Isaías 34–36
Nueva Biblia de las AméricasOtras versiones
Español
Alemán
Árabe
Checo
Chino simplificado
Chino tradicional
Coreano
Francés
Hebreo
Húngaro
Inglés
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
Italiano
Latín
Portugués
Ruso
Juicio contra las naciones
Acérquense, naciones, para oír, y escuchen, pueblosa.
Oiga la tierrab y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que de él brota.
Porque el enojoa del Señor es contra todas las naciones,
Y Su furor contra todos sus ejércitos.
Las ha destruido por completo1b,
Las ha entregado a la matanzac.
Sus muertos serán arrojadosa,
De sus cadáveres subirá el hedorb,
Y las montañas serán empapadas1 con su sangrec.
Todo el ejército de los cielos se consumirá1a,
Y los cielos se enrollarán como un pergaminob.
También todos sus ejércitos se marchitarán
Como se marchita la hoja de la vid,
O como se marchita la de la higuera.
Porque Mi espada está embriagada en el cieloa,
Descenderá para hacer juicio sobre Edomb
Y sobre el pueblo que Yo he dedicado a la destrucción1c.
La espada del Señor está llena de sangre,
Está llena1 de sebo, de la sangre de corderos y de machos cabríos,
De sebo de los riñones de carneros.
Porque el Señor tiene un sacrificio en Bosraa,
Y una gran matanza en la tierra de Edomb.
Y novillos junto con torosb.
Así su tierra se embriagará de sangrec,
Y su polvo será engrasado2 de sebo.
Porque es día de venganza del Señora,
Año de retribución para la causa1 de Sión.
Los torrentes de Edom se convertirán en brea,
Su polvo en azufrea,
Y su tierra será brea ardiente.
No se apagará ni de noche ni de díaa,
Su humo subirá para siempreb.
De generación en generación permanecerá desoladac,
Nunca jamás pasará nadie por ellad.
Pero el pelícano1a y el erizo la poseerán,
El búho y el cuervo habitarán en ella.
Dios extenderá sobre ella el cordel de desolación2
Sus nobles (y allí no hay ningunoa
A quien puedan proclamar rey)
Y todos sus príncipes serán nadab.
Espinos crecerán en sus palacios1a,
Ortigas y cardos en sus ciudades fortificadas2.
Será también guarida de chacalesb
Y morada3 de crías de avestruz.
Las fieras del desierto se encontrarán con las hienas1,
El macho cabrío2a llamará a los de su especie.
Sí, el monstruo nocturno3 se establecerá allí,
Y encontrará para sí lugar de reposo.
Allí la serpiente anidará y pondrá sus huevos,
Los incubará y juntará su cría bajo su sombra.
También allí se juntarán los halcones1a,
Cada uno con su compañera.
Busquen en el libro del Señora, y lean:
Ninguno de ellos faltará,
Ninguno carecerá de su compañera.
Porque Su1 bocab lo ha mandado,
Y Su Espíritu los ha reunido.
Él les ha echado suertesa,
Y Su mano les ha repartido la tierra1 con el cordelb.
La poseerán para siempre;
De generaciónc en generación morarán en ella.
Futuro glorioso de Sión
El desierto y el lugar desoladoa se alegrarán,
Y se regocijará el Arabá1 y floreceráb;
Como el azafrán2
Floreceráa copiosamente
Y se regocijará en gran manera y gritará de júbilob.
La gloria del Líbanoc le será dada,
La majestad del Carmelod y de Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor,
La majestad de nuestro Diose.
Fortalezcan las manos débiles
Y afiancen las rodillas vacilantesa.
Digan a los de corazón tímidoa:
«Esfuércense, no teman,
Pues su Dios viene con venganzab;
La retribución1c vendrá de Dios mismo,
Mas Él los salvarád».
Entonces se abrirán los ojos de los ciegosa,
Y los oídos de los sordos se destaparánb.
El cojo entonces saltará como un ciervoa,
Y la lengua del mudo gritaráb de júbilo,
Porque aguas brotarán en el desierto
La tierra abrasada1 se convertirá en laguna,
Y el secadal en manantiales de aguasa.
En la guarida de chacalesb, su lugar de descanso,
La hierba se convertirá en cañas y juncos.
Allí habrá una calzada, un caminoa,
Y será llamado Camino de Santidadb.
El inmundo no viajará por élc,
Sino que será para el que ande en ese camino.
Los necios no vagarán por éld.
Allí no habrá leóna,
Ni subirá por él bestia ferozb;
Estos no se hallarán1 allí.
Sin embargo, por allí andarán los redimidosc.
Volverán los rescatados del Señor,
Entrarán en Sióna con gritos de júbilo,
Con alegría eterna sobre sus cabezas.
Gozo y alegría alcanzarán,
Y huirán la tristeza y el gemidob.
Invasión de Senaquerib
aY aconteció que en el año catorce del rey Ezequías, subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó.
El rey de Asiria envió desde Laquis a Jerusalén, al Rabsaces1 con un gran2 ejército, contra el rey Ezequías. Y se colocó junto al acueducto del estanque superior que está en la calzada del campo del Batanero3a.
Entonces Eliaquim, hijo de Hilcíasa, mayordomo de1 la casa real, el escriba Sebnab y el cronista Joa, hijo de Asaf, salieron a recibirlo.
Y el Rabsaces les dijo: «Digan ahora a Ezequías: “Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ‘¿Qué confianza es esta que tú tienes1?
’Yo digo1: “Tu consejo y poderío para la guerra solo son palabras vacías2”. Ahora pues, ¿en quién confías que te has rebelado contra mía?
’Yo sé que tú confías en el báculo de esta caña quebrada, es decir, en Egipto, en el cual, si un hombre se apoya, penetrará en su mano1 y la traspasará. Así es Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en éla.
’Pero si me dicen: “Nosotros confiamos en el Señor nuestro Dios”, ¿no es Él aquel cuyos lugares altos y cuyos altares Ezequías ha quitadoa y ha dicho a Judá y a Jerusalén: “Adoren delante de este altar”?
‘Ahora pues, te ruego que llegues a un acuerdo1 con mi señor el rey de Asiria, y yo te daré 2,000 caballos, si por tu parte puedes poner jinetes sobre ellos.
‘¿Cómo, pues, puedes rechazar a1 un oficial2 de los menores de los siervos de mi señor, y confiar3 en Egipto para tener carros y hombres de a caballoa?
‘¿He subido ahora sin el consentimiento del Señor contra esta tierra para destruirla? El Señor me dijoa: “Sube contra esta tierra y destrúyela” ’ ”».
Entonces Eliaquim, Sebna y Joa dijeron al Rabsaces: «Le rogamos que usted hable a sus siervos en arameoa porque nosotros lo entendemos1, y no nos hable en la lengua de Judáb a oídos del pueblo que está sobre la muralla».
Pero el Rabsaces dijo: «¿Acaso me ha enviado mi señor para hablar estas palabras solo a tu señor y a ti, y no a los hombres que están sentados en la muralla, condenados a comer sus propios excrementos y a beber su propia orina con ustedes?».
El Rabsaces se puso en pie, gritó a gran voz en la lengua de Judáa: «Escuchen las palabras del gran rey, el rey de Asiria.
»Así dice el rey: “Que no los engañea Ezequías, porque él no los podrá librar.
”Que tampoco Ezequías los haga confiar en el Señor, diciendo: ‘Ciertamente el Señor nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiriaa’.
“No escuchen a Ezequías”, porque así dice el rey de Asiria: ‘Hagan la paz conmigo1 y salgan a mí, y coma cada uno de su vid y cada uno de su higueraa, y beba cada cual de las aguas de su cisternab,
hasta que yo venga y los lleve a una tierra como su tierra, tierra de grano y de vino nuevo, tierra de pan y de viñas
“Cuidado, no sea que Ezequías los engañe, diciendo: ‘El Señor nos libraráa’. ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria?
”¿Dónde están los dioses de Hamat y de Arfada? ¿Dónde están los dioses de Sefarvaimb? ¿Cuándo han librado ellos a Samariac de mi mano?
“¿Quiénes de entre todos los dioses de estas tierras han librado su tierra de mi manoa, para que el Señorb libre a Jerusalén de mi mano?”».
Pero ellos se quedaron callados y no le respondieron palabra algunaa; porque el rey había dado un mandato al pueblo diciéndole: «No le respondan».
Entonces Eliaquim, hijo de Hilcíasa, mayordomo de la casa real, el escriba Sebnab y el cronista Joa, hijo de Asaf, fueron a Ezequías con sus vestidos rasgados, y le relataron las palabras del Rabsaces.
Notas al pie
- 1O ha dedicado al anatema.
- 1 se disolverán.
- 1 se pudrirán.
- 1 el pueblo de mi anatema.
- 1 engordada.
- 1 descenderán.
- 2 engordado.
- 1O controversia.
- 1O búho.
- 2O sin forma.
- 3 las piedras.
- 1O ciudadelas.
- 2O fortalezas.
- 3 recinto.
- 1O animales aulladores.
- 2O el demonio.
- 3 Liliz.
- 1O milanos.
- 1Así en los ; en el , mi.
- 1 a ella.
- 1O desierto.
- 2O croco.
- 1 recompensa.
- 1O desierto.
- 1O El espejismo.
- 1 no se hallará.
- 1 copero mayor.
- 2 pesado.
- 3O del Lavandero.
- 1O que estaba sobre.
- 1 en que confías.
- 1Los , otros y 2 Rey. 18:20 dicen: Tú dices.
- 2 palabra de los labios.
- 1 palma.
- 1 intercambies promesas.
- 1 volver el rostro de.
- 2O gobernador.
- 3 confiar para ti mismo.
- 1 oímos.
- 1 Hagan conmigo una bendición.
Referencias cruzadas
- aSal. 49:1; Isa. 41:1; 43:9
- bDt. 32:1; Isa. 1:2
- aIsa. 26:20
- bIsa. 13:5; 24:1
- cIsa. 30:25; 63:6; 65:12
- aIsa. 14:19
- bJoel 2:20; Amós 4:10
- cEzq. 14:19; 35:6; 38:22
- aIsa. 13:13; 51:6; Ezq. 32:7, 8; Joel 2:31; Mat. 24:29; 2 Ped. 3:10
- bApoc. 6:12–14
- aDt. 32:41, 42; Jer. 46:10; Ezq. 21:3–5
- bIsa. 63:1; Jer. 49:7, 8, 20; Ezq. 25:12–14; 35:1–15; Amós 1:11, 12; Abd. 1–14; Mal. 1:4
- cIsa. 24:6; 43:28
- aJer. 49:13
- bIsa. 63:1
- aNúm. 23:22; Sal. 22:21
- bSal. 68:30; Jer. 50:27
- cIsa. 63:6
- aIsa. 13:6; 35:4; 47:3; 61:2; 63:4
- aDt. 29:23; Sal. 11:6; Isa. 30:33
- aIsa. 1:31; 66:24
- bApoc. 14:11; 19:3
- cIsa. 13:20–22; 24:1; 34:10–15; Mal. 1:3, 4
- dEzq. 29:11
- aSof. 2:14
- b2 Rey. 21:13; Isa. 24:10; Lam. 2:8
- aJer. 27:20; 39:6
- bIsa. 41:11, 12
- aIsa. 25:2; 32:13
- bSal. 44:19; Isa. 13:22; Jer. 9:11; 10:22
- aIsa. 13:21
- aDt. 14:13
- aIsa. 30:8
- bIsa. 1:20; 40:5; 58:14
- aIsa. 17:13, 14; Jer. 13:25
- bIsa. 34:11
- cIsa. 34:10
- aIsa. 6:11; 7:21–25; 27:10
- bIsa. 41:18, 19; 51:3; 55:12, 13
- aIsa. 27:6; 32:15
- bIsa. 25:9; 35:10; 55:12, 13; 66:10, 14
- cIsa. 60:13
- dCant. 7:5
- eIsa. 25:9
- aJob 4:3, 4; Heb. 12:12
- aIsa. 32:4
- bIsa. 1:24; 47:3; 61:2; 63:4
- cIsa. 34:8; 59:18
- dSal. 145:19; Isa. 33:22; 35:4
- aIsa. 42:7, 16; Juan 9:6, 7
- bIsa. 29:18; 32:3, 4; 50:4; Mat. 11:5
- aJuan 5:8, 9; Hech. 3:8
- bMat. 9:32; 15:30; Luc. 11:14
- cIsa. 35:1; 41:18; 43:19; 49:10; 51:3; Juan 7:38
- aIsa. 49:10
- bIsa. 13:22; 34:13
- aIsa. 11:16; 19:23; 40:3; 49:11; 62:10
- bIsa. 4:3; 52:1; Mat. 7:13, 14; 1 Ped. 1:15, 16
- cIsa. 33:8
- dIsa. 30:21; 51:10
- aIsa. 5:29
- bIsa. 30:6
- cIsa. 51:10; 62:12; 63:4
- aIsa. 1:27
- bIsa. 25:8; 30:19; 51:11; 65:19; Apoc. 7:17; 21:4
- a2 Rey. 18:13–37; 2 Crón. 32:1–19
- a2 Rey. 18:17–20:11; 2 Crón. 32:9–24; Isa. 7:3; 36:2–38:8
- aIsa. 22:20
- bIsa. 22:15
- a2 Rey. 18:7
- aSal. 146:3; Isa. 30:3, 5, 7; Ezq. 29:6, 7
- aDt. 12:2–5; 2 Rey. 18:4, 5
- aIsa. 20:5; 30:2–5, 7; 31:3
- a1 Rey. 13:18; 22:6, 12
- aEsd. 4:7; Dan. 2:4
- bIsa. 36:13
- a2 Crón. 32:18
- aIsa. 37:10
- aIsa. 36:18, 20; 37:10, 11
- a1 Rey. 4:25; Miq. 4:4; Zac. 3:10
- bPrv. 5:15
- aIsa. 36:15
- aJer. 49:23
- bIsa. 37:11–13
- c2 Rey. 17:6; Isa. 10:9–11
- a1 Rey. 20:23, 28
- bIsa. 36:15
- aPrv. 9:7, 8; 26:4
- aIsa. 22:20; 36:3
- bIsa. 22:15
Copyright 2005 por The Lockman Foundation