Salmo 115–118
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Salmo 115
Contraste entre los idolos y el Señor
No a nosotros, Señor, no a nosotrosa,
Sino a Tu nombre da gloriab,
Por Tu misericordia, por Tu fidelidad1.
¿Por qué han de decir las nacionesa:
¿Dónde está ahora su Diosb?».
Nuestro Dios está en los cielosa;
Él hace lo que le placeb.
aLos ídolos de ellos son plata y orob,
Obra de manos de hombrec.
Tienen boca, y no hablana;
Tienen ojos, y no ven;
Tienen oídos, y no oyen;
Tienen nariz, y no huelen;
Tienen manos, y no tocan;
Tienen pies, y no caminan;
No emiten sonido alguno con su garganta.
Se volverán como ellos los que los hacen,
Y todos los que en ellos confíana.
Oh Israela, confía en el Señorb;
Él es tu ayuda y tu escudoc.
Oh casa de Aaróna, confíen ustedes en el Señor;
Él es su ayuda y su escudo.
Los que temen1 al Señora, confíen en el Señor;
Él es su ayuda y su escudo.
El Señor se ha acordado de nosotrosa; Él nos bendecirá;
Bendecirá a la casa de Israel;
Bendecirá a la casa de Aarón.
Él bendecirá a los que temen al Señora,
Tanto a pequeños como a grandesb.
El Señor los prosperea,
A ustedes y a sus hijos.
Benditos sean del Señor,
Que hizo los cielos y la tierraa.
Los cielos son los cielos del Señora,
Pero la tierra la ha dado a los hijos de los hombresb.
Los muertos no alaban al Señora,
Ni ninguno de los que descienden al silenciob.
Pero nosotros bendeciremos al Señora
Desde ahora y para siempre.
¡Aleluya!
Salmo 116
Acción de gracias personal
Mi voz y mis súplicas.
Porque a mí ha inclinado Su oídoa;
Por tanto le invocaré mientras yo viva.
Los lazos de la muerte me rodearona,
Y los terrores del Seol vinieron sobre mí;
Angustia y tristeza encontré.
Invoqué entonces el nombre del Señora, diciendo:
«Te ruego, oh Señor: salva mi vidab».
Clementea y justob es el Señor;
Sí, compasivo es nuestro Diosc.
El Señor guarda a los sencillosa;
Estaba yo postradob y me salvó.
Vuelve, alma mía, a tu reposoa,
Porque el Señor te ha colmado de bienesb.
Pues Tú has rescatado mi alma de la muertea,
Mis ojos de lágrimas,
Mis pies de tropezar.
Andaré delante del Señor
En la tierra de los vivientesa.
Yo creía, aun cuando decíaa:
«Estoy muy afligidob».
Dije alarmadoa:
«Todo hombre es mentirosob».
¿Qué daré al Señora
Por todos Sus beneficios para conmigob?
Alzaré la copa de la salvacióna,
E invocaré el nombre del Señorb.
Cumpliré mis votos al Señora,
Sí, en presencia de todo Su pueblob.
Estimada a los ojos del Señora
Es la muerte de Sus santos.
¡Ah, Señor! Ciertamente yo soy Tu siervoa,
Siervo Tuyo soy, hijo de Tu siervab;
Tú desataste mis atadurasc.
Te ofreceré sacrificio de acción de graciasa,
E invocaré el nombre del Señorb.
Al Señor cumpliré mis votos,
Sí, en presencia de todo Su puebloa,
En los atrios de la casa del Señora,
En medio de ti, oh Jerusalénb.
¡Aleluya!
Salmo 117
Salmo de alabanza
Alaben al Señora, naciones todas;
Alábenle, pueblos todos.
Porque grande es Su misericordia para con nosotrosa,
Y la fidelidad1 del Señor es eternab.
¡Aleluya!
Salmo 118
Acción de gracias al Señor
aDen gracias al Señor, porque Él es bueno;
Porque para siempre es Su misericordiab.
Diga ahora Israela:
“Para siempre es Su misericordia.”
Diga ahora la casa de Aaróna:
«Para siempre es Su misericordia».
Digan ahora los que temen1 al Señora:
«Para siempre es Su misericordia».
En medio de mi angustia invoqué al Señora;
El Señor me respondió y me puso en un lugar espaciosob.
El Señor está a mi favora; no temeréb.
¿Qué puede hacerme el hombrec?
El Señor está por mí entre los que me ayudana;
Por tanto, miraré triunfante sobre los que me aborrecenb.
Es mejor refugiarse en el Señor
Que confiar en el hombrea.
Es mejor refugiarse en el Señor
Que confiar en príncipesa.
Todas las naciones me rodearona;
En el nombre del Señor ciertamente las destruíb.
Me rodearon, sí, me rodearona;
En el nombre del Señor ciertamente las destruí.
Me rodearon como abejasa;
Fueron extinguidas como fuego de espinosb;
En el nombre del Señor ciertamente las destruí.
Me empujaste con violenciaa para que cayera,
Pero el Señor me ayudób.
El Señor es mi fortaleza y mi cancióna,
Y ha sido salvación para míb.
Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justosa;
La diestra del Señor hace proezasb.
La diestra del Señor es exaltadaa;
La diestra del Señor hace proezas.
No moriré, sino que viviréa,
Y contaré las obras del Señorb.
El Señor me ha reprendido severamentea,
Pero no me ha entregado a la muerteb.
Ábranme las puertas de la justiciaa;
Entraré por ellas y daré gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor;
Los justos entrarán por ellaa.
Te daré gracias porque me has respondidoa,
Y has sido mi salvaciónb.
La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser la piedra principal del ánguloa.
Obra del Señor es esto;
Admirable a nuestros ojos.
Este es el día que el Señor ha hecho;
Regocijémonos y alegrémonos en éla.
Te rogamos, oh Señor, sálvanosa ahora;
Te rogamos, oh Señor, prospéranosb ahora.
Bendito el que viene en el nombre del Señora;
Desde la casa del Señor los bendecimosb.
El Señor es Diosa y nos iluminab;
Aten el sacrificio de la fiesta con cuerdas a los cuernos del altarc.
Tú eres mi Diosa, y te doy gracias;
Tú eres mi Dios, y yo te exaltob.
Den gracias al Señor, porque Él es bueno;
Porque para siempre es Su misericordiaa.
Footnotes
Cross references
- aIsa. 48:11; Ezq. 36:22
- bSal. 29:2; 96:8
- aSal. 79:10
- bSal. 42:3, 10
- aSal. 103:19
- bSal. 135:6; Dan. 4:35
- aSal. 115:4–8: Sal. 135:15–18
- bJer. 10:4
- cDt. 4:28; 2 Rey. 19:18; Isa. 37:19; 44:10, 20; Jer. 10:3
- aJer. 10:5
- aSal. 135:18; Isa. 44:9–11
- aSal. 118:2; 135:19
- bSal. 37:3; 62:8
- cSal. 33:20
- aSal. 118:3; 135:19
- aSal. 22:23; 103:11; 135:20
- aSal. 98:3
- aSal. 103:11; 112:1; 128:1
- bApoc. 11:18; 19:5
- aDt. 1:11
- aGn. 1:1; Neh. 9:6; Sal. 96:5; 102:25; 121:2; 124:8; 134:3; 146:6; Hech. 14:15; Apoc. 14:7
- aSal. 89:11
- bSal. 8:6
- aSal. 6:5; 88:10–12; Isa. 38:18
- bSal. 31:17
- aSal. 113:2; Dan. 2:20
- aSal. 18:1
- bSal. 6:8; 66:19; Isa. 37:17; Dan. 9:18
- aSal. 17:6; 31:2; 40:1
- aSal. 18:4, 5
- aSal. 18:6; 118:5
- bSal. 17:13; 22:20
- aSal. 86:15; 103:8
- bEsd. 9:15; Neh. 9:8; Sal. 119:137; 145:17; Jer. 12:1; Dan. 9:14
- cEx. 34:6
- aSal. 19:7; Prv. 1:4
- bSal. 79:8; 142:6
- aJer. 6:16; Mat. 11:29
- bSal. 13:6; 142:7
- aSal. 49:15; 56:13; 86:13
- aSal. 27:13
- a2 Cor. 4:13
- bSal. 88:7
- aSal. 31:22
- bSal. 62:9; Rom. 3:4
- a2 Crón. 32:25; 1 Tes. 3:9
- bSal. 103:2
- aSal. 16:5
- bSal. 80:18; 105:1
- aSal. 50:14; 116:18
- bSal. 22:25
- aSal. 72:14
- aSal. 86:16; 119:125; 143:12
- bSal. 86:16
- cSal. 107:14
- aLev. 7:12; Sal. 50:14
- bSal. 116:13
- aSal. 116:14
- aSal. 92:13; 96:8; 135:2
- bSal. 102:21
- aRom. 15:11
- aSal. 103:11
- bSal. 100:5; 146:6
- aSal. 106:1; 107:1; 136:1
- b1 Crón. 16:34, 41; 2 Crón. 5:13; 7:3; Esd. 3:11; Sal. 100:5; Jer. 33:11
- aSal. 115:9
- aSal. 115:10
- aSal. 115:11
- aSal. 18:6; 86:7; 120:1
- bSal. 18:19
- aJob 19:27; Sal. 56:9; Heb. 13:6
- bSal. 23:4; 27:1
- cSal. 56:4, 11
- aSal. 54:4
- bSal. 54:7; 59:10
- a2 Crón. 32:7, 8; Sal. 40:4; 108:12; Isa. 31:1, 3; 57:13; Jer. 17:5
- aSal. 146:3
- aSal. 3:6; 88:17
- bSal. 18:40
- aSal. 88:17
- aDt. 1:44
- bSal. 58:9; Nah. 1:10
- aSal. 140:4
- bSal. 86:17
- aEx. 15:2; Isa. 12:2
- bSal. 27:1
- aSal. 68:3
- bEx. 15:6; Sal. 89:13; Luc. 1:51
- aEx. 15:6; Sal. 89:13
- aSal. 6:5; 116:8, 9; Hab. 1:12
- bSal. 73:28; 107:22
- aSal. 73:14; Jer. 31:18; 1 Cor. 11:32; 2 Cor. 6:9
- bSal. 86:13
- aIsa. 26:2
- aSal. 15:1, 2; 24:3–6; 140:13; Isa. 35:8; Apoc. 22:14
- aSal. 116:1; 118:5
- bSal. 118:14
- aMat. 21:42; Mar. 12:10, 11; Luc. 20:17; Hech. 4:11; Ef. 2:20; 1 Ped. 2:7
- aSal. 31:7
- aSal. 106:47
- bSal. 122:6, 7
- aMat. 21:9; 23:39; Mar. 11:9; Luc. 13:35; 19:38; Juan 12:13
- bSal. 129:8
- a1 Rey. 18:39
- bEst. 8:16; Sal. 18:28; 27:1; 1 Ped. 2:9
- cEx. 27:2
- aSal. 63:1; 140:6
- bEx. 15:2; Isa. 25:1
- aSal. 118:1
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