Logos Bible Study

Lucas 23–24

Nueva Biblia de las AméricasOther versions

Spanish

Arabic

Czech

English

French

German

Greek

Hungarian

Italian

Korean

Latin

Portuguese

Russian

Simplified Chinese

Traditional Chinese

Jesús ante Pilato

Toda la asamblea de ellos se levantó, y llevaron a Jesús ante Pilatoa.

aY comenzaron a acusar a Jesús, diciendo: «Hemos hallado que este pervierte a nuestra naciónb, prohibiendo pagar1 impuesto a Césarc, y diciendo que Él mismo es Cristo2, un Rey»

Pilato preguntó a Jesús: «¿Eres Tú el Rey de los judíos?». «Tú lo dicesa», le respondió Jesús.

Entonces Pilato dijo a los principales sacerdotes y a la multitud: «No encuentro delito en este hombrea»

Pero ellos insistían, diciendo: «Él alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galileaa hasta aquí»

Cuando Pilato oyó esto, preguntó si el hombre era galileo.

Al saber que Jesús pertenecía a la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodesa, que también estaba en Jerusalén en aquellos1 días.

Jesús ante Herodes

Al ver a Jesús, Herodes se alegró en gran manera, pues hacía mucho tiempo que lo quería vera por lo que había oído hablar de Él, y esperaba ver alguna señal1 que Él hiciera.

Lo interrogó extensamente1, pero Jesús nada le respondióa.

Los principales sacerdotes y los escribas también estaban allí, y lo acusaban con vehemencia.

Entonces Herodes, con sus soldados, después de tratar a Jesús con desprecio y burlarse de Él, lo vistieron con un espléndido mantoa. Después Herodes lo envió de nuevo a Pilato.

Aquel mismo día Herodes y Pilatoa se hicieron amigos, pues antes habían estado enemistados el uno con el otro.

Pilato condena a Jesús

Pilato convocó a los principales sacerdotes, a los gobernantesa y al pueblo,

y les dijo: «Me han presentado a este hombre como uno que incita al pueblo a la rebelióna, pero habiéndolo interrogado yo delante de ustedes, no he hallado ningún delito en este hombreb de las acusaciones que hacen contra Él.

»Ni tampoco Herodesa, pues nos lo ha remitido de nuevo; ya que nada ha hecho1 que merezca la muerte.

»Por tanto, lo voy a castigar y después, lo soltaréa»

1Y tenía obligación de soltarles un preso en cada fiesta.

Pero todos ellos gritaron a una: «¡aFuera con este, y suéltanos a Barrabás!»

Barrabás había sido echado en la cárcel por un levantamiento ocurrido en la ciudad, y por homicidio.

Pilato, queriendo soltar a Jesús, les volvió a hablar,

pero ellos continuaban gritando: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!»

Y él les dijo por tercera vez: «¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho Este? No he hallado en Él ningún delito digno de muerte; por tanto, lo castigaré y lo soltaréa»

Pero ellos insistían, pidiendo a grandes voces que fuera crucificado, y sus voces comenzaron a predominar.

Entonces Pilato decidió1 que se les concediera su demanda.

Y soltó al que ellos pedían, al que había sido echado en la cárcel por insurrección y homicidio, pero entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

Jesús se dirige al Calvario

aCuando lo llevaban, tomaron a un tal Simón de Cirene que venía del campo y le pusieron la cruz encima para que la llevara detrás de Jesúsb.

Y seguía a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres que lloraban1 y se lamentabana por Él.

Pero Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren por Mí; lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos.

»Porque vienen días en que dirán: “Dichosas las estériles, los vientres que nunca concibieron y los senos que nunca criarona”.

»Entonces comenzarán a decir a los montes: “Caigan sobre nosotros”; y a los collados: “Cúbrannosa.”

»Porque si en el árbol verde hacen esto, ¿qué sucederá en el seco?».

También llevaban a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos con Éla.

La crucifixión

aCuando llegaron al lugar llamado «La Calavera1», crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Y Jesús decía: «Padrea, perdónalos, porque no saben lo que hacen1». Y los soldados echaron suertes, repartiéndose entre sí Sus vestidosb.

El pueblo estaba allí mirando; y aun los gobernantesa se burlaban de Él, diciendo: «A otros salvó; que se salve Él mismob si Este es el Cristo1 de Dios, Su Escogido»

Los soldados también se burlaban de Jesús, y se acercaban a Él y le ofrecían vinagrea,

diciendo: «Si Tú eres el Rey de los judíos, sálvate a Ti mismoa»

Había también una inscripción sobre Él1, que decía: «ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOSa»

Los dos malhechores

Uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultosa, diciendo: «¿No eres Tú el Cristo? ¡Sálvate a Ti mismob y a nosotros!».

Pero el otro le contestó, y reprendiéndolo, dijo: «¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena?

»Nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos1; pero este nada malo ha hecho»

Y añadió: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en1 Tu reino»

«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraísoa».

Muerte de Jesús

aEra ya como la hora sexta1, cuando descendieron2 tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena3b,

al eclipsarse el sol. El velo del templo se rasgó en dos1a.

Y Jesús, clamando a gran voz, dijo: «Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritua.” Habiendo dicho esto, expirób.

Al ver el centurión lo que había sucedidoa, glorificaba a Diosb, diciendo: «Ciertamente, este hombre era inocente1»

Todas las multitudes que se habían reunido para presenciar este espectáculo, al observar lo que había acontecido, se volvieron golpeándose el pechoa.

Pero todos los conocidos de Jesús y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea, estaban a cierta distancia viendo estas cosasa.

Sepultura de Jesús

aHabía un hombre llamado José, miembro del Concilio1b, varón bueno y justo,

el cual no había estado de acuerdo con el plan y el proceder de los demás1, que era de Arimatea, ciudad de los judíos, y que esperaba el reino de Diosa.

Este fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús,

y bajándolo, lo envolvió en un lienzo de lino, y lo puso en un sepulcro excavado en la roca donde nadie había sido puesto todavía.

Era el día de la preparacióna, y estaba para comenzar el día de reposo.

Y las mujeres que habían venido con Jesús desde Galileaa siguieron detrás, y vieron el sepulcro y cómo fue colocado Su cuerpo.

Cuando regresaron, prepararon especias aromáticas y perfumesa.

Y en el día de reposo descansaron según el mandamientob.

La resurrección

aPero el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro trayendo las especias aromáticas que habían preparado.

Encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro,

y cuando entraron, no hallaron el cuerpo del Señor Jesúsa.

Aconteció que estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron junto a ellas dos varonesa en vestiduras resplandecientesb.

Estando ellas aterrorizadas e inclinados sus rostros a tierra, ellos les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?

»No está aquí, sino que ha resucitadoa. Acuérdense cómo les habló cuando estaba aún en Galileab,

diciendo que el Hijo del Hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer día resucitara»

Entonces ellas se acordaron de Sus palabrasa,

y regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los once apóstoles y a todos los demás.

Eran María Magdalena y Juanaa y María, la madre de Jacobo1b. También las demás mujeres con ellas decían estas cosas a los apóstolesc.

A ellos estas palabras les parecieron como disparates, y no las creyerona.

Pero Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Inclinándose para mirar adentro, vio* solo1 las envolturas de linoa, y se fue a su casab maravillado de lo que había acontecido.

Jesús se manifiesta a dos discípulos

Aquel mismo día dos de los discípulos iban a una aldeaa llamada Emaús, que estaba como a once kilómetros de Jerusalén.

Conversaban entre sí acerca de todas estas cosas que habían acontecido.

Y mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos.

Pero sus ojos estaban velados1 para que no lo reconocierana.

Y Él les dijo: «¿Qué discusiones1 son estas que tienen entre ustedes mientras van andando?». Y ellos se detuvieron, con semblante triste.

Uno de ellos, llamado Cleofas, le dijo: «¿Eres Tú el único visitante en Jerusalén que no sabe1 las cosas que en ella han acontecido en estos días?»

«¿Qué cosas?», les preguntó Jesús. Y ellos le dijeron: «Las referentes a Jesús el Nazarenoa, que fue un profeta1b poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;

y cómo los principales sacerdotes y nuestros gobernantesa lo entregaron a sentencia de muerte y lo crucificaron.

»Pero nosotros esperábamos que Él era el que iba a redimir a Israela. Además de todo esto, este es el tercer día desde que estas cosas acontecieron.

»Y1 también algunas mujeres de entre nosotros nos asombraron; pues cuando fueron de madrugada al sepulcroa,

y al no hallar Su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto una aparición de ángeles que decían que Él vivía.

»Algunos de los que estaban con nosotros fueron al sepulcro, y lo hallaron tal como también las mujeres habían dicho; pero a Él no lo vieron»

Entonces Jesús les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dichoa!

»¿No era necesario que el Cristo1 padeciera todas estas cosas y entrara en Su gloriaa?».

Comenzando por1 Moisésa y continuando con1 todos los profetasb, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras.

Se acercaron a la aldea adonde iban, y Él hizo como que iba más lejosa.

Y ellos le insistieron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque está atardeciendo, y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos.

Al sentarse1 a la mesa con ellos, Jesús tomó pan, y lo bendijo; y partiéndolo, les dioa.

Entonces les fueron abiertos los ojos y lo reconocierona; pero Él desapareció de la presencia de ellos.

Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría1 las Escriturasa?»

Levantándose en esa misma hora, regresaron a Jerusalén, y hallaron reunidos a los once apóstolesa y a los que estaban con ellosb,

que decían: «Es verdad que el Señor ha resucitadoa y se ha aparecido a Simónb»

Y ellos contaban sus…

Read in Logos

This passage has been shortened. Keep reading Lucas 23–24 in Logos

Footnotes

  1. 1 dar.
  2. 2I.e. el Mesías.
  3. 1 estos.
  4. 1O milagro.
  5. 1 con muchas palabras.
  6. 1 nada ha sido hecho por Él.
  7. 1Algunos antiguos no incluyen este
  8. 1 sentenció.
  9. 1 se golpeaban el pecho.
  10. 1En latín, Calvarius; Calvario.
  11. 1Algunos antiguos no incluyen: Y Jesús decía:…hacen.
  12. 1I.e. el Mesías.
  13. 1Algunos agregan: escrita en caracteres griegos, latinos y hebreos.
  14. 1 cosas dignas de lo que hemos hecho.
  15. 1Algunos dicen: a.
  16. 1I.e. mediodía.
  17. 2O hubo.
  18. 3I.e. 3 p.m.
  19. 1 por el medio.
  20. 1 justo.
  21. 1O Sanedrín.
  22. 1 de ellos.
  23. 1O Santiago.
  24. 1O por sí solos.
  25. 1 impedidos.
  26. 1 palabras.
  27. 1O ¿Estás visitando a Jerusalén tú solo, y no sabes.
  28. 1 varón profeta.
  29. 1 Pero.
  30. 1I.e. el Mesías.
  31. 1 desde.
  32. 1 recostarse.
  33. 1O explicaba.

Cross references

  1. aMat. 27:2; Mar. 15:1; Juan 18:28
  2. aLuc. 23:2, 3: Mat 27:11–14; Mar 15:2–5; Juan 18:29–37
  3. bLuc. 23:14
  4. cLuc. 20:22; Juan 18:33 y ; 19:12; Hech. 17:7
  5. aLuc. 22:70
  6. aMat. 27:23; Mar. 15:14; Luc. 23:14, 22; Juan 18:38; 19:4, 6
  7. aMat. 4:12
  8. aMat. 14:1; Mar. 6:14; Luc. 3:1; 9:7; 13:31
  9. aLuc. 9:9
  10. aMat. 27:12, 14; Mar. 15:5; Juan 19:9
  11. aMat. 27:28
  12. aHech. 4:27
  13. aLuc. 23:35; Juan 7:26, 48; 12:42; Hech. 3:17; 4:5, 8; 13:27
  14. aLuc. 23:2
  15. bLuc. 23:4
  16. aLuc. 9:9
  17. aMat. 27:26; Mar. 15:15; Luc. 23:22; Juan 19:1; Hech. 16:37
  18. aLuc. 23:18–25: Mat 27:15–26; Mar 15:6–15; Juan 18:39–19:16
  19. aLuc. 23:16
  20. aLuc. 23:26: Mat. 27:32; Mar. 15:21; Juan 19:17
  21. bMat. 27:32
  22. aLuc. 8:52
  23. aMat. 24:19; Luc. 11:27; 21:23
  24. aIsa. 2:19, 20; Os. 10:8; Apoc. 6:16
  25. aMat. 27:38; Mar. 15:27; Juan 19:18
  26. aLuc. 23:33–43: Mat. 27:33–44; Mar. 15:22–32; Juan 19:17–24
  27. aMat. 11:25; Luc. 22:42
  28. bSal. 22:18; Juan 19:24
  29. aLuc. 23:13
  30. bMat. 27:43
  31. aMat. 27:48
  32. aMat. 27:43
  33. aMat. 27:37; Mar. 15:26; Juan 19:19
  34. aMat. 27:44; Mar. 15:32
  35. bLuc. 23:35, 37
  36. a2Cor. 12:4; Apoc. 2:7
  37. aLuc. 23:44–49: Mat 27:45–56; Mar 15:33–41
  38. bJuan 19:14
  39. aEx. 26:31–33; Mat. 27:51
  40. aSal. 31:5
  41. bMat. 27:50; Mar. 15:37; Juan 19:30
  42. aMat. 27:54; Mar. 15:39
  43. bMat. 9:8
  44. aLuc. 8:52; 18:13
  45. aMat. 27:55, 56; Mar. 15:40, 41; Luc. 8:2; Juan 19:25
  46. aLuc. 23:50–56: Mat. 27:57–61; Mar. 15:42–47; Juan 19:38–42
  47. bMar. 15:43
  48. aMar. 15:43; Luc. 2:25
  49. aMat. 27:62; Mar. 15:42
  50. aLuc. 23:49
  51. aMar. 16:1; Luc. 24:1
  52. bEx. 20:10, 11; Dt. 5:14
  53. aLuc. 24:1–10: Mat. 28:1–8; Mar. 16:1–8; Juan 20:1–8
  54. aLuc. 7:13; Hech. 1:21
  55. aJuan 20:12
  56. bLuc. 2:9; Hech. 12:7
  57. aMar. 16:6
  58. bMat. 17:22, 23; Mar. 9:30, 31; Luc. 9:44; 24:44
  59. aMat. 16:21; Luc. 24:46
  60. aJuan 2:22
  61. aLuc. 8:3
  62. bMat. 27:56
  63. cMar. 6:30
  64. aMar. 16:11
  65. aJuan 20:3–6
  66. bJuan 20:10
  67. aMar. 16:12
  68. aLuc. 24:31; Juan 20:14; 21:4
  69. aMar. 1:24
  70. bMat. 21:11
  71. aLuc. 23:13
  72. aLuc. 1:68
  73. aLuc. 24:1 y
  74. aMat. 26:24
  75. aLuc. 24:7, 44 y ; Heb. 2:10; 1Ped. 1:11
  76. aGn. 3:15; 12:3; Núm. 21:9 (Juan 3:14); Dt. 18:15 (Juan 1:45); Juan 5:46
  77. b2Sam. 7:12–16; Isa. 7:14 (Mat. 1:23); 9:1, 2 (Mat. 4:15, 16); 42:1 (Mat. 12:18 y ); 53:4 (Mat. 8:17; Luc. 22:37); Dan. 7:13 (Mat. 24:30); Miq. 5:2 (Mat. 2:6); Zac. 9:9 (Mat. 21:5); Hech. 13:27
  78. aMar. 6:48
  79. aMat. 14:19
  80. aLuc. 24:16
  81. aLuc. 24:45
  82. aMar. 16:13
  83. bHech. 1:14
  84. aLuc. 24:6
  85. b1Cor. 15:5