Logos Bible Study

Isaías 40–66

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

Spanish

Arabic

Czech

English

French

German

Hebrew

Hungarian

Italian

Korean

Latin

Portuguese

Russian

Simplified Chinese

Traditional Chinese

SEGUNDA PARTE (40–55)

LA BUENA NOTICIA DE LA LIBERACIÓN

Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios.

Hablen al corazón de Jerusalén,

anúncienle a gritos

que se acabó su servidumbre,

que su culpa ha sido perdonada;

que ha recibido de mano del Señor

doble castigo por sus extravíos.

Una voz anuncia a gritos:

“Preparen en el desierto

un camino al Señor,

allanen en la estepa

una senda a nuestro Dios.

Las vaguadas serán levantadas,

montañas y colinas allanadas.

Lo tortuoso será enderezado,

lo escabroso será aplanado.

Aparecerá la gloria del Señor,

y todo ser vivo podrá ver

que ha hablado la boca del Señor”.

Dice una voz: “¡Grita!”.

Respondo: “¿Qué he de gritar?”.

“Que todo ser vivo es hierba,

su hermosura flor de campo.

Se seca la hierba, se amustia la flor,

cuando sopla sobre ellas el aliento del Señor.

Se seca la hierba, se amustia la flor,

permanece inmutable la palabra de nuestro Dios”.

Súbete a un monte encumbrado,

tú que traes buenas nuevas a Sión.

Alza luego con fuerza tu voz,

tú que traes buenas nuevas a Jerusalén.

Alza tu voz sin miedo,

di a las ciudades de Judá:

“Aquí tienen a su Dios.

Aquí llega con fuerza el Señor Dios;

su brazo le proporciona poder.

Aquí llega acompañado de su salario,

su recompensa le abre camino.

Conduce a su rebaño como un pastor,

lo va reuniendo con su brazo;

lleva en su regazo a los corderos,

va guiando a las que crían”.

EL DIOS CREADOR Y LOS ÍDOLOS

¿Quién ha medido con su mano el mar,

o ha calculado a palmos el cielo,

o ha metido en un recipiente

el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado los montes en la balanza

o calculado en el peso las colinas?

¿Quién podrá medir el espíritu del Señor

o le enseñará lo que ha de hacer?

¿De quién se aconsejó para entender,

para aprender el camino de la justicia,

para que le enseñara a conocer

y le mostrara la senda del discernimiento?

Vean lo que son las naciones:

una gota que se escurre de un cubo,

un grano de tierra en la balanza.

Vean lo que son las islas:

una mota de polvo en un peso.

El Líbano no da abasto de leña,

los animales no dan abasto de víctimas.

Ante él nada son las naciones,

las tiene por nada de nada.

¿Con quién compararán a Dios,

a qué imagen lo asemejarán?

El escultor funde un ídolo,

el orfebre lo recubre de oro,

le funde adornos de plata.

El que es pobre de recursos

elige madera incorruptible;

se busca un escultor profesional

que le haga una imagen consistente.

¿No lo saben ni lo han oído?

¿No se lo han dicho desde el principio?

¿No han llegado a entender

cómo se sostiene la tierra?

Él habita en el orbe terrestre

(sus habitantes le parecen saltamontes),

despliega el cielo como un toldo

y lo extiende como tienda habitable.

Él convierte en nada a los príncipes

y transforma en nulidad a los gobernantes:

apenas los plantan, apenas los siembran,

apenas arraigan sus tallos en tierra,

si sopla sobre ellos, se agostan

y el vendaval los avienta como paja.

¿Con quién me compararán?

¿Con quién me asemejarán?

—dice el Santo—.

Levanten los ojos a lo alto,

vean quién ha creado esas cosas:

el que saca a su ejército innumerable

y llama a cada cual por su nombre,

tan sobrado de poder y de fuerza

que no puede fallarle ninguno.

¿Por qué afirmas, Jacob,

y andas diciendo, Israel:

“Mi conducta está oculta al Señor,

mi Dios se desentiende de mi causa”?

¿No lo sabes, no has oído

que el Señor es un Dios eterno,

creador de los confines de la tierra?

No se cansa ni desfallece,

su inteligencia es inescrutable.

Da fuerza al cansado,

aumenta el vigor de los débiles.

Los jóvenes se cansan y se agotan,

una y otra vez tropiezan los mozos;

recobran, en cambio, su fuerza,

los que esperan en el Señor,

alzan su vuelo como las águilas;

corren pero no se cansan,

andan y no se fatigan.

LA HISTORIA PRESENTE TAMBIÉN EN MANOS DE DIOS

Escúchenme, islas, en silencio;

pueblos, esperen mi reprensión.

Que se acerquen y entonces hablaremos,

comparezcamos juntos a juicio.

¿Quién lo ha suscitado por oriente

y le ofrece la victoria a cada paso,

pone a su alcance a las naciones

y le somete a sus reyes?

Su espada los reduce a polvo,

su arco los avienta como paja;

los persigue y avanza seguro,

y ni tocan sus pies el camino.

¿Quién lo ha hecho y realizado?

El que llama al futuro desde el principio.

Yo soy el Señor, el primero;

y estaré presente con los últimos.

Las islas lo contemplan temerosas,

tiemblan los confines de la tierra;

ya se acercan, ya están aquí.

Cada cual ayuda a su compañero,

y dice al de al lado: “Ánimo”.

El escultor anima al orfebre,

el forjador al que golpea el yunque;

le dice: “Va bien la soldadura”,

y la sujeta bien fuerte con clavos.

FUTURO SERENO DEL PUEBLO ELEGIDO

Y tú, Israel, siervo mío,

tú, Jacob, mi elegido,

estirpe de mi amigo Abrahán,

a quien tomé del confín de la tierra,

a quien llamé de lejanas regiones;

a quien dije: Tú eres mi siervo;

te he elegido, no te he rechazado.

No temas, que estoy contigo;

no te angusties, que soy tu Dios.

Te doy fuerza y voy a ayudarte,

te sostiene mi diestra salvadora.

Mira: se retraen avergonzados

todos los que se afanan contra ti;

en nada quedarán, perecerán

todos los que pleitean contigo.

Buscarás pero no encontrarás

a la gente que te anda provocando;

en nada quedarán, sin valor,

todos los que te hacen la guerra.

Porque yo, el Señor tu Dios,

soy quien te toma de la mano,

quien te dice: Nada temas,

porque yo soy tu auxilio.

NUEVO ORÁCULO DE SALVACIÓN

No temas, gusanito de Jacob;

no te angusties, cosita de Israel;

te voy a auxiliar —oráculo del Señor—.

Tu redentor es el Santo de Israel.

Voy a convertirte en trillo cortante,

en trillo nuevo, lleno de dientes.

Trillarás, triturarás montañas,

reducirás a paja las colinas;

los aventarás, el viento los dispersará,

el torbellino los arrebatará consigo.

Pero tú te alegrarás en el Señor,

te gloriarás del Santo de Israel.

EL DESIERTO TRANSFORMADO

En vano los pobres buscan agua,

la sed reseca su lengua.

Yo, el Señor, les respondo;

como Dios de Israel, no los abandono.

Abriré canales en cumbres peladas,

fuentes en medio de los valles;

transformaré la estepa en estanque,

la tierra desierta en manantiales.

Llenaré la estepa de cedros,

de acacias, mirtos y olivos;

plantaré en el desierto cipreses,

y a la vez olmos y abetos.

Para que así vean y entiendan,

y a la vez se fijen y aprendan

que lo ha hecho la mano del Señor,

lo ha creado el Santo de Israel.

LOS ÍDOLOS NADA SABEN Y NADA SON

Presenten su causa, dice el Señor,

aduzcan sus pruebas, dice el Rey de Jacob;

que se acerquen y nos digan

lo que va a suceder.

Dígannos cómo fue el pasado

y prestaremos atención;

anúnciennos el futuro

y lo reconoceremos cuando llegue;

predigan los signos del futuro

y sabremos que son dioses.

Hagan algo, bueno o malo,

y que todos lo veamos admirados.

Mas ustedes no son nada,

sus obras son vacío;

es detestable elegirlos como dioses.

Del norte he suscitado

a uno que está llegando;

de oriente lo llamo por su nombre:

pisoteará príncipes como barro,

como pisa un alfarero la arcilla.

¿Quién lo dijo de antemano

para que lo supiéramos por adelantado,

para que asintiéramos diciendo: “Es cierto”?

Pero nadie lo cuenta ni lo explica,

y nadie escucha sus palabras.

Lo he anunciado primero en Sión,

he enviado un heraldo a Jerusalén.

Miré, pero a nadie vi,

ni un consejero entre ellos

que pudiese responder a mi pregunta.

Son todos pura nadería,

sus obras un cero a la izquierda,

viento y nulidad sus estatuas.

PRIMER CANTO DEL SIERVO

Este es mi siervo, a quien sostengo,

mi elegido, en quien me complazco.

Lo he dotado de mi espíritu,

para que lleve el derecho a las naciones.

No gritará ni alzará la voz,

ni se hará escuchar por las calles.

No romperá la caña ya quebrada,

ni apagará la llama que aún vacila;

proclamará el derecho con verdad.

No desfallecerá ni se quebrará,

hasta que implante el derecho en la tierra,

en las islas que esperan su enseñanza.

Así dice Dios, el Señor,

que ha creado y desplegado el cielo,

que ha establecido la tierra y su vegetación,

que ha dado aliento a la gente que hay en ella,

vida a cuantos se mueven por ella:

Yo, el Señor, te llamo con amor,

te tengo asido por la mano,

te formo y te convierto

en alianza de un pueblo,

en luz de las naciones;

para que abras los ojos a los ciegos

y saques a los presos de la cárcel,

del calabozo a los que viven a oscuras.

Yo soy el Señor, así me llamo,

y no cedo a nadie esa gloria,

ni ese honor a los ídolos.

Como ya se ha cumplido lo antiguo,

voy a anunciar cosas nuevas;

antes de que germinen se las digo.

HIMNO AL SEÑOR VICTORIOSO

Canten al Señor un cántico nuevo,

llegue su alabanza a los confines de la tierra;

lo ensalce el mar y cuanto hay en él,

las islas y los que habitan en ellas.

Exulten la estepa y sus poblados,

las aldeas donde habita Quedar;

griten alegres los que moran en Selá,

aclamen desde las cimas de los montes;

reconozcan la gloria del Señor,

proclamen su alabanza en las islas.

El Señor sale como un guerrero,

excita su ardor como un soldado;

lanza el grito, el alarido de guerra,

se muestra valiente ante sus enemigos.

LA RESTAURACIÓN ESTÁ A PUNTO

Por mucho tiempo he callado,

me contenía en silencio;

pero, igual que parturienta,

grito, resuello y jadeo.

Secaré montes y cerros,

agostaré su verdor;

de sus ríos haré un yermo,

secaré sus humedales.

Guiaré a los ciegos por rutas que ignoran,

los encaminaré por sendas desconocidas;

convertiré a su paso la tiniebla en luz,

transformaré lo escabroso en llanuras.

Todo esto haré, sin dejar nada.

Retrocederán llenos de vergüenza

todos los que confían en los ídolos,

los que dicen a simples estatuas:

“Ustedes son nuestros dioses”.

UN PUEBLO DE SORDOS Y CIEGOS

Ustedes, sordos, escuchen;

ciegos, miren con atención.

¿Quién es ciego, sino mi siervo?,

¿quién sordo, sino mi enviado?

¿Quién es ciego, sino mi elegido?,

¿quién sordo, sino el siervo del Señor?

Mucho has visto, pero no has hecho caso;

oías muy bien, pero no escuchabas.

El Señor, por su justicia, se propuso

engrandecer y exaltar su propósito;

pero es un pueblo saqueado y despojado,

atrapados todos en cuevas,

detenidos todos en mazmorras,

convertidos en botín, sin salvación,

en despojo, sin que nadie lo reclame.

¿Quién de ustedes prestará oído,

escuchará con atención el futuro?

¿Quién entregó a Jacob como botín

y dio a Israel a los saqueadores?

¿Acaso no pecamos contra el Señor?

Rehusaron caminar por sus sendas,

no escucharon sus indicaciones;

así que derramó sobre Israel…

Read in Logos

This passage has been shortened. Keep reading Isaías 40–66 in Logos