Job 26–27
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones
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GRANDEZA DEL CREADOR
Job respondió así:
¡Qué bien sabes ayudar al débil!
¡Qué bien socorres al brazo sin fuerza!
¡Qué bien aconsejas al necio!
¡Con qué talento asesoras!
¿A quién van dirigidas tus razones?
¿De quién emana tu inspiración?
Las sombras se estremecen de miedo,
se espantan el mar y sus moradores.
El reino de los muertos
se encuentra desnudo ante él,
el abismo se halla al descubierto.
Él tendió el Septentrión sobre el vacío,
suspendió la tierra sobre la nada.
Él encerró las aguas en las nubes,
sin que el nublado estalle con el peso.
Él ocultó a las miradas su trono,
desplegando su nube ante él.
Él limitó con un cerco las aguas
en la frontera de la luz y las tinieblas.
Se tambalean las columnas del cielo,
aterradas cuando él las amenaza.
Con su poder dominó el Mar,
con su ingenio machacó a Rahab.
Su soplo desplegó los cielos,
su mano traspasó al Dragón Huidizo.
Esto es sólo un ejemplo de sus obras,
sólo un susurro mortecino que nos llega;
el potencial de su poder, ¿quién lo captará?
JOB ES ÍNTEGRO Y RECONOCE EL PODER DE DIOS
Job continuó con su discurso:
Por Dios, que niega mis derechos,
por el Todopoderoso,
que me colma de amargura,
juro que mientras respire
y el soplo de Dios aliente en mí,
mis labios nunca mentirán,
ni mi boca dirá falsedades.
No pienso darles la razón,
me mantendré íntegro hasta la muerte.
Me aferro a mi honradez, sin soltarla,
sin reprocharme ninguno de mis días.
Que mi enemigo resulte culpable
e injusto mi adversario en el tribunal.
¿Qué esperanza le queda al impío
cuando le arrebatan la existencia,
cuando Dios lo despoja de su vida?
¿Escuchará Dios sus protestas de inocencia
cuando esté desbordado por la angustia,
cuando suplique el favor del Todopoderoso
e invoque a Dios de continuo?
Les instruiré sobre el poder de Dios,
sin ocultar la verdad sobre el Todopoderoso;
pero si ya lo han comprobado,
¿a qué viene hablar inútilmente?
EL DESTINO DEL MALVADO SEGÚN SOFAR
Esto es lo que Dios reserva al malvado,
la suerte que da el Todopoderoso al violento:
si tiene muchos hijos, la espada los abatirá,
su descendencia nunca se hartará de pan;
la peste enterrará a sus supervivientes,
sus viudas no plañirán por ellos.
Aunque acumule plata como polvo,
y almacene ropa como barro,
la almacenará, pero el justo la vestirá,
y el inocente disfrutará de la plata.
Será como de paja la casa que construya,
como la choza que edifica un vigilante.
Se acuesta rico, pero ya es el final;
abre sus ojos y se encuentra sin nada.
Como riada, los terrores se lo llevan,
la tormenta lo arrebata por la noche.
El viento del este lo transporta en vilo,
entre torbellinos lo arranca de su sitio;
lo zarandea después sin compasión
y en vano intenta rechazar sus ataques.
La gente bate palmas y le silba
cuando tiene que abandonar su sitio.
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