Logos Bible Study

Salmo 13–19

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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SALMO 13

¿HASTA CUÁNDO ME OCULTARÁS TU ROSTRO?

Al maestro del coro. De David.

¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a olvidarme para siempre?

¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

¿Hasta cuándo estaré intranquilo

con mi corazón apenado día tras día?

¿Hasta cuándo me vencerá mi enemigo?

¡Mira y respóndeme, Señor, Dios mío!

Ilumina mis ojos para que no quede sumido en la muerte,

para que no pueda decir mi enemigo: “lo dominé”,

ni se regocijen mis adversarios si tropiezo.

Yo en tu bondad confío,

mi corazón se regocija en tu salvación.

Cantaré al Señor que me ha favorecido.

SALMO 14

NO HAY QUIEN HAGA EL BIEN

Al maestro del coro. Salmo de David.

Piensan los insensatos: “No hay Dios”.

Son perversos, su conducta es detestable,

no hay quien haga el bien.

El Señor desde los cielos contempla a los humanos

para ver si hay algún sensato que busque a Dios.

Pero todos se han pervertido,

se han corrompido sin excepción;

no hay quien haga el bien, ni uno solo.

¿No comprenderán los malvados

que devoran a mi pueblo como si fuera pan?

No invocan al Señor

y van a estremecerse de miedo,

porque Dios está con los justos.

Quisieron frustrar el proyecto del humilde,

pero el Señor es su refugio.

¡Ojalá venga de Sión la salvación de Israel!

Cuando el Señor restaure a su pueblo,

se regocijará Jacob, se alegrará Israel.

SALMO 15

SEÑOR, ¿QUIÉN PODRÁ HABITAR EN TU TIENDA?

Salmo de David.

Señor, ¿quién podrá habitar en tu Tienda?,

¿quién podrá morar en tu monte santo?

El que camina con rectitud,

practica la justicia

y es sincero en su interior;

el que no calumnia con su lengua,

ni hace mal a su prójimo,

ni humilla al que tiene cerca;

aquel que desprecia al perverso

y respeta al que es fiel al Señor;

aquel que, jurando en su perjuicio, no se retracta;

el que no presta su dinero a usura,

ni acepta soborno contra el inocente.

El que así se comporta, jamás sucumbirá.

SALMO 16

TÚ ME MUESTRAS EL CAMINO DE LA VIDA

Poema de David.

Dios, protégeme, que en ti confío.

Dijiste al Señor: “Tú eres mi dueño,

mi felicidad está en ti”.

En cuanto a las divinidades de esta tierra:

esos poderes que tanto me complacían,

esos muchos ídolos tras los que corren,

yo no les ofreceré sacrificios

ni pronunciaré su nombre con mis labios.

El Señor es la parte de mi herencia y mi copa,

tú eres quien diriges mi destino.

Me ha tocado una buena porción,

mi heredad me deleita.

Bendeciré al Señor que me aconseja,

aún de noche me remuerde mi conciencia.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no sucumbiré.

Por eso se alegra mi corazón,

mi interior se regocija,

todo mi ser descansa tranquilo,

pues no me abandonarás

en el reino de los muertos,

no permitirás que tu fiel vea la tumba.

Tú me muestras el camino de la vida,

junto a ti abunda la alegría,

a tu lado el gozo no tiene fin.

SALMO 17

ACERCA TU OÍDO A MÍ, ESCUCHA MIS PALABRAS

Oración de David.

¡Escucha, Señor, lo que es justo! Atiende mi súplica,

presta oído a mi ruego, pues mis labios no mienten.

Tú dictarás mi sentencia,

tus ojos discernirán lo que es justo.

Me has sondeado, me has examinado de noche,

me has probado y no has hallado mal alguno.

Mi boca no ha pecado;

frente a otras conductas humanas,

yo evité el camino del violento,

siguiendo la palabra de tus labios.

He mantenido mis pasos firmes en tus sendas

y no he dejado que mis pies se extravíen.

Yo te invoco y tú, Dios, me respondes.

¡Acerca tu oído a mí, escucha mis palabras!

Haz resplandecer tu amor,

tú que salvas de sus atacantes

a quienes se refugian en ti.

Protégeme como a la niña de tus ojos,

dame cobijo a la sombra de tus alas,

que los injustos me acosan,

los enemigos me asedian con saña.

Han endurecido su corazón,

hablan con arrogancia;

me acosan, me tienen cercado

y clavan en mí sus ojos para abatirme.

Son como un león ávido de devorar,

como un cachorro que acecha en lo oculto.

¡Ponte, Señor, en acción;

hazle frente, derrótalo!

¡Que tu espada me libre del malvado

y tu mano, Señor, de los mortales!

Su heredad está en esta vida;

llena, pues, su vientre con tus bienes

y que sacien a sus hijos

y a sus pequeños dejen las sobras.

Pero yo, Señor, me he portado rectamente

y por eso contemplaré tu rostro;

al despertarme, me saciaré de tu imagen.

SALMO 18

EL SEÑOR CONCEDE GRANDES VICTORIAS A SU REY

Al maestro del coro. De David, siervo del Señor, que dirigió al Señor las palabras de este cántico el día que el Señor lo salvó de todos sus enemigos y de Saúl. Dijo:

Te quiero, Señor, eres mi fuerza.

El Señor es mi bastión, mi baluarte, el que me salva;

mi Dios es la fortaleza en que me resguardo;

es mi escudo, mi refugio y mi defensa.

Yo invoco al Señor, digno de alabanza,

y quedo a salvo de mis enemigos.

Me rodeaban las cadenas de la muerte,

me aterraban torrentes devastadores,

me envolvían las redes del abismo,

me acosaban trampas mortales.

En mi angustia invoqué al Señor,

a mi Dios le pedí ayuda.

Desde su santuario escuchó mi grito,

a sus oídos llegó mi clamor.

La tierra tembló y se estremeció,

se conmovieron los cimientos del mundo,

retemblaron por su furia.

Salió humo de su nariz,

fuego devorador de su boca,

despedía brasas ardientes.

Inclinó los cielos y descendió,

caminando sobre la niebla.

Montó en un querubín,

emprendió el vuelo

y se elevó sobre las alas del viento.

De las tinieblas hizo su refugio,

de aguaceros y densas nubes

una tienda que lo cubría.

Ante su resplandor las nubes se deshicieron

en granizo y chispas de fuego.

El Señor tronó desde el cielo,

el Altísimo alzó su voz,

granizo y fuego abrasador;

disparó sus flechas y los dispersó,

con rayos incontables los dejó aturdidos.

Emergieron los lechos de las aguas,

se mostraron los cimientos del mundo

por tu estruendo, Señor,

por el soplo de tu ira.

Desde la altura me asió con su mano,

me sacó de las aguas turbulentas.

Me salvó de un enemigo poderoso,

de adversarios más fuertes que yo.

En un día aciago me atacaron,

pero el Señor fue mi apoyo,

me puso a salvo,

me libró porque me amaba.

El Señor me premia por mi buena conducta,

me recompensa por la inocencia de mis manos,

porque he respetado los caminos del Señor,

no he sido infiel a mi Dios;

tengo presentes todos tus mandatos,

no me alejo de sus normas;

he sido recto con él,

me he apartado del pecado.

El Señor me premia por mi buena conducta,

porque soy inocente ante sus ojos.

Eres fiel con quien es fiel,

honrado con el honrado,

sincero con el sincero,

sagaz con el retorcido.

Porque tú salvas al pueblo humillado

y abates las miradas altivas.

Tú enciendes mi lámpara, Señor,

iluminas, ¡oh Dios!, mi oscuridad.

Contigo me lanzo al asalto,

con mi Dios franqueo la muralla.

El camino de Dios es perfecto,

la palabra del Señor exquisita;

es un escudo para los que en él confían.

Pues, ¿quién es Dios, aparte del Señor?

¿Quién una fortaleza, sino nuestro Dios?

Dios es quien me ciñe de fuerza

y hace perfecto mi camino.

Él me da pies de gacela

y me mantiene firme en las alturas;

adiestra mis manos para la guerra

y mis brazos para tensar arco de bronce.

Me ofreces tu escudo protector,

tu diestra me sostiene,

tu benevolencia me engrandece.

Agilizas mis pasos al andar

y no se tuercen mis tobillos.

Persigo a mis enemigos y los alcanzo,

no retrocedo hasta acabar con ellos;

los abato y no pueden levantarse,

quedan postrados a mis pies.

Me has armado de valor para el combate,

los agresores me han quedado sometidos.

Pones en fuga a mis enemigos

y yo aniquilo a mis adversarios.

Piden auxilio y no hay quien los salve,

claman a Dios y no les responde.

Yo los convierto en polvo que se lleva el viento,

los aplasto como el barro de las calles.

Tú me libras de las disputas del pueblo,

me pones al frente de las naciones,

me sirven pueblos que no conozco.

Apenas me oyen y ya me obedecen,

los extranjeros se humillan ante mí,

los extranjeros quedan sin fuerza

y salen temblando de sus refugios.

¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!

Sea ensalzado Dios mi salvador,

el Dios que me da la revancha

y me somete los pueblos,

quien me libra de mis enemigos.

Tú me encumbras sobre mis adversarios,

me proteges del violento.

Por eso te ensalzo entre los pueblos

y alabo tu nombre, Señor.

Él acrecienta las victorias de su rey

y se mantiene fiel a su ungido,

a David y su descendencia para siempre.

SALMO 19

LA LEY DEL SEÑOR ES PERFECTA

Al maestro del coro. Salmo de David.

Los cielos proclaman la grandeza del Señor,

el firmamento pregona la obra de sus manos;

el día al día comunica su mensaje,

la noche a la noche anuncia la noticia:

sin lenguaje, sin palabras,

sin que se escuche su voz,

se difunde su sonido por toda la tierra,

y por los confines del mundo su mensaje.

En ellos ha erigido una tienda para el sol

que recorre alegre su camino como atleta,

como novio que sale de su alcoba.

Sale por un extremo del cielo

y en su órbita llega hasta el otro:

nada escapa a su calor.

La ley del Señor es perfecta,

reconforta al ser humano;

el mandato del Señor es firme,

al sencillo lo hace sabio;

los decretos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

el mandamiento del Señor es nítido,

llena los ojos de luz;

venerar al Señor comunica santidad,

es algo que permanece para siempre;

los juicios del Señor son verdad,

todos ellos son justos.

Son más cautivadores que el oro,

más que abundante oro fino,

más dulces que la miel,

que la miel virgen del panal.

Tu siervo está atento a ellos;

grande es el premio si se respetan.

Pero, ¿quién conoce sus propios errores?

Perdóname los que ignoro.

Libra a tu siervo de la arrogancia,

¡que no me domine!

Y entonces seré íntegro,

inocente de un gran pecado.

Que te sean gratas mis palabras

y te deleiten mis pensamientos,

Señor, mi fortaleza, mi redentor.

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