Romanos 4–5
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- LEB The Lexham English Bible
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- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Abraham, justificado por la fe
¿Qué diremos, entonces, que halló Abraham, nuestro padre según la carnea?
Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué jactarse, pero no para con Diosa.
Porque ¿qué dice la Escritura? «Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justiciaa».
Ahora bien, al que trabajaa, el salario no se le cuenta como favor, sino como deuda;
pero al que no trabaja, pero cree en Aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justiciaa.
Como también David habla de la bendición que viene sobre el hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras:
«aBienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas, Ycuyos pecados han sido cubiertos.
»Bienaventurado el hombre cuyo pecado el Señor no tomara en cuentáa».
¿Es, pues, esta bendición sólo para1 los circuncisos2, o también para1 los incircuncisos3a? Porque decimos: «A Abraham, la fe le fue contada por justiciab».
Entonces, ¿cómo le fue contada? ¿Siendo circunciso1 o incircunciso2? No siendo circunciso1, sino siendo incircunciso2.
Abraham recibió la señal de la circuncisióna como sello de la justicia de la feb que tenía mientras aún era incircunciso1, para que fuera padre de todos los que creenc sin ser circuncidados, a fin de que la justicia también se les tome en cuenta a ellos.
También Abraham es padre de la circuncisión para aquellos que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen en los pasos de la fe que tenía nuestro padre Abraham cuando era incircunciso1.
La promesa cumplida por la fe
Porque la promesa a Abraham o a su descendencia1a de que él sería heredero del mundo, no fue hecha por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la feb.
Porque si los que son de la ley son herederos, vana resulta la fe y anulada la promesaa.
Porque la ley produce ira, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresióna.
Por eso es por1 fe, para que esté de acuerdo con la graciaa, a fin de que la promesa sea firme para toda la posteridad2, no solo a los que son3 de la ley, sino también a los que son3 de la fe de Abraham, quien es padre de todos nosotrosb.
Como está escrito: «Te he hecho padre de muchas nacionesa», delante de Aquél en quien creyó, es decir Dios, que da vida a los muertosb y llamac a las cosas que no son, como si fuerand.
Abraham creyó en esperanza contra esperanza, a fin de llegar a ser padre de muchas nacionesa, conforme a lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia1b».
Y sin debilitarse en la fe contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muertoa puesto que tenía como cien añosb, y también la esterilidad1 de la matriz de Sarac.
Sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Diosa,
estando plenamente convencidoa de que lo que Dios había prometido, poderoso era1 también para cumplirlob.
Por lo cual también su fe le fue contada por justiciaa.
Justificación para todos los que creen
Y no solo por él fue escritoa que le fue contada,
sino también por nosotros, a quienes será contada, como los que creen en Aquel que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señora,
que fue entregado por causa de nuestras transgresionesa y resucitado para nuestra justificaciónb.
Resultados de la justificación
Por tanto, habiendo sido justificados por la fea, tenemos1 paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristob,
por medio de quien también hemos obtenido entradaa por la fe a esta gracia en la cual estamos firmesb, y nos gloriamos1 en la esperanza de la gloria de Dios.
Y no solo esto, sino que también nos gloriamos1a en las tribulacionesb, sabiendo que la tribulación produce paciencia2c;
y la paciencia1a, carácter probadob; y el carácter probado, esperanza.
Y la esperanza no desilusionaa, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dadob.
Porque mientras aún éramos débiles1, a su tiempoa Cristo murió por los impíosb.
Porque difícilmente habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno.
Pero Dios demuestraa su amor para con nosotrosb, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotrosc.
Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por1 Su sangrea, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Élb.
Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijoa, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por1 Su vidab.
Y no solo esto, sino que también nos gloriamos1 en Diosa por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliaciónb.
Adán y Cristo comparados
Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muertea, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaronb.
Pues antes de la ley1 había pecado en el mundo, pero el pecado no se toma en cuenta cuando no hay leya.
Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adána, el cual es figura de Aquel que había de venirb.
Pero no sucede con la dádiva como con la transgresión1. Porque si por la transgresión de uno2 murieron los muchosa, mucho más, la gracia de Dios y el don por la gracia de un Hombre, Jesucristob, abundaron para los muchos.
Tampoco sucede con el don como con lo que vino por medio de aquel1 que pecó; porque ciertamente el juicio surgió a causa de una transgresión, resultando en2 condenacióna; pero la dádiva surgió a causa de muchas transgresiones resultando en3 justificación.
Porque si por la transgresión de un hombre, por este1 reinó la muertea, mucho más reinarán en vida por medio de un Hombre, Jesucristob, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.
Así pues, tal como por una transgresión resultó1 la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justiciaa resultó1 la justificación de vida para todos los hombresb.
Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadoresa, así también por la obediencia de Unob los muchos serán constituidos justosc.
La ley se introdujo para que abundara la transgresióna, pero donde el pecado abundó, sobreabundó la graciab,
para que así como el pecado reinó en la muertea, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señorb.
Notas al pie
- 1 sobre.
- 2 la circuncisión.
- 3 la incircuncisión.
- 1 en circuncisión.
- 2 en incircuncisión.
- 1 estaba en incircuncisión.
- 1 estaba en incircuncisión.
- 1 simiente.
- 1O de.
- 2 simiente.
- 3 lo que es.
- 1 simiente.
- 1 lo muerto.
- 1 es.
- 1Algunos antiguos dicen: tengamos.
- 1O gloriémonos.
- 1O también gloriémonos.
- 2O perseverancia.
- 1O perseverancia.
- 1O incapacitados.
- 1O en.
- 1O en.
- 1 sino también gloriándonos.
- 1 hasta la.
- 1 no como la transgresión así también es el don.
- 2 del uno; Adán.
- 1 uno.
- 2 para.
- 3 para un acto de.
- 1 el uno.
- 1 para.
Referencias cruzadas
- aRom. 1:3
- a1Cor. 1:31
- aGn. 15:6; Rom. 4:9, 22; Gál. 3:6; Sant. 2:23
- aRom. 11:6
- aJuan 6:29; Rom. 3:22
- aSal. 32:1, 2
- a2Cor. 5:19
- aRom. 3:30
- bGn. 15:6; Rom. 4:3
- aGn. 17:10, 11
- bJuan 3:33
- cLuc. 19:9; Rom. 3:22; 4:16, 17
- aRom. 9:8; Gál. 3:16, 29
- bGn. 17:4–6; 22:17, 18
- aGál. 3:18
- aRom. 3:20; 7:7, 10–25; 1Cor. 15:56; Gál. 3:10
- aRom. 3:24
- bLuc. 19:9; Rom. 4:11; 9:8; 15:8; Gál. 3:7
- aGn. 17:5
- bJuan 5:21
- cIsa. 48:13; 51:2
- d1Cor. 1:28
- aRom. 4:17
- bGn. 15:5
- aHeb. 11:12
- bGn. 17:17
- cGn. 18:11
- aMat. 9:8
- aRom. 14:5
- bGn. 18:14; Heb. 11:19
- aGn. 15:6; Rom. 4:3
- aRom. 15:4; 1Cor. 9:9, 10; 10:11; 2Tim. 3:16, 17
- aHech. 2:24; Rom. 10:9; 1Ped. 1:21
- aIsa. 53:4, 5; Rom. 5:6, 8; 8:32; Gál. 2:20; Ef. 5:2
- bRom. 5:18; 1Cor. 15:17; 2Cor. 5:15
- aRom. 3:28
- bRom. 5:11
- aEf. 2:18; 3:12; Heb. 10:19, 20; 1Ped. 3:18
- b1Cor. 15:1
- aRom. 5:11; 8:23; 9:10; 2Cor. 8:19
- bMat. 5:12; Sant. 1:2, 3
- cLuc. 21:19
- aLuc. 21:19
- bFil. 2:22; Sant. 1:12
- aSal. 119:116; Rom. 9:33; Heb. 6:18, 19
- bHech. 2:33; 10:45; Gál. 4:6; Tito 3:6
- aGál. 4:4
- bRom. 4:25; 5:8, 10; 8:32; Gál. 2:20; Ef. 5:2
- aRom. 3:5
- bJuan 3:16; 15:13; Rom. 8:39
- cRom. 4:25; 5:6; 8:32; Gál. 2:20; Ef. 5:2
- aRom. 3:25
- bRom. 1:18; 1Tes. 1:10
- aRom. 11:28; 2Cor. 5:18, 19; Ef. 2:3; Col. 1:21, 22
- bRom. 8:34; Heb. 7:25; 1Jn. 2:1
- aRom. 5:3; 8:23; 9:10; 2Cor. 8:19
- bRom. 5:10; 11:15; 2Cor. 5:18, 19
- aRom. 6:23; 1Cor. 15:21, 22, 56; Sant. 1:15
- bGn. 2:17; 3:6, 19; Rom. 5:14–17, 19, 21
- aRom. 4:15
- aOs. 6:7
- b1Cor. 15:45
- aRom. 5:12, 18, 19
- bHech. 15:11
- a1Cor. 11:32
- aGn. 2:17; 3:6, 19; Rom. 5:12, 15, 16; 1Cor. 15:21, 22
- b2Tim. 2:12; Apoc. 22:5
- aRom. 3:25
- bRom. 4:25; 5:12, 15
- aRom. 5:12; 11:32
- bFil. 2:8
- cRom. 5:15, 18
- aRom. 3:20; 7:7, 8; Gál. 3:19
- bRom. 6:1; 1Tim. 1:14
- aRom. 5:12, 14
- bJuan 1:17; Rom. 6:23
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