2º Crónicas 32:9–24
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Después de esto, mientras Senaquerib, rey de Asiria, estaba sitiando1 Laquis con todas sus fuerzas, envió a sus siervos a Jerusalén, a decirle a Ezequías, rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusaléna:
«Así dice Senaquerib, rey de Asiria: “¿En qué están ustedes confiando para que permanezcan bajo sitio en Jerusalén?
”¿No los engaña Ezequías para entregarlos a morir de hambre y de sed, diciéndoles: ‘El Señor nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria?’.
”¿Acaso no es el mismo Ezequías el que ha quitado Sus lugares altos y Sus altaresa, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: ‘Delante de un solo altar ustedes adorarán, y sobre él quemarán incienso?’.
”a¿No saben lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de estas1 tierras? ¿Pudieron los dioses de las naciones de las tierras librar su tierra de mi mano?
”¿Quién de entre todos los dioses de aquellas naciones que mis padres destruyeron completamente pudo librar a su pueblo de mi mano, para que el Dios de ustedes pueda librarlos de mi manoa?
”Ahora pues, no dejen que Ezequías los engañe y los extravíe en esta forma. No crean en él, porque ningún dios de ninguna nación ni reino pudo librar a su pueblo de mi mano ni de la mano de mis padres. ¡Cuánto menos los librará de mi mano el Dios de ustedesa!”».
Y los siervos de Senaquerib hablaron aún más contra el Señor Dios y contra su siervo Ezequías.
También Senaquerib escribió cartas para insultar al Señor, Dios de Israel, y para hablar contra Él, en que decía: «Como los dioses de las naciones de las tierras no han1 librado a sus pueblos de mi mano, así el Dios de Ezequías no librará a Su pueblo de mi manoa».
Proclamaron esto a gran voz en la lengua de Judá1a al pueblo de Jerusalén que estaba sobre la muralla, para espantarlos y aterrorizarlos, para así poder tomar la ciudad.
Y hablaron del1 Dios de Jerusalén como de los dioses de los pueblos de la tierra, obra de manos de hombresa.
Pero el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amoz, oraron sobre esto, y clamaron al cielo.
El Señor envió un ángel que destruyó a todo guerrero valiente, comandante y capitán en el campamento del rey de Asiria. Así regresó avergonzado1 a su propia tierra. Y cuando entró al templo2 de su dios, algunos de sus propios hijos lo mataron allí a espada.
Así salvó el Señor a Ezequías y a los habitantes de Jerusaléna de mano de Senaquerib, rey de Asiria, y de mano de todos los demás, y los guió1 por todas partes.
Y muchos traían presentes al Señor en Jerusalén y presentes valiososa a Ezequías, rey de Judá, de modo que después de esto fue engrandecido delante de todas las nacionesb.
aEn aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte; y oró al Señor, y Él le habló y le dio una señal.
Footnotes
Cross references
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