Salmo 81–83
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
SALMO 81
SI ISRAEL ME HUBIESE ESCUCHADO
Al maestro del coro. Según la melodía de Gat. De Asaf.
¡Canten a Dios, nuestro refugio,
aclamen al Dios de Jacob!
Entonen un canto, toquen el pandero,
la melodiosa cítara y el arpa;
toquen la trompeta en el novilunio,
en luna llena, el día de nuestra fiesta.
Porque esto es una ley para Israel,
es un mandato del Dios de Jacob,
una norma que impuso a José
cuando este salió de Egipto.
Oí un lenguaje que no conocía:
“Yo quité la carga de sus hombros,
sus manos se libraron de la espuerta.
En la angustia gritaste y te salvé,
te contesté oculto en la tormenta,
junto a las aguas de Meribá te probé”. [Pausa[
Escucha, pueblo mío, voy a prevenirte:
¡Israel, ojalá quieras escucharme!
No tengas junto a ti a un dios extraño,
no rindas culto a un dios ajeno.
Yo soy Dios, tu Señor,
quien te sacó de la tierra de Egipto.
¡Abre tu boca y yo te saciaré!
Pero mi pueblo no me escuchó,
Israel no quiso nada conmigo.
Y yo los dejé a su antojo,
caminando según sus deseos.
Si mi pueblo me hubiera escuchado,
si siguiese Israel mis caminos,
vencería en un instante a sus rivales,
volvería mi mano contra sus enemigos.
Los que odian al Señor lo adularían,
sería este su destino para siempre;
a Israel le haría comer el mejor trigo,
lo saciaría con miel de las peñas.
SALMO 82
DIOS IMPARTE JUSTICIA
Salmo de Asaf.
Dios se alza en la asamblea divina,
entre los dioses imparte justicia.
“¿Hasta cuándo juzgarán injustamente
y serán favorables a los malos? [Pausa[
Hagan justicia al huérfano y al pobre,
defiendan al humilde y al necesitado,
pongan a salvo al desvalido y al pobre,
¡líbrenlos de las garras del malvado!”.
Pero no entienden, no comprenden,
en medio de la oscuridad deambulan.
¡Que tiemblen los cimientos de la tierra!
Y yo dije: “Ustedes son dioses,
hijos del Altísimo son todos,
pero van a morir como humanos,
caerán como un príncipe cualquiera”
¡Ponte, oh Dios, en acción y juzga a la tierra
porque todas las naciones son tuyas!
SALMO 83
DIOS, NO TE QUEDES CALLADO
Canto. Salmo de Asaf.
Oh Dios, no te quedes callado,
no enmudezcas ni estés impasible.
Mira, tus enemigos se amotinan,
se ensoberbecen quienes te odian.
Traman intrigas contra tu pueblo,
conspiran contra tus protegidos.
Dicen: “¡Destruyámoslos como nación!
¡Que no vuelva a recordarse el nombre de Israel!”.
Se confabulan, se ponen de acuerdo
y sellan un pacto contra ti:
las gentes de Edom e Ismael,
Moab y los agarenos,
Guebal, Amón y Amalec,
Filistea con los de Tiro;
también Asiria se ha unido a ellos
y prestan su apoyo a los hijos de Lot. [Pausa[
Trátalos tú como a Madián,
como a Sísara y Jabín en el torrente Quisón:
en Endor ellos fueron arrasados,
sirvieron de abono a la tierra.
Trata a sus nobles como a Oreb y Zeb,
a sus príncipes como a Zebaj y Salmaná
quienes decían: “¡Hagamos nuestros
los dominios de Dios!”.
Dios mío, haz que sean como hojarasca,
como una brizna ante el viento.
Como fuego que abrasa el bosque,
como llama que devora las montañas,
así tu huracán los ponga en fuga
y los llene de terror tu torbellino.
Cubre sus rostros de vergüenza
y que ellos, Señor, busquen tu nombre.
Sean avergonzados y turbados para siempre,
que sean deshonrados y perezcan;
que sepan que tu nombre es el Señor
y sólo tú eres Altísimo en la tierra entera.
Footnotes
- [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.
Copyright 2011 Sociedad Bíblica de España