlan y hablan con malicia,
se expresan con arrogante tiranía.
Ofenden al cielo con su boca,
con su lengua a los que habitan la tierra.
Por eso el pueblo los sigue
y bebe con deleite su enseñanza.
Dicen: “¡Qué puede saber Dios!
¿Está el saber junto al Altísimo?”.
Mira, estos son los malvados:
viven en paz y atesoran riqueza.
¿De qué me vale purificar mi corazón,
lavar mis manos en señal de inocencia,
si cada día soy golpeado,
castigado cada mañana?
Si dijese: “Hablaré como ellos”,
traicionaría al linaje de tus hijos.
Yo medité tratando de entenderlo
y fue para mí una dura tarea,
hasta que llegué al santuario de Dios
y comprendí entonces su destino.
Porque en verdad tú los colocas
sobre una pendiente resbaladiza,
los empujas a la ruina.
¡Qué pronto son destruidos,
perecen muertos de miedo!
Son, Señor, como un sueño al despertar,
imágenes que olvidas al levantarte.
Cuando mi corazón se enfurecía
y sentía envidia en mi interior,
yo, necio, no comprendía nada,
era como un animal ante ti.
Pero ahora estoy siempre contigo,
tú me agarras de la mano,
con tus consejos me conduces
y después me colmas de gloria.
¿A quién sino a ti tengo en el cielo?
A tu lado no me agrada ya la tierra.
Aunque mi corazón y mi cuerpo desfallezcan,
mi refugio y mi heredad por siempre es Dios.
Quienes de ti se alejan, mueren;
tú destruyes a quien de ti se aparta.
Pero yo junto a Dios soy feliz,
en Dios mi Señor me refugio
para proclamar todas sus obras.
SALMO 74
DEFIENDE TU CAUSA, SEÑOR
Poema de Asaf.
¿Por qué, Dios, nos has abandonado para siempre
y tu ira se ha encendido contra tu rebaño?
Recuerda a la comunidad que antaño adquiriste,
a la tribu que rescataste como heredad tuya,
a este monte Sión donde tú habitas.
Encamina tus pasos hacia las ruinas eternas:
el enemigo ha devastado todo en el santuario.
Tus rivales rugían en medio de tu asamblea,
levantaban como señal de victoria sus estandartes.
Aparecieron como quien blande
un hacha en un bosque espeso;
con hachas y martillos
destrozaron los bajorrelieves;
prendieron fuego a tu santuario,
profanaron la morada de tu nombre.
Pensaron: “¡Destruyámoslos de una vez!”.
Y quemaron las moradas de Dios en la tierra.
No tenemos bandera, no queda un profeta
y nadie entre nosotros sabe cuánto durará.
¿Hasta cuándo, oh Dios, blasfemará el rival?
¿Difamará siempre tu nombre el enemigo?
¿Por qué está inactiva tu mano
y tu diestra reposa en tu regazo?
Dios es mi rey desde antiguo,
mi salvador en medio de la tierra.
Tú dividiste el mar con poder,
rompiste la cabeza de los monstruos marinos;
destrozaste las cabezas de Leviatán,
lo diste como pasto a una jauría de alimañas.
Tú hiciste fluir manantiales y arroyos,
secaste los ríos de corrientes sin fin.
Tuyo es el día, tuya la noche;
tú creaste la luna y el sol,
fijaste los límites de la tierra,
verano e invierno tú formaste.
Recuerda, Señor, que el enemigo te ha injuriado,
que un pueblo miserable difama tu nombre.
¡No arrojes a las fieras la vida de tu tórtola,
no olvides jamás la vida de tus humildes!
Dirige tu mirada a la alianza,
pues hasta los últimos rincones del país
están repletos de violencia.
Que el oprimido no regrese avergonzado,
que el humilde y el pobre alaben tu nombre.
Oh Dios, ponte en acción, defiende tu causa,
recuerda que sin cesar te ofende el insensato.
No olvides el clamor de tu adversario,
el grito de tus rivales que no para de crecer.
SALMO 75
ES DIOS QUIEN JUZGA
Al maestro del coro. Según la melodía “No destruyas”. Salmo de Asaf. Canto.
Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias,
invocando tu nombre, proclamando tus maravillas.
“Cuando yo lo decida, juzgaré con rectitud;
aunque tiemble la tierra y quienes la habitan,
soy yo quien sostiene sus columnas. [Pausa[
Dije a los insolentes: ¡no se insolenten!
Y a los malvados: ¡no alcen la frente!
No alcen tanto su frente,
no hablen con el cuello erguido”.
No vendrá del este ni del oeste,
ni del desierto ni de las montañas;
es Dios quien juzga:
a este humilla, a aquel exalta.
Una copa hay en la mano del Señor,
un vino espumoso mezclado con especias;
de él escancia y los malvados de la tierra
lo beben, lo apuran hasta el fondo.
Pero yo siempre proclamaré
y cantaré al Dios de Jacob:
combatiré a los malvados,
el justo saldrá victorioso.
SALMO 76
DIOS HABITA EN SIÓN
Al maestro del coro. Con instrumentos de cuerda. Salmo de Asaf. Canto.
En Judá Dios se da a conocer,
en Israel es grande su nombre;
en Salén tiene su tienda,
en Sión está su morada.
Allí rompió las flechas del arco,
el escudo, la espada y las armas. [Pausa[
Esplendoroso, majestuoso eres tú,
más que los montes llenos de caza.
Los valientes, despojados, cayeron dormidos;
quedaron sin fuerza los hombres valerosos.
Oh Dios de Jacob, a tu grito
se aturdieron caballos y carros.
Tú eres temible, ¿quién resistirá
ante ti cuando tu cólera estalle?
Desde el cielo proclamas la sentencia;
la tierra se atemoriza y guarda silencio
cuando Dios se levanta para juzgar,
para salvar a los humildes de la tierra. [Pausa[
Hasta el furor de los humanos te engrandece,
los que escapan a tu cólera te sirven de corona.
Hagan promesas a Dios su Señor y cúmplanlas;
que cuantos lo rodean traigan ofrendas al Temible,
pues él deja sin aliento a los príncipes
e infunde respeto a los reyes de la tierra.
SALMO 77
MI VOZ ALZO A DIOS Y PIDO AUXILIO
Al maestro del coro. De Yedutún. Salmo de Asaf.
Mi voz alzo a Dios y pido auxilio,
mi voz alzo a Dios y él me escucha.
Cuando estoy angustiado busco a mi Señor,
de noche alzo mis manos sin descanso
y no acepto recibir consuelo alguno.
Recuerdo a Dios y me estremezco,
reflexiono y quedo abatido. [Pausa[
Tú me impides cerrar los ojos,
estoy inquieto y no puedo hablar.
Pienso en los días de antaño,
en los años del pasado;
de noche recuerdo mi canto,
reflexiono y me pregunto:
“¿Nos abandona para siempre el Señor
y no vuelve nunca a aceptarnos?
¿Se acabó para siempre su bondad?
¿Ha cesado eternamente su palabra?
¿Acaso olvidó Dios ser compasivo?
¿Ha cerrado con ira sus entrañas?”. [Pausa[
Y yo digo: “Esto es lo que me aflige,
que el favor del Altísimo ha cambiado”.
Recuerdo las proezas de Dios,
recuerdo tus prodigios de antaño;
sobre todos tus actos medito,
sobre tus hechos reflexiono.
Oh Dios, santo es tu camino,
¿qué dios es tan grande como Dios?
Tú eres el Dios que haces prodigios,
tú muestras tu poder entre los pueblos;
con tu brazo redimiste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y José. [Pausa[
Te vieron, oh Dios, las aguas,
te vieron las aguas y temblaron,
los abismos del mar se estremecieron;
las nubes vertieron lluvias,
tronaron los cielos, zigzaguearon tus rayos.
Tu voz tronaba en el torbellino,
los rayos iluminaron el mundo,
se estremeció y tembló la tierra.
En el mar trazaste tu camino,
en las aguas caudalosas tu sendero,
y nadie descubrió tu rastro.
Cual rebaño guiaste a tu pueblo
por medio de Moisés y Aarón.
SALMO 78
CONTAREMOS LAS PROEZAS DEL SEÑOR
Salmo de Asaf.
Pueblo mío, escucha mi enseñanza,
atiendan a las palabras de mi boca.
Con sentencias sabias hablaré,
proclamaré enigmas de antaño.
Lo que nosotros oímos y sabemos,
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a sus hijos;
a la nueva generación le contaremos
las proezas del Señor y su poder,
las maravillas que él hizo.
Él estableció una norma en Jacob,
una ley instituyó en Israel;
él ordenó a nuestros padres
enseñarlas a sus hijos,
para que la generación venidera lo sepa
y los hijos que habrán de nacer
se dispongan a contarlo a sus hijos.
Así estos confiarán en Dios,
no olvidarán sus proezas
y respetarán sus mandatos;
no serán como sus padres,
generación terca y rebelde
que no fue fiel a Dios.
Los hijos de Efraín, diestros arqueros,
huyeron el día de la batalla.
No respetaron la alianza,
no quisieron seguir su ley;
olvidaron sus proezas,
los portentos que les mostró.
Ante sus padres hizo prodigios
en el país de Egipto, en los campos de Soán.
Abrió el mar y los hizo pasar,
como un dique detuvo las aguas;
con una nube los guiaba de día,
con luz de fuego durante la noche;
en el desierto hendió las rocas,
calmó su sed en caudalosos manantiales;
hizo brotar arroyos de las peñas
y como ríos descendieron las aguas.
Pero de nuevo pecaron contra él,
se rebelaron contra el Altísimo en el desierto.
En su interior retaron a Dios,
reclamaron comida con ansia.
Hablaron contra Dios, dijeron:
“¿Podrá Dios preparar una mesa en el desierto?
Es verdad que golpeó la roca
y el agua manó, los arroyos fluyeron;
pero ¿podrá también dar pan,
proporcionar carne a su pueblo?”.
Lo oyó el Señor y se llenó de furia,
su ira se encendió contra Jacob,
se alzó en cólera contra Israel,
porque no habían creído en Dios,
no confiaban en su salvación.
Entonces dio la orden a las nubes
y las puertas del cielo se abrieron.
Les hizo llover maná para comer,
les ofreció trigo del cielo.
Pan de ángeles* comió el ser humano,
víveres mandó para saciarlos.
En el cielo hizo soplar viento del este,
viento del sur levantó con su poder.
Les llovió carne abundante como el polvo,
aves numerosas como la arena del mar;
en medio del campamento las hizo caer,
alrededor de sus tiendas.
Ellos comieron hasta hartarse
y él cumplió así sus deseos.
Pero no estaban aún satisfechos,
aún tenían la comida en la boca
cuando Dios se enfureció con ellos
y acabó con los más vigorosos,
abatió a los mejores de Israel.
A pesar de ello siguieron pecando,
no confiaron en sus maravillas.
Entonces en un soplo consumió sus días,
sus años en un súbito terror.
Si los hacía morir lo buscaban,
se arrepentían dirigiéndose a él;
recordaban que Dios era su refugio,
el Dios Altísimo su redentor.
Pero con su boca lo engañaban,
con su lengua le mentían;
su corazón no era sincero,
eran infieles a su alianza.
Él, misericordioso, perdonaba
su pecado y no los destruía;
su ira contenía una y otra vez,
no desplegaba todo su furor.
Recordaba…
This passage has been shortened. Keep reading Salmo 73–83 in Logos
Footnotes
- [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.
- *Signo indicativo de nota
- *Pan de ángeles: Así según la versión griega de los ; el hebreo dice: Pan de fuertes.
Copyright 2011 Sociedad Bíblica de España