Salmo 119:65–88
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones
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Fuiste bueno con tu siervo,
según tu promesa, Señor.
Enséñame el buen juicio y el saber,
que en tus mandatos yo confío.
Antes de haber sufrido pequé,
pero ahora respeto tu palabra.
Tú eres bueno y haces el bien,
enséñame tus normas.
Los soberbios me calumnian,
pero yo guardo sinceramente tus preceptos.
Su corazón es insensible,
yo, en cambio, me deleito en tu ley.
Me vino bien haber sufrido
para así aprender tus normas.
Prefiero la ley de tu boca
a miles de monedas de oro y plata.
Tus manos me hicieron y me formaron;
hazme entender y aprenderé tus mandatos.
Quienes te veneran se alegran al verme,
porque en tu palabra pongo mi esperanza.
Yo sé, Señor, que tus decretos son justos,
que con razón me hiciste sufrir.
Que sea tu amor mi consuelo,
según la promesa hecha a tu siervo.
Que tu piedad venga a mí y viviré,
pues tu ley hace mis delicias.
Que se avergüencen los soberbios,
los que sin razón me afligieron;
por mi parte, medito tus preceptos.
Que vengan a mí quienes te veneran,
quienes conocen tus mandatos.
Sea mi corazón fiel a tus normas
y no tendré que avergonzarme.
Yo ansío tu salvación,
en tu palabra pongo mi esperanza.
Se consumen mis ojos por tu promesa
y me pregunto: “¿Cuándo te apiadarás de mí?”.
Soy como un odre arrugado por el humo,
pero no he olvidado tus normas.
¿Cuánto tiempo vivirá tu siervo?
¿Cuándo juzgarás a quienes me persiguen?
Me han cavado fosas los soberbios,
los que no viven de acuerdo a tu ley.
Todos tus mandamientos son verdad,
ayúdame, que me persiguen sin motivo.
En esta tierra casi me destruyen,
pero yo no abandoné tus preceptos.
Mantenme vivo por tu amor,
que yo respetaré los mandatos de tu boca.
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