Santiago 3–4
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- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
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Capitulo 3
El poder de la lengua
Hermanos míosa, no os hagáis maestros muchos de vosotrosb, sabiendo que recibiremos un juicio más severo1.
2Porque todos tropezamos1 de muchas manerasa. Si alguno no tropieza en lo que dice2b, es un hombre perfectoc, capaz también de refrenar todo el cuerpod.
3Ahora bien, si ponemos el freno en la boca de los caballosa para que nos obedezcan, dirigimos también todo su cuerpo.
4Mirad también las naves; aunque son tan grandes e impulsadas por fuertes vientos, son, sin embargo, dirigidas mediante un timón muy pequeño por donde la voluntad1 del piloto quiere.
5Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosasa. Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuegob!
6Y la lengua es un fuegoa, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpob, es encendida por el infierno1c e inflama el curso2 de nuestra vida3.
7Porque todo género1 de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domado por el género1 humano,
8pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno mortala.
9Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padrea, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Diosb;
10de la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
11¿Acaso una fuente por la misma abertura echa agua dulce y amarga?
12¿Acaso, hermanos míos, puede una higuera producir aceitunasa, o una vid higos? Tampoco la fuente de agua salada puede producir agua dulce.
Sabiduría de lo alto
13¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestrea por su buena conductab sus obras en mansedumbre de sabiduría.
14Pero si tenéis celos amargos y ambición personal1a en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdadb.
15Esta sabiduría no es la que viene de lo altoa, sino que es terrenalb, natural1c, diabólica2d.
16Porque donde hay celosa y ambición personal1, allí hay confusión y toda cosa mala.
17Pero la sabiduría de lo altoa es primeramente purab, después pacíficac, amabled, condescendiente1, llena de misericordiae y de buenos frutos, sin vacilaciónf, sin hipocresíag.
18Y la semilla cuyo fruto es la justicia1a se siembra en paz por2 aquellos que hacen la paz.
Capitulo 4
Guerras y conflictos
¿De dónde vienen las guerras y los conflictos1 entre vosotrosa? ¿No vienen de vuestras pasiones2 que combaten en vuestros miembrosb?
2Codiciáis y no tenéis, por eso cometéis homicidioa. Sois envidiosos y no podéis obtener, por eso combatís1 y hacéis guerra. No tenéis, porque no pedís.
3Pedís y no recibísa, porque pedís con malos propósitos1, para gastarlo en vuestros placeres.
4¡Oh almas adúlteras1a! ¿No sabéis que la amistad del mundob es enemistad hacia Diosc? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Diosd.
5¿O pensáis que la Escritura dice en vanoa: El celosamente anhela1 el Espíritub que ha hecho morar en nosotros2?
6Pero Él da mayor graciaa. Por eso dice: Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildesb.
7Por tanto, someteos a Diosa. Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotrosb.
8Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotrosa. Limpiad vuestras manosb, pecadores; y vosotros de doble ánimo1c, purificad vuestros corazonesd.
9Afligíos, lamentad y llorada; que vuestra risa se torne en llanto1 y vuestro gozo en tristeza.
10Humillaos en la presencia del Señora y Él os exaltará.
11Hermanosa, no habléis mal los unos de los otrosb. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermanoc, habla mal de la leyd y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres cumplidor de la leye, sino juez de ella.
12Solo hay un dador de la ley y jueza, que es poderoso para salvar y para destruirb; pero tú, ¿quién eres que juzgas a tu prójimoc?
La incertidumbre de la vida
13Oíd1 ahoraa, los que decís: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudadb y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia.
14Sin embargo, no sabéis1 cómo será vuestra vida mañana2. Solo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanecea.
15Más bien, debierais decir1: Si el Señor quierea, viviremos y haremos esto o aquello.
16Pero ahora os jactáis en vuestra arrogancia1; toda jactancia semejante es malaa.
17A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno1 y no lo hacea, le es pecado.
Notas al pie
- 1O, mayor condenación
- 1U, ofendemos
- 2, palabra
- 1, el impulso
- 1Gr., guéenna
- 2, la rueda
- 3O, existencia, u, origen
- 1, naturaleza
- 1O, rivalidad
- 1O, no espiritual
- 2O, endemoniada
- 1O, rivalidad
- 1O, razonable
- 1, Y el fruto de la justicia
- 2O, para
- 1, ¿De dónde guerras, y de dónde conflictos
- 2, ¿No de aquí, de vuestros placeres
- 1O, tenéis pleitos
- 1, malvadamente
- 1O, infieles
- 1, anhela hasta los celos
- 2O, El Espíritu que Él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente
- 1O, corazones divididos
- 1O, gemido, o, lamento
- 1, Vamos
- 1, Los que no sabéis
- 2Algunos dicen: el mañana, pues, ¿qué es vuestra vida?
- 1, en lugar de decir
- 1O, vuestras pretensiones
- 1O, lo correcto
Referencias cruzadas
- aSant. 1:16; 3:10
- bMat. 23:8; Rom. 2:20, 21; 1 Tim. 1:7
- aSant. 2:10
- bMat. 12:34–37; Sant. 3:2–12
- cSant. 1:4
- dSant. 1:26
- aSal. 32:9
- aSal. 12:2, 3; 73:8, 9
- bProv. 26:20, 21
- aSal. 120:2, 3; Prov. 16:27
- bMat. 12:36, 37; 15:11, 18, 19
- cMat. 5:22
- aSal. 140:3; Ecl. 10:11; Rom. 3:13
- aSant. 1:27
- bGén. 1:26; 1 Cor. 11:7
- aMat. 7:16
- aSant. 2:18
- b1 Ped. 2:12
- aRom. 2:8; 2 Cor. 12:20; Sant. 3:16
- b1 Tim. 2:4; Sant. 1:18; 5:19
- aSant. 1:17
- b1 Cor. 2:6; 3:19
- c2 Cor. 1:12; Jud. 19
- d2 Tes. 2:9, 10; 1 Tim. 4:1; Apoc. 2:24
- aRom. 2:8; 2 Cor. 12:20; Sant. 3:14
- aSant. 1:17
- b2 Cor. 7:11; Sant. 4:8
- cMat. 5:9; Heb. 12:11
- dTito 3:2
- eLuc. 6:36; Sant. 2:13
- fSant. 2:4
- gRom. 12:9; 2 Cor. 6:6
- aProv. 11:18; Isa. 32:17; Os. 10:12; Amós 6:12; Gál. 6:8; Fil. 1:11
- aTito 3:9
- bRom. 7:23
- aSant. 5:6; 1 Jn. 3:15
- a1 Jn. 3:22; 5:14
- aJer. 2:2; Ezeq. 16:32
- bSant. 1:27
- cRom. 8:7; 1 Jn. 2:15
- dMat. 6:24; Juan 15:19
- aNúm. 23:19
- b1 Cor. 6:19; 2 Cor. 6:16
- aIsa. 54:7, 8; Mat. 13:12
- bSal. 138:6; Prov. 3:34; Mat. 23:12; 1 Ped. 5:5
- a1 Ped. 5:6
- bEf. 4:27; 6:11, 12; 1 Ped. 5:8, 9
- a2 Crón. 15:2; Zac. 1:3; Mal. 3:7; Heb. 7:19
- bJob 17:9; Isa. 1:16; 1 Tim. 2:8
- cJer. 4:14; Sant. 3:17; 1 Ped. 1:22; 1 Jn. 3:3
- dSant. 1:8
- aNeh. 8:9; Prov. 14:13; Luc. 6:25
- aJob 5:11; Ezeq. 21:26; Luc. 1:52; Sant. 4:6
- aSant. 1:16; 5:7, 9, 10
- b2 Cor. 12:20; Sant. 5:9; 1 Ped. 2:1
- cMat. 7:1; Rom. 14:4
- dSant. 2:8
- eSant. 1:22
- aIsa. 33:22; Sant. 5:9
- bMat. 10:28
- cRom. 14:4
- aSant. 5:1
- bProv. 27:1; Luc. 12:18–20
- aJob 7:7; Sal. 39:5; 102:3; 144:4
- aHech. 18:21
- a1 Cor. 5:6
- aLuc. 12:47; Juan 9:41; 2 Ped. 2:21
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