Proverbios 19–20
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones
Español
Alemán
Árabe
Checo
Chino simplificado
Chino tradicional
Coreano
Francés
Hebreo
Húngaro
Inglés
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
Italiano
Latín
Portugués
Ruso
Más vale pobre de conducta recta
que necio de labios perversos.
Cuando no hay saber, no vale afán;
pies apresurados se pierden.
El necio arruina su destino
y en su interior echa las culpas al Señor.
La riqueza hace muchas amistades,
pero al pobre hasta su amigo lo abandona.
Testigo falso no quedará impune,
el mentiroso sufrirá las consecuencias.
Muchos buscan el favor del poderoso
y todos se hacen amigos del espléndido.
*Si al pobre lo desprecian sus hermanos,
con más razón lo abandonan sus amigos.
El que adquiere cordura aprecia su vida,
quien cuida la inteligencia halla la dicha.
Testigo falso no quedará impune,
el mentiroso perecerá.
No es propio de necios vivir entre lujos,
tampoco es de siervos gobernar a príncipes.
Persona sensata domina su ira
y tiene a gala disculpar una ofensa.
La cólera del rey es rugido de león,
su favor es rocío sobre la hierba.
Hijo necio, desgracia del padre;
mujer pendenciera, gotera incesante.
Casa y hacienda, herencia de los padres;
mujer prudente, regalo del Señor.
La pereza hunde en la modorra,
el indolente pasará hambre.
Quien respeta el precepto respeta su vida,
quien deshonra su conducta morirá.
Quien favorece al pobre presta al Señor
y recibirá su recompensa.
Castiga a tu hijo mientras hay esperanza,
pero no te obceques hasta matarlo.
El violento cargará con su multa;
si lo disculpas, empeorarás las cosas.
Escucha el consejo, acepta la corrección
y al final llegarás a sabio.
El ser humano concibe proyectos,
lo que prevalece es la decisión del Señor.
Lo que uno busca es ser leal,
más vale pobre que mentiroso.
El respeto al Señor lleva a la vida:
hace dormir a gusto y sin pesadillas.
El perezoso mete la mano en el plato,
pero no es capaz de llevarla a la boca.
Castiga al insolente y el ingenuo se hará cauto,
corrige al inteligente y aprenderá la lección.
Quien maltrata al padre y expulsa a la madre
es hijo infame y falto de vergüenza.
Si dejas, hijo mío, de escuchar la enseñanza,
te alejarás de los dichos sensatos.
Testigo desalmado se burla de la justicia,
la boca del malvado no se harta de maldad.
Listos están los látigos para los arrogantes
y los azotes para la espalda del necio.
Pendenciero es el vino y agresivo el alcohol,
quien se pierde en ellos no llegará a sabio.
El furor del rey es rugido de león,
quien lo provoca pierde la vida.
Es honorable evitar contiendas,
pero todo insensato se mete en peleas.
Tras la cosecha el perezoso no ara,
luego busca en tiempo de siega y no hay nada.
Agua profunda es el consejo en el corazón,
la persona inteligente la saca.
Son muchos los que proclaman su lealtad,
pero, ¿quién hallará una persona fiel?
El justo procede con rectitud,
¡dichosos los hijos que deja!
Rey sentado en tribunal
descubre con sus ojos todo mal.
¿Quién puede decir: “Mi conciencia es pura,
estoy limpio de pecado”?
Pesos y medidas dobles:
el Señor aborrece ambas cosas.
Ya en sus obras anticipa el muchacho
si será pura y recta su conducta.
Oído que escucha y ojo que ve,
los dos son obra del Señor.
No ames el sueño y no empobrecerás;
mantente vigilante y no te faltará pan.
“¡Qué mala mercancía!”, dice el comprador;
pero una vez comprada, se felicita.
Abundan el oro y las piedras preciosas;
la joya más preciosa, unos labios instruidos.
Quítale el vestido por ser fiador de extraños,
tómale prenda, pues avaló a un desconocido.
Resulta sabroso el pan fraudulento,
mas luego es como arena en la boca.
Confirma los proyectos con consejos
y emprende la guerra después de calcular bien.
El chismoso divulga secretos,
no te juntes con gente parlanchina.
A quien maldice a su padre y a su madre
se le apagará la lámpara en plena oscuridad.
Riqueza apresurada en sus comienzos,
a la postre no será bendecida.
No digas: “Me vengaré del mal”;
confía en el Señor y él te salvará.
El Señor aborrece el doble peso,
las balanzas trucadas son ilícitas.
El Señor dirige los pasos humanos;
¿cómo conocerá una persona su camino?
Es peligroso decir a la ligera: “Esto prometo”
y después reconsiderar lo prometido.
Rey sabio avienta a los malvados
y hace que el trillo los triture.
El Señor ha dado al ser humano un espíritu
como luz que sondea lo más profundo de su ser.
Amor y verdad protegen al rey;
su trono se sostiene en la bondad.
La fuerza es el orgullo de los jóvenes;
las canas, el honor de los ancianos.
Heridas y llagas purifican del mal,
los golpes sanan lo más profundo del ser.
Notas al pie
Copyright 2011 Sociedad Bíblica de España