Estudio bíblico Logos

Salmo 16–17

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

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SALMO 16

TÚ ME MUESTRAS EL CAMINO DE LA VIDA

Poema de David.

Dios, protégeme, que en ti confío.

Dijiste al Señor: “Tú eres mi dueño,

mi felicidad está en ti”.

En cuanto a las divinidades de esta tierra:

esos poderes que tanto me complacían,

esos muchos ídolos tras los que corren,

yo no les ofreceré sacrificios

ni pronunciaré su nombre con mis labios.

El Señor es la parte de mi herencia y mi copa,

tú eres quien diriges mi destino.

Me ha tocado una buena porción,

mi heredad me deleita.

Bendeciré al Señor que me aconseja,

aún de noche me remuerde mi conciencia.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no sucumbiré.

Por eso se alegra mi corazón,

mi interior se regocija,

todo mi ser descansa tranquilo,

pues no me abandonarás

en el reino de los muertos,

no permitirás que tu fiel vea la tumba.

Tú me muestras el camino de la vida,

junto a ti abunda la alegría,

a tu lado el gozo no tiene fin.

SALMO 17

ACERCA TU OÍDO A MÍ, ESCUCHA MIS PALABRAS

Oración de David.

¡Escucha, Señor, lo que es justo! Atiende mi súplica,

presta oído a mi ruego, pues mis labios no mienten.

Tú dictarás mi sentencia,

tus ojos discernirán lo que es justo.

Me has sondeado, me has examinado de noche,

me has probado y no has hallado mal alguno.

Mi boca no ha pecado;

frente a otras conductas humanas,

yo evité el camino del violento,

siguiendo la palabra de tus labios.

He mantenido mis pasos firmes en tus sendas

y no he dejado que mis pies se extravíen.

Yo te invoco y tú, Dios, me respondes.

¡Acerca tu oído a mí, escucha mis palabras!

Haz resplandecer tu amor,

tú que salvas de sus atacantes

a quienes se refugian en ti.

Protégeme como a la niña de tus ojos,

dame cobijo a la sombra de tus alas,

que los injustos me acosan,

los enemigos me asedian con saña.

Han endurecido su corazón,

hablan con arrogancia;

me acosan, me tienen cercado

y clavan en mí sus ojos para abatirme.

Son como un león ávido de devorar,

como un cachorro que acecha en lo oculto.

¡Ponte, Señor, en acción;

hazle frente, derrótalo!

¡Que tu espada me libre del malvado

y tu mano, Señor, de los mortales!

Su heredad está en esta vida;

llena, pues, su vientre con tus bienes

y que sacien a sus hijos

y a sus pequeños dejen las sobras.

Pero yo, Señor, me he portado rectamente

y por eso contemplaré tu rostro;

al despertarme, me saciaré de tu imagen.

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