Job 4:12–5:7
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Me llegó una palabra furtiva,
escuché su suave susurro;
entre pesadillas y visiones nocturnas,
cuando el sopor rinde a los humanos,
el terror y la agitación me atenazaron,
se estremecieron todos mis huesos.
Un viento rozó mi rostro,
se erizó el vello de mi cuerpo.
Allí estaba, no lo reconocí,
pero su imagen permanecía ante mí.
Una voz rasgó el silencio:
¿“Puede un mortal ser justo ante Dios,
un ser humano ser puro ante su Hacedor”?
Si ni siquiera confía en sus siervos,
y hasta en sus mensajeros ve defectos,
¿qué decir de los que moran entre adobes,
en casas construidas sobre barro?
¡Se los aplasta igual que a la polilla!
De la mañana al atardecer se derrumban,
desaparecen sin que a nadie le importe;
les arrancan los vientos de su tienda
y mueren por falta de sabiduría.
Anda, grita, a ver quién te responde,
¿a qué santo vas ahora a recurrir?
Al necio lo mata el despecho,
y al simple lo remata la envidia.
He visto a un necio echar raíces
y de pronto hundirse su morada,
a sus hijos metidos en problemas,
acosados en un juicio, sin defensa.
El hambriento devorará su cosecha
— Dios se la quitará de entre los dientes—
y el sediento beberá sus bienes.
Pues la desgracia no germina del polvo,
ni brota de la tierra el sufrimiento;
nace para el dolor el ser humano
como las chispas que se alzan volando.
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