Job 16–17
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
INJUSTICIA HUMANA Y JUSTICIA DIVINA
Job respondió así:
Muchas cosas parecidas he oído,
el consuelo de ustedes sólo es agobio.
¿Acabará tanta palabra vana?
¿Dime qué es lo que te impulsa a replicar?
¿Les hablaría yo como ustedes
si por ventura estuvieran en mi lugar?
¿Los atacaría lanzando discursos
y agitaría la cabeza contra ustedes?
¡No! Mis palabras los confortarían,
mis labios los tranquilizarían.
Pero si hablo, no se alivia mi dolor;
si me callo, permanece junto a mí.
Ahora el dolor me tiene agotado,
(restas valor a mi testimonio y me acosas).
Mi agotamiento se ha convertido en testigo
que se alza y me acusa a la cara.
Su cólera me ataca y me desgarra;
me enseña sus dientes rechinando
y me observa con ojos hostiles.
La gente se burla en mi cara,
me afrentan dándome bofetadas,
todos se alían contra mí.
Dios me entrega a gente injusta,
me arroja en manos de malvados.
Vivía yo tranquilo y me zarandeó,
me asió por la nuca y me hizo trizas;
me convirtió en su diana,
sus arqueros me pusieron cerco;
me atravesó las entrañas sin piedad,
regando la tierra con mi hiel.
Me desgarró cubriéndome de brechas,
atacándome lo mismo que un guerrero.
He cosido un saco a mi piel,
he enterrado en el polvo mi honor.
El llanto enrojece mi rostro,
mis ojos sombríos reflejan la muerte,
aunque no he obrado con violencia
ni es interesada mi oración.
¡Tierra, no cubras mi sangre!
¡Que el sepulcro no ahogue mi grito!
Mi testigo está ahora en el cielo,
mi defensor habita en lo alto
—es mi grito quien habla por mí,
aguardo inquieto la respuesta divina—;
que juzgue entre Dios y el ser humano,
como es habitual entre mortales,
pues me esperan años contados
y recorreré un camino sin vuelta.
Me falta el aliento,
mis días se extinguen,
me espera la tumba.
Vivo rodeado de escarnios,
las provocaciones me desvelan.
Conviértete tú en mi garantía,
¿quién, si no, me defenderá?
Has cerrado su mente a la razón
y no permitirás que salgan airosos.
¿O eres como quien invita a sus amigos,
mientras sus hijos se ven necesitados?
Me ha convertido en burla de la gente,
mi cara es blanco de salivazos.
La agonía consume mis ojos,
mi cuerpo es sólo una sombra.
Los justos se espantan al verlo,
el inocente se revuelve contra el impío.
Pero el justo se mantiene en su camino,
el de manos limpias redobla su energía.
Venga, ustedes, síganme atacándo,
que no encontraré un sabio entre ustedes.
Mis días y mis planes han pasado,
se van desvaneciendo mis esperanzas.
¿Pretenden que crea que la noche es día,
que hay luz cuando sólo hay tinieblas?
Únicamente espero habitar
en el reino de los muertos,
hacer mi lecho en las tinieblas,
llamar al sepulcro “padre mío”,
“madre” y “hermana” a los gusanos.
¿Dónde está mi esperanza?
¿Alguien ha visto mi dicha?
¿Descenderán conmigo
al reino de los muertos
y reposaremos juntos en el polvo?
Copyright 2011 Sociedad Bíblica de España