Logos Bible Study

Jeremías 31:3–20

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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de lejos se le mostró el Señor.

Te quise con amor eterno,

por eso he prolongado mi favor;

te reconstruiré y quedarás reconstruida,

doncella capital de Israel;

volverás a adornarte con panderos,

a danzar en plan de fiesta.

Volverás a plantar viñas

en los cerros de Samaría;

quienes las planten, vendimiarán.

Un día gritarán los vigías

allá por la montaña de Efraín:

“Venga, subamos a Sión,

allí está el Señor nuestro Dios”.

Así dice el Señor:

Griten de alegría por Jacob,

de gozo por la primera de las naciones;

que se deje oír la alabanza de ustedes:

“El Señor ha salvado a su pueblo,

al resto de Israel”.

Voy a traerlos de un país del norte,

a reunirlos de los rincones de la tierra:

vendrán hasta ciegos y cojos,

junto con preñadas y paridas;

volverá una enorme muchedumbre.

Vendrán todos llorando

y yo los guiaré entre consuelos;

los llevaré a la vera de arroyos,

por senda recta, sin tropiezos.

Soy como un padre para Israel,

Efraín es mi hijo primogénito.

Escuchen, naciones, la palabra del Señor,

cuéntenlo luego en las costas lejanas;

digan: “El que dispersó a Israel lo reunirá,

lo guardará como un pastor a su rebaño”.

Pues el Señor ha redimido a Israel,

lo rescató de una mano más fuerte.

Subirán alborozados a Sión,

acudirán a recibir los dones del Señor:

el grano, el mosto y el aceite,

las crías del rebaño y la vacada;

quedarán saciados como un huerto regado,

ya no volverán a desfallecer.

Las muchachas gozarán bailando,

junto con jóvenes y adultos;

cambiaré su duelo en alegría,

los consolaré, alegraré sus penas.

Saciaré a los sacerdotes

con la parte mejor de las ofrendas,

mi pueblo se hartará de mis dones

—oráculo del Señor—.

Así dice el Señor:

Se oyen gritos en Ramá,

quejidos y un llanto amargo:

Raquel llora por sus hijos

y se niega a ser consolada,

pues se ha quedado sin ellos.

Así dice el Señor:

Contén tus gemidos y tu llanto,

reprime las lágrimas de tus ojos:

tus penas serán recompensadas,

volverán del país enemigo

—oráculo del Señor—.

Tu futuro rebosa esperanza,

tus hijos volverán a su patria

—oráculo del Señor—.

He oído claramente

el lamento de Efraín:

“Me has tratado con dureza

como a un novillo sin domar,

y ya estoy escarmentado.

Haz que vuelva y volveré,

pues tú eres mi Dios, Señor.

Tras volver, me he arrepentido;

ahora que lo he comprendido

me doy golpes en el muslo.

Estoy abochornado y avergonzado,

al tener que soportar la vergüenza

de lo que hice en mis años mozos”.

¿No es Efraín mi hijo querido?

¿No es mi niño encantador?

Cada vez que lo reprendo,

vuelvo a acordarme de ello,

mis entrañas se conmueven,

me apiado sin falta de él

—oráculo del Señor—.

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Jeremías 31:16: Así dice el SEÑOR: "Reprime tu llanto, las lágrimas de tus ojos, pues tus obras tendrán su recompensa: tus hijos volverán del país enemigo —afirma el SEÑOR—".