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Isaías 62:8–63:6

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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Lo ha jurado el Señor solemnemente,

levantando su brazo poderoso:

no daré otra vez tu trigo

para que lo coman tus enemigos;

no beberán extranjeros tu mosto,

que tantos trabajos te costó.

Lo comerán los cosechadores

y alabarán al Señor;

lo beberán los vendimiadores

en mis santos atrios.

Pasen, pasen por las puertas,

señalen al pueblo el camino;

allanen, allanen la calzada,

déjenla bien despedregada;

icen una enseña a los pueblos.

El Señor proclama un mensaje

hasta el confín de la tierra:

Digan a la ciudad de Sión:

“ya está aquí tu Salvador;

con él llega su recompensa,

viene precedido de su premio”.

Los llamarán “Pueblo del Santo”,

les dirán “Rescatados del Señor”,

y a ti te llamarán “Anhelada”,

te dirán “Ciudad no abandonada”.

LLEGADA DEL SEÑOR VICTORIOSO

¿Quién es ese que llega de Edom,

de Bosrá, con vestido enrojecido,

ese con ropas elegantes,

que avanza henchido de poder?

Soy yo, que proclamo lo justo,

que tengo poder para salvar.

¿Por qué están rojos tus vestidos

y tu ropa se parece

a la de quien pisa en el lagar?

Yo solo he pisado en el lagar,

sin la ayuda de ningún otro pueblo;

los pisé encendido de cólera,

los estrujé henchido de furor.

Su sangre salpicó mi ropa,

me manché todos mis vestidos.

Este es el día en que voy a vengarme,

ha llegado el año en que voy a liberar.

Miraba buscando un ayudante,

extrañado de que nadie me apoyase,

pero mi brazo me sirvió de ayuda

y conté con el apoyo de mi cólera.

Pisoteé pueblos enfurecido,

embriagué a todos con mi cólera,

esparciendo por tierra su sangre.

EL EJEMPLO DE LA SALVACIÓN HISTÓRICA

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