Eclesiastés 4–8
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Capitulo 4
Injusticias de la vida
Entonces yo me volví y observé todas las opresionesa que se cometen bajo el sol:
Y he aquí, vi las lágrimas de los oprimidos,
sin que tuvieran consolador;
en mano de sus opresores estaba el poder,
sin que tuvieran consoladorb.
2Y felicité a los muertos, los que ya murieron,
más que a los vivos, los que aún vivena.
3Pero mejor que ambos está el que nunca ha existidoa,
que nunca ha visto las malas obras que se cometen bajo el sol.
4Y he visto que todo trabajo y toda obra hábila que se hace, es el resultado de la rivalidad entre el hombre y su prójimo. También esto es vanidad y correr tras el viento1b.
5El necio se cruza de manosa,
y devora su propia carneb.
6Más vale una mano1 llena de descanso
que dos puños llenos de trabajoa y correr tras el viento.
7Entonces yo me volví y observé la vanidad bajo el sol:
8Había un hombre solo, sin sucesor1,
que no tenía hijo ni hermano,
sin embargo, no había fin a todo su trabajo.
En verdad, sus ojos no se saciaban de las riquezasa,
y nunca se preguntó: ¿Para quién trabajo yob
y privo a mi vida del placer?
También esto es vanidad y tarea penosac.
9Más valen dos que uno solo,
pues tienen mejor remuneración por su trabajo.
10Porque si uno de ellos cae1, el otro2 levantará a su compañero;
pero ¡ay del que cae cuando no hay otro3 que lo levante!
11Además, si dos se acuestan juntos se mantienen calientes1,
pero uno solo ¿cómo se calentaráa?
12Y si alguien1 puede prevalecer contra el que está solo,
dos lo resistirán.
Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente.
13Mejor es un joven pobre y sabioa,
que un rey viejo y necio,
que ya no sabe recibir consejos1.
14Porque ha salido de la cárcel para reinara,
aunque nació pobre en su reino.
15He visto a todos los vivientes bajo el sol apresurarse a ir junto al joven sucesor1 que lo reemplaza2.
16No tenía fin la multitud1 de todos los que lo2 seguían, y ni aun los que vendrán después estarán contentos con él; pues también esto es vanidad y correr tras el vientoa.
Capitulo 5
Vanidad de las palabras
1Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Diosa, y acércate a escuchar en vez de ofrecer el sacrificio de los neciosb, porque estos no saben que hacen el mal.
21No te des prisa en hablar2a,
ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios.
Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra;
por tanto sean pocas tus palabrasb.
3Porque los sueños vienen1 de la mucha tarea,
y la voz del necio de las muchas palabrasa.
4Cuando haces un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque Él no se deleita en los necios. El voto que haces, cúmpleloa.
5Es mejor que no hagas votos, a que hagas votos y no los cumplasa.
6No permitas que tu boca te haga pecar1, y no digas delante del mensajero de Dios que fue un errora. ¿Por qué ha de enojarse Dios a causa de tu voz y destruir la obra de tus manos?
7Porque en los muchos sueños y en las muchas palabras hay vanidades; tú, sin embargo, teme1 a Diosa.
Vanidad de las riquezas
8Si ves la opresióna del pobre y la negación del derecho y de la justiciab en la provincia, no te sorprendasc del hecho, porque un oficial1 vigila sobre otro oficial1, y hay oficiales superiores sobre ellos.
9Mas el beneficio del país, para todos, es que el rey mantenga cultivado el campo.
10Él que ama el dinero no se saciará de dinero,
y el que ama la abundancia no se saciará de ganancias.
También esto es vanidada.
11Cuando aumentan los bienesa,
aumentan también los que los consumen.
Así, pues, ¿cuál es la ventaja para sus dueños, sino verlos con sus ojos?
12Dulce es el sueñoa del trabajador,
coma mucho o coma poco;
pero la hartura del rico no le permite dormir.
13Hay un grave mal que he visto bajo el sol:
las riquezasa guardadas por su dueño para su mal;
14cuando esas riquezas se pierden por un mal negocio1,
y él engendra un hijo,
no queda nada para mantenerlo2.
15Como salió del vientre de su madre, desnudo,
así volverá, yéndose tal como vinoa;
nada saca del fruto de su trabajo
que pueda llevarse en la manob.
16Y también esto es un grave mal:
que tal como vino, así se irá.
Por tanto, ¿qué provechoa tiene el que trabaja para el vientob?
17Además todos los1 días de su vida come en tinieblas,
con mucha molestiaa, enfermedad y enojo.
18He aquí lo que yo he visto que es bueno y conveniente1: comer, beber y gozarse uno2 de todo el trabajo en que se afanaa bajo el sol en los contados días de la vida que Dios le ha dado; porque esta es su recompensa3b.
19Igualmente, a todo hombre a quien Dios ha dado riquezas y bienesa, lo ha capacitado también para comer de ellosb, para recibir su recompensa1 y regocijarse en su trabajo: esto es don de Diosc.
20Pues él no se acordará mucho de los días de su vida, porque Dios lo1 mantiene ocupado con alegría en su corazóna.
Capitulo 6
Hay un mal que he visto bajo el sola, y muy común entre1 los hombres:
2un hombre a quien Dios ha dado riquezas, bienes y honoresa, y nada le falta a su alma de todo lo que deseab, pero que Dios no le ha capacitado para disfrutar1 de ellos, porque un extraño los disfruta2. Esto es vanidad y penosa aflicción.
3Si un hombre engendra cien hijos y vive muchos años, por muchos que sean sus años1, si su alma no se ha saciado de cosas buenas, y tampoco halla sepulturaa, entonces digo: Mejor es el abortivo que élb,
4porque en vano viene, y a la oscuridad va; y en la oscuridad su nombre quedará oculto.
5Además, no ha visto el sol y nada sabe; más reposo tiene este que aquel.
6Aunque el hombre viva dos veces mil años, pero no disfruta de1 cosas buenas, ¿no van todos al mismo2 lugara?
7Todo el trabajo del hombre es para su bocaa,
sin embargo su apetito no se sacia1.
8Pues ¿qué ventaja tiene el sabio sobre el necioa?
¿Qué ventaja tiene el pobre que sabe comportarse entre1 los vivientes?
9Mejor es lo que ven los ojos que lo que el alma desea1a.
También esto es vanidad y correr tras el viento2b.
10A lo que existe, ya se le ha dado nombrea,
y se sabe lo que es un hombre:
no puede contender con el que es más fuerte que élb.
11Cuando hay muchas palabras, aumenta la vanidad.
¿Cuál es entonces la ventaja para el hombre?
12Porque, ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre durante su vida, en los contados días de su vana vida? Los pasará1 como una sombra. Pues, ¿quién hará saber al hombre lo que sucederá después de éla bajo el sol?
Capitulo 7
Contraste entre la sabiduría y la insensatez
Mejor es el buen nombre que el buen ungüentoa,
y el día de la muerte que el día del nacimientob.
2Mejor es ir a una casa de luto
que ir a una casa de banquete,
porque aquello1 es el fin de todo hombrea,
y al que vive lo hará reflexionar en2 su corazónb.
3Mejor es la tristeza que la risaa,
porque cuando el rostro está triste el corazón puede estar contentob.
4El corazón de los sabios está en la casa del luto,
mientras que el corazón de los necios está en la casa del placer.
5Mejor es oír la reprensión del sabio
que oír la canción de los neciosa.
6Porque como crepitar1 de espinos bajo la ollaa,
así es la risab del necio.
Y también esto es vanidad.
7Ciertamente la opresióna enloquece al sabio,
y el soborno corrompe1 el corazónb.
8Mejor es el fin de un asunto que su comienzoa;
mejor es la paciencia de espíritub que la altivez de espíritu.
9No te apresures en tu espíritu a enojarte,
porque el enojo se anida en el seno de los neciosa.
10No digas: ¿Por qué fueron los días pasados mejores que estos?
Pues no es sabio1 que preguntes sobre esto.
11Buena es la sabiduría con herencia,
y provechosaa para los que ven el sol.
12Porque la sabiduría protege1a como el dinero protege1;
pero la ventaja del conocimiento es que la sabiduría preserva la vidab de sus poseedores.
13Considera la obra de Diosa:
porque ¿quién puede enderezar lo que Él ha torcidob?
14Alégrate en el día de la prosperidada,
y en el día de la adversidadb considera:
Dios ha hecho tanto el uno como el otro
para que el hombre no descubra nada que suceda después de élc.
15He visto todo durante mi vida1 de vanidada:
hay justo que perece en su justicia,
y hay impío que alarga su vida en su perversidadb.
16No seas demasiado justo,
ni seas sabio en excesoa.
¿Por qué has de destruirte?
17No seas demasiado impío,
ni seas necio.
¿Por qué has de morir antes de tu tiempoa?
18Bueno es que retengas esto
sin soltar1 aquello de tu mano;
porque el que teme a Diosa se sale con todo ello.
19La sabiduría hace más fuerte al sabioa
que diez gobernantes que haya en una ciudad.
20Ciertamente no hay hombre justo en la tierra
que haga el bien y nunca pequea.
21Tampoco tomes en serio1 todas las palabras que se hablan,
no sea que oigas a tu siervo maldecirtea.
22Porque tú también te das cuenta1
que muchas veces has maldecido a otros de la misma manera.
23Todo esto probé con sabiduría, y dije:
Seré sabio; pero eso estaba lejos de mía.
24Está lejos lo que ha sido,
y en extremo profundoa.
¿Quién lo descubriráb?
25Dirigí1 mi corazón a conocer,
a investigar y a buscar la sabiduría y la razón,
y a reconocer la maldad de la insensatez
y la necedad de la locuraa.
26Y hallé más amarga que la muertea
a la mujer cuyo corazón es lazosb y redes,
cuyas manos son cadenas.
Él que agrada a Dios escapará de ellac,
pero el pecador será por ella apresadod.
27Mira—dice el Predicador—he descubierto esto,
agregando una cosa a otra para hallar la razón,
28que mi alma está todavía buscando mas no ha hallado:
He hallado a un hombre entre mil,
pero mujer entre todas estas no he halladoa.
29Mira, solo esto he hallado:
que Dios hizo rectos a los hombresa,
pero ellos se buscaron muchas artimañas.
Capitulo 8
¿Quién como el sabio?
¿Y quién otro sabe la explicación de un asunto?
La sabiduría del hombre ilumina su faz
y hace que la dureza de su rostro cambiea.
2Yo digo: Guarda el mandato1 del rey por causa del juramento de Diosa.
3No te apresures a irte de su presenciaa. No te unas a una causa impía, porque él hará todo lo que le plazca.
4Puesto que la palabra del rey es soberana, ¿quién le dirá: Qué hacesa?
5Él que guarda el mandatoa real no experimenta ningún malb;
y el corazón del…
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Footnotes
- 1O, aflicción de espíritu, y así en en los vers. 6 y 16
- 1, palma
- 1, sin un segundo
- 1, si ellos caen
- 2, uno
- 3, un segundo
- 1, tienen calor
- 1, él
- 1O, instrucción
- 1, el segundo joven
- 2, se coloca en su lugar
- 1, todo el pueblo
- 2Así en algunas versiones antiguas; en heb., los
- 1En el texto heb., cap. 4:17
- 1En el texto heb., cap. 5:1
- 2, con tu boca
- 1, el sueño viene
- 1, que tu boca haga que tu carne peque
- 1O, reverencia
- 1, superior
- 1, una obra mala
- 2, en su mano
- 1, sus
- 1, hermoso
- 2, ver lo bueno
- 3O, porción
- 1O, porción
- 1Así en algunas versiones antiguas; el heb. omite: lo
- 1, sobre
- 1, comer
- 2, come
- 1, los días de sus años
- 1, vea
- 2, a un
- 1, su alma no se llena
- 1, andar delante de
- 1, sigue
- 2O, aflicción de espíritu
- 1, hará
- 1I.e., la muerte
- 2, lo dará a
- 1, la voz
- 1, destruye
- 1, de sabiduría
- 1, está en una sombra
- 1, mis días
- 1, y también no descanses
- 1, También no des tu corazón a
- 1, también tu corazón sabe
- 1, Volví
- 1, la boca
Cross references
- aJob 35:9; Sal. 12:5; Ecl. 3:16; 5:8; Isa. 5:7
- bJer. 16:7; Lam. 1:9
- aJob 3:11–26; Ecl. 2:17; 7:1
- aJob 3:11–22; Ecl. 6:3; Luc. 23:29
- aEcl. 2:21
- bEcl. 1:14
- aProv. 6:10; 24:33
- bIsa. 9:20
- aProv. 15:16, 17; 16:8
- aProv. 27:20; Ecl. 1:8; 5:10
- bEcl. 2:21
- cEcl. 1:13
- a1 Rey. 1:1–4
- aEcl. 7:19; 9:15
- aGén. 41:14, 41–43
- aEcl. 1:14
- aEx. 3:5; 30:18–20; Isa. 1:12
- b1 Sam. 15:22; Prov. 15:8; 21:27
- aProv. 20:25
- bProv. 10:19; Mat. 6:7
- aJob 11:2; Prov. 15:2; Ecl. 10:14
- aNúm. 30:2; Sal. 50:14; 66:13, 14; 76:11
- aProv. 20:25; Hech. 5:4
- aLev. 4:2, 22; Núm. 15:25
- aEcl. 3:14; 7:18; 8:12, 13; 12:13
- aEcl. 4:1
- bEzeq. 18:18
- c1 Ped. 4:12
- aEcl. 1:8; 2:10, 11; 4:8
- aEcl. 2:9
- aProv. 3:24
- aEcl. 6:2
- aJob 1:21
- bSal. 49:17; 1 Tim. 6:7
- aEcl. 1:3; 2:11; 3:9
- bProv. 11:29
- aSal. 127:2; Ecl. 2:23
- aEcl. 2:24
- bEcl. 2:10
- a2 Crón. 1:12; Ecl. 6:2
- bEcl. 6:2
- cEcl. 3:13
- aEx. 23:25
- aEcl. 5:13
- a1 Rey. 3:13
- bSal. 17:14; 73:7; Ecl. 2:10
- aIsa. 14:20; Jer. 8:2; 22:19
- bJob 3:16; Ecl. 4:3
- aEcl. 2:14
- aProv. 16:26
- aEcl. 2:15
- aEcl. 11:9
- bEcl. 1:14
- aEcl. 1:9; 3:15
- bJob 9:32; 40:2; Prov. 21:30; Isa. 45:9
- aEcl. 3:22
- aProv. 22:1
- bEcl. 4:2; 7:8
- aEcl. 2:14, 16; 3:19, 20; 6:6; 9:2, 3
- bSal. 90:12
- aEcl. 2:2
- b2 Cor. 7:10
- aSal. 141:5; Prov. 6:23; 13:18; 15:31, 32; 25:12; Ecl. 9:17
- aSal. 58:9; 118:12
- bEcl. 2:2
- aEcl. 4:1; 5:8
- bEx. 23:8; Deut. 16:19; Prov. 17:8, 23
- aEcl. 7:1
- bProv. 14:29; 16:32; Gál. 5:22; Ef. 4:2
- aProv. 14:17; Sant. 1:19
- aProv. 8:10, 11; Ecl. 2:13
- aEcl. 7:19; 9:18
- bProv. 3:18; 8:35
- aEcl. 3:11; 8:17
- bEcl. 1:15
- aDeut. 26:11; Ecl. 3:22; 9:7; 11:9
- bDeut. 8:5; Job 2:10
- cEcl. 3:22
- aEcl. 6:12; 9:9
- bEcl. 8:12–14
- aProv. 25:16; Rom. 12:3; Fil. 3:6
- aJob 22:16; Sal. 55:23; Prov. 10:27
- aEcl. 3:14; 5:7; 8:12, 13; 12:13
- aEcl. 7:12; 9:13–18
- a1 Rey. 8:46; 2 Crón. 6:36; Sal. 143:2; Prov. 20:9; Rom. 3:23
- aProv. 30:10
- aEcl. 3:11; 8:17
- aRom. 11:33
- bJob 11:7; 37:23; Ecl. 8:17
- aEcl. 1:15, 17; 10:13
- aProv. 5:4
- bProv. 7:23
- cProv. 6:23, 24
- dProv. 22:14
- a1 Rey. 11:3
- aGén. 1:27
- aEx. 34:29, 30; Deut. 28:50
- aEx. 22:11; 2 Sam. 21:7; Ezeq. 17:18
- aEcl. 10:4
- aJob 9:12; Dan. 4:35
- aEcl. 12:13
- bProv. 12:21
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