Estudio bíblico Logos

Job 19–20

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Job confía en que Dios lo justificará

19

1Respondió entonces Job, y dijo:

2¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma,

Y me moleréis con palabras?

3Ya me habéis vituperado diez veces;

¿No os avergonzáis de injuriarme?

4Aun siendo verdad que yo haya errado,

Sobre mí recaería mi error.

5Pero si vosotros os engrandecéis contra mí,

Y contra mí alegáis mi oprobio,

6Sabed ahora que Dios me ha derribado,

Y me ha envuelto en su red.

7He aquí, yo clamaré agravio, y no seré oído;

Daré voces, y no habrá juicio.

8Cercó de vallado mi camino, y no pasaré;

Y sobre mis veredas puso tinieblas.

9Me ha despojado de mi gloria,

Y quitado la corona de mi cabeza.

10Me arruinó por todos lados, y perezco;

Y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado.

11Hizo arder contra mí su furor,

Y me contó para sí entre sus enemigos.

12Vinieron sus ejércitos a una, y se atrincheraron en mí,

Y acamparon en derredor de mi tienda.

13Hizo alejar de mí a mis hermanos,

Y mis conocidos como extraños se apartaron de mí.

14Mis parientes se detuvieron,

Y mis conocidos se olvidaron de mí.

15Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño;

Forastero fui yo a sus ojos.

16Llamé a mi siervo, y no respondió;

De mi propia boca le suplicaba.

17Mi aliento vino a ser extraño a mi mujer,

Aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba.

18Aun los muchachos me menospreciaron;

Al levantarme, hablaban contra mí.

19Todos mis íntimos amigos me aborrecieron,

Y los que yo amaba se volvieron contra mí.

20Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos,

Y he escapado con sólo la piel de mis dientes.

21¡Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí!

Porque la mano de Dios me ha tocado.

22¿Por qué me perseguís como Dios,

Y ni aun de mi carne os saciáis?

23¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas!

¡Quién diese que se escribiesen en un libro;

24Que con cincel de hierro y con plomo

Fuesen esculpidas en piedra para siempre!

25Yo sé que mi Redentor vive,

Y al fin se levantará sobre el polvo;

26Y después de deshecha esta mi piel,

En mi carne he de ver a Dios;

27Al cual veré por mí mismo,

Y mis ojos lo verán, y no otro,

Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.

28Mas debierais decir: ¿Por qué le perseguimos?

Ya que la raíz del asunto se halla en mí.

29Temed vosotros delante de la espada;

Porque sobreviene el furor de la espada a causa de las injusticias,

Para que sepáis que hay un juicio.

Zofar describe las calamidades de los malos

20

1Respondió Zofar naamatita, y dijo:

2Por cierto mis pensamientos me hacen responder,

Y por tanto me apresuro.

3La reprensión de mi censura he oído,

Y me hace responder el espíritu de mi inteligencia.

4¿No sabes esto, que así fue siempre,

Desde el tiempo que fue puesto el hombre sobre la tierra,

5Que la alegría de los malos es breve,

Y el gozo del impío por un momento?

6Aunque subiere su altivez hasta el cielo,

Y su cabeza tocare en las nubes,

7Como su estiércol, perecerá para siempre;

Los que le hubieren visto dirán: ¿Qué hay de él?

8Como sueño volará, y no será hallado,

Y se disipará como visión nocturna.

9El ojo que le veía, nunca más le verá,

Ni su lugar le conocerá más.

10Sus hijos solicitarán el favor de los pobres,

Y sus manos devolverán lo que él robó.

11Sus huesos están llenos de su juventud,

Mas con él en el polvo yacerán.

12Si el mal se endulzó en su boca,

Si lo ocultaba debajo de su lengua,

13Si le parecía bien, y no lo dejaba,

Sino que lo detenía en su paladar;

14Su comida se mudará en sus entrañas;

Hiel de áspides será dentro de él.

15Devoró riquezas, pero las vomitará;

De su vientre las sacará Dios.

16Veneno de áspides chupará;

Lo matará lengua de víbora.

17No verá los arroyos, los ríos,

Los torrentes de miel y de leche.

18Restituirá el trabajo conforme a los bienes que tomó,

Y no los tragará ni gozará.

19Por cuanto quebrantó y desamparó a los pobres,

Robó casas, y no las edificó;

20Por tanto, no tendrá sosiego en su vientre,

Ni salvará nada de lo que codiciaba.

21No quedó nada que no comiese;

Por tanto, su bienestar no será duradero.

22En el colmo de su abundancia padecerá estrechez;

La mano de todos los malvados vendrá sobre él.

23Cuando se pusiere a llenar su vientre,

Dios enviará sobre él el ardor de su ira,

Y la hará llover sobre él y sobre su comida.

24Huirá de las armas de hierro,

Y el arco de bronce le atravesará.

25La saeta le traspasará y saldrá de su cuerpo,

Y la punta relumbrante saldrá por su hiel;

Sobre él vendrán terrores.

26Todas las tinieblas están reservadas para sus tesoros;

Fuego no atizado los consumirá;

Devorará lo que quede en su tienda.

27Los cielos descubrirán su iniquidad,

Y la tierra se levantará contra él.

28Los renuevos de su casa serán transportados;

Serán esparcidos en el día de su furor.

29Esta es la porción que Dios prepara al hombre impío,

Y la heredad que Dios le señala por su palabra.

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