Amós 5–6
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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LAMENTACIÓN POR ISRAEL
Escuchen, israelitas, esta palabra,
esta lamentación que entono por ustedes:
Ha caído Israel, la doncella,
y ya no se levantará más;
yace por tierra y nadie la levanta.
Porque así habla a Israel, el Señor Dios:
De la ciudad que reclute mil soldados,
no quedarán más que cien;
y de la que se recluten cien en Israel,
no quedarán más que diez.
Pues esto dice el Señor a Israel:
Búsquenme si quieren vivir.
No busquen nada en Betel,
no se dirijan a Guilgal,
no se encaminen a Berseba;
Guilgal será deportada sin remedio
y Betel quedará reducida a la nada.
Busquen al Señor y tendrán vida;
no sea que prenda fuego a la casa de José
sin que haya en Betel quien lo apague.
¡Ay de los que cambian
el derecho en amargura
y arrastran por tierra la justicia!
Él es quien ha creado el Orión y las Pléyades,
el que cambia en amanecer la oscuridad
y hace que el día dé paso a la noche;
él es quien convoca las aguas del mar
y las derrama sobre la superficie de la tierra:
su nombre es el Señor.
Él es quien acarrea la ruina a los fuertes
y hace que la fortaleza se desplome.
Mas ellos odian a quien pide un juicio justo
y detestan al que testifica con verdad.
Y porque pisotean al indigente
exigiéndole el impuesto del grano,
no habitarán esas casas construidas
sirviéndose de piedras talladas,
ni tampoco beberán el vino
de los selectos viñedos que plantaron.
Conozco sus muchas rebeldías
y sus innumerables pecados:
aplastan al inocente, aceptan sobornos,
atropellan al desvalido en el tribunal.
Por eso, guarde silencio el prudente,
porque estamos en tiempo de desgracia.
Busquen el bien y no el mal;
así vivirán y el Señor, Dios del universo,
estará con ustedes, según dicen.
Detesten el mal y amen el bien;
implanten el derecho en el tribunal
y quizá el Señor, Dios del universo,
tenga compasión del resto de José.
Así habla el Señor, Dios del universo:
En todas las plazas habrá lamentos,
en todas las calles, gritos de dolor;
será convocado a duelo el campesino,
y las plañideras para que se lamenten.
En todas las viñas habrá llanto
cuando yo pase entre ustedes,
— dice el Señor—.
EL DÍA DEL SEÑOR
¡Ay de los que añoran el día del Señor!
¿De qué les servirá el día del Señor
si será para ustedes tinieblas y no luz?
Les pasará como a quien huye de un león
y se topa de pronto con un oso;
o como al que entra en su casa,
apoya la mano en la pared
y lo muerde una serpiente.
Será tinieblas y no luz el día del Señor,
densa oscuridad sin claridad alguna.
CONTRA EL CULTO VACÍO
Detesto y aborrezco las fiestas de ustedes,
me disgustan sus asambleas.
Me presentan sus holocaustos,
sus ofrendas que no acepto;
me sacrifican novillos cebados,
pero yo los aparto de mi vista.
Alejen de mí el ruido de los cánticos;
me molesta la melodía de sus arpas.
Que fluya el derecho como agua
y la justicia como un río inagotable.
¿Me presentaron acaso, israelitas,
ofrendas y sacrificios en el desierto,
los cuarenta años que estuvieron en él?
Cargarán con Sacut y Keván,
las imágenes de esos dioses astrales
que ustedes se han fabricado,
cuando yo los deporte
más allá de Damasco,
— dice el Señor, cuyo nombre
es Dios del universo—.
CONTRA EL LUJO Y LA EUFORIA
¡Ay de quienes se sienten seguros en Sión
y viven tranquilos en la montaña de Samaría!
¡Los que presumen de jefes
de la nación más importante
y a los que acude el pueblo de Israel!
Pasen por Calné y observen;
vayan desde allí a Jamat, la grande,
y luego bajen a Gat de los filisteos.
¿Son ustedes mejores que esos reinos?
¿Es su territorio más extenso?
Pretenden alejar la desgracia,
pero hacen que reine la violencia.
Se acuestan en camas de marfil,
se recuestan en cómodos divanes,
comen los corderos del rebaño
y los terneros que sacan del establo.
Canturrean al son del arpa
y, siguiendo el ejemplo de David,
inventan instrumentos musicales.
Beben vino en grandes copas
y se ungen con olorosos aceites,
sin que les duela el desastre de José.
Por eso ahora irán al destierro
encabezando la fila de cautivos;
así acabará la orgía de tanto disoluto.
RUINA DE LA CIUDAD
El Señor Dios lo jura por sí mismo,
—oráculo del Señor, Dios del universo—:
Yo detesto la soberbia de Jacob
y aborrezco todos sus palacios;
por eso entregaré la ciudad al enemigo
con todo cuanto hay en ella.
Si en una casa quedan diez hombres,
morirán sin remedio los diez.
Y cuando el pariente saque de la casa
los cadáveres para quemarlos
y diga al que está en el fondo de la casa:
“¿Queda todavía alguien contigo?”,
el otro responderá: “no queda ninguno”.
Y añadirá: “Guarden silencio”,
pues no hay que mencionar el nombre del Señor.
Es el Señor quien da la orden
para que se resquebraje la casa grande
y se desplome la pequeña.
¿Galopan los caballos sobre las rocas?
¿se ara con bueyes el mar?
¡Pues ustedes han convertido
el derecho en veneno
y la justicia en fruto amargo!
Se alegran por Lodebar y dicen:
¿No conquistamos Carnáin con nuestras fuerzas?
Pues bien, israelitas, suscitaré contra ustedes
—oráculo del Señor, Dios del universo—
una nación que los oprimirá
desde el paso de Jamat
hasta el torrente del Arabá.
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