Logos Bible Study

Deuteronomio 31–34

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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VI.— DESPEDIDA Y MUERTE DE MOISÉS (31–34)

JOSUÉ, SUCESOR DE MOISÉS

Moisés habló de nuevo a todo Israel, y le dijo:

— Tengo ciento veinte años y no me quedan fuerzas para andar yendo y viniendo. Además el Señor me ha dicho que no cruzaré el Jordán, pues ha ordenado que sea Josué quien vaya al frente. El Señor tu Dios irá delante de ti y destruirá a tu paso esas naciones para que puedas conquistarlas. El Señor las aniquilará como hizo con Sijón y con Og, reyes de los amorreos, y con su país. Pero cuando el Señor ponga a esas naciones en tus manos, harán con ellas lo que yo les he ordenado. ¡Sean fuertes y decididos, no teman ni se acobarden ante ellas! El Señor tu Dios va contigo, no te dejará ni te abandonará.

Después Moisés llamó a Josué y, en presencia de todo Israel, le dijo:

— Sé fuerte y decidido, porque tú harás entrar a este pueblo en la tierra que el Señor les prometió dar según juró a tus antepasados. Tú repartirás la tierra entre los israelitas. El Señor irá delante de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará; por lo tanto, no temas ni te acobardes.

LECTURA SOLEMNE DE LA LEY CADA SIETE AÑOS

Moisés escribió esta ley y se la entregó a los sacerdotes levitas, que transportaban el Arca del testimonio del Señor, y a todos los ancianos de Israel. Y Moisés les dio esta orden:

— Cada siete años, al llegar el año del perdón de las deudas durante la fiesta de las Enramadas, cuando venga todo Israel a presentarse ante el Señor tu Dios en el lugar que él haya escogido, proclamarás esta ley ante todo Israel. Reúne al pueblo —hombres, mujeres y niños, y también a los inmigrantes que vivan en tus ciudades— para que escuchen y aprendan a respetar al Señor su Dios, cumpliendo cuidadosamente todos los mandamientos de esta ley. También sus hijos, que aún no tienen uso de razón, la oirán para que aprendan a respetar al Señor su Dios, mientras vivan en la tierra que van a poseer tras cruzar el Jordán.

ÚLTIMAS INSTRUCCIONES DEL SEÑOR A MOISÉS

El Señor dijo a Moisés:

— Mira, se acerca la hora de tu muerte. Llama a Josué y preséntense en la Tienda del encuentro, para que le dé mis órdenes.

Moisés y Josué se presentaron, y allí se les apareció el Señor en una columna de nube que se situó a la entrada de la Tienda; y le dijo el Señor a Moisés:

— Pronto irás a reunirte con tus antepasados, y este pueblo me será infiel y dará culto a los dioses de la tierra en la que van a entrar. Me rechazará y romperá la alianza que hice con él. Ese día mi furor se encenderá contra él, lo abandonaré y no me acordaré de él; será presa fácil [para sus enemigos[ y le sobrevendrán multitud de desgracias y calamidades. Aquel día se preguntará si esas desgracias le han venido porque el Señor su Dios ya no está con él. Pero cuando llegue ese momento, seguiré sin acordarme de él, pues se portó mal al irse tras otros dioses.

Y ahora, escriban este cántico, enséñenselo a los israelitas y hagan que lo reciten, para que sea un testimonio contra ellos.

Porque cuando yo haya introducido a este pueblo en la tierra que prometí darle según juré a sus antepasados, tierra que mana leche y miel, comerá hasta saciarse y engordará; entonces se volverá hacia otros dioses para rendirles culto, rechazándome a mí y rompiendo mi alianza. Pero cuando le sobrevengan desgracias y calamidades sin número, este cántico será un testimonio que los acusará, porque sus descendientes lo recordarán y lo recitarán. Y es que conozco sus malas intenciones, aun antes de introducirle en la tierra que juré darle.

Aquel mismo día Moisés escribió este cántico y se lo hizo aprender a los israelitas.

Y el Señor le dio a Josué, hijo de Nun, estas órdenes:

— Sé fuerte y decidido, porque tú harás entrar a los israelitas a la tierra que juré darles. Yo estaré contigo.

Cuando Moisés terminó completamente de escribir en un libro todas las palabras de esta ley, ordenó esto a los levitas que transportaban el Arca de la alianza del Señor:

— Tomen este libro de la ley y pónganlo junto al Arca de la alianza del Señor su Dios; que quede allí como testimonio contra ti, pues sé que eres rebelde y obstinado. Si hoy, que aún estoy con ustedes, son rebeldes al Señor, ¡cuánto más lo serán cuando ya no esté! Reunan ante mí a todos los ancianos de sus tribus y a sus oficiales, para que pueda comunicarles personalmente estas cosas y poner al cielo y a la tierra como testigos de su responsabilidad. Yo sé que después de mi muerte ustedes se pervertirán y se desviarán del camino que les he trazado; por eso al cabo del tiempo les sobrevendrán calamidades, ya que habrán hecho lo que desagrada al Señor, provocando su ira con su conducta.

CÁNTICO DE MOISÉS

Entonces Moisés recitó hasta el final este cántico, mientras la asamblea de Israel escuchaba.

Escuchen, cielos, que voy a hablar;

oye, tierra, las palabras de mi boca.

Que caiga mi enseñanza como lluvia

y desciendan como rocío mis palabras,

como aguacero sobre la hierba,

como lluvia abundante sobre los pastos.

Proclamaré el nombre del Señor.

¡Reconozcan la grandeza de nuestro Dios!

Él es la Roca; su obra es perfecta

y todos sus caminos son justos.

Dios es fiel y sin maldad,

es justo y recto.

Pero se comportaron mal con él

los que ya no son sus hijos

a causa de su depravación:

¡esa generación torcida y perversa!

¿Y así le pagan al Señor,

pueblo insensato y necio?

¿Acaso no es él tu Padre, tu Creador,

el que te creó y te dio el ser?

Recuerda los días de antaño,

piensa en los tiempos pasados;

pídele a tu padre que te lo cuente,

a tus ancianos que te lo expliquen:

cuando el Altísimo dio

su herencia a las naciones,

cuando dividió a toda la humanidad

y fijó las fronteras a los pueblos

según el número de los hijos de Dios.

Pero la parte del Señor es su pueblo,

la porción de su herencia es Jacob:

lo halló en una tierra desolada,

en la rugiente soledad del desierto;

lo envolvió en sus brazos y lo protegió,

lo cuidó como a la niña de sus ojos;

como un águila que revolotea sobre el nido

y anima a sus polluelos a emprender el vuelo,

así el Señor extendió sus alas,

lo tomó y lo llevó sobre sus plumas.

Sólo el Señor lo guiaba;

ningún dios extraño tuvo que ir con él.

Le hizo cabalgar sobre los montes

y lo alimentó con los frutos del campo;

lo crió con miel de la peña

y aceite de la dura roca;

con cuajada de vaca y leche de oveja,

y con corderos cebados y cabritos;

con carneros oriundos de Basán;

con los mejores granos de trigo

y la sangre fermentada de la uva.

Pero engordó Jesurún y se sacudió la carga.

¡Sí, engordaste, te pusiste rollizo

te hiciste corpulento!

Abandonó al Dios que lo creó,

y despreció a su Roca salvadora.

Provocaron sus celos con dioses extraños,

lo enojaron con abominaciones.

Ofrecieron sacrificios

a demonios que no son Dios;

a dioses que no habían conocido,

a dioses nuevos, recién llegados,

a quienes sus antepasados no adoraron.

Despreciaste a la Roca que te engendró;

olvidaste al Dios que te dio la vida.

Y el Señor se llenó de ira,

al ver cómo sus hijos e hijas le ofendían.

Entonces dijo: Voy a ocultarles mi rostro,

¡y a ver en qué terminan!

Sin duda son una generación perversa,

hijos desleales.

Provocaron mis celos

adorando a quien no es Dios,

me han enojado con sus ídolos vanos;

ahora yo provocaré sus celos

con un pueblo que no es pueblo;

los irritaré con una nación insensata.

Se ha encendido el fuego de mi ira,

que quema hasta lo profundo del abismo;

devorará la tierra y sus cosechas,

y consumirá la raíz de las montañas.

Amontonaré desastres sobre ellos

y serán blanco de todas mis flechas.

Quedarán extenuados por el hambre y la fiebre,

consumidos por epidemias malignas;

enviaré contra ellos colmillos de fieras

y serpientes venenosas que muerden el polvo.

En la calle caerán sus hijos a filo de espada,

y en sus casas reinará el espanto;

perecerán el muchacho y la muchacha,

el anciano y el niño de pecho.

Me dije: Voy a destruirlos

y a borrar de la tierra su recuerdo.

Pero temí las burlas del enemigo,

que los adversarios pudieran entenderlo mal

y pensaran: “La victoria ha sido nuestra,

nada de esto lo ha hecho el Señor”.

Porque es un pueblo que ha perdido el juicio

y carece de cordura.

Si fueran sabios, lo entenderían

y comprenderían cuál será su fin.

¿Cómo podría uno solo hacer huir a mil

o dos poner en fuga a diez mil,

si no es porque los ha vendido su Roca

y los ha entregado el Señor?

¡Bien saben nuestros enemigos

que su roca no es como la nuestra!

Su viña es un retoño de la cepa de Sodoma

y de los campos de Gomorra;

sus uvas son uvas venenosas,

sus racimos saben amargos;

su vino es veneno de víbora,

¡ponzoña mortal de serpientes!

Todo esto lo tengo guardado,

atesorado en mi recuerdo,

para el día de la venganza,

cuando llegue el tiempo de darles su merecido,

el momento de su caída.

Porque se apresura su desastre,

su ruina es inminente.

El Señor saldrá en defensa de su pueblo

cuando lo vea desfallecer;

se compadecerá de sus siervos

cuando ya no queden ni esclavos ni libres.

Entonces dirá: ¿Dónde están ahora sus dioses,

la roca en la cual buscaron refugio,

los que comían la grasa de sus sacrificios

y bebían el vino de sus ofrendas?

¡Que se levanten a ayudarlos!

¡Que vengan a protegerlos!

¡Vean ahora que yo soy el único Dios!

No hay otros dioses fuera de mí.

Yo doy la muerte y la vida,

yo causo la herida y la sano.

¡Nadie puede librarse de mi poder!

Levanto la mano al cielo y juro:

Tan cierto como que vivo para siempre,

es que me vengaré de mis adversarios

cuando afile mi espada reluciente

y comience a impartir justicia.

¡Daré su merecido a los que me odian!

Mis flechas se embriagarán de sangre,

y mi espada se hartará de carne:

sangre de heridos y de cautivos,

cabezas de jefes enemigos.

*¡Alégrense, naciones, con su pueblo,

porque él vengará la sangre de sus siervos.

Dios se vengará de sus enemigos,

y purificará su tierra y a su pueblo!

Moisés, acompañado de Josué*, hijo de Nun, se presentó ante todo el pueblo de Israel y les recitó completo este cántico. Cuando Moisés terminó de recitar a todo Israel el cántico, les dijo:

— Mediten bien en todas estas palabras con las que hoy doy testimonio contra ustedes y díganles a sus hijos que cumplan fielmente todas las clausulas de esta ley. Porque no son palabras que ustedes…

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Footnotes

  1. [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.
  2. *Signo indicativo de nota
  3. *Un antiguo hebreo y la versión griega de los ofrecen un texto más extenso de este versículo: ¡Alégrense, cielos, con él! ¡Adórenle todos los dioses (o los hijos de Dios)! ¡Alégrense, naciones, con su pueblo, y que todos los mensajeros de Dios se fortalezcan para él! Él vengará la muerte de sus hijos, tomará venganza de sus enemigos. Dará su merecido a los que lo aborrecen, el Señor perdonará a la tierra de su pueblo.
  4. *Josué: El texto hebreo conserva aquí el nombre de Oseas.