Marcos 4–5
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Capitulo 4
Parábola del sembrador
aComenzó a enseñar de nuevo junto al mar; y se llegó1 a Él una multitud tan grandeb que tuvo que subirse a una barcac que estaba en el mar, y se sentó; y toda la multitud estaba en tierra a la orilla del mar.
2Les enseñaba muchas cosas en parábolasa; y les decía en su enseñanza:
3¡Oíd! He aquí, el sembrador salió a sembrar;
4y aconteció que al sembrar, una parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron.
5Otra parte cayó en un pedregal donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó por no tener profundidad de tierra.
6Pero cuando salió el sol, se quemó; y por no tener raíz, se secó.
7Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.
8Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno.
9Y Él decía: El que tiene oídos para oír, que oigaa.
Explicación de la parábola
10Cuando se quedó solo, sus seguidores1 junto con los doce, le preguntaban sobre las parábolas.
11Y les decía: A vosotros os ha sido dado el misterio del reino de Dios, pero los que están afueraa reciben todo en parábolasb;
12para que viendo vean pero no perciban, y oyendo oigan pero no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonadosa.
13aY les dijo*: ¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, pues, comprenderéis todas las parábolas?
14El sembrador siembra la palabra.
15Y estos son los que están junto al camino donde se siembra la palabra, aquellos que en cuanto la oyen, al instante viene Satanása y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos.
16Y de igual manera, estos en que se sembró la semilla en pedregales son los que al oír la palabra enseguida la reciben con gozo;
17pero no tienen raíz profunda en sí mismos, sino que solo son temporales. Entonces, cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, enseguida tropiezan1 y caen.
18Otros son aquellos en los que se sembró la semilla entre los espinos; estos son los que han oído la palabra,
19pero las preocupaciones del mundo1, y el engaño de las riquezas, y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra, y se vuelve estérila.
20Y otros son aquellos en que se sembró la semilla en tierra buena; los cuales oyen la palabra, la aceptan y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por unoa.
21Y les decía: ¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un almud o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candeleroa?
22Porque nada hay oculto, si no es para que sea manifestado; ni nada ha estado en secreto, sino para que salga a la luza.
23Si alguno tiene oídos para oír, que oigaa.
24También les decía: Cuidaos de lo que oís. Con la medida con que midáis, se os mediráa, y aun más se os dará.
25Porque al que tiene, se le dará más, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitaráa.
Parábola del crecimiento de la semilla
26Decía también: El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierraa,
27y se acuesta1 y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe.
28La tierra produce fruto por sí misma; primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro1 en la espiga.
29Y cuando el fruto lo permite, él enseguida mete1 la hoza, porque ha llegado el tiempo de la siega.
Parábola del grano de mostaza
30aTambién decía: ¿A qué compararemos el reino de Diosb, o con qué parábola lo describiremos?
31Es como un grano de mostaza, el cual, cuando se siembra en la tierra, aunque es más pequeño que todas las semillas que hay en la tierra,
32sin embargo, cuando es sembrado, crece y llega a ser más grande que todas las hortalizas y echa grandes ramas, tanto que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombraa.
33Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, según podían oírla;
34y sin parábolas1a no les hablaba, sino que lo explicabab todo en privado a sus propios discípulos.
Jesús calma la tempestad
35aEse día, caída ya la tarde, les dijo*: Pasemos al otro lado.
36Despidiendo1 a la multitud, le llevaron* con ellos en la barcaa, como estaba; y había otras barcas con Él.
37Pero se levantó* una violenta tempestad1, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya se anegaba la barca.
38Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal1; entonces le despertaron* y le dijeron*: Maestro, ¿no te importa que perezcamos?
39Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: ¡Cálmate1, sosiégate2! Y el viento cesó, y sobrevino una gran calmaa.
40Entonces les dijo: ¿Por qué estáis amedrentados? ¿Cómo no tenéis fea?
41Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: ¿Quién, pues, es este que aun el viento y el mar le obedecen?
Capitulo 5
El endemoniado gadareno
aY llegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos1.
2Y cuando Él salió de la barcaa, enseguida vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundob
3que tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía ya atarlo ni aun con cadenas;
4porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo.
5Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras.
6Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de Él;
7y gritando a gran voz, dijo*: ¿Qué tengo yo que ver contigo1, Jesús, Hijo del Diosa Altísimob? Te imploro por Dios que no me atormentesc.
8Porque Jesús le decía: Sal del hombre, espíritu inmundo.
9Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él le dijo*: Me llamo Legióna, porque somos muchos.
10Entonces le rogaba con insistencia que no los enviara fuera de la tierra.
11Y había allí una gran piara de cerdos paciendo junto al monte.
12Y los demonios le rogaron, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos.
13Y Él les dio permiso. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se precipitó por un despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron1.
14Y los que cuidaban los cerdos1 huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y la gente vino a ver qué era lo que había sucedido.
15Y vinieron* a Jesús, y vieron* al que había estado endemoniadoa, sentado, vestidob y en su cabal juicio, el mismo que había tenido la legiónc; y tuvieron miedod.
16Y los que lo habían visto les describieron cómo le había sucedido esto al endemoniadoa, y lo de los cerdos.
17Y comenzaron a rogarle que se fuera de su comarcaa.
18aAl entrar Él en la barca, el que había estado endemoniadob le rogaba que le dejara acompañarle1.
19Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo*: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas1 el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de tia.
20Y él se fue, y empezó a proclamar en Decápolisa cuán grandes cosas1 Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.
Jairo ruega por su hija
21Cuando Jesús pasó otra veza en la barcab al otro lado, se reunió una gran multitud alrededor de Él; y Él se quedó1 junto al marc.
22aY vino uno de los oficiales1 de la sinagogab, llamado Jairo, y al verle se postró* a sus pies.
23Y le rogaba* con insistencia, diciendo: Mi hijita está al borde de la muerte; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ellaa para que sane1 y viva.
24Jesús fue con él; y una gran multitud le seguía y le oprimía.
Jesús sana a una mujer
25Y una mujer que había tenido flujo de sangre por doce años,
26y había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado;
27cuando oyó hablar de Jesús, se llegó a Él por detrás entre la multitud y tocó su manto.
28Porque decía1: Si tan solo toco sus ropas, sanaré2.
29Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su afliccióna.
30Y enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de Éla, volviéndose entre la gente, dijo: ¿Quién ha tocado mi ropa?
31Y sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te oprime, y dices: «¿Quién me ha tocado?».
32Pero Él miraba a su alrededor para ver a la mujer que le había tocado1.
33Entonces la mujer, temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad.
34Y Jesús le dijo: Hija, tu fe te ha sanado1a; vete en pazb y queda sana de tu aflicciónc.
Jesús resucita a la hija de Jairo
35Mientras estaba todavía hablando, vinieron* de casa del oficial de la sinagogaa, diciendo: Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro?
36Pero Jesús, oyendo lo que se hablaba, dijo* al oficial de la sinagogaa: No temas, cree solamente1b.
37Y no permitió que nadie fuera con Él sino solo Pedro, Jacobo1 y Juan, el hermano de Jacobo1a.
38Fueron* a la casa del oficial de la sinagogaa, y Jesús vio* el alboroto, y a los que lloraban y se lamentaban mucho.
39Y entrando les dijo*: ¿Por qué hacéis alboroto y lloráis? La niña no ha muerto, sino que está dormida.
40Y se burlaban de Él. Pero Él, echando fuera a todos, tomó* consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con Él, y entró* donde estaba la niña.
41Y tomando a la niña por la mano, le dijo*: Talita cumi (que traducido significa: Niña, a ti te digo, ¡levántatea!).
42Al instante la niña se levantó y comenzó a caminar, pues tenía doce años. Y al momento se quedaron completamente atónitos.
43Entonces les dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de estoa; y dijo que le dieran de comer a la niña1.
Footnotes
- 1, se reúne
- 1, los que estaban a su derredor
- 1, se les hace tropezar
- 1O, siglo
- 1, Y duerme
- 1O, lleno
- 1, envía
- 1, sin una parábola
- 1, Dejando
- 1, tempestad de viento
- 1O, una almohadilla
- 1, calla
- 2, enmudece
- 1Otros dicen: guerasenos, o, guerguesenos
- 1, ¿Qué a mí y a ti
- 1, se ahogaban
- 1, Y los que los cuidaban
- 1, para que estuviera con Él
- 1O, todo lo que
- 1O, todo lo que
- 1, estaba
- 1O, principales, y así en el resto del cap.
- 1, se salve
- 1O, pensaba
- 2, seré salva
- 1, había hecho esto
- 1, salvado
- 1O, sigue creyendo
- 1O, Santiago
- 1, ella
Cross references
- aMar. 4:1–12; Mat. 13:1–15; Luc. 8:4–10
- bMar. 2:13; 3:7
- cLuc. 5:1–3
- aMat. 13:3 y sig.; Mar. 3:23; 4:2 y sig.
- aMat. 11:15; Mar. 4:23; Apoc. 2:7, 11, 17, 29
- a1 Cor. 5:12, 13; Col. 4:5; 1 Tes. 4:12; 1 Tim. 3:7
- bMar. 3:23; 4:2
- aIsa. 6:9, 10; 43:8; Jer. 5:21; Ezeq. 12:2; Mat. 13:14; Luc. 8:10; Juan 12:40; Rom. 11:8
- aMar. 4:13–20; Mat. 13:18–23; Luc. 8:11–15
- aMat. 4:10; 1 Ped. 5:8; Apoc. 20:2, 3, 7–10
- aProv. 23:4; Mat. 13:22; Rom. 12:2; Ef. 2:2; 6:12; 1 Tim. 6:9, 10, 17
- aJuan 15:2 y sig.; Rom. 7:4
- aMat. 5:15; Luc. 8:16; 11:33
- aMat. 10:26; Luc. 8:17; 12:2
- aMat. 11:15; 13:9, 43; Mar. 4:9; Luc. 8:8; 14:35; Apoc. 3:6, 13, 22; 13:9
- aMat. 7:2; Luc. 6:38
- aMat. 13:12; 25:29; Luc. 8:18; 19:26
- aMat. 13:24–30; Mar. 4:26–29
- aJoel 3:13
- aMar. 4:30–32; Mat. 13:31, 32; Luc. 13:18, 19
- bMat. 13:24
- aSal. 104:12; Ezeq. 17:23; 31:6; Dan. 4:12
- aMat. 13:34; Juan 10:6; 16:25
- bLuc. 24:27
- aMar. 4:35–41; Mat. 8:18, 23–27; Luc. 8:22, 25
- aMar. 3:9; 4:1; 5:2, 21
- aSal. 65:7; 89:9; 107:29; Mat. 8:26; Luc. 8:24
- aMat. 14:31; Luc. 8:25
- aMar. 5:1–17; Mat. 8:28–34; Luc. 8:26–37
- aMar. 3:9; 4:1, 36; 5:21
- bMar. 1:23
- aMat. 4:3
- bMat. 8:29; Hech. 16:17; Heb. 7:1
- cLuc. 8:28
- aMat. 26:53; Mar. 5:15; Luc. 8:30
- aMat. 4:24; Mar. 5:16, 18
- bLuc. 8:27
- cMar. 5:9
- dLuc. 8:35
- aMat. 4:24; Mar. 5:15
- aMat. 8:34; Hech. 16:39
- aMar. 5:18–20; Luc. 8:38, 39
- bMat. 4:24; Mar. 5:15, 16
- aLuc. 8:39
- aSal. 66:16; Mat. 4:25; Mar. 7:31
- aMat. 9:1; Luc. 8:40
- bMar. 4:36
- cMar. 4:1
- aMar. 5:22–43; Mat. 9:18–26; Luc. 8:41–56
- bMat. 9:18; Mar. 5:35, 36, 38; Luc. 8:49; 13:14; Hech. 13:15; 18:8, 17
- aMar. 6:5; 7:32; 8:23; 16:18; Luc. 4:40; 13:13; Hech. 6:6; 9:17; 28:8
- aMar. 3:10; 5:34
- aLuc. 5:17
- aMat. 9:22
- bLuc. 7:50; 8:48; Hech. 16:36; Sant. 2:16
- cMar. 3:10; 5:29
- aMar. 5:22
- aMar. 5:22
- bLuc. 8:50
- aMat. 17:1; 26:37
- aMar. 5:22
- aLuc. 7:14; Hech. 9:40
- aMat. 8:4
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