Logos Bible Study

Salmo 22:31–32:11

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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La posteridad ha de servirlo,

por siempre será proclamado el Señor.

Se anunciarán sus acciones salvíficas

al pueblo que va a nacer:

esto es lo que hizo el Señor.

SALMO 23

EL SEÑOR ES MI PASTOR

Salmo de David.

El Señor es mi pastor, nada me falta.

En verdes praderas me hace descansar,

junto a aguas tranquilas me lleva.

El Señor me reconforta,

me conduce por caminos rectos

haciendo honor a su nombre.

Aunque camine por valles sombríos

no temeré mal alguno,

porque tú estás conmigo,

tu vara y tu cayado me sosiegan.

Ante mí preparas una mesa

delante de mis enemigos,

unges mi cabeza con aceite

y mi copa rebosa.

El bien y la bondad estarán conmigo

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

durante días sin fin.

SALMO 24

LLEGA EL REY DE LA GLORIA

De David. Salmo.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el mundo y quienes lo habitan.

Él la cimentó sobre los mares,

él la asentó sobre los ríos.

¿Quién podrá subir al monte del Señor?

¿Quién podrá permanecer en su santa morada?

El de manos honradas y corazón limpio,

quien no desea la mentira ni jura en falso.

Ese recibirá la bendición del Señor,

la recompensa del Dios que lo salva.

Esta es la generación de quienes lo buscan,

de los que anhelan tu rostro, Dios de Jacob. [Pausa[

¡Puertas, eleven sus dinteles,

álcense, portones eternos,

que llega el rey de la gloria!

¿Quién es el rey de la gloria?

El Señor valeroso y aguerrido,

el Señor adalid de la guerra.

¡Puertas, eleven sus dinteles,

álcense, portones eternos,

que llega el rey de la gloria!

¿Quién es el rey de la gloria?

El Señor del universo,

él es el rey de la gloria. [Pausa[

SALMO 25

ACUÉRDATE, SEÑOR, DE TU MISERICORDIA

De David.

A ti me dirijo, Señor.

Dios mío, en ti confío, no me defraudes,

que mis enemigos no se burlen de mí.

Quien en ti espera no quedará defraudado;

pero sí quedará confundido

el que es infiel sin motivo.

Señor, muéstrame tus caminos,

enséñame tus sendas,

instrúyeme en tu verdad; enséñame,

porque tú eres el Dios que me salva,

en ti pongo mi esperanza cada día.

Recuerda, Señor, tu misericordia

y tu amor que desde siempre existen;

olvida mis faltas de juventud y mis pecados,

recuérdame en tu amor, por tu bondad, Señor.

El Señor es bueno y recto,

él muestra el camino a los pecadores,

instruye en la justicia a los humildes,

enseña a los humildes su camino.

Las sendas del Señor son amor y verdad

para quienes respetan su alianza y sus mandatos.

Señor, haciendo honor a tu nombre,

perdona mi grave pecado.

A quien venere al Señor,

él le enseñará qué camino elegir;

vivirá con prosperidad

y su descendencia heredará la tierra.

El Señor se confía a sus fieles

anunciándoles su alianza.

Mis ojos tengo siempre en el Señor,

él libera mis pies de la trampa.

Atiéndeme, apiádate de mí

que estoy solo y desvalido.

Mis angustias se multiplican,

líbrame tú de mis pesares.

Mira mis aflicciones y penas,

perdóname mis pecados;

mira cuántos son mis enemigos

y el rencor con que me odian.

Protégeme, sálvame,

no me defraudes, pues en ti confío.

La integridad y la rectitud me protejan

porque en ti tengo puesta mi esperanza.

¡Señor, libera a Israel

de todas sus angustias!

SALMO 26

HAZME JUSTICIA, SEÑOR

De David.

Hazme justicia, Señor, pues camino con rectitud.

En el Señor confío, jamás dudaré.

Señor, examíname, ponme a prueba,

sondea mi conciencia y mis pensamientos.

Ante mí tengo presente tu amor

y con tu verdad recorro mi camino.

No tomo asiento con los falsos

ni me alío con los hipócritas;

detesto la asamblea de los malvados

y no me siento con los perversos.

Lavo mis manos en señal de inocencia

y me acerco a tu altar, Señor,

para hacer resonar un clamor de gratitud

y proclamar todas tus maravillas.

Señor, yo amo la casa en que habitas,

el lugar que es morada de tu gloria.

No me reúnas con pecadores,

ni con gente sanguinaria,

que el mal está en sus manos

y el soborno colma su diestra.

Pero yo camino con rectitud,

sálvame y apiádate de mí.

Mis pies están firmes en el camino recto.

En medio de la asamblea bendeciré al Señor.

SALMO 27

EL SEÑOR ME ACOGE

De David.

El Señor es mi luz, mi salvación,

¿de quién tendré miedo?

El Señor es mi refugio,

¿a quién temeré?

Cuando los malvados me atacan

para devorarme,

son ellos, enemigos y adversarios,

los que tropiezan y caen.

Si acampara contra mí un ejército,

no tendría miedo;

si se declarase contra mí una guerra,

me sentiría seguro.

Una sola cosa pido al Señor,

sólo esto quiero:

sentarme en la casa del Señor

todos los días de mi vida,

contemplar la gracia del Señor

y frecuentar su Templo.

Me resguardará en su cabaña

en el tiempo adverso,

me protegerá al abrigo de su Tienda,

me alzará sobre una roca.

Y entonces yo venceré

al enemigo que me asedia,

ofreceré en su tienda

sacrificios jubilosos;

cantaré y alabaré al Señor.

Escúchame, Señor, yo te llamo;

apiádate de mí, atiéndeme.

De ti el corazón me dice:

“¡Busca mi rostro!”.

Y yo, Señor, tu rostro estoy buscando.

No me ocultes tu rostro,

no rechaces con ira a tu siervo;

tú eres mi ayuda:

no me dejes, no me abandones,

Dios salvador mío.

Si mi padre y mi madre me abandonan,

el Señor me acogerá.

Muéstrame, Señor, tu camino,

llévame por la senda recta

porque tengo enemigos.

No me dejes a merced de mis rivales,

que se alzan contra mí testigos falsos

y se extiende la violencia.

Confío en ver la bondad del Señor

en la tierra de los vivos.

Espera en el Señor,

sé fuerte, ten firmeza;

pon tu esperanza en el Señor.

SALMO 28

ESCUCHA MI GRITO DE SÚPLICA

De David.

Señor, a ti te llamo;

no me ignores, fortaleza mía,

que si tú no me hablas

seré como los muertos.

Escucha mi grito de súplica

cuando te invoco,

cuando alzo mis manos

hacia tu santuario.

No me arrojes con los malvados

ni con los que hacen el mal:

hablan de paz con sus amigos,

pero en su corazón hay violencia.

Trátalos según sus acciones

y la maldad de sus actos;

trátalos de acuerdo a sus obras,

¡dales tú su merecido!

Pues no reconocen las acciones del Señor

ni tampoco la obra de sus manos,

¡que él los derribe

y no vuelva a levantarlos!

Bendito sea el Señor

que escucha mi grito de súplica.

El Señor es mi fortaleza y mi escudo,

en él mi corazón confía.

Me ha socorrido y estoy alegre,

con mis cantos le doy gracias.

El Señor es el baluarte de su pueblo,

la fortaleza que salva a su ungido.

Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad,

sé su pastor y guíalos por siempre.

SALMO 29

LA VOZ DEL SEÑOR ES POTENTE

Salmo de David.

¡Hijos de Dios, aclamen al Señor,

aclamen su gloria y su poder!

¡Aclamen el nombre glorioso del Señor!

¡Adoren al Señor en el esplendor del Templo!

La voz del Señor domina las aguas,

el Dios de la gloria ha tronado,

el Señor domina las aguas caudalosas.

La voz del Señor es poderosa,

la voz del Señor es espléndida.

La voz del Señor quiebra los cedros,

quiebra el Señor los cedros del Líbano;

hace brincar al Líbano como un ternero

y al Sarión cual cría de búfalo.

La voz del Señor produce llamas ardientes;

la voz del Señor hace temblar el desierto,

el Señor hace temblar el desierto de Cadés.

La voz del Señor estremece a las ciervas

y arranca los árboles del bosque.

En su Templo todo dice ¡gloria!

El Señor reina sobre el diluvio;

el Señor, rey eterno, está en su trono.

El Señor fortalece a su pueblo,

el Señor bendice a su pueblo con la paz.

SALMO 30

A TI CLAMÉ Y ME CURASTE

Salmo. Canto para la consagración del Templo. De David.

Señor, te alabaré porque me has salvado

y no has dejado que mis enemigos se burlen de mí.

Señor Dios mío, a ti clamé y me curaste.

Señor, me libraste de ir al reino de los muertos,

me devolviste la vida cuando agonizaba.

Canten al Señor los que le son fieles,

alaben su santo nombre,

pues es pasajera su ira y eterna su bondad:

quien de noche se retira llorando,

por la mañana es un clamor de alegría.

Yo, sosegado, decía: “Nunca más sucumbiré”.

Señor, tu ayuda me exaltó cual monte poderoso,

pero ocultaste tu rostro y sentí miedo.

A ti, Señor, clamo; a mi Señor suplico.

¿Qué provecho hay en mi muerte,

en que yo baje a la tumba?

¿Podrá alabarte el polvo?

¿Anunciará él tu fidelidad?

¡Escucha, Señor, ten compasión de mí;

Señor, ven en mi ayuda!

Convertiste mi llanto en danza,

me despojaste del luto, me vestiste de fiesta

para que te cante sin callar nunca;

Señor, Dios mío, te alabaré por siempre.

SALMO 31

MI DESTINO ESTÁ EN TUS MANOS

Al maestro del coro. Salmo de David.

Señor, en ti confío,

que no quede jamás defraudado;

¡líbrame con tu fuerza salvadora!

Acerca hacia mí tu oído,

date prisa en socorrerme.

Sé para mí fortaleza protectora,

morada inaccesible que me salve,

pues tú eres mi bastión, mi baluarte;

honrando tu nombre, guíame y condúceme.

Libérame de la trampa que me tienden,

porque tú eres mi refugio.

A tus manos encomiendo mi vida;

tú, Señor, Dios fiel, me has rescatado.

Odio a quienes sirven a ídolos falsos,

en Dios pongo mi confianza.

Por tu amor me alegro y me regocijo,

porque tú has mirado mis pesares,

tú conoces mis angustias.

No me entregaste al enemigo,

me mantuviste en lugar seguro.

Apiádate de mí, Señor,

que soy presa de la angustia;

se consumen de pena mis ojos,

todo mi ser y mis entrañas.

Se agota mi vida en el dolor,

en gemidos mi existencia,

se debilita mi fuerza por mi maldad

y mis huesos se consumen.

Soy la burla de mis adversarios

y, aún más, la de mis vecinos,

el horror de los que me conocen;

quien me ve por la calle, huye de mí.

He sido olvidado como un muerto,

soy como un cacharro roto.

Puedo oír a muchos difamando,

hay terror por todas partes;

contra mí conspiran juntos,

traman arrebatarme la vida.

Pero yo, Señor, en ti confío,

yo he dicho: “Tú, Señor, eres mi Dios”.

Mi destino está en tus manos,

líbrame de mis rivales y de quienes me persiguen.

Muéstrate favorable con tu siervo,

por tu amor ponme a salvo.

Señor, a ti te invoco,

que no quede defraudado;

queden así los malvados,

que en el abismo sucumban.

Enmudezcan los labios mentirosos

que se insolentan contra el justo

llenos de orgullo y desprecio.

¡Qué inmensa es la bondad

que reservas a quien te venera!

La ofreces a quienes en ti confían,

y todo el mundo es testigo.

Tu rostro los ampara y protege

de las conjuras humanas;

los resguardas en tu Tienda

de las lenguas pendencieras.

¡Bendito sea el Señor

que me demostró su amor

en momentos de angustia!

Yo, azorado, llegué a pensar:

“Me has apartado de tu presencia”.

Pero tú oías mi voz suplicante

mientras a ti clamaba.

¡Amen al Señor todos sus fieles!

El Señor cuida a…

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Psalm 23:1: The Lord is my shepherd; I shall not want.

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Footnotes

  1. [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.