Lucas 4–6
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- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Latín
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Jesús es tentado
aJesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordánb y fue llevado por el1 Espíritu en el desierto
por cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Y no comió nada durante esos díasa, pasados los cuales tuvo hambre.
Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan»
Jesús le respondió: «Escrito está: “No solo de pan vivirá el hombre1a”».
El diablo lo llevó a una alturaa, y le mostró en un instante todos los reinos del mundo1b.
«Todo este dominio y su gloria te daré», le dijo el diablo; «pues a mí me ha sido entregadoa, y a quien quiero se lo doy.
»Por tanto, si te postras delante de mí, todo será Tuyo»
Jesús le respondió: «Escrito está: “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirása”».
Entonces el diablo lo llevó a Jerusalén y lo puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo desde aquía,
pues escrito está:
“A Sus ángeles te encomendará para que te guardena”,
y:
“En las manos te llevarán,
Para que Tu pie no tropiece en piedraa”».
Jesús le respondió: «Se ha dicho: “No tentarás al Señor tu Diosa”».
Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él esperando1 un tiempo oportuno.
Ministerio en Galilea
Jesús regresó a Galileaa en el poder del Espíritu, y las nuevas1 acerca de Él se divulgaron por toda aquella regiónb.
Y enseñaba en sus sinagogasa, siendo alabado por todos.
Jesús en Nazaret
Jesús llegó a Nazaret, donde había sido criadoa, y según Su costumbre, entró en la sinagogab el día de reposo, y se levantó a leerc.
Le dieron el libro1 del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre Mí,
Porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres.
Me ha enviado1 para proclamar libertad a los cautivos,
Y la recuperación de la vista a los ciegos;
Para poner en libertad a los oprimidosa;
Para proclamar el año favorable del Señora».
Cerrando el libro1a, lo devolvió al asistente y se sentób; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él.
Y comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído1».
Todos hablaban bien1 de Él y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de Su boca, y decían: «¿No es este el hijo de Joséa?»
Entonces Él les dijo: «Sin duda me citarán este refrán: “Médico, cúrate a ti mismo; esto es, todo lo que oímos que se ha hecho en Capernaúma, hazlo también aquí en Tu tierrab”».
Y Jesús añadió: «En verdad les digo, que ningún profeta es bien recibido en su propia tierraa.
»Pero en verdad les digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis mesesa y cuando hubo gran hambre sobre toda la tierra;
sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta, en la tierra de Sidóna.
»Muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirioa».
Y todos en la sinagoga se llenaron de ira cuando oyeron estas cosas,
y levantándose, echaron a Jesús fuera de la ciudada, y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para tirar a Jesús desde allí.
Pero Él, pasando por en medio de ellosa, se fue.
Jesús enseña en Capernaúm
Jesús descendió a Capernaúma, ciudad de Galilea, b y les enseñaba en los días de reposo.
Todos se admiraban de Su enseñanzaa porque Su mensaje1 era con autoridadb.
Y había en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu1 de un demonio inmundo, y gritó a gran voz:
«Déjanos. ¿Qué tienes que ver con nosotros1a, Jesús de Nazaret2? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién Tú eres: el Santo de Diosb»
Jesús entonces lo reprendióa, diciendo: «¡Cállate y sal de él!». Y después que el demonio lo derribó en medio de ellos, salió de él sin hacerle ningún daño.
Todos se quedaron asombrados1, y discutían entre sí: «¿Qué mensaje es este? Porque2 con autoridada y poder manda a los espíritus inmundos y salen»
Y Su fama1 se divulgaba por todos los lugares de aquella regióna.
Jesús sana a la suegra de Simón y a muchos otros
aLevantándose, Jesús salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón se hallaba sufriendo con una fiebre muy altab, y le rogaron por ella.
Inclinándose sobre ella, Jesús reprendióa la fiebre y la fiebre la dejó; al instante ella se levantó y les servía.
aAl ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedadesb se los llevaban a Él; y poniendo las manosc sobre cada uno de ellos, los sanabad.
También de muchos salían demonios, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Diosa!». Pero, reprendiéndolosb, no les permitía hablar, porque sabían que Él era el Cristo1c.
Jesús recorre otras ciudades
aCuando se hizo de día, Jesús salió y se fue a un lugar solitario. Las multitudes lo buscaban, y llegaron adonde Él estaba y procuraban detener a Jesús para que no se separara de ellos.
Pero Él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar las buenas nuevas1 del reino de Dios, porque para estoa Yo he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de los judíos1a.
Llamamiento de los primeros discípulos
Aconteció que mientras la multitud se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesúsa junto al lago de Genesaretb,
vio dos barcas que estaban a la orilla del lago, pero los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, pidió que se separara un poco de tierra; y sentándose, enseñaba a las multitudes desde la barcaa.
Al terminar de hablar, dijo a Simón: «Sal a la parte más profunda1 y echen sus redes para pescar2a».
Simón le contestó: «Maestroa, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado1 nadab, pero porque Tú lo pides, echaré las redes»
Cuando lo hicieron, encerraron una gran cantidad de pecesa, de modo que sus redes se rompían.
Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Y vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies1 de Jesús, diciendo: «¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador!»
Porque el asombro se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la gran pesca que habían hecho;
y lo mismo les sucedió también a Jacobo1 y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temasa; desde ahora serás pescador de hombresb».
Y después de traer las barcas a tierra, dejándolo todo, siguieron a Jesúsa.
Curación de un leproso
aEstando Jesús en una de las ciudades, había allí un hombre lleno de lepra, y cuando vio a Jesús, cayó sobre su rostro y le rogó: «Señor, si quieres, puedes limpiarme».
Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante la lepra lo dejó.
Y Él le mandó que no se lo dijera a nadie. «Pero anda», le dijo, «muéstrate al sacerdotea y da una ofrenda1 por tu purificación según lo ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Su fama1 se difundía cada vez mása, y grandes multitudes se congregaban para oír a Jesús y ser sanadas de sus enfermedades.
Pero con frecuencia Él se retiraba a1 lugares solitarios y orabaa.
Curación de un paralítico
Y1 un día2 que Él estaba enseñando, estaban allí sentados algunos fariseosa y maestros de la leyb que habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y de Jerusalénc; y el poder del Señord estaba con Él para sanar.
aY unos hombres trajeron en una camilla a un hombre que estaba paralítico; y trataban de meterlo y ponerlo delante de Jesús.
No hallando cómo introducirlo debido a la multitud, subieron a la azoteaa y lo bajaron con la camilla a través del techo1b, poniéndolo en medio, delante de Jesús.
Al ver Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te son perdonadosa».
Entonces los escribas y fariseos comenzaron a razonara, diciendo: «¿Quién es Este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Diosb?»
Conociendo Jesús sus pensamientos, les respondió: «¿Por qué razonan en sus corazones?
»¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”?
»Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados», dijo al paralíticoa: «A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
Al instante se levantó delante de ellos, tomó la camilla en que había estado acostado, y se fue a su casa glorificando a Diosa.
El asombro se apoderó de todos y glorificaban a Diosa; y se llenaron de temorb, diciendo: «Hoy hemos visto cosas extraordinarias»
Llamamiento de Leví y la cena en su casa
aDespués de esto, Jesús salió y se fijó en un recaudador de impuestos llamado Levíb, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: «Sígueme».
Y él, dejándolo todo, se levantó y lo seguíaa.
Levía le ofreció un gran banquete en su casa, y había un grupo grande de recaudadores de impuestosb y de otros que estaban sentados1 a la mesa con ellos.
Y los fariseos y sus escribasa se quejaban a los discípulos de Jesús, diciendo: «¿Por qué comen y beben ustedes con los recaudadores de impuestos y con los pecadores?»
Jesús les respondió: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermosa.
»No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento».
Pregunta sobre el ayuno
Ellos dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones; los de los fariseos también hacen lo mismo, pero los Tuyos comen y bebena».
Entonces Jesús les dijo: «¿Acaso pueden hacer que los acompañantes del novio1 ayunen mientras el novio está con ellos?
»Pero vendrán días cuando1 el novio les será quitado, entonces ayunarán en aquellos díasa».
También les dijo una parábola: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; porque entonces1 romperá el nuevo, y el pedazo del nuevo no armonizará con el viejo.
»Y nadie echa vino nuevo en odres1 viejos, porque entonces2 el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán,
sino que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos1…
Este pasaje se ha acortado. Seguir leyendo Lucas 4–6 en Logos
Notas al pie
- 1O bajo la influencia del; en el.
- 1Algunos posteriores agregan: sino de toda palabra de Dios. Dt. 8:3.
- 1 de la tierra habitada.
- 1 hasta.
- 1 la fama.
- 1O el rollo.
- 1Algunos agregan aquí: a sanar a los quebrantados de corazón.
- 1O el rollo.
- 1 en sus oídos.
- 1O testificaban.
- 1 palabra.
- 1 teniendo un espíritu.
- 1 ¿Qué a nosotros y a ti.
- 2 Jesús nazareno.
- 1 Y el asombro vino sobre todos.
- 2O ¿Qué es esta palabra que.
- 1 el rumor acerca de Él.
- 1I.e. el Mesías.
- 1O el evangelio.
- 1I.e. de Judea y Galilea.
- 1O Boga hacia lo hondo.
- 2 una redada.
- 1 agarrado.
- 1 las rodillas.
- 1O Santiago.
- 1 ofrece.
- 1 la palabra acerca de Él.
- 1 en.
- 1 Y sucedió que.
- 2 en uno de los días.
- 1 de las tejas.
- 1 recostados.
- 1 hijos del tálamo.
- 1 y cuando.
- 1 ya que si no.
- 1I.e. cueros usados como recipientes.
- 2 ya que si no.
- 1…Algunos agregan: y ambos se conservan.
Referencias cruzadas
- aLuc. 4:1–13: Mat. 4:1–11; Mar. 1:12, 13
- bLuc. 3:3
- aEx. 34:28; 1Rey. 19:8
- aDt. 8:3
- aMat. 4:8–10
- bMat. 24:14
- a1Jn. 5:19
- aDt. 6:13; 10:20; Mat. 4:10
- aMat. 4:5–7
- aSal. 91:11
- aSal. 91:12
- aDt. 6:16
- aMat. 4:12
- bMat. 9:26; Luc. 4:37
- aMat. 4:23
- aLuc. 2:39, 51
- bMat. 13:54; Mar. 6:1, 2
- cHech. 13:14–16
- aIsa. 61:1; Mat. 11:5; 12:18; Juan 3:34
- aLev. 25:10; Isa. 61:2
- aLuc. 4:17
- bMat. 26:55
- aMat. 13:55; Mar. 6:3; Juan 6:42
- aMat. 4:13; Mar. 1:21 y ; 2:1 y ; Luc. 4:35 y ; Juan 4:46 y
- bMar. 6:1; Luc. 2:39, 51; 4:16
- aMat. 13:57; Mar. 6:4; Juan 4:44
- a1Rey. 17:1; 18:1; Sant. 5:17
- a1Rey. 17:9; Mat. 11:21
- a2Rey. 5:1–14
- aNúm. 15:35; Hech. 7:58; Heb. 13:12
- aJuan 10:39
- aMat. 4:13; Luc. 4:23
- bLuc. 4:31–37: Mar. 1:21–28
- aMat. 7:28
- bLuc. 4:36; Juan 7:46
- aMat. 8:29
- bMar. 1:24
- aMat. 8:26; Mar. 4:39; Luc. 4:39, 41; 8:24
- aLuc. 4:32
- aLuc. 4:14
- aLuc. 4:38, 39: Mat. 8:14, 15; Mar. 1:29–31
- bMat. 4:24
- aLuc. 4:35, 41
- aLuc. 4:40, 41: Mat. 8:16, 17; Mar. 1:32–34
- bMar. 1:32
- cMar. 5:23
- dMat. 4:23
- aMat. 4:3
- bLuc. 4:35
- cMat. 8:16; Mar. 1:34
- aLuc. 4:42, 43: Mar 1:35–38
- aMar. 1:38
- aMat. 4:23
- aMat. 4:18–22; Mar. 1:16–20; Luc. 5:1–11; Juan 1:40–42
- bNúm. 34:11; Dt. 3:17; Jos. 12:3; 13:27; Mat. 4:18
- aMat. 13:2; Mar. 3:9, 10; 4:1
- aJuan 21:6
- aLuc. 8:24; 9:33, 49; 17:13
- bJuan 21:3
- aJuan 21:6
- aMat. 14:27
- b2Tim. 2:26
- aMat. 4:20, 22; 19:29; Mar. 1:18, 20; Luc. 5:28
- aLuc. 5:12–14: Mat. 8:2–4; Mar. 1:40–44
- aLev. 13:49; 14:2 y
- aMat. 9:26
- aMat. 14:23; Mar. 1:35; Luc. 6:12
- aMat. 15:1
- bLuc. 2:46
- cMar. 1:45
- dMar. 5:30; Luc. 6:19; 8:46
- aLuc. 5:18–26: Mat. 9:2–8; Mar. 2:3–12
- aMat. 24:17
- bMar. 2:4
- aMat. 9:2
- aLuc. 3:8
- bIsa. 43:25; Luc. 7:49
- aMat. 4:24
- aMat. 9:8
- aMat. 9:8
- bLuc. 1:65; 7:16
- aLuc. 5:27–39: Mat. 9:9–17; Mar. 2:14–22
- bMat. 9:9
- aLuc. 5:11
- aMat. 9:9
- bLuc. 15:1
- aMar. 2:16; Luc. 15:2; Hech. 23:9
- aMat. 9:12, 13; Mar. 2:17
- aMat. 9:14; Mar. 2:18
- aMat. 9:15; Mar. 2:20; Luc. 17:22
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