Salmo 94:1–96:13
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Oración pidiendo justicia
Oh Señor, Dios de las venganzasa,
Oh Dios de las venganzas, ¡resplandeceb!
Levántatea, Juez de la tierrab;
Da su merecido a los soberbiosc.
¿Hasta cuándo los impíos, Señor,
Hasta cuándo los impíos se regocijarána?
Charlan, hablan con arroganciaa;
Todos los que hacen iniquidad se vanagloríanb.
Aplastan a Tu puebloa, Señor,
Y afligen a Tu heredadb.
Matan a la viuda y al extranjero,
Y asesinan a los huérfanosa.
Y dicen: «El Señor no ve nada
Ni hace casoa el Dios de Jacob».
Hagan caso, torpes del pueblo;
Necios, ¿cuándo entenderána?
El que hizo el oídoa, ¿acaso no oye?
El que dio forma al ojo, ¿acaso no ve?
¿No reprenderá el que castiga a las nacionesa,
El que enseña conocimiento al hombreb?
El Señor conoce los pensamientos del hombrea,
Sabe que son solo un soplo.
Bienaventurado el hombre a quien reprendesa, Señor,
Y lo instruyes en Tu leyb;
Para darle descansoa en los días de aflicciónb,
Hasta que se cave una fosac para el impío.
Porque el Señor no abandonará a Su puebloa,
Ni desamparará a Su heredadb.
Porque el juicioa volverá a ser justo,
Y todos los rectos de corazón lo seguirán.
¿Quién se levantará por mía contra los malhechores?
¿Quién me defenderá de los que hacen iniquidadb?
Si el Señor no hubiera sido mi ayudaa,
Pronto habría habitado mi alma en el lugar del silencio.
Si digo: «Mi pie ha resbaladoa»,
Tu misericordia, oh Señor, me sostendrá.
Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí,
Tus consuelosa deleitan mi alma.
¿Puede ser aliado Tuyo un trono de destruccióna,
Que planea el mal por decretob?
Se unena contra la vida del justo,
Y condenan a muerte al inocenteb.
Pero el Señor ha sido mi baluartea,
Y mi Dios la roca de mi refugiob.
Él ha hecho volver sobre ellos su propia iniquidada,
Y los destruirá en su maldadb;
El Señor, nuestro Dios, los destruirá.
Salmo 95
Alabanza al Señor y advertencia contra la incredulidad
Vengan, cantemos con gozo al Señora,
Aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvaciónb.
Vengamos ante Su presenciaa con acción de graciasb;
Aclamemos a Él con salmosc.
Porque Dios grandea es el Señor,
Y Rey grande sobre todos los diosesb,
En cuya mano están las profundidades de la tierraa;
Suyas son también las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, pues Él lo hizoa,
Y Sus manos formaron la tierra firme.
Vengan, adoremos y postrémonosa;
Doblemos la rodillab ante el Señor nuestro Hacedorc.
Porque Él es nuestro Dios,
Y nosotros el pueblo de Su pradoa y las ovejas de Su mano.
Si ustedes oyen hoy Su vozb,
No endurezcan su corazón como en Meribaa,
Como en el día de Masahb en el desierto,
Cuando sus padres me tentarona,
Me pusieron a prueba, aunque habían visto Mi obra.
Por cuarenta añosa me repugnó aquella generación,
Y dije: «Es un pueblo que se desvía en su corazónb
Y no conocen Mis caminos.
»Por tanto, juré en Mi iraa:
Ciertamente no entrarán en Mi reposob».
Salmo 96
Invitación a la adoración
aCanten al Señor un cántico nuevob;
Canten al Señor, toda la tierra.
Canten al Señor, bendigan Su nombre;
Proclamen de día en día las buenas nuevas de Su salvacióna.
Cuenten Su gloria entre las nacionesa,
Sus maravillas entre todos los pueblos.
Porque grande es el Señor, y muy digno de ser alabadoa;
Temible es Él sobre todos los diosesb.
Porque todos los dioses de los pueblos son ídolosa,
Pero el Señor hizo los cielosb.
Gloria y majestada están delante de Él;
Poder y hermosura en Su santuario.
Den al Señor, oh familias de los pueblosa,
Den al Señor gloria y poderb.
Den al Señor la gloria debida a Su nombrea;
Traigan ofrendab y entren en Sus atrios.
Adoren al Señor en vestiduras santasa;
Tiemblen ante Su presencia, toda la tierrab.
Digan entre las naciones: «El Señor reinaa;
Ciertamente el mundo está bien afirmado, será inconmovible;
Él juzgará a los pueblos con equidadb».
Alégrense los cielosa y regocíjese la tierrab;
Ruja el marc y cuanto contiene;
Gócese el campoa y todo lo que en él hay.
Entonces todos los árboles del bosqueb cantarán con gozo
Delante del Señor, porque Él viene;
Porque Él viene a juzgar la tierra:
Juzgará al mundo con justicia
Y a los pueblos con Su fidelidada.
Cross references
- aDt. 32:35; Isa. 35:4; Nah. 1:2; Rom. 12:19
- bSal. 50:2; 80:1
- aSal. 7:6
- bGn. 18:25
- cSal. 31:23
- aJob 20:5
- aSal. 31:18; 75:5
- bSal. 10:3; 52:1
- aIsa. 3:15
- bSal. 79:1
- aIsa. 10:2
- aJob 22:13; Sal. 10:11
- aSal. 92:6
- aEx. 4:11; Prv. 20:12
- aSal. 44:2
- bJob 35:11; Isa. 28:26
- aJob 11:11; 1 Cor. 3:20
- aDt. 8:5; Job 5:17; Sal. 119:71; Prv. 3:11, 12; Heb. 12:5, 6
- bSal. 119:171
- aJob 34:29; Hab. 3:16
- bSal. 49:5
- cSal. 9:15; 55:23
- a1 Sam. 12:22; Lam. 3:31; Rom. 11:2
- bSal. 37:28
- aSal. 97:2; Isa. 42:3; Miq. 7:9
- aNúm. 10:35; Isa. 28:21; 33:10
- bSal. 17:13; 59:2
- aSal. 124:1, 2
- aSal. 38:16; 73:2
- aIsa. 57:18; 66:13
- aAmós 6:3
- bSal. 50:16; 58:2
- aSal. 56:6; 59:3
- bEx. 23:7; Sal. 106:38; Prv. 17:15; Mat. 27:4
- aSal. 9:9; 59:9
- bSal. 18:2; 71:7
- aSal. 7:16; 140:9, 11
- bGn. 19:15
- aSal. 66:1; 81:1
- bSal. 89:26
- aMiq. 6:6
- bSal. 100:4; 147:7; Jon. 2:9
- cSal. 81:2; Ef. 5:19; Sant. 5:13
- aSal. 48:1; 135:5; 145:3
- bSal. 96:4; 97:9
- aSal. 135:6
- aGn. 1:9, 10; Sal. 146:6; Jon. 1:9
- aSal. 96:9; 99:5, 9
- b2 Crón. 6:13; Dan. 6:10; Fil. 2:10
- cSal. 100:3; 149:2; Isa. 17:7; Os. 8:14
- aSal. 74:1; 79:13
- bHeb. 3:7–11, 15; 4:7
- aEx. 17:2–7; Núm. 20:13
- bEx. 17:7; Dt. 6:16
- aNúm. 14:22; Sal. 78:18; 1 Cor. 10:9
- aHech. 7:36; 13:18; Heb. 3:17
- bHeb. 3:10
- aNúm. 14:23; 28–30; Dt. 1:35; Heb. 4:3, 5
- bDt. 12:9
- aSal. 96:1–13: 1 Crón. 16:23–33
- bSal. 40:3
- aSal. 71:15
- aSal. 145:12
- aSal. 18:3; 48:1; 145:3
- bSal. 89:7; 95:3
- a1 Crón. 16:26; Jer. 10:11
- bSal. 115:15; Isa. 42:5
- aSal. 104:1
- aSal. 22:27
- b1 Crón. 16:28, 29; Sal. 29:1, 2
- aSal. 79:9; 115:1
- bSal. 45:12; 72:10
- a1 Crón. 16:29; 2 Crón. 20:21; Sal. 29:2; 110:3
- bSal. 33:8; 114:7
- aSal. 93:1; 97:1
- bSal. 9:8; 58:11; 67:4; 98:9
- aSal. 69:34; Isa. 49:13
- bSal. 97:1
- cSal. 98:7
- aSal. 65:13; Isa. 35:1; 55:12, 13
- bIsa. 44:23
- aSal. 98:9; Apoc. 19:11
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