Mateo 16–17
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Fariseos y saduceos piden señal
aEntonces los fariseos y los saduceosb se acercaron, y poniendo a prueba1 a Jesús, le pidieron que les mostrara una señal2 del cieloc.
Pero Él les dijo: «1Al caer la tarde ustedes dicen: “Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizoa.”
»Y por la mañana: “Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador”. ¿Saben ustedes discernir el aspecto1 del cielo, pero no pueden discernir las señales de los tiemposa?
»Una generación perversa y adúlteraa busca una señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás». Y dejándolos, se fue.
La levadura de los fariseos y saduceos
Los discípulos, al pasar al otro lado, se habían olvidado de tomar panes.
Entonces Jesús les dijo: «Estén atentos y cuídensea de la levadura de los fariseos y saduceosb».
Y ellos discutían entre sí, diciendo: «Lo dice porque no tomamos panes»
Pero Jesús, dándose cuenta, dijo: «Hombres de poca fea, ¿por qué discuten entre ustedes que no tienen pan?
»¿Todavía no entienden ni recuerdan los cinco panes para los cinco mil, y cuántas cestas recogierona?
»¿Ni los siete panes para los cuatro mil, y cuántas canastas recogierona?
»¿Cómo es que no entienden que no les hablé de los panes? Pero cuídensea de la levadura de los fariseos y saduceosb».
Entonces entendieron que Él no les había dicho que se cuidaran de la levadura de los panes, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceosa.
La confesión de Pedro
aCuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipob, preguntó a Sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombrec?».
Y ellos respondieron: «Unos, Juan el Bautistaa; y otros, Elíasb; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas»
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?», les preguntó* Jesús.
Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristoa, el Hijob del Dios vivientec»
Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonása, porque esto no te lo reveló carne ni sangreb, sino Mi Padre que está en los cielos.
»Yo también te digo que tú eres Pedro1a, y sobre esta roca2 edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades3b no prevalecerán contra ella.
»Yo te daré las llaves del reino de los cielosa; y lo que ates en la tierra, será1 atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será1 desatado en los cielosb».
Entonces ordenó a los discípulosa que a nadie dijeran que Él era el Cristob.
Jesús anuncia Su muerte y resurrección
aDesde entonces Jesucristo comenzó a declarar1 a Sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianosb, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.
Tomando aparte a Jesús, Pedro lo reprendió: «¡No lo permita Dios1, Señor! Eso nunca te acontecerá2»
Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: «¡Quítate de delante de Mí1, Satanása! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres».
Condiciones para seguir a Jesús
Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruza y que Me siga.
»Porque el que quiera salvar su vida1, la perderá; pero el que pierda su vida1 por causa de Mí, la hallaráa.
»Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?
»Porque el Hijo del Hombrea ha de venir en la gloria de Su Padreb con Sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conductac.
»En verdad les digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombrea venir en Su reinob».
La transfiguración
aSeis días después, Jesús tomó* con Él a Pedrob, a Jacobo1 y a Juan su hermano, y los llevó* aparte a un monte alto.
Delante de ellos se transfiguró; y Su rostro resplandeció como el sol y Sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él.
Entonces Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es que estemos aquí; si quieres, haré aquí tres enramadas1, una para Ti, otra2 para Moisés y otra2 para Elíasa»
Mientras estaba aún hablando, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nubea, diciendo: «Este es Mi Hijo amadob en quien Yo estoy complacido; óiganlo a Él»
Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor.
Entonces Jesús se les acercó, y tocándolos, dijo: «Levántense y no temana».
Y cuando alzaron sus ojos no vieron a nadie, sino a Jesús solo.
Elías y Juan el Bautista
aMientras descendían del monte, Jesús les ordenó: «No cuenten a nadie la visiónb hasta que el Hijo del Hombrec haya resucitado de entre los muertosd.”
Los discípulos entonces le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elíasa debe venir primero?»
Respondió Jesús: «Elías ciertamente viene, y restaurará todas las cosas;
pero Yo les digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron1 todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombrea va a padecer a manos de ellos».
Entonces los discípulos entendieron que Él les había hablado de Juan el Bautista.
Jesús sana a un muchacho epiléptico
aCuando llegaron a la multitud, se acercó a Jesús un hombre, que arrodillándose delante de Él, dijo:
«Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es epiléptico1a y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua.
»Lo traje a Tus discípulos y ellos no pudieron curarlo»
Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá».
Jesús lo reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel momento1.
Entonces los discípulos, llegándose a Jesús en privado, dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?»
Y Él les dijo*: «Por la poca fe de ustedes; porque en verdad les digo que si tienen fea como un grano de mostazab, dirán a este montec: “Pásate de aquí allá”, y se pasará; y nada les será imposibled.
1»Pero esta clase no sale sino con oración y ayunoa».
Otra vez Jesús anuncia Su muerte
aMientras andaban juntos por Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres.
Lo matarán, y al tercer día resucitaráa». Y ellos se entristecieron mucho.
Pago del impuesto del templo
Cuando llegaron a Capernaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban las dos dracmas1 del impuesto del temploa y dijeron: «¿No paga su maestro el impuesto del temploa?».
«Sí», contestó* Pedro. Y cuando él llegó a casa, Jesús se le anticipó1, diciendo: «¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes cobran tributosa o impuestosb los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?».
«De los extraños», respondió Pedro. «Entonces los hijos están exentos1», le dijo Jesús.
«Sin embargo, para que no los escandalicemos1a, ve al mar, echa el anzuelo, y toma el primer pez que salga2; y cuando le abras la boca hallarás un siclo3; tómalo y dáselo por ti y por Mí».
Footnotes
- 1 tentándole.
- 2O un milagro.
- 1Los más antiguos no incluyen el resto del 2 y el 3.
- 1 la faz.
- 1 Petros; una piedra.
- 2 petra; una piedra grande.
- 3I.e. los poderes de la muerte.
- 1O habrá sido.
- 1 a mostrar.
- 1 (Dios tenga) misericordia de ti.
- 2 será.
- 1 Ponte detrás de mí.
- 1O su alma.
- 1O Santiago.
- 1O tiendas sagradas.
- 2 una.
- 1 hicieron en él o hicieron en su caso.
- 1 lunático.
- 1 aquella hora.
- 1Los más antiguos no incluyen este
- 1I.e. salario de dos días.
- 1I.e. anticipó lo que Pedro le iba a decir.
- 1O libres.
- 1O no sea que los ofendamos.
- 2 suba.
- 3I.e. salario de cuatro días.
Cross references
- aMat. 16:1–12: Mar. 8:11–21
- bMat. 3:7; 16:6, 11, 12
- cMat. 12:38; Luc. 11:16
- aLuc. 12:54, 55
- aLuc. 12:56
- aMat. 12:39; Luc. 11:29
- aMat. 16:11; Mar. 8:15; Luc. 12:1
- bMat. 3:7; 16:1, 11, 12
- aMat. 6:30; 8:26; 14:31
- aMat. 14:17–21
- aMat. 15:34–38
- aMat. 16:6; Mar. 8:15; Luc. 12:1
- bMat. 3:7; 16:6, 12
- aMat. 3:7; 5:20; 16:6, 11
- aMat. 16:13–16: Mar. 8:27–29; Luc. 9:18–20
- bMar. 8:27
- cMat. 8:20; 16:27, 28
- aMat. 14:2
- bMat. 17:10; Mar. 6:15; Luc. 9:8; Juan 1:21
- aMat. 1:16; 16:20; Juan 11:27
- bMat. 4:3
- cSal. 42:2; Mat. 26:63; Hech. 14:15; Rom. 9:26; 2Cor. 3:3; 6:16; 1Tes. 1:9; 1Tim. 3:15; 4:10; Heb. 3:12; 9:14; 10:31; 12:22; Apoc. 7:2
- aJuan 1:42; 21:15–17
- b1Cor. 15:50; Gál. 1:16; Ef. 6:12; Heb. 2:14
- aMat. 4:18
- bMat. 11:23
- aIsa. 22:22; Apoc. 1:18; 3:7
- bMat. 18:18; Juan 20:23
- aMat. 8:4; Mar. 8:30; Luc. 9:21
- bMat. 1:16; 16:16; Juan 11:27
- aMat. 16:21–28: Mar. 8:31–9:1; Luc. 9:22–27
- bMat. 12:40; 17:9, 12, 22, 23; 20:18, 19; 27:63; Mar. 9:12, 31; Luc. 17:25; 18:32; 24:7; Juan 2:19
- aMat. 4:10
- aMat. 10:38; Luc. 14:27
- aMat. 10:39
- aMat. 8:20
- bMat. 10:23; 24:3, 27, 37, 39; 26:64; Mar. 8:38; 13:26; Luc. 21:27; Juan 21:22; Hech. 1:11; 1Cor. 15:23; 1Tes. 1:10; 4:16; 2Tes. 1:7, 10; 2:1, 8; Sant. 5:7, 8; 2Ped. 1:16; 3:4, 12; 1Jn. 2:28; Apoc. 1:7
- cSal. 62:12; Prv. 24:12; Rom. 2:6; 14:12; 1Cor. 3:13; 2Cor. 5:10; Ef. 6:8; Col. 3:25; Apoc. 2:23; 20:12; 22:12
- aMat. 8:20
- bMat. 10:23; 24:3, 27, 37, 39; 26:64; Mar. 8:38; 13:26; Luc. 21:27; Juan 21:22; Hech. 1:11; 1Cor. 15:23; 1Tes. 1:10; 4:16; 2Tes. 1:7, 10; 2:1, 8; Sant. 5:7, 8; 2Ped. 1:16; 3:4, 12; 1Jn. 2:28; Apoc. 1:7
- aMat. 17:1–8: Mar. 9:2–8; Luc. 9:28–36
- bMat. 26:37; Mar. 5:37; 13:3
- aMar. 9:5; Luc. 9:33
- a2Ped. 1:17, 18
- bMat. 3:17
- aMat. 14:27
- aMat. 17:9–13: Mar. 9:9–13
- bMat. 8:4
- cMat. 8:20; 17:12, 22
- dMat. 16:21
- aMal. 4:5; Mat. 11:14; 16:14
- aMat. 8:20; 17:9, 22
- aMat. 17:14–19: Mar. 9:14–28; Mat. 17:14–18: Luc. 9:37–42
- aMat. 4:24
- aMat. 21:21, 22; Mar. 11:23, 24; Luc. 17:6
- bMat. 13:31; Luc. 17:6
- cMat. 17:9; 1Cor. 13:2
- dMar. 9:23; Juan 11:40
- aMar. 9:29
- aMat. 17:22, 23: Mar 9:30–32; Luc 9:44, 45
- aMat. 16:21; 17:9
- aEx. 30:13; 38:26
- aRom. 13:7
- bMat. 22:17, 19
- aMat. 5:29, 30; 18:6, 8, 9; Mar. 9:42, 43, 45, 47; Luc. 17:2; Juan 6:61; 1Cor. 8:13
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