Marcos 12–14
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Los labradores malvados
(Mt. 21.33–46; Lc. 20.9–19)
12
1Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña,a la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 2Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. 3Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 4Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. 5Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. 6Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 7Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. 8Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña. 9¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros. 10¿Ni aun esta escritura habéis leído:
La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser cabeza del ángulo;
11El Señor ha hecho esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojosb?
12Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron.
La cuestión del tributo
(Mt. 22.15–22; Lc. 20.20–26)
13Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. 14Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? 15Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. 16Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. 17Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él.
La pregunta sobre la resurrección
(Mt. 22.23–33; Lc. 20.27–40)
18Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección,c y le preguntaron, diciendo: 19Maestro, Moisés nos escribiód que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 20Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. 21Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera. 22Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer. 23En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?
24Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? 25Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos. 26Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacobe? 27Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis.
El gran mandamiento
(Mt. 22.34–40)
28Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó:f ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.g Este es el principal mandamiento. 31Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.h No hay otro mandamiento mayor que éstos. 32Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;i 33y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.j 34Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.
¿De quién es hijo el Cristo?
(Mt. 22.41–46; Lc. 20.41–44)
35Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? 36Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.k
37David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo? Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana.
Jesús acusa a los escribas
(Mt. 23.1–36; Lc. 11.37–54; 20.45–47)
38Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, 39y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; 40que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación.
La ofrenda de la viuda
(Lc. 21.1–4)
41Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. 42Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. 43Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; 44porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.
Jesús predice la destrucción del templo
(Mt. 24.1–2; Lc. 21.5–6)
13
1Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. 2Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.
Señales antes del fin
(Mt. 24.3–28; Lc. 21.7–24; 17.22–24)
3Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: 4Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse? 5Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe; 6porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. 7Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin. 8Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos.
9Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos. 10Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. 11Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.a 12Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán. 13Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.b
14Pero cuando veáis la abominación desoladorac de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes. 15El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; 16y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa.d 17Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! 18Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno; 19porque aquellos días serán de tribulacióne cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá. 20Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días. 21Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis. 22Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. 23Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes.
La venida del Hijo del Hombre
(Mt. 24.29–35, 42–44; Lc. 21.25–36)
24Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, 25y las estrellas caerán del cielo,f y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. 26Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubesg con gran poder y gloria. 27Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 29Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 30De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.h 33Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. 34Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.i 35Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; 36para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. 37Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.
El complot para prender a Jesús
(Mt. 26.1–5; Lc. 22.1–2; Jn. 11.45–53)
14
1Dos días después era la pascua,a y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle por…
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Cross references
- aa 12.1: Is. 5.1–2.
- bb 12.10–11: Sal. 118.22–23.
- cc 12.18: Hch. 23.8.
- dd 12.19: Dt. 25.5.
- ee 12.26: Ex. 3.6.
- ff 12.28–34: Lc. 10.25–28.
- gg 12.29–30: Dt. 6.4–5.
- hh 12.31: Lv. 19.18.
- ii 12.32: Dt. 4.35.
- jj 12.33: Os. 6.6.
- kk 12.36: Sal. 110.1.
- aa 13.9–11: Mt. 10.17–20; Lc. 12.11–12.
- bb 13.13: Mt. 10.22.
- cc 13.14: Dn. 9.27; 11.31; 12.11.
- dd 13.15–16: Lc. 17.31.
- ee 13.19: Dn. 12.1; Ap. 7.14.
- ff 13.24–25: Is. 13.10; Ez. 32.7; Jl. 2.31; Ap. 6.12–13.
- gg 13.26: Dn. 7.13; Ap. 1.7.
- hh 13.32: Mt. 24.36.
- ii 13.34: Lc. 12.36–38.
- aa 14.1: Ex. 12.1–27.
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