Salmo 78:1–31
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones
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CONTAREMOS LAS PROEZAS DEL SEÑOR
Salmo de Asaf.
Pueblo mío, escucha mi enseñanza,
atiendan a las palabras de mi boca.
Con sentencias sabias hablaré,
proclamaré enigmas de antaño.
Lo que nosotros oímos y sabemos,
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a sus hijos;
a la nueva generación le contaremos
las proezas del Señor y su poder,
las maravillas que él hizo.
Él estableció una norma en Jacob,
una ley instituyó en Israel;
él ordenó a nuestros padres
enseñarlas a sus hijos,
para que la generación venidera lo sepa
y los hijos que habrán de nacer
se dispongan a contarlo a sus hijos.
Así estos confiarán en Dios,
no olvidarán sus proezas
y respetarán sus mandatos;
no serán como sus padres,
generación terca y rebelde
que no fue fiel a Dios.
Los hijos de Efraín, diestros arqueros,
huyeron el día de la batalla.
No respetaron la alianza,
no quisieron seguir su ley;
olvidaron sus proezas,
los portentos que les mostró.
Ante sus padres hizo prodigios
en el país de Egipto, en los campos de Soán.
Abrió el mar y los hizo pasar,
como un dique detuvo las aguas;
con una nube los guiaba de día,
con luz de fuego durante la noche;
en el desierto hendió las rocas,
calmó su sed en caudalosos manantiales;
hizo brotar arroyos de las peñas
y como ríos descendieron las aguas.
Pero de nuevo pecaron contra él,
se rebelaron contra el Altísimo en el desierto.
En su interior retaron a Dios,
reclamaron comida con ansia.
Hablaron contra Dios, dijeron:
“¿Podrá Dios preparar una mesa en el desierto?
Es verdad que golpeó la roca
y el agua manó, los arroyos fluyeron;
pero ¿podrá también dar pan,
proporcionar carne a su pueblo?”.
Lo oyó el Señor y se llenó de furia,
su ira se encendió contra Jacob,
se alzó en cólera contra Israel,
porque no habían creído en Dios,
no confiaban en su salvación.
Entonces dio la orden a las nubes
y las puertas del cielo se abrieron.
Les hizo llover maná para comer,
les ofreció trigo del cielo.
Pan de ángeles* comió el ser humano,
víveres mandó para saciarlos.
En el cielo hizo soplar viento del este,
viento del sur levantó con su poder.
Les llovió carne abundante como el polvo,
aves numerosas como la arena del mar;
en medio del campamento las hizo caer,
alrededor de sus tiendas.
Ellos comieron hasta hartarse
y él cumplió así sus deseos.
Pero no estaban aún satisfechos,
aún tenían la comida en la boca
cuando Dios se enfureció con ellos
y acabó con los más vigorosos,
abatió a los mejores de Israel.
Notas al pie
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