2 Corintios 3–4
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Capitulo 3
Ministros del nuevo pacto
¿Comenzamos otra vez a recomendarnosa a nosotros mismos? ¿O acaso necesitamos, como algunos, cartas de recomendaciónb para vosotros o de parte de vosotros?
2Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombresa,
3siendo manifiesto que sois carta de Cristo redactada1 por nosotros, no escrita con tinta, sino con el Espíritua del Dios vivob; no en tablas de piedrac, sino en tablas de corazones humanos2d.
4Y esta1 confianza tenemos hacia Dios por medio de Cristoa:
5no que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Diosa,
6el cual también nos hizo suficientes como ministros1a de un nuevo pactob, no de la letra, sino del Espírituc; porque la letra mata, pero el Espíritu da vidad.
7Y si el ministerio de muertea grabado con letras en piedrasb fue con gloria, de tal manera que los hijos de Israel no podían fijar la vista en el rostro de Moisés por causa de la gloria de su rostro, que se desvanecíac,
8¿cómo no será aún con más gloria el ministerio del Espíritu?
9Porque si el ministerio de condenacióna tiene gloria, mucho más abunda en gloria el ministerio de justiciab.
10Pues en verdad, lo que tenía gloria, en este caso no tiene gloria por razón de la gloria que lo sobrepasa.
11Porque si lo que se desvanece fue con1 gloria, mucho más es con2 gloria lo que permanece.
Transformados de gloria en gloria
12Teniendo, por tanto, tal esperanzaa, hablamos con1 mucha franquezab,
13y no somos como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro para que los hijos de Israel no fijaran su vista en el fin de aquello que había de desvanecersea.
14Pero el entendimiento de ellos se endureció1; porque hasta el día de hoy, en la lecturaa del antiguo pacto2b el mismo velo permanece sin alzarse, pues solo en Cristo es quitadoc.
15Y1 hasta el día de hoy, cada vez que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones;
16pero cuando alguno se vuelve al Señor, el velo es quitadoa.
17Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señora, hay libertadb.
18Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejoa la gloria del Señorb, estamos siendo transformados en la misma imagenc de gloria en gloria, como por el Señord, el Espíritu.
Capitulo 4
Ministros de Cristo
Por tanto, puesto que tenemos este ministerioa, según hemos recibido misericordiab, no desfallecemosc;
2sino que hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso1a, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Diosb, sino que, mediante la manifestación de la verdad, nos recomendamosc a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios.
3Y si todavía nuestro evangelioa está veladob, para1 los que se pierdenc está velado,
4en los cuales el dios de este mundoa ha cegado el entendimiento1b de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristoc, que es la imagen de Dios2d.
5Porque no nos predicamos a nosotros mismosa, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor1 de Jesús.
6Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandecerá la luza, es el que ha resplandecido en nuestros corazonesb, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristoc.
7Pero tenemos este tesoro en vasos de barroa, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotrosb.
8Afligidos en todoa, pero no agobiadosb; perplejosc, pero no desesperados;
9perseguidosa, pero no abandonadosb; derribados, pero no destruidosc;
10llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte1 de Jesúsa, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpob.
11Porque nosotros que vivimos, constantemente estamos siendo entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo1 mortal.
12Así que en nosotros obra la muerte, pero en vosotros, la vida.
13Pero teniendo el mismo espíritu de fea, según lo que está escrito: Creí, por tanto habléb, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos;
14sabiendo que aquel que resucitó al Señor Jesúsa, a nosotros también nos resucitará con Jesúsb, y nos presentará juntamente con vosotrosc.
15Porque todo esto es por amor a vosotros1a, para que la gracia que se está extendiendo por medio de muchos, haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Diosb.
Lo temporal y lo eterno
16Por tanto no desfallecemosa, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interiorb se renuevac de día en día.
17Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparacióna,
18al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se vena; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
Footnotes
Cross references
- a2 Cor. 5:12; 10:12, 18; 12:11
- bHech. 18:27; 1 Cor. 16:3
- a1 Cor. 9:2
- a2 Cor. 3:6
- bMat. 16:16
- cEx. 24:12; 31:18; 32:15, 16; 2 Cor. 3:7
- dProv. 3:3; 7:3; Jer. 17:1; 31:33; Ezeq. 11:19; 36:26
- aEf. 3:12
- a1 Cor. 15:10
- a1 Cor. 3:5
- bJer. 31:31; Luc. 22:20
- cRom. 2:29
- dJuan 6:63; Rom. 7:6
- aRom. 4:15; 5:20; 7:5, 6; 2 Cor. 3:9; Gál. 3:10, 21, 22
- bEx. 24:12; 31:18; 32:15, 16; 2 Cor. 3:3
- cEx. 34:29–35; 2 Cor. 3:13
- aDeut. 27:26; 2 Cor. 3:7; Heb. 12:18–21
- bRom. 1:17; 3:21, 22
- a2 Cor. 7:4
- bHech. 4:13, 29; 2 Cor. 7:4; Ef. 6:19; 1 Tes. 2:2
- aEx. 34:33–35; 2 Cor. 3:7
- aHech. 13:15
- b2 Cor. 3:6
- cRom. 11:7; 2 Cor. 4:4
- aEx. 34:34; Rom. 11:23
- aIsa. 61:1, 2; Gál. 4:6
- bJuan 8:32; Gál. 5:1, 13
- a1 Cor. 13:12
- bJuan 17:22, 24; 2 Cor. 4:4, 6
- cRom. 8:29
- d2 Cor. 3:17
- a1 Cor. 3:5
- b1 Cor. 7:25
- cLuc. 18:1; 2 Cor. 4:16; Gál. 6:9; Ef. 3:13; 2 Tes. 3:13
- aRom. 6:21; 1 Cor. 4:5
- b2 Cor. 2:17
- c2 Cor. 5:11, 12
- a2 Cor. 2:12
- b1 Cor. 2:6 y sig.; 2 Cor. 3:14
- c1 Cor. 1:18; 2 Cor. 2:15
- aMat. 13:22; Juan 12:31
- b2 Cor. 3:14
- cHech. 26:18; 2 Cor. 3:18; 4:6
- dJuan 1:18; Fil. 2:6; Col. 1:15; Heb. 1:3
- a1 Cor. 4:15, 16; 1 Tes. 2:6, 7
- aGén. 1:3
- b2 Ped. 1:19
- cHech. 26:18; 2 Cor. 4:4
- aJob 4:19; 10:9; 33:6; Lam. 4:2; 2 Cor. 5:1; 2 Tim. 2:20
- bJue. 7:2; 1 Cor. 2:5
- a2 Cor. 1:8; 7:5
- b2 Cor. 6:12
- cGál. 4:20
- aJuan 15:20; Rom. 8:35, 36
- bSal. 129:2; Heb. 13:5
- cSal. 37:24; Prov. 24:16; Miq. 7:8
- aRom. 8:36; Gál. 6:17
- bRom. 6:5, 8
- a1 Cor. 12:9
- bSal. 116:10
- aHech. 2:24
- b1 Tes. 4:14
- cLuc. 21:36; Ef. 5:27; Col. 1:22; Jud. 24
- aRom. 8:28; 2 Cor. 1:6
- b1 Cor. 9:19; 2 Cor. 1:11
- a2 Cor. 4:1
- bRom. 7:22
- cIsa. 40:29, 31; Col. 3:10
- aRom. 8:18
- aRom. 8:24; 2 Cor. 5:7; Heb. 11:1, 13
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