Salmo 25–27
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SALMO 25
ACUÉRDATE, SEÑOR, DE TU MISERICORDIA
De David.
A ti me dirijo, Señor.
Dios mío, en ti confío, no me defraudes,
que mis enemigos no se burlen de mí.
Quien en ti espera no quedará defraudado;
pero sí quedará confundido
el que es infiel sin motivo.
Señor, muéstrame tus caminos,
enséñame tus sendas,
instrúyeme en tu verdad; enséñame,
porque tú eres el Dios que me salva,
en ti pongo mi esperanza cada día.
Recuerda, Señor, tu misericordia
y tu amor que desde siempre existen;
olvida mis faltas de juventud y mis pecados,
recuérdame en tu amor, por tu bondad, Señor.
El Señor es bueno y recto,
él muestra el camino a los pecadores,
instruye en la justicia a los humildes,
enseña a los humildes su camino.
Las sendas del Señor son amor y verdad
para quienes respetan su alianza y sus mandatos.
Señor, haciendo honor a tu nombre,
perdona mi grave pecado.
A quien venere al Señor,
él le enseñará qué camino elegir;
vivirá con prosperidad
y su descendencia heredará la tierra.
El Señor se confía a sus fieles
anunciándoles su alianza.
Mis ojos tengo siempre en el Señor,
él libera mis pies de la trampa.
Atiéndeme, apiádate de mí
que estoy solo y desvalido.
Mis angustias se multiplican,
líbrame tú de mis pesares.
Mira mis aflicciones y penas,
perdóname mis pecados;
mira cuántos son mis enemigos
y el rencor con que me odian.
Protégeme, sálvame,
no me defraudes, pues en ti confío.
La integridad y la rectitud me protejan
porque en ti tengo puesta mi esperanza.
¡Señor, libera a Israel
de todas sus angustias!
SALMO 26
HAZME JUSTICIA, SEÑOR
De David.
Hazme justicia, Señor, pues camino con rectitud.
En el Señor confío, jamás dudaré.
Señor, examíname, ponme a prueba,
sondea mi conciencia y mis pensamientos.
Ante mí tengo presente tu amor
y con tu verdad recorro mi camino.
No tomo asiento con los falsos
ni me alío con los hipócritas;
detesto la asamblea de los malvados
y no me siento con los perversos.
Lavo mis manos en señal de inocencia
y me acerco a tu altar, Señor,
para hacer resonar un clamor de gratitud
y proclamar todas tus maravillas.
Señor, yo amo la casa en que habitas,
el lugar que es morada de tu gloria.
No me reúnas con pecadores,
ni con gente sanguinaria,
que el mal está en sus manos
y el soborno colma su diestra.
Pero yo camino con rectitud,
sálvame y apiádate de mí.
Mis pies están firmes en el camino recto.
En medio de la asamblea bendeciré al Señor.
SALMO 27
EL SEÑOR ME ACOGE
De David.
El Señor es mi luz, mi salvación,
¿de quién tendré miedo?
El Señor es mi refugio,
¿a quién temeré?
Cuando los malvados me atacan
para devorarme,
son ellos, enemigos y adversarios,
los que tropiezan y caen.
Si acampara contra mí un ejército,
no tendría miedo;
si se declarase contra mí una guerra,
me sentiría seguro.
Una sola cosa pido al Señor,
sólo esto quiero:
sentarme en la casa del Señor
todos los días de mi vida,
contemplar la gracia del Señor
y frecuentar su Templo.
Me resguardará en su cabaña
en el tiempo adverso,
me protegerá al abrigo de su Tienda,
me alzará sobre una roca.
Y entonces yo venceré
al enemigo que me asedia,
ofreceré en su tienda
sacrificios jubilosos;
cantaré y alabaré al Señor.
Escúchame, Señor, yo te llamo;
apiádate de mí, atiéndeme.
De ti el corazón me dice:
“¡Busca mi rostro!”.
Y yo, Señor, tu rostro estoy buscando.
No me ocultes tu rostro,
no rechaces con ira a tu siervo;
tú eres mi ayuda:
no me dejes, no me abandones,
Dios salvador mío.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me acogerá.
Muéstrame, Señor, tu camino,
llévame por la senda recta
porque tengo enemigos.
No me dejes a merced de mis rivales,
que se alzan contra mí testigos falsos
y se extiende la violencia.
Confío en ver la bondad del Señor
en la tierra de los vivos.
Espera en el Señor,
sé fuerte, ten firmeza;
pon tu esperanza en el Señor.
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