Salmo 20–22
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SALMO 20
AHORA SÉ QUE EL SEÑOR DA LA VICTORIA A SU UNGIDO
Al maestro del coro. Salmo de David.
El Señor te atienda en el día de angustia,
el nombre del Dios de Jacob te salve.
Desde el santuario te preste ayuda,
desde Sión te proteja.
Recuerde todas tus ofrendas,
que tu holocausto le agrade. [Pausa[
Te conceda lo que deseas,
realice lo que te propones.
Y nos alegraremos con tu victoria,
enarbolaremos banderas en nombre de nuestro Dios.
¡Que el Señor te otorgue cuanto has pedido!
Ahora sé que el Señor dará la victoria a su ungido:
desde sus santos cielos le responde
con el poder salvador de su diestra.
Unos confían en sus carros, otros en sus caballos,
nosotros invocamos al Señor nuestro Dios.
Ellos se doblegan y caen,
nosotros permanecemos en pie.
Señor, concede la victoria al rey,
atiéndenos cuando te invoquemos.
SALMO 21
EL REY CONFÍA EN EL SEÑOR
Al maestro del coro. Salmo de David.
Señor, por tu poder se alegra el rey,
¡cómo se regocija por tu victoria!
Le concedes lo que su corazón desea,
no le niegas lo que sus labios piden; [Pausa[
con las mejores bendiciones te acercas a él,
ciñes a su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida y se la diste,
una larga vida que no tendrá fin.
Por tu victoria es grande su honor,
tú le confieres gloria y majestad,
le otorgas bendiciones ternas,
lo llenas, junto a ti, de alegría.
Porque el rey confía en el Señor,
por el amor del Altísimo no sucumbirá.
Tu mano golpeará a tus enemigos,
tu diestra golpeará a tus adversarios.
Harás de ellos un horno ardiente
cuando estalle tu ira, Señor,
cuando los consuma tu cólera y el fuego los devore.
Harás desaparecer a sus hijos de esta tierra,
a sus descendientes de entre los mortales.
Porque intentaron hacerte daño,
tramaron intrigas sin éxito alguno.
Tú los pondrás en fuga
tensando tu arco contra ellos.
Álzate, Señor, con tu poder;
nosotros cantaremos y alabaremos tu bravura.
SALMO 22
TÚ, SEÑOR, NO TE ALEJES
Al maestro del coro. Según “La cierva de la aurora”. Salmo de David.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Está lejos mi salvación y son mis palabras un gemido.
Dios mío, te llamo de día y no me respondes,
de noche y no encuentro descanso.
Tú eres el Santo, el que se sienta en el trono,
rodeado por las alabanzas de Israel.
En ti confiaron nuestros antepasados,
confiaron y tú los liberaste;
te imploraron y quedaron libres,
confiaron en ti y no fueron defraudados.
Pero yo soy un gusano, no una persona,
la deshonra del ser humano, la vergüenza del pueblo.
Cuantos me ven se ríen de mí,
hacen muecas con los labios, balancean la cabeza:
“¡Que acuda al Señor; que él lo libre;
que lo salve si tanto lo ama!”.
Fuiste tú quien me sacó del vientre,
quien me protegió junto al pecho de mi madre;
desde el seno materno te fui confiado,
desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios.
No te separes de mí, que la angustia está cerca
y no hay quien me ayude.
Manadas de novillos me cercan,
toros de Basán me acosan.
Abren sus fauces contra mí
cual león que ruge y despedaza.
Me diluyo como el agua,
mis huesos se desencajan,
mi corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;
está agostada mi fuerza como la tierra seca,
mi lengua está pegada al paladar;
tú me hundes en el polvo de la muerte.
Me acorralan jaurías,
hordas de criminales me asedian,
como un león asedian mis manos y mis pies*.
Puedo contar todos mis huesos.
Ellos me miran, se fijan en mí,
se reparten mis ropas,
echan a suertes mis vestiduras.
Pero tú, Señor, no te alejes,
fuerza mía, date prisa en ayudarme.
Libra mi ser de la espada,
mi vida de las dentelladas del perro.
Sálvame de las fauces del león,
protégeme de los cuernos del búfalo.
Yo proclamaré tu nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea.
Los que veneran al Señor, alábenlo,
ustedes, estirpe de Jacob, hónrenlo,
ustedes, estirpe de Israel, respétenlo.
Porque no despreció ni rechazó
el dolor del afligido; no le ocultó su rostro,
sino que lo escuchó cuando clamaba.
De ti nace mi alabanza en la gran asamblea;
delante de sus fieles cumpliré mis votos.
Los necesitados comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan.
¡Que todos ustedes vivan por siempre!
Recordarán al Señor y volverán hacia él
desde todos los confines de la tierra;
se postrarán ante ti todas las naciones.
Porque del Señor es la realeza,
él domina a las naciones.
Ante el Señor se postrarán
los que descansan en la tierra,
se arrodillarán los que bajan al polvo,
los que no pueden preservar su vida.
La posteridad ha de servirlo,
por siempre será proclamado el Señor.
Se anunciarán sus acciones salvíficas
al pueblo que va a nacer:
esto es lo que hizo el Señor.
Notas al pie
- [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.
- *Signo indicativo de nota
- *asedian mis manos y mis pies: Las versiones griega y siriaca dicen: han traspasado mis manos y mis pies.
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