Salmo 90–92
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SALMO 90
DESDE SIEMPRE, PARA SIEMPRE ERES DIOS
Oración de Moisés, hombre de Dios.
Señor, durante generaciones
tú has sido nuestro refugio.
Antes que se formasen los montes
y la tierra y el orbe surgieran,
desde siempre y para siempre tú eres Dios.
Tú haces que el ser humano vuelva al polvo,
diciendo: ¡Regresen hijos de Adán!
Porque mil años son ante tus ojos
como un día, como un ayer que ya pasó,
como una vigilia en la noche.
Tú los arrastras al sueño de la muerte,
son como hierba que brota en la mañana:
por la mañana brota y florece,
por la tarde se agosta y se seca.
Con tu ira nos has consumido,
con tu furor nos aterras.
Ante ti has puesto nuestras culpas,
a la luz de tu faz nuestros secretos.
Nuestros días decaen bajo tu furia,
como un suspiro pasan nuestros años.
Setenta años dura nuestra vida,
durará ochenta si se es fuerte;
pero es su brío tarea inútil,
pues pronto pasa y desaparecemos.
¿Quién conoce el poder de tu cólera?
Como tu furor, así es el respeto que inspiras.
Enséñanos a contar nuestros días
y tendremos así un corazón sabio.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
¡Apiádate de tus siervos!
Cólmanos de tu amor por la mañana,
para que cantemos alegres toda la vida.
Alégranos tanto como días nos afligiste,
como años conocimos el mal.
Que se muestre a tus siervos tu obra
y a tus hijos tu esplendor.
Que descienda sobre nosotros
la gracia del Señor, nuestro Dios.
Afianza la obra de nuestras manos;
sí, afianza la obra de nuestras manos.
SALMO 91
EL SEÑOR ES TU REFUGIO
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
tú que vives al abrigo del Todopoderoso,
dí al Señor: “tú eres mi refugio,
mi baluarte, mi Dios en quien confío”.
Él te librará de la red del cazador
y de la peste asoladora;
con sus plumas te resguardará,
bajo sus alas te dará cobijo,
escudo y armadura será su lealtad.
No temerás el terror de la noche,
ni la flecha que ondea de día,
ni la peste que surca la niebla,
ni la plaga que devasta a pleno día.
Que caigan mil a tu lado,
diez mil a tu diestra,
¡a ti no podrán alcanzarte!
Sólo con abrir los ojos
verás el escarmiento del malvado,
porque el Señor es tu refugio,
y has hecho del Altísimo tu amparo.
No vendrá sobre ti la desgracia,
ni mal alguno alcanzará tu tienda,
pues él ordenará a sus ángeles
protegerte en todas tus sendas.
Te llevarán en las palmas de sus manos
para que tu pie no tropiece en la piedra.
Caminarás sobre el león y la víbora,
pisarás al león y al dragón.
Voy a salvarlo pues se acogió a mí;
lo protegeré, pues me conoce.
Me llamará y le responderé,
estaré con él en la angustia,
lo libraré y lo engrandeceré;
le daré una larga vida,
le haré ver mi salvación.
SALMO 92
¡QUÉ BUENO ES ALABAR AL SEÑOR!
Salmo. Canto para el sábado.
Qué bueno es alabar al Señor,
elogiar, oh Altísimo, tu nombre,
pregonar tu amor durante el día,
tu fidelidad durante la noche,
al son del arpa y la cítara,
con los acordes de la lira.
Tú, Señor, con tus actos me alegras,
con la obra de tus manos me regocijas.
Señor, ¡qué grandes son tus obras,
qué profundos tus pensamientos!
El ignorante nada sabe,
el necio no entiende nada de esto:
aunque broten los malvados como hierba,
aunque todos los malhechores prosperen,
acabarán destruidos para siempre.
Mas tú, Señor, por siempre eres excelso.
Señor, aquí tienes a tus enemigos,
a los enemigos que han de perecer,
a los malvados que se dispersarán.
Pero tú me has dado la fuerza del búfalo,
me has ungido con aceite nuevo.
Mis ojos verán caer a mis rivales,
mis oídos se enterarán
de quiénes son los que me atacan.
El justo florecerá cual palmera,
crecerá como un cedro del Líbano;
plantado en la casa del Señor,
brotará en los atrios de nuestro Dios.
Aún en la vejez darán su fruto,
se mantendrán fecundos y frondosos,
para anunciar la rectitud del Señor,
mi refugio, en quien no hay maldad.
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