Job 4:12–5:7
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12El asunto también me era a mí oculto;
Mas mi oído ha percibido algo de ello.
13En imaginaciones de visiones nocturnas,
Cuando el sueño cae sobre los hombres,
14Me sobrevino un espanto y un temblor,
Que estremeció todos mis huesos;
15Y al pasar un espíritu por delante de mí,
Hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo.
16Paróse delante de mis ojos un fantasma,
Cuyo rostro yo no conocí,
Y quedo, oí que decía:
17¿Será el hombre más justo que Dios?
¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?
18He aquí, en sus siervos no confía,
Y notó necedad en sus ángeles;
19¡Cuánto más en los que habitan en casas de barro,
Cuyos cimientos están en el polvo,
Y que serán quebrantados por la polilla!
20De la mañana a la tarde son destruidos,
Y se pierden para siempre, sin haber quien repare en ello.
21Su hermosura, ¿no se pierde con ellos mismos?
Y mueren sin haber adquirido sabiduría.
5
1Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda?
¿Y a cuál de los santos te volverás?
2Es cierto que al necio lo mata la ira,
Y al codicioso lo consume la envidia.
3Yo he visto al necio que echaba raíces,
Y en la misma hora maldije su habitación.
4Sus hijos estarán lejos de la seguridad;
En la puerta serán quebrantados,
Y no habrá quien los libre.
5Su mies comerán los hambrientos,
Y la sacarán de entre los espinos,
Y los sedientos beberán su hacienda.
6Porque la aflicción no sale del polvo,
Ni la molestia brota de la tierra.
7Pero como las chispas se levantan para volar por el aire,
Así el hombre nace para la aflicción.
Copyright 1960 Sociedades Bíblicas Unidas